¡En defensa de las AVISPAS!

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Éste artículo va especialmente dirigido a aquellas personas que odian y temen a las avispas, y haré mi mejor esfuerzo por mejorar su terrible imagen de “insectos malvados”. Si usted las detesta, no le culpo, pues desde niños se nos ha enseñado a temerles, alejarnos de ellas y matarlas o destruir sus nidos en la primera oportunidad.

Hace unos días, un vecino nos reprochaba que según él, “cientos de avispas” van a beber al pequeño recipiente con agua que le ponemos a los gatos de la calle en la puerta de casa, y que ya nadie se atrevía a pasar por ahí. Es verdad que esas pobres avispas (que no suman una decena), habían encontrado por fin un sitio dónde beber agua en éste caluroso y seco verano mediterráneo, y yo estaba orgulloso de que finalmente pudieran saciar su sed. Cada que salía de casa me detenía un momento a observarlas aterrizar en el agua con gran destreza, para tras un par de segundos echar de nuevo a volar y seguir su camino. Ante el riesgo de ser denunciados y que éste malentendido desencadenara una guerra vecinal sin sentido, no tuve otra opción que bajar los recipientes a la calle y colocar una pantalla de madera para evitar que los recipientes de agua y comida se vieran desde la acera cuando la gente pasa caminando, colocando otro recipiente con agua en nuestra terraza. Por ahora nadie se ha quejado y las avispas están utilizando el bebedero de nuestra terraza (cara de satisfacción).

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¿Es de verdad justificada esa paranoia “anti-avispas”?

En los últimos meses, cada vez han sido más frecuentes las alarmantes noticias sobre las picaduras y muertes que han ocurrido en el norte de España a causa de la invasora avispa asiática  (Vespa velutina nigritorax). Han sido muertes trágicas y desafortunadas, donde las víctimas han recibido gran cantidad de picaduras o han resultado ser alérgicas a su veneno.

Desafortunadamente, se ha creado (aún más) un rechazo indiscriminado a todas las especies de avispas, cuya reputación ya de por sí, era mala, a pesar de su importante papel en los ecosistemas como control de plagas.

Somos muchos quienes en alguna ocasión hemos sufrido alguna dolorosa picadura o hemos tenido que echar a correr tras rozar accidentalmente algún avispero, pero pocos somos los que nos hemos detenido a analizar el por qué nos han picado o nos han perseguido. No es tan sencillo que una avispa nos pique si no la provocamos. Algunas son picaduras accidentales cuando se ven atrapadas (como cuando están entre nuestra ropa o nos bebemos un vaso con bebida sin darnos cuenta que había dentro una avispa), pero la gran mayoría de picaduras podrían evitarse cambiando un poco nuestra actitud hacia ellas. Toda mi vida adulta he respetado los avisperos y nunca me he llevado algún piquete, a pesar de realizar podas o actividades muy cerca de ellas. Eso sí, advertencias y sustos los he tenido por montones.

Hay que estar siempre atentos a sus señales de advertencia, tal como haríamos con un perro que nos gruñe, aunque debo reconocer que en ocasiones sus mensajes son demasiado sutiles y no nos damos cuenta de lo que nos están advirtiendo. Por ejemplo, aquellas que están en su nido o avispero, suelen ponerse en alerta cuando uno se acerca demasiado, pero no atacarán si no hacemos ruidos o movimientos violentos que les indiquen que están en peligro. Antes de atacar, su segunda advertencia será volar directamente hacia nosotros y esquivarnos en el último momento, tal como hacen muchas aves para defender a sus nidos y polluelos. Si no hacemos caso, la tercera vez no serán tan generosas.

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Dignas de respeto y admiración

A pesar de mis argumentos, muchas personas prefieren no correr riesgos y deciden eliminarlas de todas formas. Y mientras la gente me pregunta ¿por qué hay que respetarlas?, yo prefiero agregar: ¿Por qué debemos admirarlas?

Desde los primeros tiempos, el ser humano se ha sentido fascinado por las abejas y las hormigas (sus parientes cercanos), estudiando sus complejas sociedades y sus hábitos, pero aún hoy en día sabemos muy poco acerca de las avispas a pesar de su importancia para nosotros. En el mundo de los insectos y su relación con los humanos, las avispas, junto con las abejas, son probablemente los insectos que más nos ayudan, aunque a diferencia de las abejas, sus benéficos hábitos son menos visibles y pasan prácticamente desapercibidos para nosotros. Es más, la gran mayoría de las especies de avispas que existen son inofensivas para nosotros y muchas de ellas ¡ni siquiera pican!

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Muchas avispas son cazadoras, y dedican su vida a capturar y comer larvas y orugas de insectos que dañan nuestras cosechas, e incluso alimentándose de las molestas cucarachas, como ocurre con las avispas ampulícidas (Ampulicidae). Muchas de ellas son polinizadoras durante su edad adulta, y al igual que las abejas, hacen posible que tengamos siempre disponibles semillas, frutas, verduras e incluso una deliciosa miel de avispa. Algunas especies se han especializado tanto en la polinización, que hay árboles que las necesitan obligadamente para producir frutos, como es el caso de los árboles conocidos como higueras (Ficus sp.) y las avispas de los higos, que han desarrollado una vida de beneficios mutuos (mutualismo). De esta y muchas maneras inimaginables, las avispas son nuestros aliados.

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Tal vez, una de sus habilidades más sobresalientes es su admirable capacidad ingenieril, ya que son especialistas en construcción ligera y aislamiento térmico cuyo trabajo ha sido estudiado y replicado por los humanos. Sus avisperos circulares -y aparentemente feos y sin atractivo-, son en realidad un laberinto de ecuaciones matemáticas, diseñados a la perfección para mantener el centro del nido (donde están sus huevos y larvas), perfectamente ventilado y protegido del calor y del frío, elaborados además con fibras de madera mezclada con saliva, lo que además los hace sorprendentemente ligeros y resistentes. Hay otros avisperos menos elaborados en cuyo interior pueden observarse celdas donde depositan un huevo, mismo que entre todas cuidan más allá de su nacimiento, alimentando a la larva hasta que ésta se convierte en un adulto capaz de asumir su rol en el avispero. En los días más calurosos, las avispas se colocan encima de sus huevos y larvas y baten sus alas frenéticamente para refrescar a la colonia. ¡Eso es solidaridad!

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Aguijones que no pican

Hay avispas solitarias y avispas sociales, aguijones extremadamente pequeños y otros tan grandes que pueden triplicar el tamaño del animal. Las avispas sociales, que en su mayoría son expertas cazadoras de insectos y tienen un pequeño aguijón, mismo que utilizan para paralizar a sus presas, suelen mantenerse agrupadas en sus avisperos, donde siempre hay alguna (o algunas) que están vigilantes y atentas a cualquier peligro que pueda acechar por ahí.

Las avispas solitarias por su parte, tienen unos hábitos bastante discretos y en ocasiones extraños aunque sumamente interesantes, ya que además de pasar su vida en soledad, cavan sus nidos en la tierra o la madera. Más de la mitad de especies de avispas del mundo están catalogadas como “parásitas”, aunque el término correcto para definirlas es “parasitoide”. La diferencia entre parásito y parasitoide radica en que sólo sus larvas suelen ser parásitas, pero las formas adultas no lo son, alimentándose de néctar por ejemplo.

Entre las avispas solitarias encontramos también a las avispas alfareras, que construyen sus bellos nidos con barro que recolectan de charcas cercanas, haciendo pequeñas hileras de “cantaritos” que pegan en lugares discretos, donde suelen meter dentro alguna oruga o gusano “paralizado”, que servirá de alimento para sus futuros bebés. Y ¿cómo paralizan a sus presas?, ¡con su aguijón!

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Sin embargo hay otras avispas cuyo aguijón no sirve para picar. Se han especializado tanto, que seleccionan exclusivamente una planta o un animal para depositar sus huevos, y muchas veces tienen que llegar a ellos a lo profundo de un tronco. Para lograrlo, han modificado su aguijón, que en realidad es un órgano “ovopositor”, que en ocasiones puede ser tan largo que por sí solo puede medir la misma longitud de su cuerpo. Si observa una avispa cuyo “aguijón” es extremadamente largo, no se alarme, es totalmente inofensiva y además, no construye nidos.

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Diseñadas para triunfar

Las avispas son también famosas por su estrecha cintura, y de ahí la frase “cintura de avispa”, aunque ésta no es una regla pues también hay avispas “gorditas”. Al respecto existe una explicación morfológica: Aunque las avispas aparecieron hace casi 250 millones de años (en el periodo triásico), su angosta cintura (que apareció unos 50 millones de años después), fue un salto evolutivo excepcional que les permitió modificar sus estilos de vida. La minúscula separación entre su cuerpo y su abdomen significa una flexibilidad sin precedente, lo que les permite girar y maniobrar en espacios muy reducidos, además de poder “apuntar” su aguijón o su órgano ovopositor en posiciones casi imposibles de imaginar, capaces además de horadar agujeros en la madera para llegar hasta las presas más inaccesibles.

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Si yo pudiera comparar a las avispas con algún oficio humano, me resultaría imposible seleccionar sólo uno. Probablemente las seleccionaría como un grupo élite altamente especializado, dedicado a ejecutar las misiones más arriesgadas con la mayor precisión, cosa que en cierta forma hacen, y que cada vez son más quienes las utilizana gran escala como un eficaz control natural de plagas. Considero que si algún insecto podría salvar al mundo, definitivamente serían las avispas.

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¿Qué podemos hacer por ellas?

Si Usted, ha llegado hasta éste punto, tengo la esperanza de que su percepción sobre las avispas haya cambiado un poco, así que le daré algunas ideas para ayudarlas en su día a día, sin recibir un picotazo a cambio. Como lo mencionaba al inicio, las avispas también tienen que beber, y dedican una considerable energía (y tiempo) en busca de agua para beber. Es por ello que muchas (muchísimas) mueren ahogadas en piscinas y albercas en su mortal esfuerzo por saciar su sed. Colocar un recipiente con agua es un gesto de generosidad que no sólo ayudará a las avispas en los días más calurosos, sino que será extensivo para una infinidad de especies de insectos y aves. Pero tenga mucho cuidado en no convertir ese recipiente en una trampa mortal, y asegúrese de colocar en el centro del recipiente una piedra que sobresalga para que puedan sostenerse.

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Aquellas que se acercan a nuestro vaso de bebida y caen dentro accidentalmente, pueden ser rescatadas tranquilamente metiendo un trozo de servilleta para que se sujeten, o inclusive podemos hacerlo con nuestro propio dedo ya que no nos picarán. Las dejamos descansar sobre la misma servilleta o en la mesa, y tras limpiarse un poco alas y antenas, echarán a volar, seguramente agradecidas por nuestro amable gesto.

Como ocurre con todos los animales y humanos, la tolerancia tiene un límite y algunos somos mucho más sensibles (o irascibles) que otros. Lo mismo ocurre con las avispas, por lo que nunca hay que menospreciar su capacidad de hacernos daño, pues a diferencia de las abejas, éstas puede picar más de una vez, así que la cantidad de veneno inyectado se puede incrementar considerablemente.

Así que nunca olvide que la prudencia es la mejor de nuestras herramientas para prevenir y evitar accidentes. Ante cualquier duda, simplemente siga ésta sencilla regla: ¡No se meta con las avispas!

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¡Insectos que adoran los libros!

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Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías por Oscar S. Aranda

Hay personas que tienen un desarrollado gusto por los libros, mismos que por así decirlo, se los “devoran” en un santiamén y ya están buscando el siguiente. También hay insectos que lo hacen, y aunque rara vez los vemos, seguramente ya se conocen de arriba abajo nuestra colección de libros y revistas que tenemos en casa, así como aquellos que están religiosamente ordenados en las gavetas de las bibliotecas.

No estamos hablando de un milagro evolutivo en el que algunos insectos hayan aprendido a leer, sino de unos ingenuos y analfabetos insectos que pueden literalmente devorar libros y revistas, aunque también gustan del papel tapiz y de algunas de nuestras más preciadas y antiguas fotografías que cuelgan en la pared.

Éstos pequeños insectos son aplanados, con apariencia de crustáceo y con forma de zanahoria, sin llegar a superar los 2 centímetros de longitud. A diferencia de otros insectos de gran belleza (como las mariposas), éstos no gozan de buena reputación ni tampoco han obtenido protagonismo alguno en cuentos o fábulas, ni en las novelas o poemas en toda la historia de la literatura. Probablemente por ello y en venganza, éstos pequeños bibliófagos hayan decidido alimentarse de las obras literarias, sin importarles su género ni su autor.

Estoy hablando de los curiosísimos pececillos de plata lepismas, también conocidos como colas de cerdas, tisanuros, pececillos de cobre, lenceras, termobios, insectos de fuego, forbicinas o peces polilla, por mencionar algunos nombres comunes de las casi 1,400 especies que, aunque distintas, a simple vista nos pueden parecer todas iguales.

Para no desviarme ni crear confusiones por su compleja clasificación taxonómica y hábitats, me referiré a todos ellos como pececillos de plata, el nombre más ampliamente utilizado, y mencionaré únicamente el nombre de las 3 especies más comunes en nuestras casas: Lepisma saccharina, Thermobia domestica, Acrotelsa collaris y Ctenolepisma longicaudata. A los más eruditos y ávidos de información científica, les recomiendo leer sobre los denominados Archaeognatha y Zygentoma, quienes en su gran mayoría han decidido vivir alejados de los seres humanos y sus libros.

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Su nombre “pececillo de plata” fue otorgado debido a que cuando se desplazan hacen movimientos laterales que nos recuerdan a un pez nadando, además de que están totalmente cubiertos de minúsculas escamas que los hacen extremadamente resbaladizos, y se desprenden cuando se les atrapa. El color plata es el más común, aunque también los hay de colores bronce o dorado.

Se les suele encontrar merodeando entre los libros, aunque es común verlos también en alacenas y baños, debido especialmente a su predilección por los lugares húmedos. Algunas especies son exclusivos e inofensivos habitantes de nuestros hogares, pero la grandísima mayoría vive únicamente en la naturaleza, prefiriendo vivir entre la hojarasca o bajo las rocas, así como los termiteros, hormigueros y avisperos, que son sus moradas más habituales.

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Probablemente, la mayor curiosidad científica de éstos insectos es que son verdaderos fósiles vivientes; pues conservan la forma y características de los primeros insectos que habitaron nuestro planeta, mucho antes que los actuales desarrollaran alas a través de una compleja evolución, y que muchos de ellos las volvieran a perder por no necesitarlas. Aún hoy en día son un enigma para la ciencia, y apenas los estudios de ADN están revelando sus hasta ahora secretos orígenes y relaciones evolutivas.

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Estos insectos aún conservan algunas peculiaridades primitivas, como la ausencia de alas o su método de reproducción sexual, en el que la hembra recolecta el semen que el macho deja empaquetado por ahí, o cuando no hay machos, las hembras se reproducen por sí mismas a través de un método que se denomina “partenogénesis”. Debo agregar que en mi humilde opinión, ambos métodos son mecanismos reproductivos muy poco divertidos, y necesitan evolucionar un poco, sexualmente hablando.

En cuanto a la dieta, puede resultarnos poco interesante saber que se alimentan de azúcares y carbohidratos como muchísimas otras especies animales, pero lo curioso radica en que éstos los obtienen directamente de digerir la celulosa y el almidón, algo que ningún otro animal puede hacer sin la ayuda de bacterias u otros microorganismos que viven en sus sistemas digestivos. A diferencia del resto de los animales, éstos minúsculos insectos no necesitan la ayuda de nadie, ya que producen sus propias enzimas (celulasa) para digerirla.

Saber que pueden devorar nuestros libros y fotografías más preciados, o destruir ese antiquísimo (y horrible) papel tapiz de casa de los abuelos, puede hacernos tomar la más drástica decisión para erradicarlos de casa, pero en su defensa debo pedirle que no los culpe por ser golosos. A fin de cuentas, por su reducido tamaño, las cantidades que pueden llegar a consumir son verdaderamente insignificantes, y no debería preocuparnos el hecho que puedan convertirse en plagas, teniendo en cuenta que sólo pueden tener entre 30 y 50 crías a lo largo de sus longevas vidas, que alcanzan los 5 años.

Para finalizar, le compartiré unos fragmentos de lo que probablemente sea la única (aunque hermosa) mención linteraria que encontré hacia éstos pequeños devoradores de libros, escritos por la mano del escritor español Juan José Millás en 1998:

Hay un insecto microscópico, el lepisma, también llamado por su aspecto pececillo de plata, que vive en los libros igual que un delfín en las profundidades del océano (…). Nos acompañan en la travesía lectora como los delfines a los navegantes, saltando fuera de la página y zambulléndose en ella a través de un adverbio, que atraviesan sin romperlo ni mancharlo (…). El lepisma ignora también la existencia del lector que abre en dos su mundo como Moisés separó las aguas del Mar Rojo (…). Quizá el universo no sea más que un gigantesco libro que alguien lee con pasión mientras nosotros, sus lepismas, navegamos por él pese a ignorar su sintaxis. A ese lector gigante le dedico este articulo (u oración) con el ruego de que, cuando se canse de leer, cierre el libro sin violencia, para no hacernos daño”.

Practicando el arte de “no ser detectado”

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

El mimetismo y el camuflaje han existido desde que los primeros animales evolucionaron, y han formado parte de la naturaleza por siempre como una herramienta de supervivencia. Sin embargo, fue hace apenas 223 años que la ciencia comenzó a interesarse en su significado, cuando Erasmus Darwin comentaba en su libro Zoonomia (1794) que “el color de muchos animales parecía ser una adaptación para ocultarse a si mismos, ya sea para evitar el peligro o para sorprender a su presa”. 65 años después, su famoso nieto publicaría su teoría de la evolución, donde habla precisamente de las sorprendentes adaptaciones de los seres vivos.

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Parece que desde entonces, con esa descripción tan clara y sencilla no hay mucho qué agregar, hasta que nos damos cuenta realmente de que las técnicas tan complejas y avanzadas que los animales utilizan para ocultarse, superan nuestra capacidad de entendimiento, y que sorprendentemente, la capacidad de algunos animales para adaptarse al mundo actual son más rápidas y efectivas de lo que podría esperarse.

Por ello deben diferenciarse las distintas estrategias entre sí, como la cripsis o camuflaje (imitar las características de un ambiente o un objeto), el aposematismo (llamar poderosamente la atención como una forma de advertencia) y el mimetismo (copiar la apariencia de otros seres vivos). En realidad es muy sencillo de entender, pero aún así pondré tres ejemplos típicos:

Pensemos primero en las Santateresas o Campamochas (Mantis religiosa). Son insectos a los que todos podemos fácilmente asociar en nuestra mente sin necesidad de una fotografía: su estrategia para ocultarse es muy sencilla, pues se adaptan al ambiente vegetal en el que viven. Algunas son verdes, otras marrones, pasando desapercibidas entre las hojas verdes o las ramas secas, mientras se mueven en un vaivén que recuerda a una hoja movida por el viento. A eso se le llama camuflaje.

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Ahora pensemos en las mariposas Monarca (Danaus plexippus), que como es bien sabido sus larvas se alimenta de una planta que contiene toxinas, almacenándolas en sus cuerpos para que otros animales no se las coman. Desde que son orugas, y luego como adultas, poseen un patrón de colores que les permiten ser identificadas como “de sabor desagradable”, por lo que un depredador evitará comerlas simplemente con verlas. A eso se le llama coloración aposemática o aposematismo.

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Mariposa Monarca (vista ventral y dorsal)

Hay animales que sacan ventaja de aquellos que son aposemáticos, ya que al imitarlos y parecerse a ellos logran evitar que se los coman al confundirlos con los verdaderos. Eso es exactamente lo que ocurre con dos especies de mariposa que imitan a las monarcas, y que son sorprendentemente similares: la mariposa Virrey y la mariposa Reina (Limenitis archippus y Danaus gillippus). A eso, mi estimado lector, se le llama mimetismo.

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Mariposa Reina (vista ventral y dorsal)

Hay tantas formas de ocultarse como especies en el planeta, cuyos límites están en el ingenio. Mientras algunas orugas se asemejan al excremento de un ave, algunos escarabajos y polillas imitan a las respetadas abejas y avispas, tanto en color como en su forma, o se asemejan a la corteza del árbol donde se esconden.

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Oruga de Papilio cresphontes

Los reflejos plateados de los peces y su color más claro en su vientre y oscuro en su parte dorsal son excelentes ejemplos de camuflaje, así como las manchas negras sobre un color claro en el pelaje de un jaguar. Algunos animales buscan ocultar únicamente alguna parte de su cuerpo, normalmente los ojos y las extremidades. ¿Se ha dado cuenta que lo primero que miramos instintivamente los seres humanos es a los ojos? Como dicen por ahí, una mirada dice más que mil palabras, pues ésta puede revelar nuestros propósitos. Es por ello es que muchas personas ocultan sus ojos con lentes oscuros, y los animales los ocultan con rayas o patrones de distinto color, tal como hacen los mapaches (Procyon lotor). Una mirada puede ser tan poderosa, que muchos insectos han desarrollado en alguna parte de su cuerpo “falsos ojos” con aspecto intimidante, lo que puede sorprender a su depredador. Esos instantes de desconcierto, pueden hacer la diferencia entre morir o ponerse a salvo.

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Hay otros animales que dedican mucho tiempo en ocultarse construyéndose su propio refugio, al que me gusta describir como un “escudo visual”. Eso es lo que hacen las inofensivas larvas de algunas polillas pequeñas y poco conocidas a las que se les llama comúnmente “cargapalitos” u “orugas de saquito”. Con la ayuda de la seda, se construyen un pequeño saco con una o dos salidas, adhiriendo pequeñísimos trozos de corteza o materia vegetal. Siempre adentro del saco, únicamente sacan su cabeza y sus patas anteriores para moverse de un lugar a otro y comer, y en ocasiones suelen entrar en nuestros hogares, donde les vemos colgando de las paredes, sin tener la menor idea de lo que son esas extrañas basuritas que se mueven de lugar.

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“Oruga de saquito” Familia Psychidae

Los seres humanos practicamos éste arte desde tiempos inmemoriales, aunque la ciencia del camuflaje como tal se ha aplicado principalmente con propósitos bélicos. Nosotros, en innumerables momentos del día utilizamos el camuflaje de forma instintiva e inconsciente: vestimos de una forma u otra para transmitir seguridad o éxito y aparentamos ser lo que a veces no somos.

Algunos preferimos mimetizarnos y pasar desapercibidos entre la muchedumbre como “uno más”, mientras que otros buscamos resaltar y volvernos aposemáticos; algunos para dominar, y otros para protegernos de quienes pretenden dominarnos. Al final de la historia, querido lector, no somos tan distintos al resto de los animales, pues en ésta lucha psicológica, los humanos perseguimos el mismo objetivo que ellos: la supervivencia.

Esos desesperantes insectos llamados moscas

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Voy a hacerle una pregunta: ¿Quiénes son los seres más molestos, desesperantes y repulsivos del mundo? Probablemente, y tras una brevísima reflexión, llegue a la misma conclusión a la que yo llegué. ¡Las moscas! (y algunos seres humanos a quienes, ciertamente, desearíamos poder hacer desaparecer de un certero periodicazo).

Ya decía el poeta español Pere Quart (Joan Oliver i Sallarès, 1899-1986) que la naturaleza nos procura “una bestia para cada molestia”, lo que ciertamente es verdad. De noche, son los también desagradables mosquitos y de día… nuestras “amigas” las moscas. En este caso en particular, su pequeño tamaño no las hace menos bestias, además de ser tan antiguas, que ya molestaban a los mismísimos dinosaurios. También versa el dicho popular, que “cuando el diablo se aburre, mata moscas con la cola”, y es que no sólo en el submundo abundan las moscas, sino que aquí, en nuestro paraíso terrenal, suele haber tantas que a veces nos hacen sentir que vivimos nuestro propio infierno.

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Las hay por todas partes, de todo tamaños, formas y colores. Las hay bonitas y feas, aunque en la gran mayoría de los casos, su belleza la llevan tan adentro que sólo un apasionado coleccionista de moscas podría apreciarla. A pesar de su asombrosa diversidad, en la que se cuentan más de 85 mil especies, en éste artículo me refiero exclusivamente a aquellas especies que nos acompañan desde el nacimiento hasta la muerte, tanto en casa como en la escuela o el trabajo. Entre ellas están la mosca doméstica, la mosca de la carne y la no menos célebre mosca metálica o también llamada “panteonera”, dado que en la antigüedad eran abundantes en los panteones.

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Todas las moscas comparten una asombrosa capacidad: volver loco hasta al ser más pacífico y equilibrado del mundo, sin importar especie o clase social a la que pertenezca. Podrían escribirse tratados enteros sobre las reacciones psicológicas que las moscas zumbonas provocan a los humanos, actuando desafiantes y audaces, como si no le debieran nada a nadie. Tal vez es así, y su misión en éste planeta, además alimentarse de lo que nadie más quiere, es recordarnos una y otra vez lo incapaces que somos de tener el control de las cosas, por mucho que lo intentemos.

A continuación expondré lo que a mi parecer son los cuatro grandes pasatiempos de las moscas:

1) Posarse sobre nuestras narices incontables veces,

2) Pasar en vuelo rasante y zumbante junto a nuestros oídos,

3) Alimentarse, defecar y reproducirse continuamente, y

4) Cuando no están haciendo ninguna de las anteriores, se lavan frenéticamente las manos, como si en un momento de lucidez sintieran asco de sí mismas y de lo repugnantes que pueden llegar a ser, aunque son tan irreverentes que tal vez se las están frotando, como aquel que con malicia, está planeando su próxima travesura maestra.

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No pretendo culparlas por lo que son, pues entiendo que esa es su naturaleza, y por más despreciables que puedan parecer, las acepto como son, y reconozco que mi relación con ellas podría ser considerada como de “amor-odio”, pues aunque me siguen volviendo loco, no puedo evitar abrir la ventana para dejarlas escapar, en lugar de matarlas.

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Sin embargo, e independientemente de la opinión que podamos tener de ellas, siempre hay algo importante que podemos aprender de ellas, aunque para lograrlo, hay que ver las cosas desde la perspectiva de las moscas mismas: Su éxito radica en que son animales extremadamente sanos, a pesar de que son portadoras de un centenar de enfermedades debido a su anti-higiénico estilo de vida. La razón está escondida en su ADN, pues tienen genes especializados que les dan una inmunidad asombrosa, y el hombre intenta crear nuevas vacunas inspiradas en esas desagradables moscas.

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Es verdad… Tenemos mucho qué aprender de ellas. Es cierto que son un incordio para la humanidad, pero también lo fueron para los dinosaurios y todos los animales ya extintos. Aunque nos pese reconocerlo, si han estado en éste planeta por unos 300 millones de años, algo bueno estarán haciendo. ¿Usted qué opina?

 

La guerra contra las palomas de la paz

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Las palomas han sido utilizadas por los humanos desde los inicios de nuestra evolución, cerca de 10,000 años atrás. Han sido históricamente utilizadas como símbolo de paz, pureza e inocencia, y aún hoy en día suele observarse en las iglesias la liberación de palomas en eventos religiosos. Entonces, ¿qué ha provocado que éstas aves sean a la vez tan queridas como odiadas?

IMG_9749b copyrightEn el mundo existen más de 300 especies de palomas, de las cuales solamente unas 22 habitan el territorio mexicano. La especie más popular y común es la paloma doméstica (Columba livia domestica), descendiente de la paloma bravía, especie exótica originaria de Eurasia y que ahora se distribuye por prácticamente todo el planeta, exceptuando los polos y desiertos.

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Me atrevería a decir que todo el mundo adora a las palomas silvestres, sobre todo cuando se posan en algún árbol y se acurrucan cariñosamente en pareja, mismas que por cierto son monógamas. Desafortunadamente, esa simpatía no es tan común con las palomas de la ciudad, pues mientras a algunos nos encanta verlas caminando por las plazas, alimentarlas y verlas volar en grandes bandadas, a otros no les gusta que se posen en nuestras estatuas y fachadas, catalogándolas como una plaga de sucias ratas con alas.

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No puedo estar en mayor desacuerdo con la satanización a la que han sido objeto desde la década de 1970 en todo el mundo y que ha dado lugar a verdaderas masacres y leyes que prohíben y castigan a quienes las alimentan, haciendo cada vez más raras esas escenas otrora clásicas donde se observaba a los abuelos sentados plácidamente en la plaza, alimentándolas mientras sus pequeños nietos correteaban felices detrás de ellas.

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Si usted se pone a investigar un poco, encontrará infinidad de páginas de internet con infinitos listados de las enfermedades que las palomas pueden transmitir, mismos que son generalmente utilizados por los gobiernos municipales para evitar que la gente que las quiere y protege proteste en contra de sus políticas intolerantes. Permítame contarle rápidamente la otra cara de la historia que nos intentan transmitir en contra de las palomas, y seré esa voz de muchos quienes estamos defendiéndolas:

Es cierto que en algunos casos han llegado a convertirse en un problema para los vecinos, pero existen métodos no invasivos para controlarlas. Por otro lado las palomas, al igual que todos los demás animales (silvestres y domésticos) y al igual que nosotros, son potenciales portadoras y transmisoras de enfermedades, pero siempre se les señala como culpables a pesar de que no existen estadísticas de salud que las señalen como tal. En los últimos años, por todo el planeta se han levantado voces y creado campañas para “lavar” la falsa imagen que se les ha otorgado en todo el mundo, donde tanto científicos renombrados como algunos representantes de gobiernos locales y organismos internacionales tan importantes como la Organización Mundial de la Salud, han señalado que las palomas en las ciudades no representan una amenaza para la salud pública y la transmisión de enfermedades a los humanos es poco frecuente.

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Dicho esto, quiero resaltar algunas de sus características más asombrosas: En vida silvestre son muy importantes para la dispersión de semillas y en las áreas urbanas representan una importante fuente de alimento para aves rapaces residentes y migratorias. Para evitar a sus depredadores, las palomas comen rápidamente, acumulando su alimento en una bolsa especial que les permitirá alimentarse tranquilamente en un sitio más seguro. Cuando nacen los pichones, éstos son alimentados con una “leche” que los padres segregan en su buche, conocida como “leche de paloma”. Contrario a otras aves terrestres que beben, las palomas pueden, literalmente, beber agua por succión; tal y como lo hacemos nosotros, y pueden beber tanta agua como el 15% de su peso corporal. El 40% del peso de una paloma corresponde a su musculatura, lo que las hace aves excepcionalmente ágiles y capaces de recorrer grandes distancias en muy poco tiempo, lo que dio pie a su utilización como mensajeras tan efectivas, que fueron utilizadas ampliamente durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a salvar miles de vidas.

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Actualmente, las palomas son utilizadas por su gran inteligencia y excelente visión, y se les ha utilizado para rescates en altamar, ya que son capaces de detectar náufragos a grandes distancias, y recientemente se ha descubierto que observando imágenes de tejido celular pueden diferenciar entre tejido sano y tejido canceroso.

Me pongo a pensar entonces que si abrimos nuestras mentes, dejamos de pensar en lo molestas que son y observamos que las palomas son seres con grandes atributos benéficos tanto para la naturaleza como para el hombre, podríamos aprender algo de ellas. ¿No cree usted que por algo nuestros ancestros las han catalogado siempre como algo positivo? En ésta época de tanto estrés y sobresaltos, las palomas son el mejor ejemplo de tolerancia y paz, algo que nuestro planeta necesita en gran cantidad.

Mi deseo es que ¡Seamos más palomas y menos humanos!

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Las aves de la noche

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda

La fascinación que los seres humanos han tenido por las aves data desde nuestros mismos orígenes, debido principalmente a lo que han representado para nosotros: su libertad y esa gran diversidad de colores, formas y cantos que les caracteriza. Sin embargo, hay algunas aves que al mismo tiempo han despertado un temor y desconfianza tan profundos que han perdurado a través de los tiempos, cimentando leyendas, mitos e historias inverosímiles y falsas (leer “El misterioso chotacabras”).

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Se trata de aquellas aves que por sus hábitos, se mueven sigilosamente bajo el cobijo de la oscuridad. Les llaman búhos y lechuzas, aunque en México se les llama tecolotes. La palabra tecolote deriva del vocablo náhuatl tecolotl, que significa “pico doblado”; una observación muy acertada, ya que éstas aves tienen el pico curvado hacia adentro.

El Orden Strigiformes (que significa “con forma de búho”), es un Orden que abarca dos familias de aves (Strigidae y Tytonidae), que reúnen a unas 250 especies distintas, distribuidas por todo el mundo excepto algunas islas y la Antártida, de las que en México encontramos 34 especies. Pero el vocablo latino “strix”, que significa “búho o lechuza” tiene un pasado sorprendentemente interesante que nos puede ayudar a comprender el origen de esos mitos que perduran en la actualidad, ya que antiguamente era la palabra que se utilizaba para describir su misterioso llamado. Ya en el siglo I, la lechuza era “un ave de mal agüero, que vuela de noche, y en lugar de cantar rechina”, y mucho antes ya se le denominaba “ave vampírica”, relacionándola con brujas y seres demoníacos. En la Edad Media se creía además que gustaba de echarse encima de bebés lactantes para darles de mamar leche, y de ahí viene el nombre “lechuza”.

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Pero, ¿por qué provocan tanto temor? Las menciones míticas más antiguas datan de hace unos tres mil años, que desde entonces han sido aumentadas y renovadas por nuestra vasta y a veces retorcida imaginación humana. La razón por la que abundan tantas creencias no debería sorprendernos, pues en general, y desde que somos niños hasta que llegamos a la adultez, solemos temer a los seres que van libres rondando por ahí, protegidos por la noche que esconde cosas que no vemos ni podemos controlar.

Más allá de su preferencia por la ausencia de luz, hay que recalcar que sus características físicas han jugado un papel muy importante: Tanto búhos como lechuzas tienen grandes y brillantes ojos, y que éstos además, están orientados hacia el frente, tal como nosotros. Sus rostros además nos recuerdan a una cara humana por ser ovales y tener un pico que asemeja una nariz. Algunos búhos tienen además unas plumas modificadas en su cabeza que parecen orejas o cuernos, pero sobre todo, tienen un llamado similar a un lamento humano que de noche provocan mucho miedo. Para resumir: Tienen los ingredientes perfectos para crear ¡una historia de terror!

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Los mexicanos los consideran aves de mal agüero y mensajeros de la muerte. Son creencias heredadas de nuestros ancestros mesoamericanos tan arraigadas, que aún se escucha a los campesinos decir: “cuando el tecolote canta, el indio muere”.

Sin embargo, también se les han atribuido poderes y cualidades positivas, como que brindan a los humanos protección y ayuda en la oscuridad, y han sido asociados a la sabiduría, la medicina y la legalidad. En sentido místico, se ha considerado que representa a Cristo, al no temerle a la oscuridad y salvar a quienes pierden el camino, guiándolos hacia la luz.

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Tristemente, aún hay personas que por ignorancia les matan en la primera oportunidad. Está claro que por algo éstas aves prefieren evitar a los humanos, viviendo en la oscuridad y el anonimato. Deberíamos de aprender un poco de ellas, y aplicar en nuestras vidas un poquito de su filosofía: Ser discretos y prudentes. ¡Vivan las aves de la noche!

 

 

Gaviotas: Incomprendidas y sorprendentes

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Para los ornitólogos y amantes de las aves en general, observar gaviotas puede ser una gratificante e intelectualmente estimulante oportunidad de admirarlas. Su variedad de especies, tamaños y variación en el plumaje de una misma especie con uno, dos, tres o cuatro años de edad ha hecho que éstas aves obtengan una envidiable posición entre las aves favoritas para observar alrededor del mundo. Sin embargo, existen historias muy distintas que se escriben día a día en torno a éstas controvertidas especies, rodeadas de prejuicios populares que en la actualidad las han convertido en “animales no gratos” y llamadas injustamente “las ratas del mar”.

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Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer”, dice Richard Bach, el autor del famoso libro titulado “Juan Salvador Gaviota”, y en parte tenía razón. Las gaviotas son omnívoros oportunistas que comen cualquier cosa que encuentren, siempre y cuando pueda satisfacer sus requerimientos nutricionales. Es así como las gaviotas pueden elegir entre internarse en el mar a buscar comida, seguir a un barco pesquero, o ir a tierra firme como a zonas de cultivo a comer insectos, o adentrarse en un vertedero de basura o visitar un parque público y robarle comida a paseantes distraídos.

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Desde los años 80´s, hemos observado cómo algunas especies de gaviotas (principalmente las europeas que son más grandes y por ende tienen menos temor hacia el ser humano), han ido adaptándose a los ambientes alterados por el hombre, y desde entonces han modificado en muchos aspectos sus hábitos de alimentación y de reproducción, llegando a anidar en los techos de los edificios y a darse un baño refrescante en las fuentes de la ciudad. Recuerdo cuando era estudiante de Biología, que uno de mis maestros me contaba cómo en una ocasión, mientras hacía un censo de nidos de gaviotas en una remota isla del Mar de Cortés, un polluelo asustado le vomitó en la cara un trozo de jamón York. Ese suceso le obligó a hacerse la pregunta sobre cómo llegó a éste polluelo, en un nido a decenas de kilómetros de la costa, un trozo de embutido. Esa asombrosa capacidad de sus padres para encontrar alimento, me lleva a mí a plantearme otra pregunta, sobre quién es el verdadero culpable de que las gaviotas se internen cada vez más en los continentes y lleguen incluso a anidar a cientos de kilómetros tierra adentro, muy lejos de lo que podría ser considerado su “hogar”.

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 “Tenemos que rechazar todo lo que nos limite… somos libres de ir donde queramos y de ser lo que somos”, dijo Juan Salvador Gaviota, esa gaviota que no se conformaba solamente con comer. Tal vez sea cierto, y sea por ello, que algunas gaviotas se han vuelto rebeldes, invadiendo campos y ciudades. Sin embargo, las respuestas a las preguntas de mi maestro y mías, están ligadas a la inteligencia y no a la rebeldía. Son aves con una gran capacidad de aprendizaje, y décadas de estudios científicos han demostrado que pueden aprender, recordar e incluso enseñar a otras ciertas habilidades, lo que explica cómo han descubierto la forma de aprovecharse de nuestros errores y descuidos, sacando ventaja de cosas que, mientras para nosotros son basura, para ellas son sustanciosos alimentos.

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Antes, las gaviotas eran consideradas nuestras compañeras de tragedias y alegrías, y eran sagradas para algunas culturas en la antigüedad. Predecían las tragedias que ocurrían en el mar y lloraban por los marineros muertos. Anunciaban con su presencia la cercanía de tierra firme, e incluso controlaban las plagas, para lo cual se les construyó un monumento para rememorarlas. Ahora nos molestan y las odiamos por ser ruidosas y mancharlo todo a su paso. Actualmente, y a pesar de una larga y compleja historia de relaciones cercanas con el hombre desde tiempos remotos, su inteligencia supone un desafío a nuestro entendimiento del por qué y del cómo han llegado a ser lo que son hoy en día. Tal vez ésta es una oportunidad para entenderlas, viendo cómo se adaptan a nosotros y con nosotros, con esas magníficas alas, con esos elegantes plumajes, con esas posturas que denotan orgullo de lo que son: Aves monógamas y familiares, atentas y participativas en el cuidado de sus crías, socialmente implicadas y sobre todo, muy comunicativas tanto vocal como gestualmente.

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Sólo me queda decir que en el libro, Juan Salvador Gaviota se despidió con éstas palabras: “No creas lo que tus ojos te dicen. Solo muestran limitaciones. Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes, y hallarás la manera de poder volar mejor”. Tal vez, si si siguiéramos su consejo, si miráramos la vida con nuestro entendimiento en lugar de prejuicios, encontraríamos la forma correcta de interpretar la naturaleza y coexistir con ella.

¡Una mosca en mi sopa!

 

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Uno de los más comunes y desagradables insectos es también un compañero obligado de nuestra vida diaria. Por más que nos esforcemos en evitarlo, siempre habrá una mosca rondando nuestros alimentos, dispuesta a retar nuestra capacidad de eliminarla, anticipándose a nuestros movimientos… He aquí la verdad sobre las moscas caseras.

Moscas para todos los disgustos

Las hay negras, verdes o azules; pequeñas, medianas y grandes; y cada una de ellas tiene preferencias por alimentarse desde las sustancias más puras y dulces hasta las carnes más pútridas y las heces fecales. Lo cierto es que hay más tipos de moscas que de mamíferos en el mundo, ya que en sí, la palabra “mosca” incluye a todos los bichos de dos alas. Para nosotros, en la vida diaria, ésta palabra se utiliza para describir a poco más de 30 especies, con las que estamos obligados a convivir desde el momento de nuestro nacimiento, pues aunque algunos lo nieguen, hasta en la casa más limpia existen moscas.

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Moscas con buen “gusto”

Con un excelente sentido del olfato, no pasan unos minutos para que alguna mosca llegue a posarse por igual en un plato de comida recién cocinada como en un animal muerto, pues contrario a lo que se cree, las moscas se sienten igualmente atraídas por alimentos frescos, sean cocidos o crudos. Para nuestra desgracia, son los animales más rápidos en encontrar su comida, así que por hambre no sufrirán.

Una de las cualidades de las moscas es su desarrollado sentido del gusto, ya que perciben el sabor no solamente con la boca, sino también con la punta de las patas. Una mosca que está paseándose por nuestra mesa a la hora de la comida, se da cuenta inmediatamente si camina sobre una mancha de algo dulce simplemente con pisarla; lo que es muy conveniente para un bicho acostumbrado a recoger su alimento del suelo.

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Venciendo al matamoscas

¿Cuánta rabia no has sentido al intentar matar una mosca y observar cómo ésta escapa tranquilamente? Pareciera que éstas pueden “leer” nuestras mentes, anticipándose a nuestros movimientos, lo que no está muy lejos de la realidad. Una mosca tiene un sistema nervioso altamente sofisticado, que le permite reaccionar a nuestros movimientos, prácticamente en el mismo momento que los iniciamos.

Sus ojos se cuentan como unos de los más complejos del mundo de los insectos, compuestos por múltiples lentes individuales, con visión periférica. Además, sus cuerpos están cubiertos por pequeños pelos sensibles a la presión, los cuales les permiten saber exactamente de dónde viene la amenaza. La combinación de éstas cualidades les permiten ajustar la posición de sus patas y “establecer” una ruta de escape, todo en apenas 200 milisegundos, mucho antes que seamos concientes de su audaz huida.

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Tecnología del vuelo

Una de las razones por las que las moscas son tan buenas voladoras es el diseño de sus alas, que ha inspirado a los ingenieros de la aeronáutica y podríamos llamar perfectamente una tecnología de “vuelo de mosca”. Contando en realidad con 2 pares de alas, sólo un par es visible, ya que el otro par es muy pequeño y se ha modificado en órganos estabilizadores de vuelo, denominados balancines. Si imaginamos el movimiento de las alas (de arriba hacia abajo), éstas al moverse forzarían al resto de su cuerpo a moverse en sentido contrario, como ocurre con las mariposas al volar. Dichos balancines se mueven simultáneamente y de forma contraria, manteniendo el cuerpo de la mosca estable y fijo, lo que es comparable al movimiento de nuestros brazos al caminar (intenta caminar sin moverlos y verás lo que sucede).

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Amigas y villanas

Consideradas plagas indeseables por transmitir gran cantidad de enfermedades a los humanos y su asombrosa rapidez para multiplicarse (una mosca adulta puede depositar hasta 500 huevos en su vida -que dura un par de semanas-, y cada uno de sus huevos completar su ciclo vital en unos pocos días), la realidad es que el planeta no funcionaría sin estos indeseados bichos.

Encargadas del reciclaje de los desechos de origen animal y vegetal, su trabajo resulta ser un proceso esencial para la permanencia de la vida en la tierra, al eliminar los cadáveres y la materia en descomposición en cuestión de días, devolviéndolos en forma de nutrientes a la tierra. Son también necesarias como alimento de una incontable cantidad de aves, anfibios y reptiles, murciélagos, arañas e insectos, y en realidad tienen también una participación importante en el proceso de polinización de las flores.

¿Vivir con ellas, o sin ellas? He ahí el dilema… Sin las moscas, nuestro mundo estaría hundido en un mar de desechos pestilentes, enfermedades y plagas mucho peores que las mismas moscas.

¡Propongo un brindis por las moscas, y una plegaria para que no entren a nuestras casas y nos dejen en paz!

 

El Pulpo, único e inspirador

P8190016a copyright.jpgTexto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Yo era una persona que adoraba comer pulpo y su sabor me encantaba, hasta que tuve la oportunidad de encontrarme cara a cara con uno, en su hábitat libre, e interactuar con él. A partir de entonces no lo he vuelto a probar, y no sería capaz de volverme a comer a un ser tan inteligente e incomprendido como él.

Nuestro encuentro ocurrió hace ya mucho tiempo, mientras hacía un censo de fauna marina, a unos 15 metros bajo la superficie, en las Islas Marietas. Buscaba unos pequeños peces que viven en el interior de conchas vacías, cuando de pronto me topé de frente con un pulpo (Octopus sp.), escondido tímidamente en una cavidad. Como había muchas corrientes, me había sostenido de una roca y no lo habría visto si no fuera porque intentó robarme el lápiz con el que tomaba notas. Era tal su curiosidad que decidió dejar su guarida para salir a examinar mi tableta de PVC y el lápiz que tenía atado a ella. Quedé tan sorprendido de su capacidad para manipular el lápiz, y de su fuerza con la que tiraba que pasaron varios minutos que dediqué segundo a segundo, a disfrutar y jugar con él. Fue muy divertido, aunque debo reconocer que me costó recuperar mi lápiz, y por supuesto la concentración, ya que no podía olvidar su mirada inquisitiva, como de un ser consciente de sí mismo y de su alrededor. Desde entonces me quedó muy claro que los pulpos son más inteligentes de lo que creemos, y me di a la tarea de investigar más sobre ellos. Mientras más leía más descubría que así como yo, había muchas personas, incluyendo científicos que quedaban cautivados e igualmente intrigados por cómo un molusco podría ser capaz de realizar acciones tan complejas, equivalentes a las que realiza un chimpancé o un delfín.

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¿Cómo puede ser que un animal invertebrado pariente de caracoles y almejas pueda tener tal inteligencia? La repuesta no ha sido nada sencilla, y los científicos se han topado con un animal necio al que no le gusta cooperar. Sabotea las pruebas y escapa de su confinamiento, llevando al límite la paciencia de quienes intentan estudiarlo. Al parecer, el problema radica en que no puede ser estudiado a través de métodos convencionales, ni tampoco puede ser interpretado con los mismos fundamentos que se utilizan en otros animales, ya que su inteligencia (el procesamiento de sus pensamientos) se lleva a cabo de una forma totalmente distinta a la nuestra, pues además de tener una historia evolutiva de más de 500 millones de años, posee el cerebro más grande de todos los invertebrados (y de algunos peces y anfibios), y dos terceras partes de su sistema nervioso se encuentran situadas en sus tentáculos.

Aristóteles, el padre de la biología calificó a éste cefalópodo como “una criatura estúpida”, cosa que no me sorprende considerando el escaso conocimiento que se tenía en aquel entonces sobre la inteligencia de los seres vivos, hace unos 2,360 años. Ahora en cambio, se sabe que la organización de su sistema nervioso es más sofisticada que en otros animales, ya que en el pulpo se realiza el procesamiento de la información de forma paralela entre su cerebro y sus tentáculos, lo que significa que sus tentáculos pueden hacer ciertas tareas mientras su cerebro se concentra en otras. Actualmente se ha concluido que los pulpos pueden ser zurdos o diestros, prefiriendo utilizar alguno de sus dos ojos para centrar su atención, siendo capaces de utilizar herramientas, tal como lo hace un reducido número de vertebrados, y tienen la asombrosa capacidad de recordar y aprender, aplicando sus experiencias anteriores para resolver nuevas tareas.

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¿Era acaso, el pulpo que conocí, capaz de reconocerme? Ahora se sabe que sí, que son capaces de identificarnos como individuos, y aquellos pulpos que conviven regularmente con seres humanos se comportan de forma distinta entre aquellos en quienes confían y los desconocidos. ¡Hay tanto que aprender de ellos! Nosotros somos los más inteligentes en el mundo de los vertebrados, y sin duda los pulpos son nuestro equivalente en el mundo de los invertebrados. Probablemente no exista otro animal tan distinto a nosotros y a la vez tan parecido, y es una lastima que éstos increíbles animales sean vistos sólo como una fuente de alimento.

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Finalmente, vale la pena reflexionar sobre el futuro de los pulpos, que desafortunadamente no es muy prometedor. En primer lugar, y como ocurre con las pesquerías en general, sus poblaciones están sobreexplotadas en todo el mundo. En segundo lugar, porque tienen sangre azul, que es otra de sus rarezas. A diferencia de la sangre humana rica en hierro, la de los pulpos está hecha a base de cobre, que es más eficiente en el transporte de oxígeno cuando la temperatura del agua es muy baja y no hay mucho oxígeno alrededor. Desafortunadamente, ésta curiosidad los hace extremadamente sensibles a los cambios en la acidez del agua, ya que en aguas más ácidas no son capaces de asimilar el oxígeno y mueren asfixiados.

Una de las consecuencias del cambio climático es la acidificación oceánica que va en constante aumento, lo que pone su futuro en riesgo. A veces no basta la inteligencia para sobrevivir, y no me refiero a los pulpos. Tal como les puede ocurrir a ellos, tarde o temprano también nos ocurrirá a nosotros. Irónico, ¿no lo cree?

Pensando en la inmortalidad del Cangrejo

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Nunca he comprendido cuál es el origen de la conocida frase “pensando en la inmortalidad del cangrejo”. No cabe duda que hace referencia a un estado mental de abstracción o contemplación, pero me resulta por demás interesante pensar en qué observación o reflexión dio origen a ésta frase, y me pongo a divagar sobre si su creador era un experto en cangrejos, o simplemente era alguien que quedaba sorprendido de ver al experto en cangrejos contemplarlos por largo tiempo.

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Sea como fuere, creo que yo mismo he caído en más de alguna ocasión en este estado mental, aunque al contemplarlos no pienso en su inmortalidad sino en sus hábitos y habilidades que los hacen únicos. Me refiero en particular al cangrejo playero, mejor conocido como Cangrejo Fantasma (Ocypode occidentalis). Su nombre científico significa “pies rápidos del occidente”, haciendo referencia a su habilidad de aparecer y desaparecer de nuestra vista instantáneamente, gracias a su pálido color arena y a su habilidad para correr a velocidades que pueden llegar a los 20 km/h, lo que lo coloca entre las especies de cangrejos más veloces del mundo. Si sus habilidades maratonistas no son suficientes para escapar de sus depredadores, los cangrejos pueden cambiar de rumbo abruptamente mientras corren. Todos corren “de lado” y pueden además detenerse en seco cuando son perseguidos, enterrándose también en la arena. Si ninguna de sus tácticas da resultado, huye al mar y se sumerge, para desaparecer definitivamente. Tienen un privilegiado sentido de la vista, ya que sus flexibles ojos se encuentran elevados en forma de periscopio, lo que les da una envidiable visión de 360° y les permite vigilar a sus depredadores. Sin embargo, como todos los seres vivos, también tienen su punto débil: Un punto ciego justo por encima suyo y entre ambos ojos, por lo que desde las alturas pueden ser fácilmente sorprendidos, quitándoles su “inmortalidad”.

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Aunque son cangrejos “terrestres”, éstos dependen del mar para sobrevivir, debido a que poseen branquias (al igual que los peces) y el oxígeno que respiran lo absorben directamente del agua que llevan acumulada en una zona especial dentro de su carapacho. Periódicamente deben sumergirse en el mar para “renovar” su ración de agua, que de otro modo se evaporaría y los haría morir de asfixia y deshidratación. A pesar de haber conquistado la tierra, también dependen del mar para perpetuar su especie, debiendo aparearse de una forma un tanto extraña. En el mundo de los cangrejos no existen las caricias, y las hembras cangrejo sufren de un violento encuentro sexual, donde el macho (que es en general más grande y fuerte) la atrapa e inmoviliza mientras deposita en ella su material genético, sujetándole sus pinzas para evitar que lo pellizque durante su abrazo sexual. Luego de un rápido y aparentemente poco placentero encuentro con el macho, la hembra es liberada y huye a su madriguera, madurando sus huevecillos y depositándolos al poco tiempo en el mar, donde sus larvas forman parte del plankton y una vez que crecen, regresarán a tierra en forma de minúsculos y deformes cangrejos y vivirán discretamente en la arena hasta formarse como minúsculos cangrejos que poco a poco convivirán y compartirán la playa con los cangrejos adultos.

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Descrito por primera vez en 1860, el cangrejo fantasma o de arena ha permanecido en nuestro planeta prácticamente sin cambios desde la era cuaternaria, luego de la desaparición de los dinosaurios, y a la par que los primeros humanos. Se le puede encontrar en el Océano Pacífico desde las costas del noroeste de México hasta Chile, y del lado del Atlántico existe una especie de similares características. En ambos casos, su presencia es considerada como un indicador de playas saludables, ya que es una especie particularmente sensible a los contaminantes químicos como los derivados del petróleo. La principal amenaza de los cangrejos fantasma es la presencia humana, que además de causar la destrucción y el pisoteo continuo de sus guaridas, provoca que no tengan suficiente tiempo para alimentarse, ya que deben permanecer ocultos o consumir demasiada energía huyendo de las personas, y está comprobado que la abundancia de cangrejos está ligada a la presencia de humanos. Mientras más personas hay en una playa, menos cangrejos habrá en ella. Además de contribuir a mantener las playas más limpias, al cavar túneles, los cangrejos fantasma permiten mantener las playas más saludables y oxigenadas, ayudando al reciclaje y recirculación de la arena para una mejor oxigenación.

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Ahora los humanos (y particularmente todos aquellos que caminamos por las playas) debemos reflexionar que “la inmortalidad del cangrejo” es sólo una frase coloquial y sin significado real, por lo que nuestros distraídos pasos pueden terminar con la vida de muchos de éstos maravillosos animalitos. Cuando vamos de vacaciones, es común que dejemos a nuestros hijos perseguirlos sin piedad y cavar en sus madrigueras para sacarlos. Ahora que conoce su importancia y lo sensibles que son a la presencia humana, lo invito a Ud., mi estimado lector a que respetemos sus madrigueras, dejemos de perseguirlos y sobre todo: ¡Tener cuidado donde pisamos!

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¿Son los Zoológicos Necesarios?

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Cada vez somos más los que vivimos en ciudades y perdemos todo contacto real con la naturaleza. Los parques zoológicos y los acuarios son a menudo el primer y único contacto que la gente tiene con la vida silvestre, ayudando a crear en ellos un mayor conocimiento y conciencia acerca de la biodiversidad en nuestro planeta. De no ser así, ésta gente se limitaría a vivir esa experiencia a través de los libros y la televisión. Con una creciente afluencia que supera los 600 millones de visitantes anuales en todo el mundo, las críticas hacia éstas instalaciones también crecen cada día, debido al dilema ético y moral que representa mantener animales confinados en jaulas o en recintos cerrados y bajo el cuidado de los humanos, ya que a pesar de que muchos de ellos (la mayoría probablemente) mantienen a sus animales en excelentes condiciones y amplias instalaciones, algunos otros no brindan si quiera las mínimas condiciones para ofrecerles una vida saludable y estimulante. Dada la complejidad del tema, he decidido resumir lo bueno y lo malo que tienen los zoológicos y acuarios; y lo dejaré a Usted mi estimado lector, que utilice su ojo crítico y su criterio para calificar los zoológicos y acuarios que conozca, pero sobre todo, que sea Usted quien dictamine si éstos son o no son necesarios para el mundo en el que vivimos:

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Los zoológicos y acuarios son un lugar excelente para informar a la sociedad de todo lo referente al mundo natural y la necesidad de su conservación, pero son necesarias campañas de concienciación para que éstos no sean una simple exposición de animales sino que sean verdaderos centros de aprendizaje. El problema radica en que la mayoría de los visitantes (alrededor del 90%) están motivados por la simple intención de pasar un buen día “fuera de casa”. El reto está en hacer que a la gente que le preocupa la diversión, se preocupe también por la conservación. Además de la educación y la concienciación del público, la misión de los zoológicos y acuarios debe ser contribuir a la investigación, la conservación y reintroducción de las especies silvestres, trabajando en estrecha colaboración con gobiernos y organizaciones civiles para proporcionar alojamiento y asistencia a animales que lo requieran, como son aquellos confiscados del comercio ilegal, animales que entran directamente en conflicto con el humano y animales víctimas de desastres naturales o incendios. Esto es particularmente importante en lugares como México, donde prácticamente no existen centros de recuperación de fauna silvestre.

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Uno de los temas que a mí en lo personal me han inquietado más, es la práctica de trasladar e intercambiar animales entre zoológicos, que en la mayoría de los casos es inevitable y necesaria. Por una parte los zoológicos y acuarios se ven en la necesidad de mantener sus colecciones frescas y atractivas para el público, pero también para asegurarse de mantener una sana variación genética en los animales que ahí reproducen. La cuestión es, que muchos individuos son separados de sus núcleos familiares o sociales, causándoles un estrés tremendo, dolor y tristeza, ya que en muchas ocasiones éstos individuos no logran adaptarse o no son aceptados por sus nuevos compañeros.

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En cuanto al bienestar a los animales, siempre habrá conflictos éticos y morales, tanto por parte de los zoológicos y acuarios, como por parte de los visitantes, quienes en muchos casos son quienes molestan y estresan a los animales. Uno de los mayores problemas que enfrentan los zoológicos y acuarios es hacer “milagros” con los presupuestos que obtienen de la venta de las entradas, buscando siempre un equilibrio entre dignificar los recintos de los animales haciéndolos lo más parecido a su medio natural, brindarles una dieta adecuada (que es muy costosa), realizar chequeos médicos y mantenerlos saludables, además de proveerles positivos estímulos psicológicos diarios (conocidos como “enriquecimiento”) para evitar que sufran los efectos del confinamiento. Para ello, el personal que ahí trabaja realiza verdaderos esfuerzos por hacer que los animales vivan tranquilos y sin estrés, aunque no siempre es posible dadas las limitaciones económicas que hacen necesario jerarquizar prioridades.

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La imagen de los zoológicos y los acuarios ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, donde un sitio de exhibición de animales ha pasado a ser como un santuario de vida silvestre. De tener a los animales confinados en jaulas, se han creado ahora paisajes complejos donde aparentemente no existen muros, manteniendo en espacios muy amplios y bien acondicionados a muchas especies de animales que pueden convivir entre sí, realizando grandes esfuerzos para educar a la sociedad y cambiar la percepción que la gente tiene de los animales y sus hábitats. Sería imposible devolver a la mayoría de los animales a sus hábitats originales simplemente porque ya no existen o porque existen serias amenazas para su supervivencia, y es ahí donde los zoológicos están jugando un papel clave en la conservación. Desafortunadamente, siempre habrá excepciones en las que se busca lucrar a través de los animales, exhibiéndolos como animales de circo. En esos casos, somos nosotros quienes debemos levantar la voz y rechazarlos, haciendo que ésos sitios en particular hagan las cosas como debe ser: Que el dinero que se paga por entrar sea verdaderamente utilizado para el bienestar de los animales, la investigación y la conservación de sus hábitats.

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¡Zumbando a toda velocidad! Los Colibríes


Colibrí copyrightTexto: Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías: Manuel A. Aranda Portal y Frank McCann.

 

Conocido también como chuparrosa o picaflor, el Colibrí es una de las aves favoritas para ser observadas y fotografiadas por su gran colorido, belleza y por supuesto por sus rápidos movimientos, que lo convierten en una presa difícil de capturar en una imagen nítida. Estos pajaritos están entre las aves más pequeñas del mundo, y nos regalan la oportunidad de observarlos a lo largo y ancho del Continente Americano, de donde son originarios. Algunas especies habitan los bosques tropicales, otras los bosques templados y algunas especies se han aventurado a vivir en los desiertos. Por sus características, la familia de los Colibríes (Trochilidae) es bastante distinta a cualquier otra familia de aves, además de estar entre las más numerosas y variadas (unas 320 especies en más de 100 géneros). Su mayor característica es, además del rápido batir de sus alas (unas 1,250 veces por minuto), capaz de moverse indistintamente en cualquier dirección, siendo capaz de volar “cabeza abajo” por cortas distancias. Dada la extrema velocidad con la que baten sus alas, en algunos lugares del continente americano se les ha llamado “pájaros mosca” o “tentenelaires”, ya que además de producir un zumbido característico (como el de una mosca), tienen la asombrosa capacidad de mantenerse estáticos en el aire. Esta actividad metabólica en alta velocidad implica que como cualquier máquina, requieren consumir una gran cantidad de energía a intervalos de tiempo cortos.

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Se alimentan principalmente del néctar de las flores, aunque ahora se sabe que los invertebrados forman parte importante de su dieta. Son excelentes cazadores de pequeños insectos, además de aceptar cómodamente el néctar de los alimentadores artificiales. Para obtener el néctar de las flores, hacen unso de su larga y retráctil lengua, moviéndola hacia arriba y abajo para bebérselo sin necesidad de succionar. Probablemente usted tenga en su jardín, patio o ventana un alimentador de colibríes, o al menos lo ha deseado. Si es así, no se quede con las ganas de colocar uno, pues además de no ser caros, usted mismo puede elaborar en “néctar” a base de agua y azúcar, y está prácticamente garantizado que con el paso de un breve período de tiempo, comenzará a ser visitado por más de algún colibrí. Y es que a pesar de su minúsculo tamaño, estos valentones pajarillos hacen valer cada miligramo de su peso en inteligencia, curiosidad, velocidad, agilidad y territorialidad, lo que tiene lógica si se piensa en la cantidad de peligros a los que se enfrentan día a día, y que de no ser por esas importantes cualidades, serían fácilmente presa de algún depredador, entre los que se pueden mencionar desde arañas hasta otras aves y mamíferos.

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En muchas partes de México, principalmente en las zonas más cálidas y costeras, tenemos la fortuna de que nuestros colibríes permanecen aquí todo el año gracias a un agradable clima, pero algunos colibríes (sobretodo en regiones más frías y norteñas como Norteamérica y Canadá) desaparecen por varios meses en busca de un mejor clima, y se sabe de una especie (Archilochus colubris) que a pesar de su pequeño tamaño viaja cada año de Alaska a México, cubriendo una distancia equivalente a 7,000 kilómetros en viaje redondo.

Una de las grandes ventajas que los colibríes tienen es su capacidad de memoria y aprendizaje, lo que sumado a la confianza en sus ágiles reflejos, resulta en la adopción de un bebedero artificial como una fuente permanente de alimento. Es así como se ha vuelto toda una tradición tener en cada jardín o inclusive un balcón, uno o varios bebederos con una interminable provisión de energía pura, lo que ha permitido que en algunos sitios los colibríes sean más comunes que antes. Existe una controversia en relación con los bebederos artificiales, ya que aunque por una parte han ayudado a incrementar las poblaciones en áreas urbanas y suburbanas, también están provocando una mayor mortalidad a causa de colisiones con ventanas y encuentros con los gatos que muchas veces viven en el mismo lugar donde se colocan los bebederos. Aunque está poco estudiado el efecto de los alimentadores de colibríes en las poblaciones silvestres se sabe que éstos no afectan en sus procesos migratorios. Si bien es probable que estemos modificando el comportamiento y los hábitos naturales de algunas especies de colibríes al proveerles alimento ilimitado (a veces de mala calidad), también es cierto que éste “favor” no se compara con el grave daño que le hemos hecho a los ecosistemas donde viven y se alimentan naturalmente, y que son la mayor amenaza para la conservación de las especies. Para los amantes de los animales nos puede resultar conveniente y éticamente correcto brindarles alimento, ya que de esa forma estamos compensando la pérdida de su hábitat y factores adicionales como la falta de alimento por sequía.  Otra de las tendencias modernas, principalmente ahora que se busca atraer a otras especies nectarívoras como mariposas y abejas, es acondicionar los jardines para hacerlos más atractivos para éstas especies, eligiendo plantas de mayor floración. De esa forma, además de embellecer su jardín, estará contribuyendo de una forma más natural y responsable a la supervivencia de colibríes y muchos otros animales. Eso sí, ¡¡tenga cuidado de no dejar a su gato sin vigilar!!

Agosto, el mes de las tortugas marinas

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Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena, Fotografías por Fancisco Mc Cann y Oscar Aranda.

No hace falta que exista decreto alguno, o que esté marcado en los calendarios. El mes de agosto es para toda la costa del Pacífico mexicano, el momento cúspide en la actividad reproductora de las tortugas marinas, refiriéndome en particular a la Tortuga Golfina (Lepidochelys olivacea). Para las playas turísticas, esto significa un atractivo natural más que puede aprovecharse de forma responsable y controlada. Esta sección es un homenaje a un animal que no tiene defectos, sólo cualidades…

Medalla de honor a un sobreviviente nato

Las tortugas marinas tienen un linaje muy antiguo. Existen desde antes que aparecieran los dinosaurios, sobreviviendo a la formación de los continentes, la creación de nuevos océanos, eras de hielo, actividad volcánica catastrófica y el impacto de un asteroide que cambió al planeta por completo. Prosperaron por muchos millones de años antes que los primeros mamíferos aparecieran, teniendo una gran influencia en la ecología de los mares del planeta. Actualmente, y en tan solo un par de siglos, las tortugas marinas se encuentran seriamente afectadas por las actividades humanas. Debido a que necesitan salir a las playas para poner sus huevos, se ven envueltas en un conflicto directo con los usuarios de las mismas, llámense turistas, desarrolladores o inocentes transeúntes. Dado que se alimentan en las mismas zonas donde extraemos nuestros alimentos (pescados y mariscos), muchas mueren diariamente víctimas de las actividades de pesca, como son redes, anzuelos y colisiones fatales. Sobrevivir a ello es en sí un milagro, así que debemos sentirnos orgullosos de que las tortugas Golfinas vuelvan cada verano para desovar en las playas que siempre les han pertenecido.

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Una armadura hidrodinámica

El cuerpo de las tortugas marinas es anatómicamente perfecto: un caparazón fuerte y curvado, formado por sus costillas modificadas y unidas entre sí. La parte inferior del caparazón está igualmente blindada, aunque plana para permitirle maniobrar tanto en el agua como en la tierra. Su forma les permite resistir el embate de las olas al salir y al entrar, sin que éstas les hagan daño o las hagan girar y quedar “panza arriba”, lo que resultaría mortalmente peligroso. Cuentan asimismo con 4 poderosas aletas que les dan tanto impulso como una maniobrabilidad impresionante, además de una boca que además de tener una poderosísima mordida, cuentan con un efectivo sustituto de los dientes llamado ranfoteca, también presente en las aves. Contrario a la mayoría de las tortugas terrestres y de agua dulce, éstas no pueden “esconderse” en su caparazón, debido a la bien desarrollada musculatura interna. Además de su armadura y su fuerte mordida, cuentan con unas garras que hacen de sus aletas un arma perfecta, aunque su uso es más para facilitar la alimentación y la reproducción.

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¿Cómo se reproducen en el mar?

Es común para los pescadores y paseantes en el mar, observar a dos tortugas montadas una sobre otra, y mientras la que está encima permanece inmóvil, la que está debajo parece luchar para mantenerse a flote. Esta acción conocida como “mancuerna”, es una tarea bastante difícil para ambas partes, pero ciertamente lo es más para la hembra, quien debe hacerse cargo de nadar hacia la superficie para respirar, cargando a cuestas por varios minutos a un macho que se aferra fuerte y lastimosamente con sus curvadas garras ubicadas en las aletas frontales. Éste abrazo es tan fuerte, que las hembras pueden mostrar heridas en el borde de su caparazón, mismas que con el paso de los años, y tras múltiples apareamientos, van desgastándolo. Adicionalmente, el macho puede tornarse agresivo cuando ella se niega a reproducirse, tirándole fuertes mordiscos en el cuello y sus aletas. Cuando ella acepta y el macho ha logrado asirse a ella, utiliza su larga cola para encontrar la cloaca de la hembra y depositar su semen, mismo que será almacenado y utilizado para fertilizar sus huevos durante toda la temporada, que consiste en alrededor de 3 puestas distintas. Existe una creencia popular que el macho muere luego de aparearse; nada más lejos de la realidad. Éste intentará recuperar fuerzas lo más pronto posible, para buscar aparearse con otra hembra, ya que ellas se aparean varias veces, con distintos machos cada vez.

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 Enfrentando la extinción

Por cientos de años, la aparentemente ilimitada cantidad de tortugas marinas ha sido comercialmente explotada para aprovechar su carne, huevos, aceite, piel y caparazón, disminuyendo peligrosamente su población mundial. Aunque seguramente su declive comenzó hace varios cientos de años, éste se convirtió en un obvio problema para mediados de 1900. Se estima que antes de que fuera decretada la veda total (declarada para México en 1990), se capturaban más de 400 mil tortugas al año en el Pacífico mexicano. Luego que su captura quedara prohibida, surgieron la “captura ilegal”, de la cual muchas son presa fácil al salir a desovar, y  la “pesca incidental”, que engloba la captura y muerte accidental de tortugas marinas que caen en redes destinadas para otros organismos. Entre los artes de pesca más comunes, podemos mencionar que las redes de arrastre matan alrededor de 150 mil tortugas al año en el mundo. Aún cuando no existen datos suficientes, se estima que tan solo la flota de pesca japonesa de palangre (con anzuelo) captura a más de 21 mil tortugas anualmente en el Océano Pacífico.

 Esta es la situación actual de las 7 especies de tortugas marinas que anidan en México: 2 de ellas se encuentran al borde de la extinción: la tortuga Laúd y la Carey. Se estima que la población actual de tortuga Laúd es de menos del 5% de la población original, y sólo se protegen en México un par de cientos de nidos al año. En una situación similar se encuentra la tortuga Carey del Pacífico, que aunque es la misma que existe en el Atlántico y el Caribe, es tan escasa que se desconoce cuántos individuos existen y en dónde anidan. La Tortuga Prieta o Negra sufre en México de una de las mayores explotaciones ilegales de carne y huevo, y se estima que en la región del Golfo de California se sacrifican anualmente más de 35 mil tortugas. Afortunadamente, las principales playas de anidación de ésta especie (Michoacán) se encuentran vigiladas para su protección, en muchos casos por las mismas comunidades indígenas que ahí viven. La tortuga Golfina es la única especie cuya población ha dado muestras de recuperación, pero que más que ninguna otra especie, sigue amenazada por la cada vez mayor captura ilegal en nuestros mares y playas.

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Situación en Puerto Vallarta

Sería irresponsable negar que en la Bahía de Banderas las tortugas Golfinas y las demás especies estén enfrentando serios problemas. Cada año mueren decenas de tortugas marinas por quedar atrapadas en artes de pesca y por colisiones con embarcaciones. En los últimos años se ha incrementado el número de robos de huevos en algunas playas como Boca de Tomates, Los Muertos y Playa de Oro. Como lo he dicho en otras ocasiones, la contaminación lumínica es uno (si no el mayor) de los problemas que las tortugas enfrentan no sólo en la Bahía de Banderas sino en todas las playas del mundo que tienen algún grado de urbanización, debido a la gran cantidad de luz que hay por la noche. Desafortunadamente, la evolución no le enseñó a las tortuguitas recién nacidas a distinguir entre la luz artificial y la natural, por lo que tal como ocurre con los insectos que se ven mortalmente atraídos por la luz de las farolas, éstas se dirigen en sentido contrario al mar, justo luego de salir de sus nidos en la arena, lo que las deja expuestas a sus depredadores…

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Buen resultado, a pesar de las pérdidas

Una tortuga marina hace todo lo que está a su alcance para que sus crías puedan sobrevivir: Cava un nido en un sitio elegido cuidadosamente calculando la humedad disponible, disponibilidad de luz, acceso rápido a la playa, y lo deja bien oculto de los depredadores, además de proveer a cada huevo con una dotación de alimento suficiente para permitirle a la cría desarrollarse completamente hasta nacer, sobrándole energía suficiente para sus primeros días de vida en el mar. Sin embargo, apenas nacen y se dirigen al mar, la gran mayoría son devoradas por peces y aves que los esperan apenas y cruzan las primeras olas. El 95% de las crías que entran al mar pasarán a formar parte de la cadena alimenticia, y del resto sólo una o dos, con mucha suerte, podrán llegar a la edad adulta. Suena triste y desolador, pero ésta es una estrategia reproductiva que les ha permitido sobrevivir por tan largo tiempo, y que aunque es difícil de comprender, resulta muy efectiva, tal como hacen los corales, medusas, erizos y moluscos, que al no cuidar de su descendencia, necesitan de una gran cantidad de hijos para compensar esa pérdida tan grande que su descuido intencional provoca. Puede resultar desesperanzador ver el bajo número de crías supervivientes, pero esta es una razón más para redoblar nuestros esfuerzos de conservación. Probablemente ninguna de las miles de crías que liberamos en playas como Puerto Vallarta hubiera siquiera logrado entrar al mar si no fuera por la importante labor que unas pocas organizaciones civiles, voluntarios, autoridades municipales, federales y hoteles realizan en la región.

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 ¿El tamaño importa?

Las tortugas marinas crecen de acuerdo a la especie, y la tortuga Golfina está entre las más pequeñas, con apenas 75 cm de longitud y unos 35 Kg de peso. Comparadas con la tortuga Laúd, la especie de tortuga más grande del mundo, es una enana, al medir menos de la mitad. A diferencia de los mamíferos, que a cierta edad maduran y dejan de crecer, las tortugas crecen y maduran en relación a la cantidad y calidad de la comida disponible, por lo que es casi imposible determinar su edad de acuerdo a su tamaño, pues éste puede variar dramáticamente entre uno y otro individuo de la misma edad. Donde el tamaño sí importa es en relación a sus depredadores, pues mientras más grandes son, menos depredadores tienen, aunque el caparazón de una tortuga marina es de gran ayuda para combatir a sus depredadores. Una tortuga adulta sólo tiene 3 enemigos: Los grandes tiburones (que cada vez son más escasos) y las Orcas, también llamadas erróneamente “ballenas asesinas”. Al tercer depredador lo catalogo por separado, pues es quien las ha orillado a la extinción: Los seres humanos.

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Larga (y secreta) vida

Las tortugas marinas son observadas tan sólo una minúscula parte de sus vidas; cuando descansan en la superficie del mar, cuando salen a la playa a desovar, o cuando nacen indefensas en las playas. El resto de sus vidas sigue siendo un misterio, develándose poco a poco por las investigaciones científicas. ¿A dónde van después de nacer?, ¿cómo pueden viajar tan lejos y orientarse para regresar al mismo sitio 15 años después?, ¿cómo es su vida social? ¿Se reconocen entre ellas? Estas son algunas de la infinidad de preguntas que han sido mínimamente respondidas, y queda mucho por descubrir. Cuando salen a la playa a desovar, en ocasiones muestran gran cantidad de cicatrices, una historia jamás contada que nos haría asombrarnos (aún más) de sus increíbles aventuras. Personalmente, considero que es bueno no conocer tantos detalles de sus vidas, dejándoles permanecer en el anonimato y mantener así la ilusión y el gusto por conocerlas mejor. Cuando vea una tortuga, piense que además de la suerte que ha tenido Ud. de encontrarla, ésta tortuga, con fácilmente más de 35 años de edad, tiene un presente complicado y su futuro lo será más. Haga su parte para no fastidiarle ese momento, y permítale hacer lo suyo sin ser molestada, pues se lo merece. En nuestras manos está que la tortuga marina siga reinando nuestros mares. Brindemos honores a un ser magnífico, que hace de nuestro mundo, un mundo mejor.

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Las aves que lo tienen todo: Las Garzas

IMG_8060a copyright Texto y Fotografías por: Biol. Oscar S. Aranda Mena

Si tuviera que describirlas en una frase corta, sin duda las describiría como “la elegancia y discreción en su máxima expresión”. Es por su esbelta y estilizada figura, su plumaje siempre perfecto y sus hábitos de vida, que las garzas son consideradas por muchos como las favoritas entre todas las aves.

Existen unas 65 especies distribuidas por todo el mundo (exceptuando la Antártica), y las más grandes pueden sobrepasar el metro de altura y casi los 2 metros de envergadura como es el caso del imponente Garzón Cenizo (Ardea herodias); algo especialmente sorprendente cuando nos damos cuenta que a pesar de su tamaño, sólo pesa 2.5 Kg., mientras que un Avetorillo Común (Ixobrychus minutus), la especie más pequeña, pesa menos de 150 grs.

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Debido a su dieta estrictamente carnívora, las garzas han adquirido exitosas técnicas de pesca y caza, que pueden adaptar a las condiciones del lugar. Con su aguda visión binocular, pueden calcular el ángulo exacto en el que su presa se encuentra bajo el agua, compensando la distorsión que ésta provoca. Esbeltas y ligeras, las garzas prefieren los ambientes acuáticos donde utilizan sus largas y delgadas patas para posarse en lugares donde otros depredadores no podrían estar. De esta forma, se mantienen estáticas y de pie hasta que su desafortunada víctima pase frente a ellas. Cuando están en reposo, aparentan ser “rechonchas” y resulta difícil apreciar la longitud de su cuello.

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Las vértebras de su cuello están modificadas, lo que lo hace extremadamente flexible y le permite “plegarse”, obteniendo esa característica forma de “S”. Para capturar a sus presas es disparado a gran velocidad, que con la ayuda de su largo y poderoso pico, se convierte en una mortal flecha de la que no hay escapatoria.

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Además de bellas, ¡inteligentes!

Las garzas están consideradas entre las aves más inteligentes y capaces de adecuarse a los cambios ambientales que les rodean. La inconfundible garza ganadera (Bubulcus ibis), se ha adaptado a vivir en la tierra en una relación simbiótica con los mamíferos que pastan (principalmente el ganado), atrapando los bichitos que el ganado asusta al pastar y eliminando los parásitos de su piel. Se le considera como el ave que ha protagonizado la expansión natural más amplia y rápida de todas las especies de aves, pues siendo originaria de África y el sur de Europa, ahora se extiende por todo el planeta gracias a las actividades humanas.

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En cuanto a sus técnicas de caza, son capaces de innovar sus métodos o incluso de aprender nuevas observando a otras aves o a los humanos. Es así como se puede observar en las orillas de un lago o un río a una garza concentrada “agitando” con sus patas las plantas flotantes o alguna rama, obligando a los bichitos a salir de su escondite.

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Existen algunas garzas en distintos y lejanos lugares del mundo, como pueden ser Japón o República Dominicana, donde éstas han aprendido a “dar de comer” a los peces para atraerlos. Usando un trozo de pan, una pluma o un fruto pequeño, se posan en la orilla, sueltan el cebo a una distancia prudente y esperan pacientemente a que los curiosos pececillos se acerquen, atrapándolos antes que puedan descubrir la trampa.

Historias como éstas aparecen por todas partes, y yo personalmente pude atestiguar su capacidad de observación y aprendizaje con las Garzas Nocturnas Coroniclaras (Nycticorax violaceus), con quienes tuve la oportunidad de convivir de cerca por varios años, llegando a establecer un extraño vínculo de “amistad” y confianza entre nosotros, como la que aparece en la siguiente fotografía, a la que llamaba “perrito”, pues me seguía a todas partes, mostrando una auténtica curiosidad por mis actividades nocturnas en la playa.

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Aún hoy en día, muchas personas dudan que las aves y otros tipos de animales pueden tener un cierto grado de inteligencia, pero es cierto es que existen comportamientos animales que superan “nuestro intelecto”. Simplemente creo que pensamos de forma distinta, y que nuestros procesos “humanos” para entender a los animales son los que nos hacen rechazar esta posibilidad, ya sea por orgullo o por desconocimiento.

Mientras aprendemos más sobre ellas, hay tres atributos que muchos humanos podríamos envidiar de las garzas: Son inteligentes, perseverantes y fieles a sus parejas de por vida. Tal vez un día podamos aprender algo de ellas.

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La Reina de las Migraciones

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Texto por: Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías por: Manuel A. Aranda Portal y Oscar Aranda.

Una de las migraciones más extrañas y a la vez espectaculares que aún tenemos la fortuna de poder presenciar en la actualidad, es sin duda la que realizan las mariposas Monarca (Danaus plexippus). Es el mes de noviembre cuando éstas mariposas inician su descanso invernal en México, provenientes de sus zonas de reproducción en el norte del Continente Americano, cruzando desiertos, zonas de cultivo y ciudades enteras para llegar a los cada vez más amenazados bosques de oyamel en los Estados de Michoacán y Estado de México, donde permanecen letárgicas hasta los primeros indicios de la primavera, cuando el incremento de las temperaturas les permite retomar fuerzas para iniciar su recorrido de vuelta a casa.

La Mariposa “Milagro”

Hay quienes la denominan así por lo que su migración conlleva: Una odisea que involucra a 4 generaciones distintas de mariposas: Las mariposas que vuelven de México depositan sus huevos en EEUU y Canadá, donde nacerán 3 generaciones cuyo ciclo de vida no necesita migrar, ya que encuentran durante la primavera y el verano las condiciones adecuadas para vivir. Al acercarse el otoño, será la cuarta generación la que “sienta” la necesidad de migrar para evitar las condiciones de frío extremo que imposibilitarían su supervivencia. Es así como los tataranietos de quienes migraron el año anterior, serán quienes vuelvan al mismo sitio donde han invernado sus ancestros por incontables generaciones.

Son capaces de viajar entre 45 y 120 Km por día (una impresionante proeza para un animal que pesa menos de un gramo), recorriendo una distancia de al menos 3,200 kilómetros. Para obtener la energía necesaria, las mariposas realizarán paradas de descanso y alimentación en todo tipo de lugares, por lo que no es raro verlas visitando las flores de nuestros jardines en plena ciudad o verlas en lugares remotos y zonas costeras de México. Cuando son orugas las mariposas se alimentan de muchas variedades de plantas llamadas “algodoncillo” o “venenillo”, de donde obtienen y almacenan las sustancias tóxicas que les protegen de la mayoría de sus depredadores. Aún así, y contrario a lo que se cree, las Monarcas sí tienen depredadores, pues a pesar de poseer toxinas conocidas como “cardenólidos” hay algunos animales que además de soportar su irritante sabor, son inmunes a su veneno como algunas arañas, las mantis, algunas de aves y roedores.

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Además de la depredación natural, miles y miles de mariposas mueren durante su viaje migratorio, ya sea por agotamiento, por sed ó congelación ó inclusive por cruzar una autopista volando a baja altitud, como ocurre en muchas ocasiones.

A pesar de que la Monarca es nativa de Norteamérica, ésta especie ha llegado a habitar permanentemente lugares como Centroamérica, las costas occidentales de Europa, Australia, Nueva Zelanda, etc., y se cree que llegaron ahí transportadas por fuertes corrientes de aire a gran altitud durante sus migraciones. Lo cierto es que aunque ésta especie puede verse y disfrutarse en muchos lugares del mundo, sólo aquellas que nacen en el Este de Estados Unidos y Canadá emigran a México, y aún existen grandes misterios sobre su comportamiento que esperan ser resueltos con el paso de los años.

Los Santuarios de la Mariposa Monarca

Para proteger la mayoría de las colonias invernales de mariposas y sus hábitats, el Gobierno mexicano creó  en el año 2000 la “Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca”, que a su vez fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2008, y que alberga al menos a 8 santuarios (lugares de descanso invernal), de los 12 conocidos actualmente. Desde el 22 de noviembre y hasta marzo, algunos santuarios estarán abiertos al público para poder observar de cerca a éstos lepidópteros en su descanso invernal. El resto de los santuarios y la ubicación exacta de las colonias permanecen celosamente protegidos del impacto del ser humano. Los santuarios más recomendados para visitar son el Santuario de Sierra Chincua (muy cerca de Angangueo, Michoacán) y el Santuario de El Rosario (en Ocampo, Michoacán).

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Se desconoce a ciencia cierta cuántas mariposas migran cada año, pero se sabe que pueden superar varios cientos de millones de individuos. Estas cifras pueden sonar tranquilizadoras, pero desde hace 15 años los científicos han registrado una disminución de hasta el 81% de su población original. Un estudio reciente pone en duda la supervivencia a largo plazo de la especie, y a finales de enero del 2014 la WWF publicó información que asegura que la superficie que las monarcas han ocupado este año, ha disminuido en más del 40% con respecto al año anterior. Al parecer, la erradicación paulatina de las plantas más tóxicas, está dando lugar a que las plantas de las que ahora se alimentan son menos tóxicas y no obtienen el veneno suficiente para librarse de la mayoría de sus depredadores.

¿Será posible que evitemos su desaparición? Eso espero, pues dada la gran variedad de hábitats y peligros a los que se enfrentan durante todas las etapas de su vida, se requieren esfuerzos importantes de todos los ciudadanos, granjeros, madereros y gobiernos no sólo de México sino de EEUU y Canadá, donde los impactos sobre sus poblaciones debido a las actividades agrícolas y la pérdida de hábitat son muy altos. Aquí se aplica el dicho que versa “Pequeñas acciones, grandes cambios”… Que así sea, por el bien de las Monarcas, y por el bien de la humanidad.

¡Justicia para las Arañas!

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Texto: Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías por Oscar S. Aranda Mena y Mike Keeling

El otro día mientras dormía, un ligero pero punzante ardor en el cuello me despertó por un momento, mismo que ignoré somnolientamente. Por la mañana al levantarme y sentir la irritación, fui a mirarme al espejo, encontrando dos enrojecidos piquetes, con una sospechosa y pequeña separación uno del otro, me hicieron pensar inmediatamente que una araña me había mordido, aunque bien pudo ser cualquier otro bichito.

Este es un buen ejemplo de cómo estamos predispuestos a “juzgar” a las arañas injustamente. Mi esposa me contó mientras desayunábamos por qué le teme a las arañas, asegurando que es alérgica a ellas sin darme una explicación con fundamentos científicos. Yo, con mi cara de escéptico, defendiendo a capa y espada a las incomprendidas arañas, intenté darle explicaciones racionales y justas que echaran abajo sus aseveraciones y contribuyeran a desmitificar a estos arácnidos, aunque debo reconocer que no es una tarea fácil y poco me faltó para que esa noche tuviera que dormir en el sofá. Estuve pensando que lo nuestro es una reacción instintiva y “natural”, y que es normal que evitemos a las arañas cuando entramos al bosque y las observamos colgando de sus telarañas, o nos enredamos en ellas. Lo anterior me hace dedicar este espacio para explicar en pocas palabras el tema de las mordeduras de araña y su veneno, con la firme esperanza de lograr cambiar esa visión borrosa e injusta que se tiene en general de las asombrosas arañas.

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Las arañas “no pican”, muerden

Es verdad: la mayoría de la gente cree que las arañas “pican”, e incluso en las películas donde las arañas (reales o ficticias) participan en alguna escena, se observa que intentan picar con un exageradamente grande y afilado aguijón en el extremo de su abdomen, como si se tratara de una avispa. En realidad las arañas poseen lo que podría compararse con las mandíbulas de un insecto llamadas “quelíceros”, y que cada uno de éstos posee en su extremo un colmillo. Sin importar su tamaño, éstos colmillos se utilizan no solamente para masticar, sino también para excavar o como armas disuasivas y defensivas. En algunas especies sirven también para transferir esperma a las hembras durante el apareamiento, y otras especies los utilizan para sujetar firmemente los capullos que contienen sus huevos mientras se trasladan de un lugar a otro. Ciertamente, aquellas especies que tienen veneno, lo inyectan a través de sus quelíceros.

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Las arañas y su veneno

En todo el planeta hay unas 42 mil especies de arañas, de las cuales casi todas poseen alguna forma de veneno. No obstante, el veneno de la gran mayoría no representa ningún peligro para el ser humano y no se considera como una amenaza médica seria por ser de una muy baja toxicidad, ya que están diseñados exclusivamente para inmovilizar o matar insectos muy pequeños.

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Si elimináramos de la lista a todas aquellas especies que no representan un peligro real, nos quedaríamos con menos de un centenar de especies en todo el mundo. En México sólo existen 3 especies que representan un peligro real, capaces de causar la muerte de una persona en casos muy particulares, pero debo decir que ninguna es agresiva por naturaleza, por lo que es muy difícil que ocurra una mordedura. Estas son las 3 especies:

La viuda negra o araña capulina (Latrodectus mactans): Es muy común en todos los hogares y jardines, y aún así pasa desapercibida. Se le reconoce por su color negro y por tener en la parte de abajo del abdomen una figura de color rojo (hembra) o naranja (macho) parecida a un reloj de arena. Por lo general no representan mayor peligro para los adultos, aunque su mordedura puede representar un peligro real cuando muerde a niños o animales con un peso inferior a 15 kilos. No son agresivas, y muchas de sus mordeduras suelen ocurrir cuando el arácnido ha hecho de un zapato su “hogar” y se ve acorralado. Si tiene la oportunidad, su primera reacción será huir rápidamente.

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La viuda café (Latrodectus geometricus) es parecida a la viuda negra pero es un poco más alargada y menos rechoncha, de color café claro-amarillo pardo, con un aspecto “atigrado” y es más discreta que la araña capulina. También muestra en el abdomen un reloj de arena anaranjado o amarillo. Por su tamaño es aún más difícil que ocurra una mordedura a un ser humano, pero es mejor dejarla en paz.

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La reclusa parda o araña violinista (Loxoceles reclusa) es probablemente la más peligrosa. Se puede reconocer por su color café amarillento y un abdomen bulboso. Suele medir unos 2 ó 3 cm de ancho considerando las patas, y le gusta esconderse entre las cortinas, la ropa o en lugares poco ventilados. Aunque su tendencia es huir de cualquier encuentro fortuito, es mejor evitar molestarlas, ya que su mordida es necrosante (provoca la muerte de la carne o la piel) y puede causar dolorosas heridas.

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Finalmente, quiero mencionar que las tarántulas y otras arañas del género Lycosa, también pueden representar algún tipo de peligro cuando muerden, pero raramente se les menciona y en general no se les considera peligrosas porque la probabilidad de que muerdan es mínima. Toda mi vida he manipulado arañas y tarántulas sin ningún cuidado y nunca he sido mordido, ni detecté siquiera que intentaran hacerlo. Pareciera que intentaran sacar ventaja de su aspecto para intimidar al enemigo.

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Cuando hablamos de arañas, hay que tener en cuenta que como regla general, éstas son demasiado pequeñas para atravesar la piel humana con sus quelíceros, y prácticamente todas las arañas tejedoras de redes son inofensivas. Además, una araña sólo morderá cuando no tenga “otra opción”, por lo que el respeto y la prudencia debe prevalecer siempre. No debemos olvidar lo importante que son en la naturaleza, alimentándose de especies de insectos que si no fuera por ellas, proliferarían en cantidades incontrolables.

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Considero que así como nos mantenemos atentos a “buscar” arañas para matarlas, abramos igualmente nuestros ojos pero con otra mirada. Démosles la oportunidad de vivir como lo que realmente son: Unos magníficos y admirables seres a los que la naturaleza olvidó dotar de simpatía y carisma, pero que en cambio nos regalan un mundo con menos bichos molestos, como las moscas latosas y los mosquitos zumbones. ¡Celebremos entonces su presencia en nuestro hogar como lo que son: El mejor y más económico control de plagas que pudo crear la naturaleza!

La Mantis, un insecto de otro mundo

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Si tuviera que elegir una palabra para describir a este fascinante insecto, eligiría la palabra “soberbia”. Y es que además de su imponente apariencia, la mantis se enfrenta siempre a sus enemigos con valor y dignidad, sin importarle morir en el intento. Sus posturas amenazantes e inverosímiles han inspirado técnicas milenarias de lucha, y su típica posición con las patas delanteras elevadas y plegadas -que nos recuerda una posición “de oración”- le ha hecho merecedora del nombre “mantis religiosa”, o “praying mantis” en inglés, aunque también se le conoce como “santateresa” o “campamocha”.

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Las hay de muchos tamaños y formas, pero prácticamente todas son cazadoras, alimentándose principalmente de otros insectos, aunque las mas grandes son capaces de capturar hasta pequeñas aves, reptiles y mamíferos aprovechándose de su mimetismo. Al cazar, lo hacen con tal velocidad que nuestro ojo es incapaz de percibir su movimiento, y ésta sin duda es el resultado de una larga evolución, cuyo origen data de hace unos 50 millones de años.

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La ciencia ficción ha sacado provecho de su extraña apariencia para “crear” seres de otro planeta con sus mismas características: un esqueleto como armadura, una boca compuesta de muchas piezas (y que asustaría a cualquiera), pero sobre todo unos enormes ojos bulbosos montados sobre una cabeza triangular capaz de girar 180 grados sobre si misma. Esta flexibilidad es real, y permite que las mantis tengan una sorprendente visión. Sus ojos estan formados por muchas lentes compuestas que conducen las imágenes hacia el nervio óptico, y son capaces de ver imágenes a color como nosotros. Además, tienen sobre su cabeza tres ojos sencillos que les permiten distinguir entre la luz y la obscuridad.

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Mitos que son ciertos, y otros no tanto

Sus singulares características las han hecho objeto de temor por antiguas culturas: los griegos asociaban a las mantis con Casandra la “profetisa de las catástrofes”, y el mismísimo Aristóteles las consideraba criaturas del inframundo, capaces de hipnotizar a las personas. Para los egipcios eran objeto de culto y adoración: las momificaban y las colocaban en minúsculos sarcófagos para acompañar a los muertos, transmitiéndoles su coraje y ayudándoles a enfrentar sus temores en el más allá.

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Se dice que la hembra devora al macho mientras se aparean, arrancándole la cabeza. Si bien esto es verdad, la hembra decidirá si se come o no al macho dependiendo de cuánta hambre tiene ésta, perdonándole la vida si se siente saciada. En realidad el canibalismo no es tan común como se cree. Existen especies que no lo practican, valiéndose de complejas señales visuales para “informarse” unas a otras que son de la misma especie, y hay otras que incluso se muestran cariñosas durante la cópula, y otras que cuidan y defienden a sus huevos y sus crías.


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Otro mito muy extendido es que cuando las vacas o caballos se comen accidentalmente a una campamocha, éstos mueren “porque les estalla la panza”. A pesar de es una creencia generalizada, es totalmente falso. Las mantis son insectos como cualquier otro, y son devoradas por infinidad de mamíferos, aves y reptiles como parte natural de su dieta, sin hacerles daño. Por otra parte, no es nada raro que los animales herbívoros como vacas y caballos sufran de una excesiva hinchazón de su vientre que puede provocarles la muerte, pero esto se debe a una producción excesiva de gas metano causado por la fermentación de las hierbas que comen. Si el ganadero observa alguna mantis donde sus animales están pastando y luego alguna vaca cae enferma o muerta, es muy fácil entender que la mantis sea señalada como culpable de ese cruel asesinato.


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Sin embargo, considero que la mantis no es tan cruel ni tan extravagante como lo es el ser humano. Es simplemente una creación de la naturaleza, un animal cuya evolución le ha dado esas increíbles características, pero que es tan vulnerable como cualquier otro animal. Afortunadamente para ellas, y aunque la mayoría de la gente les teme, igualmente las respeta porque son un excelente control biológico de insectos considerados como dañinos o peligrosos para los cultivos. Lo cierto es que cuando cazan no hacen distinciones, comiendo insectos tanto “buenos” como “malos”, por lo que mi consejo es que la próxima vez que se encuentre una, admírela no por su labor, sino por lo que es: ¡Un insecto de otro mundo!

¡Quisiera ser Pelícano!

IMG_6581a copyrightTexto y Fotografías por: Biol. Oscar S. Aranda Mena. 

¿A quién de nosotros no nos gustaría poder volar de forma tan grácil y perfecta como lo hacen los pelícanos? El verlos volar a centímetros de la superficie del mar tan cómodamente, o viajar a grandes alturas con apenas unos cuantos movimientos de sus alas me hace envidiarlos y desear ser uno de ellos.

Con ustedes, el Pelícano

Mientras los turistas se maravillan observando a los pelícanos pescando o volando a lo largo y ancho de las zonas tropicales y subtropicales del mundo, muchos de quienes viven en estos sitios, acostumbrados a verlos, se sienten indiferentes al verlos, ignorando lo maravilloso y magníficamente bellos que son desde el pico hasta las patas (literalmente hablando). No debemos olvidar que los pelícanos han formado parte de la mitología y cultura popular, y asociados también al cristianismo.

El Pelícano pardo o Neotropical (Pelecanus occidentalis) está ampliamente distribuido a ambos lados del Continente Americano, y es una especie que puede alcanzar una envergadura (ancho con las alas extendidas) de poco más de 2 metros y pesar tan solo 4 Kg. Su extrema ligereza y flexibilidad le permiten volar a más de 50 km/hora y pescar “en picada” desde alturas de 20 metros, resistiendo la zambullida gracias a que bajo la piel tienen “burbujas de aire” que absorben la fuerza del impacto. Pocas personas se imaginan que un pelícano puede vivir cerca de 30 años, una edad muy envidiable para la mayoría de las aves, y son tan comunes ahora, que pocos se imaginan que estuvieron a punto de desaparecer en los años 70´s por culpa de la contaminación. Gracias a las medidas que se han tomado, ahora la población de pelícanos en México y Norteamérica está creciendo.

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¿Tienen dientes los pelícanos ?

Como todas las aves actuales, los pelícanos no tienen dientes, pero si observamos su pico detenidamente, podremos observar una enorme “uña” al final de su pico, la cual utilizan para girar y acomodar sus huevos durante la incubación, pero igualmente la utilizan como un arma muy eficaz cuando se dan de picotazos.

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Siendo aves cuyos ancestros surgieron hace 40 millones de años, la evolución ha dotado a los pelícanos de muy singulares características, como la inmensa bolsa flexible bajo su pico. Al zambullirse para pescar, ésta bolsa se expande varias veces su tamaño, absorbiendo hasta 10 litros de agua, misma que será expulsada antes de engullir a los peces que quedaron atrapados dentro. Los primeros naturalistas creían que su bolsa era exclusivamente para almacenar peces, lo que dio lugar a cuentos y fantasías que aún persisten en la actualidad. En realidad, su bolsa sirve para atrapar peces, mismos que son engullidos (tragados) inmediatamente, aunque además sirve para controlar su temperatura corporal, pues en días calurosos, la agitan incesantemente para refrescarse, haciendo circular la sangre a través de una infinidad de venas que la atraviesan.

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Unos padres responsables

Una lección ejemplar es la que sin duda nos dan estas magníficas aves. El macho selecciona la ubicación del nido, y proporciona el material para su realización. La hembra por su parte se encarga de darle forma a su gusto y total satisfacción, teniendo siempre la última palabra.

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Ambos padres incubarán los huevos, atentos a los sonidos que desde antes de salir de su huevo emiten los polluelos, haciéndole saber a sus padres si tienen calor o frío. Los incuban de pie por 28 días, pero cuidarán de sus escandalosos pichones por 75 días, hasta que puedan valerse por sí mismos. Extremadamente demandantes de alimento, los pichones siempre están clamando por comida, guardando silencio sólo por unos segundos luego de ser alimentados. Cuando el alimento escasea, los polluelos lucharán “a muerte” por su lugar en el nido, sacando a empujones a sus hermanos menores, por lo que de los 2 o 3 huevos que sus padres depositaron, sólo 1 ó 2 sobrevivirán.

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Un ave de gran nobleza

Lo más admirable de éstas aves es su nobleza. Tan sólo el tamaño de su pico puede intimidar a cualquiera (40 cms), pero no se conoce ningún caso en que un pelícano haya atacado o agredido a un ser humano, aún cuando en muchas ocasiones sean objeto de abuso y maltrato, recibiendo a cambio de su fidelidad una severa golpiza. A pesar de nuestro injusto desprecio, flotillas enteras de pelícanos siguen fielmente a las lanchas de pesca, y otros más esperarán pacientemente durante todo el día en los muelles a los pescadores, quienes a su regreso les regalarán gustosamente los sobrantes de su pesca.

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Quisiera ser un pelícano para ver nuestro mundo desde otra perspectiva y admirar la belleza de los paisajes que desde abajo no valoramos. Quisiera ser un pelícano para hacerle ver a los humanos lo grande y valiosa que es la vida misma. Si bien no puedo ser uno de ellos, sí puedo hablar por ellos, y estoy seguro que alzarían su voz para reclamar cielos azules y mares limpios. Al final de todo, creo que no somos tan distintos, pues todos queremos el mismo futuro. ¿Usted no?

¿A quién le importan las serpientes?

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Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías por Frank Mc Cann y O. S. A. M.

No existe otro animal en el mundo que cargue con tanto odio y desprecio como el que sufren las víboras, culebras y serpientes. Perseguidas desde los mismos orígenes del ser humano, son el “chivo expiatorio” de las fobias de la humanidad, y a través de la historia han pagado por todos nuestros miedos infundados, a pesar de que muchas de las culturas ancestrales más importantes de la historia humana veían en las serpientes cualidades tan admirables que las adoraban, respetaban y las representaban como a sus dioses. Para los egipcios representaban al dios del delta del Río Nilo, mientras que para los aztecas y otros pueblos de habla Náhuatl era Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que representaba su máxima deidad, y conocido por los Mayas como Kukulkán, el dios creador del universo. Ese legado de nuestros ancestros ha quedado en el olvido, pues parece que el ser humano se deja guiar más por los aspectos negativos que por los positivos. La religión judeocristiana ha sido uno de los elementos que más ha influenciado nuestro desprecio hacia ellas por representar el mal, condenándolas a ser perseguidas y exterminadas como nuestro mayor enemigo. Sólo se han conservado algunas antiguas constumbres de adoración de las serpientes en algunos países asiáticos como la India.

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¿Por qué no podemos vencer ese tabú de maldad y misterio que rodea a las serpientes?

Ciertamente son animales cuya forma, expresión y hábitos las hacen por así decirlo poco simpáticas, creando una reacción desfavorable desde el primer momento en que las vemos. Desafortunadamente para ellas, carecen de la simpatía de un cachorrito, o de la ternura de un oso panda. A mi madre le dan mucho miedo y cree que todas son venenosas, a mi hermana le causan asco y un amigo dice que le provocan “repelús”. Algunos pocos sienten admiración y asombro, y las pueden ver pero no soportan tocarlas, y sólo a unos cuantos les apasiona tanto que dedican su vida a conocer sus hábitos, sus hábitats y a comprenderlas como un elemento importante en la naturaleza.

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¿Por qué son importantes?

Los ofidios (serpientes, víboras y culebras) son un elemento clave para el balance de los ecostitemas. No debemos olvidar que en México hay unas 320 especies, que forman parte de las más de 2,900 especies del mundo. Las hay desde el tamaño de una lombriz (que por cierto son ciegas y pasan la vida enterradas) hasta las que pueden llegar a medir más de 10 metros como la pitón o la anaconda. Las hay terrestres, acuáticas y marinas, y todas son carnívoras, alimentándose de gran variedad de animales como insectos, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Muchos de los animales que componen su dieta tienen una reproducción rápida, por lo que la ausencia de ofidios provoca una sobrepoblación de éstos, rompiendo el equilibrio natural. Esto incluye animales considerados dañinos o peligrosos para la salud o para la agricultura, como los ratones, las ratas y algunos insectos como escarabajos, hormigas y termitas. Los ofidios, además son fuente importantísima de alimento para otras especies de ofidios, como ocurre con la mismísima víbora de Cascabel, que puede ser devorada por la llamada Serpiente Real, que es inmume a su veneno, así como también son alimento de muchas aves y mamíferos que ahora se encuentran en peligro de extinción, como las aves rapaces y algunos felinos.

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¿Y qué hay de las serpientes venenosas?

En México existen 19 especies venenosas que pueden representar un peligro real para el ser humano, pero aún así, eliminarlas es una terrible y equivocada decisión que impacta gravemente a los ecosistemas. Es muy importante mencionar que la gran mayoría de las mordeduras de serpiente son debido a que la gente intentó capturarlas o matarlas, y a éstas no les quedó otra opción que defenderse. La mejor forma de prevenir su mordedura es tener “sentido común”, simplemente dejándolas solas y permitiéndoles que se retiren, cosa que harán inmediatamente, dada su naturaleza tímida y huidiza. Ninguna serpiente te “perseguirá” y mucho menos intentará utilizar el veneno que tanto necesita para cazar e inmovilizar a sus presas. Son animales que contrario a las creencias populares no tienen maldad, aunque siempre hay que tener claro que, de verse acorraladas, no dudarán en morderte, sean o no venenosas.

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En mi opinión, creo que en lugar de sentirse intimidado por ellas o en lugar de “odiarlas”, hay que pensar un poco sobre su importancia para conservar el equilibrio de la naturaleza. Es muy sencillo aprender a diferenciar aquellas venenosas de las que son inofensivas, poniendo atención en la forma de su cabeza y algunos detalles como las fosas nasales. Mi madre alguna vez mató una serpiente por miedo a que fuera venenosa, que resultó ser una culebra de agua que yo había liberado secretamente el día anterior en el estanque. Mi culpa por no advertirle primero… aunque tampoco me lo hubiera permitido. Ahora, tras muchos años de esfuerzo y convencimiento, ella es capaz de atraparlas para luego liberarlas en el campo, aún cuando le causan sentimientos encontrados. Les teme pero las respeta.

 Mi consejo es que cuando te encuentres a una serpiente, debes utilizar la mejor herramienta de la que todos disponemos, y no me refiero a un arma, ni un machete, ni mucho menos una gran roca. Hay que utilizar nuestro corazón y nuestra mente, usar nuestro sentido común y ser coherente, pues en tus manos está que éste magnífico -aunque incomprendido animal- pueda vivir. Recuerda que todos los animales, por más feos o repugnantes que nos parezcan, merecen ser respetados y protegidos.

¡Un milagro bajo la arena!


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Texto y Fotografías: Biol. Oscar S. Aranda Mena

Esta es la historia de un milagro que inicia justo después que la mamá tortuga regresa al mar, tras depositar sus huevos en la playa. Es uno de esos milagros que ocurren cada noche, pasando inadvertido por la mayoría de nosotros y que es la suma de muchos pequeños pero sorprendentes sucesos que permitirán el nacimiento de decenas y cientos de pequeñas tortuguitas idénticas a sus padres, aunque unas 15 veces más pequeñas.

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Un agujero muy especial

Aún cuando es puro instinto, la forma del agujero que cava la tortuga en la arena es determinante para el éxito o fracaso del nacimiento de sus huevos. Tras 15 ó 20 largos minutos cavando con sus aletas traseras, creará un hoyo en la arena lo suficientemente grande para albergar hasta 120 huevos (del tamaño de una pelota de ping-pong), pero no tan profundo como para que puedan quedar sepultados bajo la arena. El secreto está en su forma, creada “a mano” y sólo con el sentido del tacto de sus aletas, dándole forma de jarrón y con el fondo mucho más ancho que la boca del nido. De esa manera, sus delicados huevos estarán protegidos no sólo de la presión de la arena, sino que el nido será capaz de resistir el peso de una persona sin colapsarse, gracias a las leyes de la física, y a un “tapón” de arena cuidadosamente compactado por la mamá, dejando a los huevos totalmente aisaldos del exterior durante toda la incubación.

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Como en el vientre materno

En cuestión de días, los huevos van haciéndose un poco más grandes y esféricos, incubados por el calor de la arena y la humedad, permitiéndoles nacer luego de tan sólo 6 semanas. A partir de la cuarta semana, el sexo de cada futura tortuguita quedará determinado por la temperatura a la que estén, formándose hembras cuando las temperaturas son más altas. Sin embargo y según su ubicación, cada huevo puede recibir menos o más calor, dependiendo de si está en el centro del nido, o más arriba o más abajo. Es así como los días lluviosos, soleados o la sombra de una palmera pueden influir en la proporción de hembras o machos de un nido en particular.

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Trabajo en equipo

Cuando el día llega, las primeras tortuguitas comenzarán a romper el cascarón, con la ayuda de una especie de “diente” que tienen todos los reptiles en la punta de su nariz, y que desaparecerá tras unos cuantos días. Generalmente las tortugas del centro del nido nacen primero, pero esperarán un poco antes de salir. Así, sus hermanas y hermanos de alrededor comienzan a romper sus cascarones y se desarrolla una especie de trabajo en equipo, donde se estimulan unas a otras para comenzar a subir, moviéndose poco a poco por entre la arena, como una sola masa formada por decenas de tortuguitas. Al moverse en conjunto, hacen que la arena se desplace hacia abajo y resulta más fácil subir, aunque suelen necesitar de un par de días para lograrlo. Curiosamente, pueden decidir cuál es el mejor momento para salir gracias a la temperatura de la arena. Si está muy caliente se mantendrán inmóviles, esperando a que refresque más. Es así como la mayoría de ellas suele salir de noche o muy temprano por la mañana, cuando la temperatura de la arena es inferior y no corren peligro de morir por insolación.

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¡El milagro no termina aquí!

Sorprendentemente, las pequeñas e “inexpertas” recién salidas del nido ya vienen preparadas para enfrentar un duro inicio de su vida: Llevan consigo una reserva de alimento que les permitirá escapar a mar abierto sin detenerse para comer, lo que es sin duda una gran ventaja. Además, y por si fuera poco, sufren de un “ataque de hiperactividad” desde que salen de la arena hasta el día siguiente; algo así como un subidón de energía que las domina, una obsesión creada a propósito para que escapen de la playa lo más pronto posible.

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La naturaleza es muy sabia, y muchos millones de años de evolución les han dado las herramientas para enfrentarse a multitud de peligros y sobrevivir a ellos. El único enemigo del que no estaban preparadas es el ser humano, que con sus actividades diarias las está haciendo perder la batalla y llevándolas a la extinción. En nosotros está que el milagro del nacimiento de las tortugas marinas siga ocurriendo, así que te invito a que la próxima vez que participes en una liberación de crías, te asegures de que éstas no son retenidas por muchas horas, puesto que de nada sirve liberar tortuguitas al mar cuando éstas están agotadas de tanto querer escapar. La ley establece que deben liberarse en cuanto nacen, y así debe de ser. No debemos olvidar que el goce y disfrute de nuestra parte nunca deberá estar por encima de las necesidades y los derechos de los animales.