Conquistando la Tierra: Cactus y Suculentas

img_1787a-copyrightTexto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Aunque “los Cactus” son los más famosos, son tan solo una de 9 familias de plantas denominadas “Suculentas” y, que aunque algunas no están emparentadas entre sí y provienen de un linaje distinto, todas presentan la misma característica: La capacidad de sobrevivir a condiciones extremas de temperatura y a la poca disponibilidad de agua, engrosándose por dentro para almacenar agua. Su resistencia y adaptabilidad les permite estar presentes en prácticamente todos los rincones del planeta, desde las zonas tropicales hasta las zonas boreales.

img_0861a-copyright Las hay de todos tamaños y formas, desde ser tan pequeñas que parecen una piedrecita oculta en el suelo, hasta verdaderos árboles que dan una envidiable sombra. Todas ellas han evolucionado separadamente en casi todos los rincones del planeta, a través de un fenómeno conocido como “evolución convergente”, donde las condiciones geográficas y climáticas les han obligado a adaptarse de la mejor forma posible a su ambiente, obteniendo formas o características muy similares. Es como comparar a peces con ballenas, o aves con murciélagos: Ambos pares comparten el mismo hábitat, pero cada uno es a su vez muy diferente tanto “por dentro” como “por fuera”.

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Las espinas, arma y cobijo de una frágil planta

Las suculentas guardan importantes reservas de agua y nutrientes dentro de sí, y han perdido sus hojas como una estrategia para evitar secarse. En algunas especies las hojas están tan modificadas que parecen ser las mismas ramas de la planta, mientras que en otros casos se han convertido en espinas como en el caso de las cactáceas. Son sin duda su mejor arma para defenderse, al propiciar dolorosas heridas a quienes intentan morderlas o cortarlas. Sin embargo, en muchas especies las espinas tienen otra función de vital importancia: Dar sombra a su cuerpo carnoso y evitar el sobrecalentamiento por el sol abrasador. Sin embargo su adaptación va mas allá, pues cuando hay disponibilidad de agua (como en la temporada de lluvias) algunas suculentas pueden producir verdaderas hojas temporales para acelerar su crecimiento, y su cuerpo además (por así llamar al tallo de la planta), es capaz de engrosar rápidamente al funcionar como una “esponja” y almacenar así la mayor cantidad de agua posible. Es por eso que tras un largo período de sequía su tamaño y volúmen es mucho menor que el que tenían durante la última temporada de lluvias, que pudo ocurrir meses, años o incluso décadas atrás.

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Cada vez son más los aficionados a este tipo de plantas, cultivándolas con fervor, y confieso que me incluyo en su “lista de fans”. En cierta época del año florecen de una forma exhuberante y colorida, como una “fiesta en grande” tras una larga época de austeridad que puede superar los 10 años. Es tal su entrega a la floración que, algunas especies como los agaves y magueyes, mueren después, al agotar sus reservas de energía. La mayoría de las flores y frutos están específicamente destinados a “llamar la atención” de sus propios polinizadores o de sus dispersores de semillas, ya sea con colores u olores llamativos, coordinándose en algunos casos con la migración de murciélagos, o la presencia temporal de mamíferos o aves. Eso sí, sólo entregarán lo que quieren dar, por lo que si algún animal quiere “pasarse de listo”, descubrirá que todo lo que no son flores o frutos, incluyendo sus enormes reservas de agua están protegidas por una sustancia lechosa de sabor desagradable, que además les permite “sellar” sus heridas con gran rapidez.

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Por sus características, éstas plantas han sido aprovechadas por los humanos desde nuestros orígenes como sociedad. En el caso de las cactáceas, originarias del Continente Americano, probablemente el mejor ejemplo sean los nopales y los agaves, de los cuales existen pruebas arqueológicas que dan fe de la importancia de éstas plantas desde los orígenes de nuestra cultura, ya sea como alimento (como el nopal o la tuna), como materia prima (para obtener fibras o madera), en la medicina (como el aloe), como herramienta (utilizando las espinas como anzuelos), como arma (utilizando las espinas o un conjunto de ellas), como muros (sembrando barreras espinosas impenetrables) o para alterar los sentidos (el peyote). Además de haber conquistado el planeta, tambien han conquistado nuestros sentidos al utilizarlas como plantas de ornato, y por qué no decirlo, también nuestros paladares, al ofrecernos manjares dignos de reyes, y su delicada esencia líquida en forma de un delicioso tequila.

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Estas plantas conquistaron nuestros corazones, y al decir corazones me refiero al más sincero y desinteresado aprecio que tenemos hacia éstas plantas. No es casualidad que las suculentas sean comunes pobladores de nuestros balcones y terrazas, pues hasta el que tiene poco tiempo para atenderlas puede sentirse todo un experto cuidador. A su vez existen otras que son sólo dignas de un especialista, representando un verdadero reto por la gran cantidad de cuidados que requieren. Creo que es la admiración que nos causa su modesta forma de vida y a la vez su sobervia apariencia, lo que hace que hasta el corazón más duro, y el corazón más frío detenga su palpitar al ver sus caprichosas formas, al olfatear su aroma y al tocarlas con suavidad. Tal vez sea que nos identificamos con ellas de alguna manera: Algunos somos discretos y conservadores, mientras que otros preferimos llamar la atención. Algunos tenemos espinas para defendernos, y otros entregamos nuestra vida misma para asegurarle la vida a nuestros descendientes. ¿Y Usted, con qué suculenta se identifica?

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Más que un símbolo Mexicano: El Nopal

Texto y Fotografías Por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Si un extranjero dibujara cómo se imagina un paisaje mexicano, seguramente aparecería un nopal en la imagen descrita. Pero, ¿qué tanto sabemos de esta planta tan singular? Las cactáceas son un grupo de plantas que evolucionaron exclusivamente en el continente americano, adaptadas para vivir en lugares donde llueve muy poco. México está dominado en gran parte por ambientes secos y semidesérticos, por lo que ésta familia de plantas se desarrolla casi en cualquier lugar. Se caracterizan por tener un tejido carnoso para almacenar agua, cubierto de una capa de piel “cerosa” e impermeable para evitar la pérdida de humedad y el sobrecalentamiento, protegido además por largas y afiladas espinas llamadas “púas”, y otras pequeñitas y finas que se adhieren fácilmente a la piel, llamadas “glóquidos”.

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El nopal (Opuntia sp.), es conocido principalmente por ser el representante más grande y abundante del país, aunque existen en México unas 107 especies diferentes. Domina los paisajes áridos del centro y norte del país, donde algunas especies alcanzan un tamaño “espinosamente impactante”, similar al de un árbol. Debajo de esa carnosa textura, tienen un esqueleto sorprendentemente duro, lo que aunado a su gran tamaño, les ha permitido resistir a las heladas, al fuego, y a los ataques de los campesinos cuando intentaban eliminarlos para preparar terrenos para la ganadería.

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Por su naturaleza resistente, de un trozo de nopal puede nacer una planta nueva, y de ello derivó que en la antigua mitología azteca se le considerara como “la planta de la vida”. De hecho, aunque todos sabemos que el nopal es uno de los símbolos de México que aparecen en el Escudo Nacional, pocos conocemos los detalles de la antigua leyenda azteca: En 1325 los Aztecas fundaron su capital Tenochtitlán, como consecuencia de una revelación a un sacerdote en un lugar en que un cactus crecía sobre una roca hasta convertirse en un “árbol lujuriante”, en el punto justo donde se posó un águila a descansar. La leyenda fue plasmada por los mismos Aztecas en el “Codex Mendoza”, y curiosamente, no se aprecia ninguna serpiente en ella.

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En muchas partes del mundo, lejos de sus zonas originales de distribución, el nopal es un componente típico del paisaje. En España, por ejemplo, hay nopales por todas partes, especialmente en la zona del Mediterráneo donde encontraron condiciones sumamente favorables. Se han naturalizado tras su introducción intencional desde la Nueva España por Don Gonzalo Hernández de Oviedo y Valdés, durante la segunda mitad del siglo XVI.

La etimología del nombre Opuntia, tiene un origen bastante curioso: Procede de Opunta, una antigua ciudad griega, en cuyas proximidades crecían grandes cantidades de higueras dulces de las que se obtenía un látex que se utilizaba entonces para cuagular la leche. Por su similitud, los frutos del nopal o “tunas” fueron relacionadas con los higos, por lo que se puede definir Opuntia como “planta que da frutos parecidos a los higos”. Curiosamente, en España les llaman “chumberas” y a sus frutos “higos chumbos”, aunque prácticamente nadie los aprovecha, pues comer tunas es por demás, una tradición mexicana.

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 De tradiciones, ni se diga

Faltaría espacio para hablar de todo el uso tradicional e histórico que existe alrededor del nopal, principalmente en su utilización como alimento y con fines medicinales. Desde tiempos prehispánicos se le ha utilizado ampliamente para elaborar más de 350 distintos alimentos, bebidas y aceite, además de obtener de él productos como papel, pegamento, impermeabilizante, y las fibras necesarias para fabricar amarres y postes. Muchas de esas tradiciones desaparecieron tras la colonización española, pero afortunadamente otras tradiciones fueron inclusive exportadas al viejo mundo.

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¿Una cura maravillosa?

Como ocurre con muchos otros productos, los medios intentan “vendernos” la idea de que los productos de nopal nos quitarán todos los males y hasta nos harán adelgazar. Gran parte de la información que nos proporcionan no es verídica, pero otra parte lo es, así que tenga en cuenta la siguiente información:

Se sabe por ejemplo, que el nopal fresco, asado y preparado para comer, retiene mejor sus propiedades nutritivas que los productos elaborados a partir de éste, como pastillas y polvos. Sus frutas son tan nutritivas como la manzana o las peras, las naranjas y las uvas, aunque probablemente la mayor aportación del nopal a la sociedad ha sido su aspecto medicinal, utilizado por las culturas prehispánicas y adoptado por los conquistadores españoles, y es utilizado aún hoy en día para tatar enfermedades renales, úlceras, fiebres, reducir el colesterol y hasta para ayudar a controlar la diabetes.

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Si bien está de moda que ciertos productos de nopal ayudan a bajar de peso, no hay estudios que lo comprueben, pero se cree que por sus características, éste causa sensación de saciedad, provocando que se coma menos. Lo cierto es que nuestros ancestros lo utilizaban y mucho de ese conocimiento se perdió. Se sabe que grandes compañías farmacéuticas han organizado expediciones “secretas” a los bosques secos de México para recolectar gran cantidad de plantas y cactáceas, y han estado recopilando información de los pueblos más tradicionales para rescatar esa valiosa información que puede ayudar a descubrir nuevas medicinas. Lo malo es que de esa forma, la riqueza que éste conocimiento genera no le llega a nuestro pueblo, el verdadero y único guardián y heredero de la naturaleza mexicana. Como mexicanos que somos, hoy y siempre debemos valorar y cuidar todas las bondades que nos regala nuestra tierra, y preservarlas tanto como nuestras tradiciones.

Los Musgos: Pequeños colonizadores del mundo

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Cuando hablamos de las plantas, siempre nos imaginamos aquellas que tienen flores o dan frutos, o tal vez pensamos en algún frondoso árbol. Pocos nos detendríamos a pensar en los musgos, a pesar de que están en todas partes. Curiosamente son unas de las plantas vivas más antiguas del planeta, que surgieron hace unos 500 millones de años, antes que aparecieran las plantas con semillas que ahora dominan la tierra. Cuando escuchamos la palabra “musgo”, seguramente nos viene a la mente el término “Barba de peña”, tal como la comocemos en México, indispensable para adornar los arreglos navideños, tradicionalmente conocidos como “nacimientos” o “belenes”. Pero más allá de su atractivo como elemento decorativo, son los aspectos de su vida lo que los hace tan especiales: No tienen ningún sistema para transportar ni almacenar agua, no tienen raíces, ni tallo, ni hojas verdaderas, careciendo además de flores y frutos, por lo que se reproducen a través de esporas, como los hongos. Suena fantástico y es cierto: son tan exitosos que los musgos (que forman parte del Orden de las “briofitas”) comprenden unas 12 mil especies distintas.

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Habitantes de lugares insospechados

A pesar de no tener una estructura rígida que les permita crecer “hacia arriba”, han logrado vivir en lugares innimaginables para otras especies: Desde áridos desiertos hasta en el fondo de los lagos y ríos, o desde la corteza de un árbol hasta el tejado de un edificio. Hay quienes los denominan plantas “masoquistas”, por vivir en lugares desfavorables para el resto de las plantas. Lo cierto es que es precisamente es esa sencillez de sus estructuras lo que los ha hecho capaces de aprovechar estos ambientes tan hostiles. Pero, ¿cómo pueden estas plantas sobrevivir? Para entenderlo, debemos transportarnos mentalmente a la pequeñez de su mundo e imaginarlos como un bosque en escala milimétrica. Así, son capaces de absorber eficiente y rápidamente el agua del aire y retenerla como una esponja. Además, por su tamaño, también absorben los nutrientes directamente, ya que lo que parecen ser sus raíces, simplemente se encargan de fijarlos al lugar donde se establecen.

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Los reyes de la resurrección

Su más admirable adaptación es sin duda la capacidad que tienen de volver a la vida tras largos, verdaderamente largos períodos de sequía. Se han revivido en laboratorio musgos que habían sido recolectados 25 años atrás, aunque no se ha logrado determinar cómo pueden vivir sin humedad, ni luz, ni agua por tanto tiempo, aunque se ha comprobado que pueden “revivir” en tan sólo unos minutos. Al ser plantas tan sencillas y pequeñas, absorben agua tan fácil y rápido como la pierden, por lo que deben aprovechar esos momentos “húmedos” para reproducirse. En realidad, esas alfombras verdes que vemos cubriendo rocas y suelos en el bosque, son una intrincada red de miles y millones de pequeñas plantitas.

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Los antiguos aliados del hombre están amenazados

Actualmente, el aprovechamiento del musgo por parte del hombre es prácticamente nulo, limitándose a su uso como material ornamental, principalmente. Sin embargo, ha sido utilizado durante miles de años y hasta no hace mucho, fue utilizado como material de construcción (aislante) o relleno para almohadas y colchones, o como remedio natural para muchas dolencias en la medicina tradicional. Sin duda la mayor utilidad que estas plantitas tienen es en el medio ambiente es el invaluable aporte que hacen a la naturaleza: Al colonizar lugares estériles como rocas o suelos desnudos, ayudan a evitar la erosión y contribuyen a la captación de nutrientes, manteniendo además la humedad tan necesaria para la germinación de otro tipo de plantas y árboles. Es así como tras un incendio que ha arrasado con todo, los primeros en aparecer serán los musgos.

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Desafortunadamente, el extendido uso del musgo como un elemento decorativo, está desgarrando la piel de nuestros bosques y selvas, provocando daños incalculables. Actualmente no sólo en México sino en muchos lugares del mundo (incluyendo Estados Unidos y algunos lugares de Europa), la recolección ilegal del musgo está fuera de control. Al no haber musgos en el suelo, las rocas o en los troncos de los árboles, la humedad se pierede mucho más rapido, provocando que los bosques se vuelvan ambientes más secos y propensos a los fatales incendios. Si tenemos un musgo en casa, probablemente le podamos dar un mejor uso colocándolo en lugares húmedos fuera de casa y cuidarlo como una plantita más.

Es tiempo de cambiar nuestras costumbres judeo-cristianas, y adornar nuestros nacimientos navideños con decoración alternativa. Al fin y al cabo, Belén no era un sitio donde particularmente estuviera cubierto de musgo. Yo por mi parte, intentaré convencer a la gente de no utilizar la “Barba de peña” sino una divertida mezcla de pasto, arena y rocas. Este es mi primer intento, así que téngalo en cuenta en la próxima navidad.

De México para el mundo: La flor de Nochebuena

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

No cabe duda que la nochebuena se ha convertido en uno de los símbolos más poderosos de la navidad. Y los mexicanos debemos sentirnos orgullosos que ésta sea una planta originaria de nuestro país. Aún cuando ha sido utilizada en México desde la época prehispánica, la planta que usamos actualmente para adornar nuestras casas dista mucho de ser la verdadera nochebuena mexicana.

La verdadera Nochebuena

La “cuetlaxóchitl” (nombre original en lengua náhuatl) fue descrita y clasificada científicamente en 1834, a la cual se le dio el nombre latín de Euphorbia pulcherrima, que significa en latín “la más bella”. Ya era muy apreciada por los aztecas, pues su color simbolizaba la sangre de los sacrificios que los indígenas ofrendaban al sol para renovar sus fuerzas. Ellos extraían el látex (jugo lechoso y blanco de sus ramas) y lo utilizaban para elaborar una medicina contra la fiebre, mientras que el color rojo escarlata de sus hojas era utilizado para teñir artículos de cuero, tela y cosméticos.

Traducido literalmente de su nombre náhuatl como “flor que se marchita”, se cree que la traducción real significa “flor de pétalos resistentes como el cuero”. Esta planta es en realidad un arbusto que puede alcanzar hasta 4 metros de altura. Su variedad nativa puede actualmente ser encontrada en estado silvestre en bosques tropicales y subtropicales de México y Centroamérica; principalmente en cañadas y zonas sombreadas, discretamente distribuida en las zonas montañosas, pudiendo apreciarse a la distancia por sus llamativas hojas rojas.

Una flor que no es flor

Aunque lo que ha hecho famosa a a “Flor de Nochebuena” son sus enormes pétalos rojos,  éstos en realidad no son pétalos sino hojas modificadas llamadas “brácteas”, que rodean a unas minúsculas flores amarillas con verde que pasan casi desapercibidas. A pesar de ello, estas brácteas hacen la función de pétalos, pues acompañan la floración, haciéndola más visible para sus polinizadores. La floración de esta planta arbustiva está estrechamente relacionada con el ciclo solar anual, por lo que cuando los días se acortan y hay menos disponibilidad de luz, ésta tiende a florecer, lo que coincide con la temporada invernal-navideña.

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Su uso en las fiestas navideñas

Contrario a lo que se cree, las tradiciones prehispánicas relacionaban esta planta con la guerra y el derramamiento de sangre. Luego de la colonización española, la Poinsettia (como se le conoce en muchos países) se comenzó a utilizar como adorno navideño en México durante el siglo XVI, luego de que sacerdotes franciscanos las utilizar para adornar altares navideños, pues la tradición indicaba el uso de colores carmesí, y se les podía encontrar en las laderas montañosas.

Nochebuenas “extranjeras”

Si Ud. se pregunta por qué las plantas de noche buena “son tan caras” he aquí la respuesta: Esta bella planta saltó a la fama a principios del siglo XIX, cuando el primer embajador estadounidense en México (Joel R. Poinsett) la llevó a su país luego de quedar encantado con su belleza, dedicando parte de su vida a cultivarla exitosamente y distribuirla por toda la unión americana, por lo que decidió patentarla. Desde entonces las plantas de nochebuena que se cultivan en México, pagan derechos a los actuales poseedores de ésta y otras patentes, dependiendo de la variedad.

A raíz de los desarrollos tecnológicos, actualmente los Estados Unidos y algunos países europeos han desarrollado y patentado nuevas variedades de nochebuenas a través de la modificación genética y la hibridación, encontrando gran variedad de colores.  Sin embargo, dadas las favorables condiciones climáticas para su desarrollo, estas plantas son cultivadas en México y nuevamente exportadas.

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El futuro de la Nochebuena en México

Cada vez es más difícil encontrar ejemplares grandes de nochebuenas nativas. Algunos las recordamos en el jardín de casa de los abuelos, o en algún parque de la ciudad, con esas hojas alargadas que son tan diferentes a las variedades actuales de hojas redondas. Pocas personas conocemos la realidad detrás de estas hermosas plantas, pero ya se han logrado registrar dos distintas variedades nativas mexicanas, que nos permite ostentarlas nuevamente como una planta “verdaderamente mexicana”, aunque sus raíces ya lo sean por derecho propio.

Es sorprendente cómo los mexicanos nos sentimos en ocasiones “indignados” por que otros países hayan sacado provecho de algún producto de nuestro país, pero no nos esforzamos en proteger y aprovechar racionalmente lo que tenemos a nuestro alrededor, muchas veces en gran abundancia. Poco a poco vamos perdiendo nuestra riqueza natural, y son (para nuestra tristeza) los extranjeros quienes valoran y se preocupan por cuidar y proteger nuestros recursos naturales. Un cambio de actitud de los mexicanos será el primer paso para ser un mejor país. Espero que poco a poco las variedades actuales que encontramos a la venta sean sustituidas por esas nochebuenas patentadas mexicanas, que representan muchos años de esfuerzo por parte de instituciones de investigación y de gobiernos, que buscan proteger y defender las plantas nativas mexicanas.