¡En defensa de las AVISPAS!

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Éste artículo va especialmente dirigido a aquellas personas que odian y temen a las avispas, y haré mi mejor esfuerzo por mejorar su terrible imagen de “insectos malvados”. Si usted las detesta, no le culpo, pues desde niños se nos ha enseñado a temerles, alejarnos de ellas y matarlas o destruir sus nidos en la primera oportunidad.

Hace unos días, un vecino nos reprochaba que según él, “cientos de avispas” van a beber al pequeño recipiente con agua que le ponemos a los gatos de la calle en la puerta de casa, y que ya nadie se atrevía a pasar por ahí. Es verdad que esas pobres avispas (que no suman una decena), habían encontrado por fin un sitio dónde beber agua en éste caluroso y seco verano mediterráneo, y yo estaba orgulloso de que finalmente pudieran saciar su sed. Cada que salía de casa me detenía un momento a observarlas aterrizar en el agua con gran destreza, para tras un par de segundos echar de nuevo a volar y seguir su camino. Ante el riesgo de ser denunciados y que éste malentendido desencadenara una guerra vecinal sin sentido, no tuve otra opción que bajar los recipientes a la calle y colocar una pantalla de madera para evitar que los recipientes de agua y comida se vieran desde la acera cuando la gente pasa caminando, colocando otro recipiente con agua en nuestra terraza. Por ahora nadie se ha quejado y las avispas están utilizando el bebedero de nuestra terraza (cara de satisfacción).

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¿Es de verdad justificada esa paranoia “anti-avispas”?

En los últimos meses, cada vez han sido más frecuentes las alarmantes noticias sobre las picaduras y muertes que han ocurrido en el norte de España a causa de la invasora avispa asiática  (Vespa velutina nigritorax). Han sido muertes trágicas y desafortunadas, donde las víctimas han recibido gran cantidad de picaduras o han resultado ser alérgicas a su veneno.

Desafortunadamente, se ha creado (aún más) un rechazo indiscriminado a todas las especies de avispas, cuya reputación ya de por sí, era mala, a pesar de su importante papel en los ecosistemas como control de plagas.

Somos muchos quienes en alguna ocasión hemos sufrido alguna dolorosa picadura o hemos tenido que echar a correr tras rozar accidentalmente algún avispero, pero pocos somos los que nos hemos detenido a analizar el por qué nos han picado o nos han perseguido. No es tan sencillo que una avispa nos pique si no la provocamos. Algunas son picaduras accidentales cuando se ven atrapadas (como cuando están entre nuestra ropa o nos bebemos un vaso con bebida sin darnos cuenta que había dentro una avispa), pero la gran mayoría de picaduras podrían evitarse cambiando un poco nuestra actitud hacia ellas. Toda mi vida adulta he respetado los avisperos y nunca me he llevado algún piquete, a pesar de realizar podas o actividades muy cerca de ellas. Eso sí, advertencias y sustos los he tenido por montones.

Hay que estar siempre atentos a sus señales de advertencia, tal como haríamos con un perro que nos gruñe, aunque debo reconocer que en ocasiones sus mensajes son demasiado sutiles y no nos damos cuenta de lo que nos están advirtiendo. Por ejemplo, aquellas que están en su nido o avispero, suelen ponerse en alerta cuando uno se acerca demasiado, pero no atacarán si no hacemos ruidos o movimientos violentos que les indiquen que están en peligro. Antes de atacar, su segunda advertencia será volar directamente hacia nosotros y esquivarnos en el último momento, tal como hacen muchas aves para defender a sus nidos y polluelos. Si no hacemos caso, la tercera vez no serán tan generosas.

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Dignas de respeto y admiración

A pesar de mis argumentos, muchas personas prefieren no correr riesgos y deciden eliminarlas de todas formas. Y mientras la gente me pregunta ¿por qué hay que respetarlas?, yo prefiero agregar: ¿Por qué debemos admirarlas?

Desde los primeros tiempos, el ser humano se ha sentido fascinado por las abejas y las hormigas (sus parientes cercanos), estudiando sus complejas sociedades y sus hábitos, pero aún hoy en día sabemos muy poco acerca de las avispas a pesar de su importancia para nosotros. En el mundo de los insectos y su relación con los humanos, las avispas, junto con las abejas, son probablemente los insectos que más nos ayudan, aunque a diferencia de las abejas, sus benéficos hábitos son menos visibles y pasan prácticamente desapercibidos para nosotros. Es más, la gran mayoría de las especies de avispas que existen son inofensivas para nosotros y muchas de ellas ¡ni siquiera pican!

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Muchas avispas son cazadoras, y dedican su vida a capturar y comer larvas y orugas de insectos que dañan nuestras cosechas, e incluso alimentándose de las molestas cucarachas, como ocurre con las avispas ampulícidas (Ampulicidae). Muchas de ellas son polinizadoras durante su edad adulta, y al igual que las abejas, hacen posible que tengamos siempre disponibles semillas, frutas, verduras e incluso una deliciosa miel de avispa. Algunas especies se han especializado tanto en la polinización, que hay árboles que las necesitan obligadamente para producir frutos, como es el caso de los árboles conocidos como higueras (Ficus sp.) y las avispas de los higos, que han desarrollado una vida de beneficios mutuos (mutualismo). De esta y muchas maneras inimaginables, las avispas son nuestros aliados.

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Tal vez, una de sus habilidades más sobresalientes es su admirable capacidad ingenieril, ya que son especialistas en construcción ligera y aislamiento térmico cuyo trabajo ha sido estudiado y replicado por los humanos. Sus avisperos circulares -y aparentemente feos y sin atractivo-, son en realidad un laberinto de ecuaciones matemáticas, diseñados a la perfección para mantener el centro del nido (donde están sus huevos y larvas), perfectamente ventilado y protegido del calor y del frío, elaborados además con fibras de madera mezclada con saliva, lo que además los hace sorprendentemente ligeros y resistentes. Hay otros avisperos menos elaborados en cuyo interior pueden observarse celdas donde depositan un huevo, mismo que entre todas cuidan más allá de su nacimiento, alimentando a la larva hasta que ésta se convierte en un adulto capaz de asumir su rol en el avispero. En los días más calurosos, las avispas se colocan encima de sus huevos y larvas y baten sus alas frenéticamente para refrescar a la colonia. ¡Eso es solidaridad!

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Aguijones que no pican

Hay avispas solitarias y avispas sociales, aguijones extremadamente pequeños y otros tan grandes que pueden triplicar el tamaño del animal. Las avispas sociales, que en su mayoría son expertas cazadoras de insectos y tienen un pequeño aguijón, mismo que utilizan para paralizar a sus presas, suelen mantenerse agrupadas en sus avisperos, donde siempre hay alguna (o algunas) que están vigilantes y atentas a cualquier peligro que pueda acechar por ahí.

Las avispas solitarias por su parte, tienen unos hábitos bastante discretos y en ocasiones extraños aunque sumamente interesantes, ya que además de pasar su vida en soledad, cavan sus nidos en la tierra o la madera. Más de la mitad de especies de avispas del mundo están catalogadas como “parásitas”, aunque el término correcto para definirlas es “parasitoide”. La diferencia entre parásito y parasitoide radica en que sólo sus larvas suelen ser parásitas, pero las formas adultas no lo son, alimentándose de néctar por ejemplo.

Entre las avispas solitarias encontramos también a las avispas alfareras, que construyen sus bellos nidos con barro que recolectan de charcas cercanas, haciendo pequeñas hileras de “cantaritos” que pegan en lugares discretos, donde suelen meter dentro alguna oruga o gusano “paralizado”, que servirá de alimento para sus futuros bebés. Y ¿cómo paralizan a sus presas?, ¡con su aguijón!

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Sin embargo hay otras avispas cuyo aguijón no sirve para picar. Se han especializado tanto, que seleccionan exclusivamente una planta o un animal para depositar sus huevos, y muchas veces tienen que llegar a ellos a lo profundo de un tronco. Para lograrlo, han modificado su aguijón, que en realidad es un órgano “ovopositor”, que en ocasiones puede ser tan largo que por sí solo puede medir la misma longitud de su cuerpo. Si observa una avispa cuyo “aguijón” es extremadamente largo, no se alarme, es totalmente inofensiva y además, no construye nidos.

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Diseñadas para triunfar

Las avispas son también famosas por su estrecha cintura, y de ahí la frase “cintura de avispa”, aunque ésta no es una regla pues también hay avispas “gorditas”. Al respecto existe una explicación morfológica: Aunque las avispas aparecieron hace casi 250 millones de años (en el periodo triásico), su angosta cintura (que apareció unos 50 millones de años después), fue un salto evolutivo excepcional que les permitió modificar sus estilos de vida. La minúscula separación entre su cuerpo y su abdomen significa una flexibilidad sin precedente, lo que les permite girar y maniobrar en espacios muy reducidos, además de poder “apuntar” su aguijón o su órgano ovopositor en posiciones casi imposibles de imaginar, capaces además de horadar agujeros en la madera para llegar hasta las presas más inaccesibles.

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Si yo pudiera comparar a las avispas con algún oficio humano, me resultaría imposible seleccionar sólo uno. Probablemente las seleccionaría como un grupo élite altamente especializado, dedicado a ejecutar las misiones más arriesgadas con la mayor precisión, cosa que en cierta forma hacen, y que cada vez son más quienes las utilizana gran escala como un eficaz control natural de plagas. Considero que si algún insecto podría salvar al mundo, definitivamente serían las avispas.

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¿Qué podemos hacer por ellas?

Si Usted, ha llegado hasta éste punto, tengo la esperanza de que su percepción sobre las avispas haya cambiado un poco, así que le daré algunas ideas para ayudarlas en su día a día, sin recibir un picotazo a cambio. Como lo mencionaba al inicio, las avispas también tienen que beber, y dedican una considerable energía (y tiempo) en busca de agua para beber. Es por ello que muchas (muchísimas) mueren ahogadas en piscinas y albercas en su mortal esfuerzo por saciar su sed. Colocar un recipiente con agua es un gesto de generosidad que no sólo ayudará a las avispas en los días más calurosos, sino que será extensivo para una infinidad de especies de insectos y aves. Pero tenga mucho cuidado en no convertir ese recipiente en una trampa mortal, y asegúrese de colocar en el centro del recipiente una piedra que sobresalga para que puedan sostenerse.

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Aquellas que se acercan a nuestro vaso de bebida y caen dentro accidentalmente, pueden ser rescatadas tranquilamente metiendo un trozo de servilleta para que se sujeten, o inclusive podemos hacerlo con nuestro propio dedo ya que no nos picarán. Las dejamos descansar sobre la misma servilleta o en la mesa, y tras limpiarse un poco alas y antenas, echarán a volar, seguramente agradecidas por nuestro amable gesto.

Como ocurre con todos los animales y humanos, la tolerancia tiene un límite y algunos somos mucho más sensibles (o irascibles) que otros. Lo mismo ocurre con las avispas, por lo que nunca hay que menospreciar su capacidad de hacernos daño, pues a diferencia de las abejas, éstas puede picar más de una vez, así que la cantidad de veneno inyectado se puede incrementar considerablemente.

Así que nunca olvide que la prudencia es la mejor de nuestras herramientas para prevenir y evitar accidentes. Ante cualquier duda, simplemente siga ésta sencilla regla: ¡No se meta con las avispas!

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¡Insectos que adoran los libros!

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Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías por Oscar S. Aranda

Hay personas que tienen un desarrollado gusto por los libros, mismos que por así decirlo, se los “devoran” en un santiamén y ya están buscando el siguiente. También hay insectos que lo hacen, y aunque rara vez los vemos, seguramente ya se conocen de arriba abajo nuestra colección de libros y revistas que tenemos en casa, así como aquellos que están religiosamente ordenados en las gavetas de las bibliotecas.

No estamos hablando de un milagro evolutivo en el que algunos insectos hayan aprendido a leer, sino de unos ingenuos y analfabetos insectos que pueden literalmente devorar libros y revistas, aunque también gustan del papel tapiz y de algunas de nuestras más preciadas y antiguas fotografías que cuelgan en la pared.

Éstos pequeños insectos son aplanados, con apariencia de crustáceo y con forma de zanahoria, sin llegar a superar los 2 centímetros de longitud. A diferencia de otros insectos de gran belleza (como las mariposas), éstos no gozan de buena reputación ni tampoco han obtenido protagonismo alguno en cuentos o fábulas, ni en las novelas o poemas en toda la historia de la literatura. Probablemente por ello y en venganza, éstos pequeños bibliófagos hayan decidido alimentarse de las obras literarias, sin importarles su género ni su autor.

Estoy hablando de los curiosísimos pececillos de plata lepismas, también conocidos como colas de cerdas, tisanuros, pececillos de cobre, lenceras, termobios, insectos de fuego, forbicinas o peces polilla, por mencionar algunos nombres comunes de las casi 1,400 especies que, aunque distintas, a simple vista nos pueden parecer todas iguales.

Para no desviarme ni crear confusiones por su compleja clasificación taxonómica y hábitats, me referiré a todos ellos como pececillos de plata, el nombre más ampliamente utilizado, y mencionaré únicamente el nombre de las 3 especies más comunes en nuestras casas: Lepisma saccharina, Thermobia domestica, Acrotelsa collaris y Ctenolepisma longicaudata. A los más eruditos y ávidos de información científica, les recomiendo leer sobre los denominados Archaeognatha y Zygentoma, quienes en su gran mayoría han decidido vivir alejados de los seres humanos y sus libros.

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Su nombre “pececillo de plata” fue otorgado debido a que cuando se desplazan hacen movimientos laterales que nos recuerdan a un pez nadando, además de que están totalmente cubiertos de minúsculas escamas que los hacen extremadamente resbaladizos, y se desprenden cuando se les atrapa. El color plata es el más común, aunque también los hay de colores bronce o dorado.

Se les suele encontrar merodeando entre los libros, aunque es común verlos también en alacenas y baños, debido especialmente a su predilección por los lugares húmedos. Algunas especies son exclusivos e inofensivos habitantes de nuestros hogares, pero la grandísima mayoría vive únicamente en la naturaleza, prefiriendo vivir entre la hojarasca o bajo las rocas, así como los termiteros, hormigueros y avisperos, que son sus moradas más habituales.

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Probablemente, la mayor curiosidad científica de éstos insectos es que son verdaderos fósiles vivientes; pues conservan la forma y características de los primeros insectos que habitaron nuestro planeta, mucho antes que los actuales desarrollaran alas a través de una compleja evolución, y que muchos de ellos las volvieran a perder por no necesitarlas. Aún hoy en día son un enigma para la ciencia, y apenas los estudios de ADN están revelando sus hasta ahora secretos orígenes y relaciones evolutivas.

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Estos insectos aún conservan algunas peculiaridades primitivas, como la ausencia de alas o su método de reproducción sexual, en el que la hembra recolecta el semen que el macho deja empaquetado por ahí, o cuando no hay machos, las hembras se reproducen por sí mismas a través de un método que se denomina “partenogénesis”. Debo agregar que en mi humilde opinión, ambos métodos son mecanismos reproductivos muy poco divertidos, y necesitan evolucionar un poco, sexualmente hablando.

En cuanto a la dieta, puede resultarnos poco interesante saber que se alimentan de azúcares y carbohidratos como muchísimas otras especies animales, pero lo curioso radica en que éstos los obtienen directamente de digerir la celulosa y el almidón, algo que ningún otro animal puede hacer sin la ayuda de bacterias u otros microorganismos que viven en sus sistemas digestivos. A diferencia del resto de los animales, éstos minúsculos insectos no necesitan la ayuda de nadie, ya que producen sus propias enzimas (celulasa) para digerirla.

Saber que pueden devorar nuestros libros y fotografías más preciados, o destruir ese antiquísimo (y horrible) papel tapiz de casa de los abuelos, puede hacernos tomar la más drástica decisión para erradicarlos de casa, pero en su defensa debo pedirle que no los culpe por ser golosos. A fin de cuentas, por su reducido tamaño, las cantidades que pueden llegar a consumir son verdaderamente insignificantes, y no debería preocuparnos el hecho que puedan convertirse en plagas, teniendo en cuenta que sólo pueden tener entre 30 y 50 crías a lo largo de sus longevas vidas, que alcanzan los 5 años.

Para finalizar, le compartiré unos fragmentos de lo que probablemente sea la única (aunque hermosa) mención linteraria que encontré hacia éstos pequeños devoradores de libros, escritos por la mano del escritor español Juan José Millás en 1998:

Hay un insecto microscópico, el lepisma, también llamado por su aspecto pececillo de plata, que vive en los libros igual que un delfín en las profundidades del océano (…). Nos acompañan en la travesía lectora como los delfines a los navegantes, saltando fuera de la página y zambulléndose en ella a través de un adverbio, que atraviesan sin romperlo ni mancharlo (…). El lepisma ignora también la existencia del lector que abre en dos su mundo como Moisés separó las aguas del Mar Rojo (…). Quizá el universo no sea más que un gigantesco libro que alguien lee con pasión mientras nosotros, sus lepismas, navegamos por él pese a ignorar su sintaxis. A ese lector gigante le dedico este articulo (u oración) con el ruego de que, cuando se canse de leer, cierre el libro sin violencia, para no hacernos daño”.

Practicando el arte de “no ser detectado”

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

El mimetismo y el camuflaje han existido desde que los primeros animales evolucionaron, y han formado parte de la naturaleza por siempre como una herramienta de supervivencia. Sin embargo, fue hace apenas 223 años que la ciencia comenzó a interesarse en su significado, cuando Erasmus Darwin comentaba en su libro Zoonomia (1794) que “el color de muchos animales parecía ser una adaptación para ocultarse a si mismos, ya sea para evitar el peligro o para sorprender a su presa”. 65 años después, su famoso nieto publicaría su teoría de la evolución, donde habla precisamente de las sorprendentes adaptaciones de los seres vivos.

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Parece que desde entonces, con esa descripción tan clara y sencilla no hay mucho qué agregar, hasta que nos damos cuenta realmente de que las técnicas tan complejas y avanzadas que los animales utilizan para ocultarse, superan nuestra capacidad de entendimiento, y que sorprendentemente, la capacidad de algunos animales para adaptarse al mundo actual son más rápidas y efectivas de lo que podría esperarse.

Por ello deben diferenciarse las distintas estrategias entre sí, como la cripsis o camuflaje (imitar las características de un ambiente o un objeto), el aposematismo (llamar poderosamente la atención como una forma de advertencia) y el mimetismo (copiar la apariencia de otros seres vivos). En realidad es muy sencillo de entender, pero aún así pondré tres ejemplos típicos:

Pensemos primero en las Santateresas o Campamochas (Mantis religiosa). Son insectos a los que todos podemos fácilmente asociar en nuestra mente sin necesidad de una fotografía: su estrategia para ocultarse es muy sencilla, pues se adaptan al ambiente vegetal en el que viven. Algunas son verdes, otras marrones, pasando desapercibidas entre las hojas verdes o las ramas secas, mientras se mueven en un vaivén que recuerda a una hoja movida por el viento. A eso se le llama camuflaje.

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Ahora pensemos en las mariposas Monarca (Danaus plexippus), que como es bien sabido sus larvas se alimenta de una planta que contiene toxinas, almacenándolas en sus cuerpos para que otros animales no se las coman. Desde que son orugas, y luego como adultas, poseen un patrón de colores que les permiten ser identificadas como “de sabor desagradable”, por lo que un depredador evitará comerlas simplemente con verlas. A eso se le llama coloración aposemática o aposematismo.

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Mariposa Monarca (vista ventral y dorsal)

Hay animales que sacan ventaja de aquellos que son aposemáticos, ya que al imitarlos y parecerse a ellos logran evitar que se los coman al confundirlos con los verdaderos. Eso es exactamente lo que ocurre con dos especies de mariposa que imitan a las monarcas, y que son sorprendentemente similares: la mariposa Virrey y la mariposa Reina (Limenitis archippus y Danaus gillippus). A eso, mi estimado lector, se le llama mimetismo.

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Mariposa Reina (vista ventral y dorsal)

Hay tantas formas de ocultarse como especies en el planeta, cuyos límites están en el ingenio. Mientras algunas orugas se asemejan al excremento de un ave, algunos escarabajos y polillas imitan a las respetadas abejas y avispas, tanto en color como en su forma, o se asemejan a la corteza del árbol donde se esconden.

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Oruga de Papilio cresphontes

Los reflejos plateados de los peces y su color más claro en su vientre y oscuro en su parte dorsal son excelentes ejemplos de camuflaje, así como las manchas negras sobre un color claro en el pelaje de un jaguar. Algunos animales buscan ocultar únicamente alguna parte de su cuerpo, normalmente los ojos y las extremidades. ¿Se ha dado cuenta que lo primero que miramos instintivamente los seres humanos es a los ojos? Como dicen por ahí, una mirada dice más que mil palabras, pues ésta puede revelar nuestros propósitos. Es por ello es que muchas personas ocultan sus ojos con lentes oscuros, y los animales los ocultan con rayas o patrones de distinto color, tal como hacen los mapaches (Procyon lotor). Una mirada puede ser tan poderosa, que muchos insectos han desarrollado en alguna parte de su cuerpo “falsos ojos” con aspecto intimidante, lo que puede sorprender a su depredador. Esos instantes de desconcierto, pueden hacer la diferencia entre morir o ponerse a salvo.

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Hay otros animales que dedican mucho tiempo en ocultarse construyéndose su propio refugio, al que me gusta describir como un “escudo visual”. Eso es lo que hacen las inofensivas larvas de algunas polillas pequeñas y poco conocidas a las que se les llama comúnmente “cargapalitos” u “orugas de saquito”. Con la ayuda de la seda, se construyen un pequeño saco con una o dos salidas, adhiriendo pequeñísimos trozos de corteza o materia vegetal. Siempre adentro del saco, únicamente sacan su cabeza y sus patas anteriores para moverse de un lugar a otro y comer, y en ocasiones suelen entrar en nuestros hogares, donde les vemos colgando de las paredes, sin tener la menor idea de lo que son esas extrañas basuritas que se mueven de lugar.

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“Oruga de saquito” Familia Psychidae

Los seres humanos practicamos éste arte desde tiempos inmemoriales, aunque la ciencia del camuflaje como tal se ha aplicado principalmente con propósitos bélicos. Nosotros, en innumerables momentos del día utilizamos el camuflaje de forma instintiva e inconsciente: vestimos de una forma u otra para transmitir seguridad o éxito y aparentamos ser lo que a veces no somos.

Algunos preferimos mimetizarnos y pasar desapercibidos entre la muchedumbre como “uno más”, mientras que otros buscamos resaltar y volvernos aposemáticos; algunos para dominar, y otros para protegernos de quienes pretenden dominarnos. Al final de la historia, querido lector, no somos tan distintos al resto de los animales, pues en ésta lucha psicológica, los humanos perseguimos el mismo objetivo que ellos: la supervivencia.

Un universo sumergido y maravilloso

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Hay quienes lo ven como un mundo impenetrable y misterioso, un sitio que esconde a seres monstruosos y letales… Otras personas lo ven como un lugar mágico, lleno de mitos, leyendas e historias inverosímiles sobre seres misteriosos que aún la ciencia no ha descrito… Pero, ¿qué es para usted el mar?

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El famoso explorador y creador del buceo autónomo, Jacques Cousteau, narraba así su primera experiencia al sumergirse con un artefacto que le permitió observar con claridad ese universo sumergido en 1936: “…Yo era un buen nadador interesado únicamente en perfeccionar mi nado de crol. El mar era simplemente un obstáculo salado que irritaba mis ojos. Quedé asombrado por lo que vi en esa playa de guijarros: rocas cubiertas de bosques de algas verdes, cafés y plateadas, peces desconocidos para mí, nadando en aguas cristalinas… Al levantarme para respirar vi gente, un tranvía y postes de luz. Sumergí mis ojos de nuevo y la civilización se desvaneció al apenas inclinarme. Estaba en una jungla nunca vista por aquellos quienes flotaban sobre el opaco techo”.

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Su descripción me resulta extremadamente familiar, y bien podría ser una transcripción moderna de quien por primera vez echa hoy mismo un vistazo bajo la superficie, en cualquier mar cuya claridad nos lo permita. Al sumergirnos, no sólo desaparece la civilización, sino todas las ataduras que tenemos a ella, inundando nuestra mente de nuevas y excitantes sensaciones que llenan nuestro cuerpo de adrenalina y llevan nuestra mente a un indescriptible estado de éxtasis. Es curioso cómo se transforma nuestro mundo aéreo en un mundo totalmente distinto, donde las leyes de la gravedad quedan ahogadas en la ingrávida libertad de movimientos, y que a la vez nos aprisiona y asfixia con la fuerza infinita del agua que nos rodea.

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En el mar todo es distinto, hasta la misma luz del sol, que trabajosamente penetra esa barrera invisible y acuosa. Apenas se interna unos cuantos metros, la luz se descompone y uno a uno los colores se desvanecen prevaleciendo el azul como el último en sucumbir. Unas decenas de metros abajo, las tinieblas son las reinas de este universo lleno de vida y de misterios aún por resolver.

Lo que antes de 1936 resultaba inimaginable, ahora está al alcance de todos, sin distinguir raza o posición social. Con un par de aletas y un visor de mediana calidad, obtenemos una envidiable libertad para movernos por la superficie y explorar un arrecife entero, con la única preocupación de no quemarnos demasiado la espalda. Con un equipo de buceo autónomo, un curso básico y gracias a los modernos sistemas que automáticamente nos indican aspectos de vital importancia, podemos sumergirnos de verdad y sentirnos durante unos 45 minutos como verdaderos mamíferos marinos, soñando y explorando el arrecife tal como lo hacen los delfines cuando buscan su alimento.

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Desafortunadamente, éste sueño idílico tiene su precio, por lo que cuando menos cuenta nos damos, nos vemos obligados a volver a nuestro mundo aéreo y a respirar un aire “no envasado”. Afortunadamente, ésta experiencia es replicable, permitiéndonos disfrutar de mil maneras, un mar que de día es uno y de noche es otro totalmente distinto, y convirtiéndonos cada vez, al menos en nuestra mente fantasiosa, en aquellos animales marinos que tanto admiramos o tememos. Sin duda es un mundo lleno de peligros, aunque para ser sincero creo que existen más peligros en la ciudad que en cualquier arrecife del mundo, y haciendo a un lado las terribles y falsas creencias sobre tiburones y barracudas, yo me siento bastante seguro cuando penetro en este mágico mundo al revés.

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Si usted, mi estimad@ lector@, no ha experimentado aún adentrarse en este universo sumergido, le invito a que lo intente al menos una vez. No sólo penetrará esa barrera invisible y salada, sino que romperá las barreras del miedo y se convertirá en una persona más segura de sí misma, pues al salir de su “zona de confort”, descubrirá cómo puede sentirse verdaderamente cómod@ en este mundo sin barreras, donde usted se convertirá en un habitante pasajero, en el que una multitud de peces le dará siempre la bienvenida más cordial. Respire profunda y pausadamente, no sólo para que su inmersión dure más, sino para que pueda entrar en ese estado de relajación que sólo el mar le brindará. Abra sus ojos a los seres que le rodean y a los colores cambiantes, y escuche esa música de fondo tan peculiar y tan llena de vida. Déjese flotar en cuerpo y alma y disfrute de ese momento único e irrepetible…

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Esos desesperantes insectos llamados moscas

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Voy a hacerle una pregunta: ¿Quiénes son los seres más molestos, desesperantes y repulsivos del mundo? Probablemente, y tras una brevísima reflexión, llegue a la misma conclusión a la que yo llegué. ¡Las moscas! (y algunos seres humanos a quienes, ciertamente, desearíamos poder hacer desaparecer de un certero periodicazo).

Ya decía el poeta español Pere Quart (Joan Oliver i Sallarès, 1899-1986) que la naturaleza nos procura “una bestia para cada molestia”, lo que ciertamente es verdad. De noche, son los también desagradables mosquitos y de día… nuestras “amigas” las moscas. En este caso en particular, su pequeño tamaño no las hace menos bestias, además de ser tan antiguas, que ya molestaban a los mismísimos dinosaurios. También versa el dicho popular, que “cuando el diablo se aburre, mata moscas con la cola”, y es que no sólo en el submundo abundan las moscas, sino que aquí, en nuestro paraíso terrenal, suele haber tantas que a veces nos hacen sentir que vivimos nuestro propio infierno.

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Las hay por todas partes, de todo tamaños, formas y colores. Las hay bonitas y feas, aunque en la gran mayoría de los casos, su belleza la llevan tan adentro que sólo un apasionado coleccionista de moscas podría apreciarla. A pesar de su asombrosa diversidad, en la que se cuentan más de 85 mil especies, en éste artículo me refiero exclusivamente a aquellas especies que nos acompañan desde el nacimiento hasta la muerte, tanto en casa como en la escuela o el trabajo. Entre ellas están la mosca doméstica, la mosca de la carne y la no menos célebre mosca metálica o también llamada “panteonera”, dado que en la antigüedad eran abundantes en los panteones.

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Todas las moscas comparten una asombrosa capacidad: volver loco hasta al ser más pacífico y equilibrado del mundo, sin importar especie o clase social a la que pertenezca. Podrían escribirse tratados enteros sobre las reacciones psicológicas que las moscas zumbonas provocan a los humanos, actuando desafiantes y audaces, como si no le debieran nada a nadie. Tal vez es así, y su misión en éste planeta, además alimentarse de lo que nadie más quiere, es recordarnos una y otra vez lo incapaces que somos de tener el control de las cosas, por mucho que lo intentemos.

A continuación expondré lo que a mi parecer son los cuatro grandes pasatiempos de las moscas:

1) Posarse sobre nuestras narices incontables veces,

2) Pasar en vuelo rasante y zumbante junto a nuestros oídos,

3) Alimentarse, defecar y reproducirse continuamente, y

4) Cuando no están haciendo ninguna de las anteriores, se lavan frenéticamente las manos, como si en un momento de lucidez sintieran asco de sí mismas y de lo repugnantes que pueden llegar a ser, aunque son tan irreverentes que tal vez se las están frotando, como aquel que con malicia, está planeando su próxima travesura maestra.

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No pretendo culparlas por lo que son, pues entiendo que esa es su naturaleza, y por más despreciables que puedan parecer, las acepto como son, y reconozco que mi relación con ellas podría ser considerada como de “amor-odio”, pues aunque me siguen volviendo loco, no puedo evitar abrir la ventana para dejarlas escapar, en lugar de matarlas.

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Sin embargo, e independientemente de la opinión que podamos tener de ellas, siempre hay algo importante que podemos aprender de ellas, aunque para lograrlo, hay que ver las cosas desde la perspectiva de las moscas mismas: Su éxito radica en que son animales extremadamente sanos, a pesar de que son portadoras de un centenar de enfermedades debido a su anti-higiénico estilo de vida. La razón está escondida en su ADN, pues tienen genes especializados que les dan una inmunidad asombrosa, y el hombre intenta crear nuevas vacunas inspiradas en esas desagradables moscas.

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Es verdad… Tenemos mucho qué aprender de ellas. Es cierto que son un incordio para la humanidad, pero también lo fueron para los dinosaurios y todos los animales ya extintos. Aunque nos pese reconocerlo, si han estado en éste planeta por unos 300 millones de años, algo bueno estarán haciendo. ¿Usted qué opina?

 

La guerra contra las palomas de la paz

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Las palomas han sido utilizadas por los humanos desde los inicios de nuestra evolución, cerca de 10,000 años atrás. Han sido históricamente utilizadas como símbolo de paz, pureza e inocencia, y aún hoy en día suele observarse en las iglesias la liberación de palomas en eventos religiosos. Entonces, ¿qué ha provocado que éstas aves sean a la vez tan queridas como odiadas?

IMG_9749b copyrightEn el mundo existen más de 300 especies de palomas, de las cuales solamente unas 22 habitan el territorio mexicano. La especie más popular y común es la paloma doméstica (Columba livia domestica), descendiente de la paloma bravía, especie exótica originaria de Eurasia y que ahora se distribuye por prácticamente todo el planeta, exceptuando los polos y desiertos.

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Me atrevería a decir que todo el mundo adora a las palomas silvestres, sobre todo cuando se posan en algún árbol y se acurrucan cariñosamente en pareja, mismas que por cierto son monógamas. Desafortunadamente, esa simpatía no es tan común con las palomas de la ciudad, pues mientras a algunos nos encanta verlas caminando por las plazas, alimentarlas y verlas volar en grandes bandadas, a otros no les gusta que se posen en nuestras estatuas y fachadas, catalogándolas como una plaga de sucias ratas con alas.

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No puedo estar en mayor desacuerdo con la satanización a la que han sido objeto desde la década de 1970 en todo el mundo y que ha dado lugar a verdaderas masacres y leyes que prohíben y castigan a quienes las alimentan, haciendo cada vez más raras esas escenas otrora clásicas donde se observaba a los abuelos sentados plácidamente en la plaza, alimentándolas mientras sus pequeños nietos correteaban felices detrás de ellas.

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Si usted se pone a investigar un poco, encontrará infinidad de páginas de internet con infinitos listados de las enfermedades que las palomas pueden transmitir, mismos que son generalmente utilizados por los gobiernos municipales para evitar que la gente que las quiere y protege proteste en contra de sus políticas intolerantes. Permítame contarle rápidamente la otra cara de la historia que nos intentan transmitir en contra de las palomas, y seré esa voz de muchos quienes estamos defendiéndolas:

Es cierto que en algunos casos han llegado a convertirse en un problema para los vecinos, pero existen métodos no invasivos para controlarlas. Por otro lado las palomas, al igual que todos los demás animales (silvestres y domésticos) y al igual que nosotros, son potenciales portadoras y transmisoras de enfermedades, pero siempre se les señala como culpables a pesar de que no existen estadísticas de salud que las señalen como tal. En los últimos años, por todo el planeta se han levantado voces y creado campañas para “lavar” la falsa imagen que se les ha otorgado en todo el mundo, donde tanto científicos renombrados como algunos representantes de gobiernos locales y organismos internacionales tan importantes como la Organización Mundial de la Salud, han señalado que las palomas en las ciudades no representan una amenaza para la salud pública y la transmisión de enfermedades a los humanos es poco frecuente.

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Dicho esto, quiero resaltar algunas de sus características más asombrosas: En vida silvestre son muy importantes para la dispersión de semillas y en las áreas urbanas representan una importante fuente de alimento para aves rapaces residentes y migratorias. Para evitar a sus depredadores, las palomas comen rápidamente, acumulando su alimento en una bolsa especial que les permitirá alimentarse tranquilamente en un sitio más seguro. Cuando nacen los pichones, éstos son alimentados con una “leche” que los padres segregan en su buche, conocida como “leche de paloma”. Contrario a otras aves terrestres que beben, las palomas pueden, literalmente, beber agua por succión; tal y como lo hacemos nosotros, y pueden beber tanta agua como el 15% de su peso corporal. El 40% del peso de una paloma corresponde a su musculatura, lo que las hace aves excepcionalmente ágiles y capaces de recorrer grandes distancias en muy poco tiempo, lo que dio pie a su utilización como mensajeras tan efectivas, que fueron utilizadas ampliamente durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a salvar miles de vidas.

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Actualmente, las palomas son utilizadas por su gran inteligencia y excelente visión, y se les ha utilizado para rescates en altamar, ya que son capaces de detectar náufragos a grandes distancias, y recientemente se ha descubierto que observando imágenes de tejido celular pueden diferenciar entre tejido sano y tejido canceroso.

Me pongo a pensar entonces que si abrimos nuestras mentes, dejamos de pensar en lo molestas que son y observamos que las palomas son seres con grandes atributos benéficos tanto para la naturaleza como para el hombre, podríamos aprender algo de ellas. ¿No cree usted que por algo nuestros ancestros las han catalogado siempre como algo positivo? En ésta época de tanto estrés y sobresaltos, las palomas son el mejor ejemplo de tolerancia y paz, algo que nuestro planeta necesita en gran cantidad.

Mi deseo es que ¡Seamos más palomas y menos humanos!

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Los Gorriones: discretos y admirables

Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Ahí andan los “gorrones” dice mi madre llama al ver a estos pajaritos, que a veces parecen estar por todas partes, siempre a nuestro lado. Los escuchamos todo el tiempo, y andan picoteando en busca de comida por las calles, los parques y nuestras terrazas. Arman ruidosas escaramuzas y se dan “baños de tierra” regularmente. Les gusta anidar en cualquier escondrijo de nuestros hogares, se meten en los ductos de ventilación, grietas y hasta dentro de nuestros sistemas de aire acondicionado. Estos son los Gorriones, nuestros fieles compañeros de la ciudad, y aunque no lo parezca, están en peligro.

Un Gorrión nada común

Le llaman de diferentes formas: Gorrión doméstico, casero, europeo, inglés o simplemente, Gorrión común (Passer domesticus), y aunque todos parecen iguales, hay 12 subespecies en todo el mundo. Lo cierto es que aunque no es el ave más común del mundo, es probablemente una de las mejor conocidas, ya que prefiere vivir cerca del ser humano y evita los bosques y zonas aisladas. Podríamos considerarlo como un próspero ciudadano más, adaptado a veces, mejor que nosotros, a vivir en la jungla de asfalto.

Originario de Medio Oriente, poco a poco colonizó Europa, Asia y el norte de Africa, aprovechando los asentamientos humanos y la agricultura. No se sabe con exactitud ni cómo ni cuándo llegó al Continente Americano, pero está claro que unas cuantas parejas fueron liberadas por los humanos, traídas desde Europa, adaptándose a la perfección a su nuevo hábitat. Curiosamente, a pesar de que se cree popularmente que es un ave muy abundante, aparentemente no es verdad, ya que su presencia está limitada a zonas habitadas por el hombre y, tras décadas de estudios, hay evidencias que su población mundial está disminuyendo, aunque la razón aún no está del todo clara.

Un ave social y gregaria

Cuando los observamos, nunca los vamos a ver solos. Son aves que se organizan en pequeñas colonias, de alrededor de unas 10 parejas. Los miembros de la colonia tiene una estrecha relación entre sí, pero se relacionan muy poco con otras colonias, pues son fieles a la pequeña zona donde se establecen. Los más viejos son los de mayor jerarquía, con sus nidos al centro del territorio. Curiosamente, éstas aves utilizan sus nidos todo el año, como un refugio nocturno. En época de reproducción la colonia entera se sincroniza para construir sus nidos y poner sus huevos al mismo tiempo, lo que les da muchas ventajas. Cuando no encuentran un lugar adecuado para criar, se vuelven muy agresivos con otras aves, llegando a expulsar a otras aves de sus nidos. Aunque gozan de una gran fecundidad, teniendo hasta seis puestas al año, cada una con 3 a 5 huevos; se sabe que el éxito en la supervivencia de los polluelos es muy bajo y sigue disminuyendo, probablemente por falta de alimento (insectos) o por estar éstos contaminados con plaguicidas.

Amorosos y fieles padres

Estos pequeñines son muy fieles a sus parejas, adoptando la monogamia como una religión, aunque organizan “juegos sexuales” colectivos para mantener la unidad de la colonia, pero eso sí: “cada pareja, con su pareja”. La incubación corre principalmente a cargo de la hembra, pero cuando nacen los polluelos el macho colabora activamente. Se necesitan 2 semanas para incubar los huevos, y otras 2 semanas para que los polluelos abandonen el nido, fecha en la que el macho deja de ayudar a alimentarlos. La hembra los sigue alimentando mientras permanecen escondidos en los alrededores durante una semana, y luego éstos formarán “pandillas juveniles”, conformadas por todos los novatos de la colonia.

Aunque parezca que éstas nuevas generaciones hayan salido de sus nidos con éxito, la mortandad sigue siendo muy elevada, considerando que la mayoría de los pollos que abandonan el nido mueren durante los días siguientes ya sea por hambre, atropellos o por ser capturados por gatos y perros. Ese es el precio que pagan por vivir en la ciudad.

Mucho se habla sobre éstas aves, amadas por unos y odiadas por otros. Son señaladas en muchos sitios como verdaderas plagas que dañan cultivos, obstruyen ductos, y dejan sus caquitas por todas partes. Lo cierto es que son animales asombrosamente adaptables, que fueron introducidos en nuestro continente por el mismo ser humano. No es su culpa que estén aquí, sino nuestra. No olvidemos que hacen una función importante al mantener a raya a los molestos insectos, y al comerse toda la basurita orgánica que dejamos por las calles. Ciertamente son una especie exótica, pero visto de esta manera, lo son también nuestros gatos o perros, y hasta nosotros mismos.

Aquel a quien no le gusta escuchar sus interminables “chip-chip”, está en su derecho de taponar grietas y proteger los ductos de su casa para evitar que se instalen ahí. A quienes nos gusta verlos juguetear y escuchar sus encantadores “chip-chip”, no nos importará dejar de utilizar el aire acondicionado durante unas semanas, con el regocijo de escuchar a los pollitos crecer, y verlos abandonar el nido.

La tolerancia es un don que todos tenemos, y ésta es una buena oportunidad para ponerla en práctica. Al fin que en este mundo, ¡Hay espacio para todos!

Las aves de la noche

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda

La fascinación que los seres humanos han tenido por las aves data desde nuestros mismos orígenes, debido principalmente a lo que han representado para nosotros: su libertad y esa gran diversidad de colores, formas y cantos que les caracteriza. Sin embargo, hay algunas aves que al mismo tiempo han despertado un temor y desconfianza tan profundos que han perdurado a través de los tiempos, cimentando leyendas, mitos e historias inverosímiles y falsas (leer “El misterioso chotacabras”).

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Se trata de aquellas aves que por sus hábitos, se mueven sigilosamente bajo el cobijo de la oscuridad. Les llaman búhos y lechuzas, aunque en México se les llama tecolotes. La palabra tecolote deriva del vocablo náhuatl tecolotl, que significa “pico doblado”; una observación muy acertada, ya que éstas aves tienen el pico curvado hacia adentro.

El Orden Strigiformes (que significa “con forma de búho”), es un Orden que abarca dos familias de aves (Strigidae y Tytonidae), que reúnen a unas 250 especies distintas, distribuidas por todo el mundo excepto algunas islas y la Antártida, de las que en México encontramos 34 especies. Pero el vocablo latino “strix”, que significa “búho o lechuza” tiene un pasado sorprendentemente interesante que nos puede ayudar a comprender el origen de esos mitos que perduran en la actualidad, ya que antiguamente era la palabra que se utilizaba para describir su misterioso llamado. Ya en el siglo I, la lechuza era “un ave de mal agüero, que vuela de noche, y en lugar de cantar rechina”, y mucho antes ya se le denominaba “ave vampírica”, relacionándola con brujas y seres demoníacos. En la Edad Media se creía además que gustaba de echarse encima de bebés lactantes para darles de mamar leche, y de ahí viene el nombre “lechuza”.

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Pero, ¿por qué provocan tanto temor? Las menciones míticas más antiguas datan de hace unos tres mil años, que desde entonces han sido aumentadas y renovadas por nuestra vasta y a veces retorcida imaginación humana. La razón por la que abundan tantas creencias no debería sorprendernos, pues en general, y desde que somos niños hasta que llegamos a la adultez, solemos temer a los seres que van libres rondando por ahí, protegidos por la noche que esconde cosas que no vemos ni podemos controlar.

Más allá de su preferencia por la ausencia de luz, hay que recalcar que sus características físicas han jugado un papel muy importante: Tanto búhos como lechuzas tienen grandes y brillantes ojos, y que éstos además, están orientados hacia el frente, tal como nosotros. Sus rostros además nos recuerdan a una cara humana por ser ovales y tener un pico que asemeja una nariz. Algunos búhos tienen además unas plumas modificadas en su cabeza que parecen orejas o cuernos, pero sobre todo, tienen un llamado similar a un lamento humano que de noche provocan mucho miedo. Para resumir: Tienen los ingredientes perfectos para crear ¡una historia de terror!

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Los mexicanos los consideran aves de mal agüero y mensajeros de la muerte. Son creencias heredadas de nuestros ancestros mesoamericanos tan arraigadas, que aún se escucha a los campesinos decir: “cuando el tecolote canta, el indio muere”.

Sin embargo, también se les han atribuido poderes y cualidades positivas, como que brindan a los humanos protección y ayuda en la oscuridad, y han sido asociados a la sabiduría, la medicina y la legalidad. En sentido místico, se ha considerado que representa a Cristo, al no temerle a la oscuridad y salvar a quienes pierden el camino, guiándolos hacia la luz.

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Tristemente, aún hay personas que por ignorancia les matan en la primera oportunidad. Está claro que por algo éstas aves prefieren evitar a los humanos, viviendo en la oscuridad y el anonimato. Deberíamos de aprender un poco de ellas, y aplicar en nuestras vidas un poquito de su filosofía: Ser discretos y prudentes. ¡Vivan las aves de la noche!

 

 

Los graciosos nombres de la naturaleza

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

¿Sabía Usted que hay una polilla que se llama “Donald Trump”?

Estoy seguro que si ésa polilla comprendiera el significado de su nombre, haría todo lo posible por dejar de llamarse “Neopalpa donaldtrumpi”, nombrada así por sus descubridores debido a que tiene sobre su cabeza unas rubias escamas que se asemejan al cabello de éste controvertido e incómodo personaje. Como le ha ocurrido a ésa pequeña y desafortunada mariposa nocturna, seguramente usted conoce a alguien que desearía también cambiar su nombre, ya sea porque es feo, muy largo o simplemente porque es difícil de pronunciar o recordar. Afortunadamente, los seres humanos tenemos la ventaja de poseer, además de nuestro nombre de pila, un bonito nombre científico (Homo sapiens), mismo que confieso creer que algunos humanos no merecemos.

 

Un nombre científico es todo menos aburrido

 El nombre común que le damos a un mismo animal o planta puede variar enormemente entre regiones. Es así como en el idioma español, a las libélulas se les conoce con más de 35 nombres, incluyendo “caballito del diablo”, “fosforito”, “matapiojos” o el extraño nombre “chupajeringas”. Si tuviéramos en cuenta otros idiomas y dialectos, seguramente sumaríamos cientos de nombres distintos para éstos animales que se distribuyen por todo el mundo.

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Llamar “libélula” a las 6,000 especies que conforman ese grupo sería una tarea caótica e imposible para los científicos y taxónomos. Es por ello que el nombre científico es tan importante, pues es único como una huella digital y permite reconocer, por citar un ejemplo hipotético, a ese microscópico bicho que crece sobre un parásito que habita en el oído derecho del treparriscos europeo y que nadie hasta la fecha se ha preocupado por otorgarle un nombre común.

Así fue, más o menos, como el biólogo Linneo solucionó el problema en 1758, creando lo que se denomina “nomenclatura binomial”. Un buen ejemplo es la lombriz de tierra, a la que decidió llamar con dos palabras en latín: Lombricus terrestris, un nombre simple y descriptivo que define quién es y dónde vive.

La regla es, que no hay reglas

Se supone que las reglas sobre la nomenclatura científica exigen que un nombre científico tenga tres características: Que sea compacto, eufónico (que suene bien) y memorable. El resto depende de la imaginación de quien propone el nombre. Aún así, existen nombres tan complicados como el de la mosca Prolasioptera aeschynanthusperottetii, compuesto por 36 letras, o el nombre más largo que existe hasta la fecha otorgado también a una mosca: Parastratiosphecomyia stratiosphecomyioides. ¿Alguien me puede explicar dónde está lo “compacto, eufónico y memorable”? Cuando mucho, serían nombres ¡irrepetibles!

En general y tradicionalmente, un nombre científico está compuesto por una combinación de palabras de origen griego o latín, lo que significa que al ser traducidas pueden tener un significado totalmente distinto, que puede resultar por demás interesante, curioso, divertido y sugerente. Por poner un ejemplo, está la mosca azul de la carne. Ese enorme moscardón de un hermoso color azul metálico y que adora la carne putrefacta, lleva como nombre científico “Calliphora vomitoria”, que formado por vocablos griegos, se traduce como “el portador de belleza que produce náuseas”.

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La imaginación de los científicos no conoce ni épocas, ni fronteras, ni política o religión, y ni siquiera el mismo Linneo pudo evitar la tentación, aunque siempre conservó su estilo conservador: A un molusco bivalvo lo llamó “arca de Noé” (Arca noae) por su curiosa forma de barco. En Europa, Asia y África existe un ave extremadamente popular, con un copete característico y un canto distintivo que le ha hecho famosa y objeto de adoración por muchas culturas a través de los tiempos. A la “abubilla” (como se le conoce en España) se le nombraba en latín “upupa” y en griego “epops”, por lo que Linneo decidió nombrarla Upupa epops, como homenaje a los dos idiomas clásicos de la antigüedad, donde ambos hacen mención al distintivo sonido que produce ésta graciosa ave.

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Las palabras totalmente nuevas están a la orden del día, como para rendir honor a algún personaje histórico (p. ej. Una polilla llamada Leonardo davincii), o para reconocer a un patrocinador (p. ej. Roberthoffstetteria nationalgeographica), y por qué no, a un artista musical del pop (p. ej. Un fósil llamado Mesoparapylocheles michaeljacksoni). También suelen hacer referencia al origen geográfico de la especie, como ocurrió con una magnolia recientemente descubierta y que es endémica de las selvas vallartenses, llamada Magnolia vallartensis.

La tentación puede ser incontrolable cuando el taxónomo es un fanático de la saga “Star Wars” y de forma caprichosa decide nombrar a tres avispas como sus personajes favoritos Yoda, Chewbacca y Darth Vader: (Polemistus yoda, P. chewbacca y P. vaderi).

Para los taxónomos, el simple hecho de saber que tienen un poder casi ilimitado para crear nombres, les hace utilizar un sentido del humor cada vez más “rebuscado”. Así ocurrió con un género de polillas denominado “La”, por lo que tres especies fueron llamadas La cucaracha, La paloma y La cerveza. Esto no es broma, es real y éstos animales existen de verdad. ¿En qué estarían pensando sus descubridores?, ¿en canciones, tal vez?

Otras exitosas y taquilleras sagas que también tienen ya su presencia en la nomenclatura científica son “El Señor de los Anillos” (como el escarabajo Pericompsus bilbo, la ameba Arcella gandalfi y el insecto cavernícola Gollumjapyx smeagol). “Harry Potter” no se ha quedado atrás con una gran cantidad de especies que hacen referencia a sus personajes (como la avispa Ampulex dementor, o la araña Eriovixia gryffindori). No podemos dejar a un lado a personajes de películas ya clásicas como “Batman” (representado por el pez Otocinclus batmani) y “Terminator” (representado por el escarabajo Agra schwarzeneggeri y por la araña Hortipes terminator).

 

Los nombres comunes más extraños

Aunque algunos nombres pueden ser extremadamente sencillos e inocentes como “ave del paraíso”, un largo historial de mitos y falsas creencias nos han hecho bautizar a plantas o animales con extraños nombres como el ave “chotacabras” o las plantas “hinchahuevos” y “matamuchachos”. Tal es el caso de la planta urticantemala mujer” (Solanum rostratum), cuyo nombre hace referencia al intenso dolor que causa cuando apenas se le toca. ¿Sería machista aquel que pensó en ese nombre? Yo creo que esa planta no es tan mala, sino que sólo intenta protegerse, tal como lo haría cualquier mujer que se sintera en peligro.

Están también los nombres que se han dado a seres que tienen algún parecido a “algo más”, como el famoso “tiburón martillo”, la medusahuevo frito” o la plantalagaña de perro”. Como ejemplo puedo mencionar al famoso hongofalo hediondo” (Phallus impudicus), cuya similitud al órgano sexual masculino ha sido desde hace siglos, motivo de repulsión y controversia puritana, llamándosele actualmente “velo de novia”.

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Un nombre correcto puede salvar vidas

Sean nombres comunes o científicos, está comprobado que aquellos animales cuyos nombres son desagradables y negativos tienen menos posibilidades de ser respetados o protegidos, y esos “malos nombres” tienen un en muchas ocasiones un origen erróneo derivado de malos juicios. Tal es el caso de la “ballena asesina”. En las últimas décadas se ha hecho un gran esfuerzo por dejar de llamar así a las orcas, ya que no son ni ballenas, ni tampoco asesinas. Por culpa de ese nombre, durante décadas fueron vistas como temidos seres malvados y diabólicos.

Es probable que al escuchar hablar de la tortuga “mata-mata” pueda pensar que es una tortuga mortalmente agresiva, aunque en realidad sea totalmente inofensiva. Ahora piense en el “panda”, ese tierno oso bicolor al que todos quieren proteger. Si alguien le hubiese llamado “oso mata-bambú”, seguramente ése no sería un animal tan popular. El uso inteligente de los nombres es una herramienta que ahora los científicos intentan llevar a favor de los animales.

Recientemente, en Madagascar, un caracol fue descubierto en una montaña propiedad de una empresa cementera internacional. Al vivir únicamente ahí, y temiendo su extinción, sus descubridores le dieron el nombre de la empresa cementera Charopa lafargei con la esperanza de persuadir a la empresa LafargeHolcim a proteger a la especie. Si la especie llega a extinguirse, su nombre perdurará por siempre, acusando a la corporación que lo hizo desaparecer.

Como ocurrió con la polilla Donald Trump, espero que su nombre le sea útil para sobrevivir, como por ejemplo para causar lástima y se le de protección piadosa por llevar un tupé inocentemente “donaldtrumpesco”.

Creo que si yo descubriera algún misterioso, peligroso, torpe y desagradable parásito, pensaría en un nombre que además de hacer alusión clara a su personalidad, intentaría crear con ese nombre el mayor interés posible, para hacer que la ciencia investigue incansablemente sobre él, dónde vive, de dónde viene, qué come y cómo erradicarlo del planeta. Yo le llamaría Donaldtrump covfeferi. ¿Usted, qué nombre le pondría?

Los Grillos, compañeros de sueños

Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

¡Vaya bichos tan singulares! Nos brindan música de fondo mientras cenamos, charlamos, tomamos un paseo nocturno o mientras dormimos, sin importarles las condiciones climáticas o nuestra condición social. Acompañantes fieles desde los orígenes de nuestra sociedad, son parte importante del folklore popular en todo el planeta, protagonistas de innumerables historias, cuentos y leyendas.

El realidad, el nombre grillo se deriva del latín gryllo. Proviene de la palabra “gryllare” (grillar), que refiere a los sonidos que producen, definidos desde entonces como “Gry, gry”. Para los mexicanos contemporáneos, éste sonido se define mejor como un “cri, cri”, que dio lugar al nombre del grillo más famoso en los cuentos infantiles en México, creado por un genio de la creatividad, Don Francisco Gabilondo Soler.

En realidad, los grillos no tienen voz y los sonidos que producen son generados por el movimiento y fricción entre las salientes de sus patas posteriores y su primer par de alas (tienen 2 pares), mismo que se ha endurecido y modificado en sus bordes no sólo para producir sino también para amplificar y transmitir ese sonido tan peculiar e intenso, cuyo nombre correcto es “estridulación”. Según se cree, fue el primer sonido producido por animales terrestres para comunicarse desde su aparición en la tierra; un sonido que es compartido entre la mayoría de los ortópteros (grillos, saltamontes y afines).

Considerado por muchos como un sonido monótono, en realidad suele ser poco molesto y bien tolerado por los humanos, aunque no falta aquel grillo que decida cantar al pie de tu cama para no dejarte dormir, firmando en ocasiones y sin saberlo, su desafortunada condena a muerte. El canto de los grillos es un privilegio casi exclusivo para los machos, quienes emiten estos sonidos para atraer a las hembras. Fueron comúnmente utilizados en la antigua China como apreciadas mascotas, donde eran mantenidos en jaulas pequeñas diseñadas especialmente para ello en bambú y oro, para que ambientaran las habitaciones, y en algunos sitios se les sigue vendiendo como curiosidades tradicionales. Las hembras por su parte son totalmente silenciosas, generalmente más grandes que los machos y en ocasiones carecen de alas. Si bien los grillos no tienen voz como tal, tampoco tienen oídos, por lo que para escuchar han desarrollado unas delgadas membranas que hacen la función de un tímpano, generalmente ubicadas en el abdómen o en sus patas anteriores, que junto con una serie de vellos que la recubren, son capaces de percibir tanto a sus depredadores como distinguir los mejores y sincrónicos cantos, una herramienta muy útil para las hembras a la hora de elegir a su tenor o varítono.

Tal vez una de las mayores curiosidades de los grillos es que pueden ser utilizados como una eficaz forma de conocer la temperatura ambiental. Utilizando una relación matemática creada en 1889 por un físico suizo, a partir de observaciones con un grillo de los árboles Oecanthus fultoni, los científicos lograron comprobar que es posible determinar con exactitud la temperatura ambiental, ya que por ser animales que no son capaces de regular la temperatura de su cuerpo, su metabolismo varía de acuerdo a la temperatura ambiental, modificando la frecuencia de sus sonidos. Así, la temperatura a la que comienzan a cantar es 15°C, y comenzarán a cantar más rápido conforme aumenta la temperatura. Si es usted una persona curiosa, haga la prueba y utilice ésta fórmula:

 (Cpm/5)-9 = T

Cpm = cantos por minuto y T = temperatura en grados Celsius

Con alrededor de 22 mil especies distintas, los Ortópteros (Orden Orthoptera) son habitantes comunes de casi todos los hábitats templados y tropicales del planeta, aunque sólo un puñado de especies son comúnmente reconocidas al verlas. Con tal variedad, y considerando que éstos insectos son muy abundantes, no es de extrañar que formen parte importante de los ciclos ecológicos naturales y de la economía, pues algunas de estas especies son consideradas como verdaderas “plagas” que arrasan países enteros, como ocurre con las especies conocidas como langostas. Sin embargo, los grillos en particular (unas 4,200 especies) no representan un problema serio para nuestro hogar y mucho menos para la economía, alimentándose de materia orgánica muerta (animales y plantas), además de estar comprobado que no son transmisores de enfermedades infecciosas para los humanos, como puede ocurrir con las cucarachas. Tal vez por eso sean el alimento “vivo” más común en las tiendas de mascotas.

Resulta interesante saber que grillos y chapulines no son sólo utilizados como alimento para mascotas, sino que son un alimento popular en algunos lugares de México, como ocurre en Oaxaca y otros lugares en el interior del país. Más interesante resulta saber que el contenido proteínico es muy alto (casi 70% de proteínas), por lo que representan una fuente nutricional importante, sobre todo para los sectores de población de bajos recursos, quienes consumen estos alimentos de forma tradicional.

En los cuentos populares, los grillos son considerados como seres flojos, vagabundos y tramposos, que pasan su tiempo divirtiéndose y “viviendo al día”, aunque por el contrario, uno de los grillos más conocidos internacionalmente sea “Pepe Grillo”, quien hace la función de conciencia y sano consejero de Pinocho. Yo en particular, prefiero la leyenda que cuenta que cuando el grillo canta, le está cantando a la luna, pues alguna vez ambos estuvieron enamorados y fueron separados por una malvada bruja, quien los convirtió en lo que son ahora. Desde entonces el grillo canta cada noche, buscando encontrar de nuevo a su amada luna.

Sea cual sea su historia favorita, los grillos nos dejan una importante lección, que es la perseverancia, pues un grillo adulto cantará siempre, sin importarle si está en libertad o encerrado en una jaula, aunque (según la especie) le tome hasta dos año madurar sexualmente y pueda finalmente encontrar una pareja. El cantar de un grillo puede transportar nuestras mentes de la ciudad al campo con sólo cerrar los ojos, y resulta interesante que una importante cantidad de personas sordas que reciben un implante para poder escuchar, refieren el grillar nocturno como uno de los sonidos que más disfrutan. ¿Será acaso un sonido verdaderamente monótono y sin sentido? Tal vez sean en realidad un murmullo sereno que nos recuerda que estamos vivos; que nos permite tener presente lo bella que es la noche, a la luz de la luna y de las estrellas… Y mientras escribo este artículo, muy cerca de mí escucho a un grillo cantar. Me asomo por la ventana y disfruto además, de una brisa fresca que me hace pensar ¡Cuánto me gustan los grillos!

 

Los árboles, seres mágicos y espirituales

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Los árboles, esos seres verdes que nos regalan frescor, y cuyas sombras nos recuerdan su presencia, han sido desde la época prehispánica, muy importantes en las creencias religiosas y mitológicas ancestrales. El pensamiento mágico y religioso que existía en la antigüedad ha quedado casi en el olvido, reemplazado en muchos casos por costumbres más modernas.

En esta ocasión, no haré un recuento de los árboles más grandes o frondosos, ni hablaré de su importancia en el ecosistema ni cómo han cambiado el rumbo de la humanidad. Dedicaré este espacio a recordar cómo los mayas y los aztecas adoraban a estos seres llenos de vida, y cómo las culturas antiguas de todo el mundo han coincidido en considerar a los árboles como sabios centinelas del tiempo y silenciosos seres espirituales.

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Rindiendo culto al árbol
La vida humana se ha asociado históricamente con el culto al árbol en muchas formas místicas. Para los mayas, la Ceiba era el árbol santo, la madre de la vida. En la mitología maya, en cada uno de los rumbos cósmicos había una ceiba sagrada, del colorcorrespondiente a cada zona: rojo en el oriente, blanco en el norte, negro en el poniente y amarillo en el sur. Aún hoy en día, la Ceiba conserva su poder mítico en las creencias de mucha gente del campo. Para asegurar que sus hijos varones crezcan tan fuertes como éste majestuoso árbol, ocultan su cordón umbilical en alguna hendidura del árbol.

También en la concepción cosmológica de los antiguos mexicanos figuraba un árbol en cada uno de los cuatro rumbos del universo, y otro en el centro de los mismos. En el rumbo del oriente había un Sauce, en el del norte había un Nopal, en el del poniente una Palma y en el rumbo del sur un Mezquite. Finalmente en el centro de los rumbos estaba un árbol que simbolizaba la planta del maíz. En el centro del país, el árbol sagrado para los aztecas era el imponente Ahuehuete o Sabino, que significa “el gobernante” o “el amparo del pueblo”. Aún ahora, donde las costumbres indígenas siguen predominando, se siguen colgando en los árboles sagrados tanto cordones umbilicales como mechones de cabello o prendas de vestir, para establecer un lazo mágico entre las personas y la fuerza divina que se manifiesta en el mismo árbol.

Se cree que en la antigüedad, muchas especies de árboles fueron declaradas “sagradas” por motivos que no siempre giraban en torno a valores espirituales o místicos, pero que era necesario protegerlas debido a su escasez, su utilidad o su tamaño. Sin embargo, todas las culturas alrededor del mundo, con costumbres tan distintas como los lugares donde vivían, han coincidido a través de la historia en el valor sagrado y espiritual que tienen los árboles, resaltando cada cultura aspectos tan distintos como el amor, la inmortalidad o la justicia divina.

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Investigando un poco sobre las especies de árboles que han sido representados, venerados o inmortalizados en la historia humana, se cuentan alrededor de 55 especies de todos los tipos, aunque estoy seguro que en aquel entonces, sería una tarea digna de los dioses decidir y designar cuáles especies de árboles serían los elegidos. Para ser justos, creo que no necesitamos tener una de esas 55 especies para establecer un vínculo que vaya más allá de nuestro mundo corporal. Simplemente con sentarnos debajo de un árbol cualquiera, aunque no seamos conscientes de ello, inmediatamente sentimos paz, ya sea por la sensación de frescor que su sombra nos da o por haber establecido una conexión invisible con él.

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Creo también, que aunque algunas personas no crean en las energías o sean poco espirituales, es innegable que los árboles nos regalan algo más que su firme belleza. Lo invito entonces a dejarse llevar por un momento y que piense en lo mucho que los árboles nos regalan, desde un momento de paz hasta la inspiración y la energía necesaria para terminar nuestro día con alegría. Inténtelo y déjese llevar. Abrace a un árbol y llénese de vida.

La Madre Naturaleza: ¿Sobreviviendo a los humanos?

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Abrumados por tantas noticias y publicidad engañosa que hacen un equivocado uso del medio ambiente, la ecología y el cambio climático, me he topado con el problema de cómo hablar sobre la naturaleza y el hombre sin que el lector pierda interés. Y es que desafortunadamente, en general éste es un tema que llega a oídos sordos, y tal vez sea  porque no lo sabemos expresar correctamente.

Entendiendo el problema

Tal vez el problema está en que quienes hablamos de la problemática que existe entre los seres humanos y el medio ambiente, nos olvidamos totalmente que vivimos en un planeta tan dinámico, es decir, que -con o sin nosotros- el planeta sigue girando. Tal vez por ello sea tan sencillo ignorar las dificultades ambientales con las que nos encontramos diariamente y decidimos seguir con nuestras vidas como si nada sucediera, pues de cualquier forma, la naturaleza sigue su curso a pesar de lo que hagamos, para bien o para mal.

Ahí radica el problema, pues ese mundo al que estamos acostumbrados tiene características que han sido moldeadas a lo largo de miles de millones de años, a través de fenómenos naturales extremos como los sismos, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, la erosión causada por el viento y el agua, así como por la actividad de los mismos seres vivos. Considerando lo inteligentes que somos como especie, es difícil entender el por qué olvidamos tan fácilmente que los cambios climáticos y los fenómenos extremos son parte natural de la vida del planeta.

Hace poco tuve una interesante discusión con mi padre, hablando del sombrío futuro que nos espera, y justo ese fue su argumento que me hizo reflexionar: siempre han habido desastres naturales catastróficos, pero son tan poco frecuentes que los olvidamos fácilmente. En 1556 por ejemplo, hubo un gran terremoto que mató a más de 830 mil personas, y otro más mató a 600 mil en 1976, y nadie los recuerda. En 2004 murieron cerca de 230 mil personas a causa de un tsunami. La pregunta obligada es, ¿hemos cambiado en algo nuestra forma de vivir? Aún seguimos construyendo nuestras casas en las orillas de los ríos, de las playas y en zonas de alta sismicidad.

Es así como llego a la conclusión del porqué no hacemos nada para remediar los daños que le causamos al planeta, pues dada nuestra egoísta naturaleza humana, poco nos importa escuchar que “estamos consumiendo el planeta”, cuando en realidad estamos firmando nuestra sentencia de muerte al acabar con los recursos que nos mantienen vivos. Efectivamente, el planeta tierra seguirá aquí, y como toda acción tiene una reacción, el planeta sufrirá los cambios necesarios para alcanzar una nueva estabilidad, donde seguramente no figuraremos nosotros como especie. Gracias a la desaparición de los dinosaurios (debido a una catástrofe natural), los mamíferos pudimos evolucionar en lo que somos ahora. Cuando nuestra especie desaparezca finalmente de la faz de la tierra, tal vez los insectos evolucionen, y tras miles de años habrá otra nueva especie que pueble el planeta como lo hacemos ahora.

Sobreviviendo a la naturaleza

Vale la pena que recordemos lo indefensos que somos ante las fuerzas naturales, como puede ser un gran terremoto, una sequía o una epidemia a gran escala. Creo que debemos preocuparnos por salvarnos a nosotros mismos, y haciéndolo adecuadamente todo lo demás tomará su lugar. Si usted, estimado lector ha llegado hasta éste último párrafo, no me queda más que felicitarlo, pues ha superado uno de los grandes defectos que nos caracterizan: la indiferencia.

No es necesario ser un sabio para saber que algo malo está sucediendo. El mundo está sometido a fenómenos naturales extremos, cuyos efectos se van a anticipar gracias a nuestra forma de aprovecharnos de la naturaleza. Es una gran presión que se acumula y que tarde o temprano estallará. No hay nada de malo en reconocer que las dinámicas naturales del mundo NO están en nuestras manos. Al reconocerlo, estaremos un paso adelante para poder interpretar todas esas señales silenciosas que la naturaleza nos da constantemente y que nos dice: “ten cuidado”. Debemos entender que si no podemos ser la solución, igualmente no debemos ser parte del problema. Acciones sencillas que nos permitan aligerar el peso para que la naturaleza siga su curso. Planta un árbol y cuídalo el resto de tu vida, respeta la naturaleza y sobre todo, ¡sé feliz!

La magia de charcos y estanques

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

En esta ocasión, he decidido dedicar estos renglones a intentar cambiar de idea a todo aquel que considera que los charcos y estanques -ya sean estacionales o permanentes- son asquerosos nidos de enfermedades y criaderos de mosquitos. Pretendo resaltar con mis palabras esa belleza misteriosa y casi mágica que un estanque -aparentemente inútil- puede llegar a tener. Simplemente hay que mirar con detenimiento lo que vive en él.

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Hace poco, me topé con una descripción bastante original y poética de lo que significa un estanque, bajo el punto de vista de un admirable naturalista, investigador y educador ambiental que murió en 1974. Marston Bates escribió: “Los estanques poseen, ante todo, la fascinación de lo minúsculo. Constituyen un mundo claramente limitado por las orillas, el fondo y la superficie; un mundo aparte que, debido a sus pequeñas dimensiones, parece fácil de comprender, describir y analizar”. Luego concluye diciendo que el misterio del estanque es algo que escapa a su comprensión, y que la superficie del agua le señala una barrera que no puede franquear, excepto con la imaginación. Lo que me resulta más sorprendente de su maravillosa descripción, es que él precisamente, se especializó en el estudio de los mosquitos como transmisores de enfermedades.

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Me pregunto si realmente comprendemos algo de ese micro-universo, o si acaso estamos conscientes de la gran diversidad de seres vivos que pueden vivir ahí y que, “misteriosamente” han ido apareciendo con el paso de los días. Algunos llegan sin querer, otros por sus propios medios, y otros como polizones de aves e insectos que inocentemente se acercan para saciar su sed. Ciertamente, los primeros animales en aparecer son las larvas de los mosquitos, que siendo acuáticas se alimentan de las algas que crecen a gran velocidad. Luego llegan otros depredadores, como las larvas de libélulas que se alimentan de las primeras, o los divertidos insectos “patinadores”, que aprovechando la tensión superficial y su poco peso, caminan grácilmente por encima de la superficie del sin temor a mojarse y mucho menos a hundirse. Luego sin pensarlo, encontramos caracoles, renacuajos, y aves alimentándose de todos ellos.

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He tenido la fortuna de vivir en muchos sitios que en mayor o menor medida me han regalado experiencias naturales sumamente gratas, incluyendo el jardín de la casa donde me crié, en donde había varios estanques de distintos tamaños y en cada uno habitaban animales distintos. Mientras vivía en Puerto Vallarta (México), descubrí que es un sitio increíblemente afortunado por su clima y por la gran riqueza de flora y fauna que aún existe alrededor. Gran parte de la ciudad está cimentada sobre zonas inundables, por lo que en la temporada lluviosa se formaban innumerables charcos, estanques y lagos por doquier. Infinidad de animales como peces, anfibios y reptiles que habían vivido enterrados, escondidos o aletargados durante la época estival, hacían su majestuosa aparición apenas caían las primeras lluvias, dando vida a estos estanques y atraían a más animales que los visitaban a diario. Desafortunadamente, todos y cada uno de estos mágicos estanques han sido cubiertos por tierra, por calles y por casas, haciendo que año tras año, sea más difícil encontrar aquellos animales que antaño daban vida y alegraban las noches con sus incansables cantos y croares.

img_8376b-copyrightRecuerdo 2 casos que me han dejado admirado de la capacidad que tienen los estanques de albergar vida a pesar de nuestra presencia, y ambos ocurrieron en plena ciudad de Puerto Vallarta. Recuerdo que durante la temporada de lluvias, un día me tocó quedar atrapado en un caos vial en plena avenida de acceso a la ciudad. Aburrido, me puse a observar el agua estancada  en el camellón central, y para mi sorpresa descubrí que había pequeños camarones de agua dulce que se alimentaban de las algas que crecían sobre el mismo concreto, y que al mismo tiempo llegaban aves a comerlos. Ahí, ajeno al interminable ir y venir de vehículos, había un pequeño oasis con mucha, mucha vida.

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En otro caso, cerca de casa había una calle de tierra poco transitada donde durante toda la temporada de lluvias brotaba agua continuamente, llevándose toda la tierra que infructuosamente colocaban las autoridades para “rellenar” el lugar. Misteriosamente, con el paso de los días aparecían peces, probablemente como resultado de los huevecillos que sus progenitores dejarían enterrados en el fondo. Estos pececitos intentaban buscarse la vida en ese concurrido charco, esquivando continuamente el paso de los coches. Un día observé ahí mismo una tortuga, que ignorando los peligros que acechaban, intentaba buscar algo qué comer, misma que me vi obligado a rescatar por el obvio peligro que corría de ser atropellada. Actualmente éste mágico sitio ya no existe, habiendo en su lugar una calle cubierta de concreto, que ha dejado bajo tierra y rocas una asombrosa historia de vida de la que fui un afortunado testigo.

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Me pregunto por qué a pesar de que desde la antigüedad los estanques han sido objeto de culto y dedicado cuidado en castillos, palacios y mansiones alrededor del mundo, nosotros que los tenemos por doquier de forma natural, y a donde la naturaleza llega sola, no valoramos y nos esmeramos en hacer desaparecer. Mi mayor deseo es que abramos nuestros sentidos y protejamos éstos pequeños oasis de vida, que además de mantener nuestro clima más húmedo, le ofrecen un hogar y alimento a un incontable número de seres vivos. Tal vez llegue el día que veamos un anuncio inmobiliario que diga así: “Vendo casa: 3 habitaciones, 2 baños, con cochera, jardín y un precioso estanque natural que cada mañana despertará sus sentidos…” Que así sea.

Gaviotas: Incomprendidas y sorprendentes

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Para los ornitólogos y amantes de las aves en general, observar gaviotas puede ser una gratificante e intelectualmente estimulante oportunidad de admirarlas. Su variedad de especies, tamaños y variación en el plumaje de una misma especie con uno, dos, tres o cuatro años de edad ha hecho que éstas aves obtengan una envidiable posición entre las aves favoritas para observar alrededor del mundo. Sin embargo, existen historias muy distintas que se escriben día a día en torno a éstas controvertidas especies, rodeadas de prejuicios populares que en la actualidad las han convertido en “animales no gratos” y llamadas injustamente “las ratas del mar”.

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Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer”, dice Richard Bach, el autor del famoso libro titulado “Juan Salvador Gaviota”, y en parte tenía razón. Las gaviotas son omnívoros oportunistas que comen cualquier cosa que encuentren, siempre y cuando pueda satisfacer sus requerimientos nutricionales. Es así como las gaviotas pueden elegir entre internarse en el mar a buscar comida, seguir a un barco pesquero, o ir a tierra firme como a zonas de cultivo a comer insectos, o adentrarse en un vertedero de basura o visitar un parque público y robarle comida a paseantes distraídos.

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Desde los años 80´s, hemos observado cómo algunas especies de gaviotas (principalmente las europeas que son más grandes y por ende tienen menos temor hacia el ser humano), han ido adaptándose a los ambientes alterados por el hombre, y desde entonces han modificado en muchos aspectos sus hábitos de alimentación y de reproducción, llegando a anidar en los techos de los edificios y a darse un baño refrescante en las fuentes de la ciudad. Recuerdo cuando era estudiante de Biología, que uno de mis maestros me contaba cómo en una ocasión, mientras hacía un censo de nidos de gaviotas en una remota isla del Mar de Cortés, un polluelo asustado le vomitó en la cara un trozo de jamón York. Ese suceso le obligó a hacerse la pregunta sobre cómo llegó a éste polluelo, en un nido a decenas de kilómetros de la costa, un trozo de embutido. Esa asombrosa capacidad de sus padres para encontrar alimento, me lleva a mí a plantearme otra pregunta, sobre quién es el verdadero culpable de que las gaviotas se internen cada vez más en los continentes y lleguen incluso a anidar a cientos de kilómetros tierra adentro, muy lejos de lo que podría ser considerado su “hogar”.

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 “Tenemos que rechazar todo lo que nos limite… somos libres de ir donde queramos y de ser lo que somos”, dijo Juan Salvador Gaviota, esa gaviota que no se conformaba solamente con comer. Tal vez sea cierto, y sea por ello, que algunas gaviotas se han vuelto rebeldes, invadiendo campos y ciudades. Sin embargo, las respuestas a las preguntas de mi maestro y mías, están ligadas a la inteligencia y no a la rebeldía. Son aves con una gran capacidad de aprendizaje, y décadas de estudios científicos han demostrado que pueden aprender, recordar e incluso enseñar a otras ciertas habilidades, lo que explica cómo han descubierto la forma de aprovecharse de nuestros errores y descuidos, sacando ventaja de cosas que, mientras para nosotros son basura, para ellas son sustanciosos alimentos.

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Antes, las gaviotas eran consideradas nuestras compañeras de tragedias y alegrías, y eran sagradas para algunas culturas en la antigüedad. Predecían las tragedias que ocurrían en el mar y lloraban por los marineros muertos. Anunciaban con su presencia la cercanía de tierra firme, e incluso controlaban las plagas, para lo cual se les construyó un monumento para rememorarlas. Ahora nos molestan y las odiamos por ser ruidosas y mancharlo todo a su paso. Actualmente, y a pesar de una larga y compleja historia de relaciones cercanas con el hombre desde tiempos remotos, su inteligencia supone un desafío a nuestro entendimiento del por qué y del cómo han llegado a ser lo que son hoy en día. Tal vez ésta es una oportunidad para entenderlas, viendo cómo se adaptan a nosotros y con nosotros, con esas magníficas alas, con esos elegantes plumajes, con esas posturas que denotan orgullo de lo que son: Aves monógamas y familiares, atentas y participativas en el cuidado de sus crías, socialmente implicadas y sobre todo, muy comunicativas tanto vocal como gestualmente.

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Sólo me queda decir que en el libro, Juan Salvador Gaviota se despidió con éstas palabras: “No creas lo que tus ojos te dicen. Solo muestran limitaciones. Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes, y hallarás la manera de poder volar mejor”. Tal vez, si si siguiéramos su consejo, si miráramos la vida con nuestro entendimiento en lugar de prejuicios, encontraríamos la forma correcta de interpretar la naturaleza y coexistir con ella.

Chapulín: Un saltamontes muy mexicano

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Se le conoce de muchas formas en la lengua española: Normalmente se le llama saltamontes o langosta, pero también en otros países se le llega a llamar saltón, cigarrón, cara de niño o alacrán cebollero; aunque los mexicanos siempre nos referimos a éste gracioso animalito como “Chapulín”, conservando con éste nombre un interesante legado de nuestros ancestros Nahuas que poblaron Mesoamérica.

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En efecto, la palabra “Chapulín” tiene su origen en la lenga Náhuatl y proviene de la palabra “Chapoli”, que define en sí al insecto. Dado que una gran cantidad de palabras Nahuas están compuestas de más de un vocablo, existen dos traducciones de la palabra. Son igualmente curiosas, pues ambas revelan la personalidad de éstos insectos: La primera propuesta sugiere que es una palabra compuesta por el vocablo “poloa”, que significa “destructor o devorador”, mientras que la segunda propuesta (y la más aceptada) sugiere y que se compone de dos vocablos distintos: “chapa” (que significa rebotar) y “olli” (que significa hule), por lo que la traducción literal sería “insecto que salta (como una pelota de) hule”. Sea cual sea la traducción correcta, posterior a la conquista de México, y bajo la influencia del idioma español, “chapoli” fue pronunciándose poco a poco como “chapolin”, llegando en algún momento de la historia al actual nombre “Chapulín”.

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Aún así, hay que aclarar que éste nombre se utiliza para definir a cualquiera de las especies de saltamontes o langostas que habitan en México y que suman cerca de 1,000 especies. No son tantas si consideramos que en todo el planeta existen unas 22,000 especies, agrupadas en el Orden Orthoptera (que incluye también a los grillos).

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Como su nombre lo indica, si hay algo que caracteriza a los chapulines es su capacidad de saltar, de comer mucho y en particular por cantar. Saltar es algo que se les da muy bien, y según un cuento tradicional Yaqui (pueblo indígena ubicado en el Estado de Sonora), los chapulines pueden saltar una distancia equivalente a once días y medio de caminata. Para lograr ejecutar tan poderosos saltos, estiran unos ligamentos llamados “apodemas” dentro de sus enormes patas posteriores, para que en el momento necesario sean liberados y salgan despedidos a gran velocidad para escapar del peligro. Sus patas no sólo sirven para saltar. Están recubiertas de espinas que utilizarán para defenderse, y en caso de que el depredador los llegara a atrapar, son capaces de sacrificar su extremidad para salir huyendo con las patas que les quedan. Como son “hemimetábolos” (sufren de varias metamorfosis antes de llegar a adultos), repondrán la pata perdida en la siguiente muda de piel.

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Comer es algo que también hacen bien, y algunas especies pueden llegar a ser verdaderas plagas cuando se presentan condiciones ambientales muy particulares (como una sequía), reuniéndose en inmensas cantidades hasta llegar a su fase adulta, adquiriendo unas poderosas alas y dedicándose a volar grandes distancias en busca de comida, arrasando con todo lo que encuentran a su paso. Afortunadamente esto es un fenómeno que ocurre en raras ocasiones, y si no fuera por sus cantos podrían perectamente pasar desapercibidos ante nuestros ojos.

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En realidad, los cantos no debrían ser llamados así porque ni los chapulines ni los grillos tienen voz. Los sonidos que producen son generados por el movimiento y fricción de alguna parte de su cuerpo, generalmente sus patas posteriores, su primer par de alas, sus antenas o alguna combinación de éstas, por lo que la palabra correcta para defiir los sonidos que producen es “estridular”. La estridulación es distinta para cada especie, y puede ser utilizada para definir un territorio o como método de defensa, aunque lo más común es que sean llamadas de apareamiento. Resulta curioso que la forma de “escucharse” sea igual de extraña, pues sus orejas se ubican en su abdómen o en sus patas anteriores. Supongo tener las orejas en las patas es una ventaja, ya que nosotros en ocasiones tenemos que poner nuestra mano sobre la oreja para agudizar nuestro sentido del oído. Aún así, no podremos escuchar a muchas especies, ya que éstas estridulan a niveles ultrasónicos e inaudibles para nosotros.

 p9070003b-copyright.jpgLo que sí recordamos todos los mexicanos son las canciones y las aventuras de quien fuera el grillo más famoso y adorado por los niños: Cri-Cri, “Un Grillito convertido en Señor”. Del mismo modo, el Chapulín Colorado es sin duda el chapulín más famoso y divertido, convertido en el super-héroe de pequeños y grandes. Faltaría mucho espacio para hablar del folklore que rodea a los saltamontes de todo el mundo, tan apreciados y en ocasiones, tan temidos. De alguna u otra forma, las diversas leyendas, historias, mitos y cuentos que existen, nos permiten tener una idea de la gran variedad e importancia de éstos insectos, quienes han formado parte de la vida espirtual, alimenticia y lúdica de los humanos a través de la historia. La próxima vez que vea un chapulín, obsérvelo respetuosamente. Disfrute con detenimiento de ese cuerpo tan extraño y perfecto antes de que decida irse “saltando como una pelota de hule”.

Conquistando la Tierra: Cactus y Suculentas

img_1787a-copyrightTexto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Aunque “los Cactus” son los más famosos, son tan solo una de 9 familias de plantas denominadas “Suculentas” y, que aunque algunas no están emparentadas entre sí y provienen de un linaje distinto, todas presentan la misma característica: La capacidad de sobrevivir a condiciones extremas de temperatura y a la poca disponibilidad de agua, engrosándose por dentro para almacenar agua. Su resistencia y adaptabilidad les permite estar presentes en prácticamente todos los rincones del planeta, desde las zonas tropicales hasta las zonas boreales.

img_0861a-copyright Las hay de todos tamaños y formas, desde ser tan pequeñas que parecen una piedrecita oculta en el suelo, hasta verdaderos árboles que dan una envidiable sombra. Todas ellas han evolucionado separadamente en casi todos los rincones del planeta, a través de un fenómeno conocido como “evolución convergente”, donde las condiciones geográficas y climáticas les han obligado a adaptarse de la mejor forma posible a su ambiente, obteniendo formas o características muy similares. Es como comparar a peces con ballenas, o aves con murciélagos: Ambos pares comparten el mismo hábitat, pero cada uno es a su vez muy diferente tanto “por dentro” como “por fuera”.

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Las espinas, arma y cobijo de una frágil planta

Las suculentas guardan importantes reservas de agua y nutrientes dentro de sí, y han perdido sus hojas como una estrategia para evitar secarse. En algunas especies las hojas están tan modificadas que parecen ser las mismas ramas de la planta, mientras que en otros casos se han convertido en espinas como en el caso de las cactáceas. Son sin duda su mejor arma para defenderse, al propiciar dolorosas heridas a quienes intentan morderlas o cortarlas. Sin embargo, en muchas especies las espinas tienen otra función de vital importancia: Dar sombra a su cuerpo carnoso y evitar el sobrecalentamiento por el sol abrasador. Sin embargo su adaptación va mas allá, pues cuando hay disponibilidad de agua (como en la temporada de lluvias) algunas suculentas pueden producir verdaderas hojas temporales para acelerar su crecimiento, y su cuerpo además (por así llamar al tallo de la planta), es capaz de engrosar rápidamente al funcionar como una “esponja” y almacenar así la mayor cantidad de agua posible. Es por eso que tras un largo período de sequía su tamaño y volúmen es mucho menor que el que tenían durante la última temporada de lluvias, que pudo ocurrir meses, años o incluso décadas atrás.

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Cada vez son más los aficionados a este tipo de plantas, cultivándolas con fervor, y confieso que me incluyo en su “lista de fans”. En cierta época del año florecen de una forma exhuberante y colorida, como una “fiesta en grande” tras una larga época de austeridad que puede superar los 10 años. Es tal su entrega a la floración que, algunas especies como los agaves y magueyes, mueren después, al agotar sus reservas de energía. La mayoría de las flores y frutos están específicamente destinados a “llamar la atención” de sus propios polinizadores o de sus dispersores de semillas, ya sea con colores u olores llamativos, coordinándose en algunos casos con la migración de murciélagos, o la presencia temporal de mamíferos o aves. Eso sí, sólo entregarán lo que quieren dar, por lo que si algún animal quiere “pasarse de listo”, descubrirá que todo lo que no son flores o frutos, incluyendo sus enormes reservas de agua están protegidas por una sustancia lechosa de sabor desagradable, que además les permite “sellar” sus heridas con gran rapidez.

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Por sus características, éstas plantas han sido aprovechadas por los humanos desde nuestros orígenes como sociedad. En el caso de las cactáceas, originarias del Continente Americano, probablemente el mejor ejemplo sean los nopales y los agaves, de los cuales existen pruebas arqueológicas que dan fe de la importancia de éstas plantas desde los orígenes de nuestra cultura, ya sea como alimento (como el nopal o la tuna), como materia prima (para obtener fibras o madera), en la medicina (como el aloe), como herramienta (utilizando las espinas como anzuelos), como arma (utilizando las espinas o un conjunto de ellas), como muros (sembrando barreras espinosas impenetrables) o para alterar los sentidos (el peyote). Además de haber conquistado el planeta, tambien han conquistado nuestros sentidos al utilizarlas como plantas de ornato, y por qué no decirlo, también nuestros paladares, al ofrecernos manjares dignos de reyes, y su delicada esencia líquida en forma de un delicioso tequila.

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Estas plantas conquistaron nuestros corazones, y al decir corazones me refiero al más sincero y desinteresado aprecio que tenemos hacia éstas plantas. No es casualidad que las suculentas sean comunes pobladores de nuestros balcones y terrazas, pues hasta el que tiene poco tiempo para atenderlas puede sentirse todo un experto cuidador. A su vez existen otras que son sólo dignas de un especialista, representando un verdadero reto por la gran cantidad de cuidados que requieren. Creo que es la admiración que nos causa su modesta forma de vida y a la vez su sobervia apariencia, lo que hace que hasta el corazón más duro, y el corazón más frío detenga su palpitar al ver sus caprichosas formas, al olfatear su aroma y al tocarlas con suavidad. Tal vez sea que nos identificamos con ellas de alguna manera: Algunos somos discretos y conservadores, mientras que otros preferimos llamar la atención. Algunos tenemos espinas para defendernos, y otros entregamos nuestra vida misma para asegurarle la vida a nuestros descendientes. ¿Y Usted, con qué suculenta se identifica?

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Orugas: fascinantemente extrañas

img_8076b-copyrightTexto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Cuando el médico me dio su diagnóstico, por un momento me quedé pasmado: “Usted sufre de pápulas eritemato-edematosas muy pruriginosas de características evanescentes”. Dicho en palabras mundanas, tenía muchas ronchas en el brazo y me daban una comezón incontrolable, causadas por la picadura de una oruga que rocé accidentalmente mientras caminaba en la selva. Se trataba de una de aquellas orugas “peludas” de las que todos procuramos mantenernos alejados y que acertadamente son conocidas como “gusanos quemadores”. Mientras las mariposas figuran entre los seres más bellos y simpáticos de la naturaleza, sus formas inmaduras, conocidas comúnmente como orugas o gusanos, son todo menos apreciadas o admiradas. Con algunas excepciones, se les considera una plaga o al menos se les señala como seres indeseados debido a su voracidad al alimentarse de las plantas, sin ningún otro interés aparente. Cuando mi esposa se enteró que pretendía escribir sobre las orugas, insistió que no lo hiciera porque las considera “soberanamente aburridas y poco interesantes”, al grado de utilizar el término “orugante” para definir el aburrimiento máximo.

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Probablemente tenga razón, pero a mí me parecen fascinantes por esa gran variedad de formas, colores y hábitos tan variados, pero sobre todo por esa vida secreta que llevan por dentro y que llegada su hora les permitirá transformarse en unos hermosos seres de alas multicolores y tornasoladas que tanto admiramos. Por ello las mariposas y polillas, en su etapa de regordetes juveniles, merecen ser apreciadas desde un punto de vista diferente al tradicional. ¿Sabía, por ejemplo, que algunas orugas llegan a crecer hasta 20 veces su tamaño al nacer, consumiendo hasta 27 mil veces su propio peso, y que hay orugas cazadoras-carnívoras que devoran otros insectos?, ¿Sabía que su cuerpo tiene 3 secciones como cualquier insecto: cabeza, tórax y abdomen, aunque por su gordura aparentan tener sólo un un abdomen con cabeza? A diferencia de los 5 ojos y las 6 patas que tienen todos los insectos, las orugas tienen 12 ojos y 16 patas, de los cuales los 7 ojos y las 10 patas sobrantes desaparecerán al convertirse en adultos.

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Durante el tiempo que viven como orugas (alrededor de 4 semanas) sólo tienen que preocuparse por comer, y como crecen tan rápido deben “mudar” de piel cada semana, pudiendo cambiar radicalmente su forma y color en cada muda, debido en parte a su vulnerabilidad y a lo apetitosas que pueden llegar a ser para sus depredadores. Para protegerse han tenido que desarrollar técnicas de defensa y camuflaje extremadamente originales, que van desde aparentar ser un excremento de ave (que por cierto lo hacen muy bien), o construirse una “concha protectora” hecha a base de seda y trocitos de madera, hasta simular ser un palo seco. Algunas en cambio han desarrollado llamativos colores de advertencia o emiten un olor sumamente desagradable cuando se les molesta, y muchas otras se han cubierto con espinas tóxicas para volverse “intocables”. Y hablando de ésas orugas cubiertas de pelitos irritantes, la reacción física ocasionada por su picadura se define con el término médico de “erucismo”, que proviene del latín eruca (polilla), ya que la mayoría de las larvas de polilla los tienen, y mi consejo es mejor no tocarlas.

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En cuanto a la cuestión de si las orugas son interesantes o no para la ciencia, resultan ser de mayor utilidad de lo que podría esperarse, ya que tienen un interés sorprendente, principalmente médico y veterinario. Esto es en gran parte gracias a que absorben los componentes de las plantas de las que se alimentan, que los científicos pueden detectar mediante técnicas tan originales como estudiar a las orugas mismas o analizar sus “caquitas”. Por ejemplo, se están investigando las propiedades de una oruga que vive bajo tierra en el Tíbet y que se cree podría contribuir a la creación de nuevos medicamentos para el asma, la diabetes, la artritis reumatoide, las enfermedades cardiovasculares y hasta el cáncer, gracias a su aparente capacidad de mejorar el sistema inmunitario.

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Para terminar con éste pequeño tributo a las orugas mencionaré al gusano de seda (Bombyx mori), probablemente la oruga más famosa de la historia y creadora de magníficos ropajes que han vestido al ser humano desde hace más de 5,500 años. Antes de convertirse en polilla y para protegerse del clima y de sus depredadores, teje alrededor de sí mismo su capullo con un único hilo de hasta 900 metros de largo, que luego es hilado cuidadosamente por los artesanos. Estudiando al gusano de seda se descubrieron unas hormonas que regulan el desarrollo de los insectos, lo que ha permitido la creación de insecticidas de nueva generación, mucho menos agresivos y tóxicos para el medio ambiente y el ser humano, que actualmente se utilizan ampliamente en animales de granja y algunas mascotas para el control de numerosos parásitos externos como garrapatas, pulgas, etc.

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Orugas y gusanos los hay por doquier, tanto buenos como malos, y lo mismo ocurre con las personas. Como se que es muy probable que no cambie de parecer respecto a las orugas, cito al libro -El Principito-, que dice: “Tendré que soportar dos o tres orugas si quiero conocer a las mariposas”. Esto significa, en sentido figurado, que como ocurre con las personas desagradables, no nos queda más que aguantarlas, pues a final de cuentas, después de las orugas llegarán las mariposas.

¡Que vivan los Hongos!

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Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena, Fotografías por Ricardo Nieto y Oscar Aranda.

La mayor parte del tiempo resultan inadvertidos por la mayoría de nosotros, excepto cuando compramos sus frutos para cocinar, o cuando descubrimos en nuestro refrigerador una olvidada, desagradable y colorida masa esponjosa que en algún momento era un delicioso manjar. De todas formas están siempre por doquier, viviendo discretamente sobre las plantas, nuestra comida, muebles, ropa y hasta en nuestro cuerpo. De hecho, para que se haga una idea de su diversidad, se estima que existen alrededor de 1.5 millones de especies de hongos en el mundo, de las cuales el 95% de ellas permanecen sin describir, y por ende sin conocer sus posibles propiedades.

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Cuando las lluvias han sido lo suficientemente abundantes para permitir que la tierra se mantenga húmeda, es la mejor época para darnos cuenta que los hongos están en cualquier parte, siendo sus frutos los que permiten que éstos misteriosos organismos perduren y se reproduzcan. Como el Reino Fungi es bastante particular, realizaremos un corto recorrido por sus partes y cómo funcionan. Para empezar, no están emparentados con las plantas. Los hongos o setas son en realidad los frutos, en los que las esporas equivalen a sus semillas. Los organismos que producen éstos frutos son conocidos como micelios; masas de textura algodonosa cuyos cuerpos son formados por un complejo sistema de filamentos que se fijan a un sustrato a través de las hifas (que equivalen a las raíces de las plantas) y se extienden por el suelo o cualquier tipo de materia orgánica. Para alimentarse, las hifas liberan enzimas sobre el sustrato en el que se encuentran, descomponiéndolas o modificándolas para facilitar la absorción de sus nutrientes.

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Es así como los llamados hongos son parte esencial del planeta Tierra, participando directamente en los procesos de formación de los suelos y el flujo de nutrientes, pero sobre todo, los elementos que permiten que los bosques, y en particular los árboles, puedan absorber los nutrientes necesarios para sobrevivir, a través de las micorrizas, que no son otra cosas que una asociación de los hongos con las raíces de los árboles. Sin ellos además, no tendríamos la cerveza, ni el vino, ni el pan, ni los quesos… todo gracias a unos hongos microscópicos conocidos como levaduras, tampoco tendríamos antibióticos, y ni siquiera mencionaré su importancia cultural, que sin ellos éste mundo no sería el mismo.

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Pero haciendo a un lado sus maravillosas funciones, hablaremos de la increíble diversidad de hongos que podemos encontrar en nuestros jardines, árboles, selvas y bosques. Tal vez lo primero que viene a nuestra mente es aquel hongo con forma de sombrilla color rojo intenso, espolvoreado con motitas blancas en su parte superior, mismo al que ni siquiera nos atrevemos a tocar porque siempre se nos ha dicho que es venenoso y mortal con apenas tocarlo. Se trata de un hongo llamado Amanita muscaria común en los bosques de pino y, contrario a lo que se cree, si se le consume puede ocasionar trastornos intestinales y alteraciones nerviosas, pero nada más. De hecho, hay muchos invertebrados que lo comen como parte de su dieta natural. Su nombre científico se refiere al poder que tiene de atraer a las moscas, y al igual que muchos tipos de hongos con poderes alucinógenos, es muy utilizado en rituales chamánicos por pueblos indígenas de muchas partes del mundo.

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Otros hongos muy comunes en las ciudades son los que crecen en la madera de los árboles y palos, conocidos como “orejas de palo”. Tienen forma de repisa y algunas especies pueden alcanzar un considerable tamaño. Aunque no son comestibles y a pesar de su feo aspecto, son especies de gran utilidad para el medio ambiente, ayudando a degradar la madera muerta, facilitando a los insectos su colonización.

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Si bien estamos acostumbrados a consumir los famosos champiñones o las setas que se venden en el supermercado, existe una gran cantidad de hongos comestibles, pero como es difícil distinguir entre los comestibles, no comestibles y tóxicos, le recomiendo que se limite a comprar los que se le venden en el mercado y no colectar lo que se encuentre en el bosque. Los hay de gran variedad de sabores y aromas exóticos, así que le recomiendo que visite su mercado local y pruebe aquellas especies poco comerciales.

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Así como ocurre con las plantas, insectos y animales, también existen hongos que en algún momento pueden ser perjudiciales para la industria, para el medio ambiente o para nuestra salud, por lo que la higiene y vivir en lugares ventilados son nuestros mejores escudo para evitar que nos causen problemas. Me gusta pensar que aunque algunos los padecemos, también los disfrutamos, y mucho. No sólo gastronómicamente, sino visualmente y ambientalmente. No se olvide que aunque no los vemos, siempre están ahí, formando parte de nuestras vidas y de nuestro planeta. ¡Que vivan los hongos!

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¡Una mosca en mi sopa!

 

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Uno de los más comunes y desagradables insectos es también un compañero obligado de nuestra vida diaria. Por más que nos esforcemos en evitarlo, siempre habrá una mosca rondando nuestros alimentos, dispuesta a retar nuestra capacidad de eliminarla, anticipándose a nuestros movimientos… He aquí la verdad sobre las moscas caseras.

Moscas para todos los disgustos

Las hay negras, verdes o azules; pequeñas, medianas y grandes; y cada una de ellas tiene preferencias por alimentarse desde las sustancias más puras y dulces hasta las carnes más pútridas y las heces fecales. Lo cierto es que hay más tipos de moscas que de mamíferos en el mundo, ya que en sí, la palabra “mosca” incluye a todos los bichos de dos alas. Para nosotros, en la vida diaria, ésta palabra se utiliza para describir a poco más de 30 especies, con las que estamos obligados a convivir desde el momento de nuestro nacimiento, pues aunque algunos lo nieguen, hasta en la casa más limpia existen moscas.

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Moscas con buen “gusto”

Con un excelente sentido del olfato, no pasan unos minutos para que alguna mosca llegue a posarse por igual en un plato de comida recién cocinada como en un animal muerto, pues contrario a lo que se cree, las moscas se sienten igualmente atraídas por alimentos frescos, sean cocidos o crudos. Para nuestra desgracia, son los animales más rápidos en encontrar su comida, así que por hambre no sufrirán.

Una de las cualidades de las moscas es su desarrollado sentido del gusto, ya que perciben el sabor no solamente con la boca, sino también con la punta de las patas. Una mosca que está paseándose por nuestra mesa a la hora de la comida, se da cuenta inmediatamente si camina sobre una mancha de algo dulce simplemente con pisarla; lo que es muy conveniente para un bicho acostumbrado a recoger su alimento del suelo.

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Venciendo al matamoscas

¿Cuánta rabia no has sentido al intentar matar una mosca y observar cómo ésta escapa tranquilamente? Pareciera que éstas pueden “leer” nuestras mentes, anticipándose a nuestros movimientos, lo que no está muy lejos de la realidad. Una mosca tiene un sistema nervioso altamente sofisticado, que le permite reaccionar a nuestros movimientos, prácticamente en el mismo momento que los iniciamos.

Sus ojos se cuentan como unos de los más complejos del mundo de los insectos, compuestos por múltiples lentes individuales, con visión periférica. Además, sus cuerpos están cubiertos por pequeños pelos sensibles a la presión, los cuales les permiten saber exactamente de dónde viene la amenaza. La combinación de éstas cualidades les permiten ajustar la posición de sus patas y “establecer” una ruta de escape, todo en apenas 200 milisegundos, mucho antes que seamos concientes de su audaz huida.

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Tecnología del vuelo

Una de las razones por las que las moscas son tan buenas voladoras es el diseño de sus alas, que ha inspirado a los ingenieros de la aeronáutica y podríamos llamar perfectamente una tecnología de “vuelo de mosca”. Contando en realidad con 2 pares de alas, sólo un par es visible, ya que el otro par es muy pequeño y se ha modificado en órganos estabilizadores de vuelo, denominados balancines. Si imaginamos el movimiento de las alas (de arriba hacia abajo), éstas al moverse forzarían al resto de su cuerpo a moverse en sentido contrario, como ocurre con las mariposas al volar. Dichos balancines se mueven simultáneamente y de forma contraria, manteniendo el cuerpo de la mosca estable y fijo, lo que es comparable al movimiento de nuestros brazos al caminar (intenta caminar sin moverlos y verás lo que sucede).

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Amigas y villanas

Consideradas plagas indeseables por transmitir gran cantidad de enfermedades a los humanos y su asombrosa rapidez para multiplicarse (una mosca adulta puede depositar hasta 500 huevos en su vida -que dura un par de semanas-, y cada uno de sus huevos completar su ciclo vital en unos pocos días), la realidad es que el planeta no funcionaría sin estos indeseados bichos.

Encargadas del reciclaje de los desechos de origen animal y vegetal, su trabajo resulta ser un proceso esencial para la permanencia de la vida en la tierra, al eliminar los cadáveres y la materia en descomposición en cuestión de días, devolviéndolos en forma de nutrientes a la tierra. Son también necesarias como alimento de una incontable cantidad de aves, anfibios y reptiles, murciélagos, arañas e insectos, y en realidad tienen también una participación importante en el proceso de polinización de las flores.

¿Vivir con ellas, o sin ellas? He ahí el dilema… Sin las moscas, nuestro mundo estaría hundido en un mar de desechos pestilentes, enfermedades y plagas mucho peores que las mismas moscas.

¡Propongo un brindis por las moscas, y una plegaria para que no entren a nuestras casas y nos dejen en paz!

 

El Pulpo, único e inspirador

P8190016a copyright.jpgTexto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Yo era una persona que adoraba comer pulpo y su sabor me encantaba, hasta que tuve la oportunidad de encontrarme cara a cara con uno, en su hábitat libre, e interactuar con él. A partir de entonces no lo he vuelto a probar, y no sería capaz de volverme a comer a un ser tan inteligente e incomprendido como él.

Nuestro encuentro ocurrió hace ya mucho tiempo, mientras hacía un censo de fauna marina, a unos 15 metros bajo la superficie, en las Islas Marietas. Buscaba unos pequeños peces que viven en el interior de conchas vacías, cuando de pronto me topé de frente con un pulpo (Octopus sp.), escondido tímidamente en una cavidad. Como había muchas corrientes, me había sostenido de una roca y no lo habría visto si no fuera porque intentó robarme el lápiz con el que tomaba notas. Era tal su curiosidad que decidió dejar su guarida para salir a examinar mi tableta de PVC y el lápiz que tenía atado a ella. Quedé tan sorprendido de su capacidad para manipular el lápiz, y de su fuerza con la que tiraba que pasaron varios minutos que dediqué segundo a segundo, a disfrutar y jugar con él. Fue muy divertido, aunque debo reconocer que me costó recuperar mi lápiz, y por supuesto la concentración, ya que no podía olvidar su mirada inquisitiva, como de un ser consciente de sí mismo y de su alrededor. Desde entonces me quedó muy claro que los pulpos son más inteligentes de lo que creemos, y me di a la tarea de investigar más sobre ellos. Mientras más leía más descubría que así como yo, había muchas personas, incluyendo científicos que quedaban cautivados e igualmente intrigados por cómo un molusco podría ser capaz de realizar acciones tan complejas, equivalentes a las que realiza un chimpancé o un delfín.

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¿Cómo puede ser que un animal invertebrado pariente de caracoles y almejas pueda tener tal inteligencia? La repuesta no ha sido nada sencilla, y los científicos se han topado con un animal necio al que no le gusta cooperar. Sabotea las pruebas y escapa de su confinamiento, llevando al límite la paciencia de quienes intentan estudiarlo. Al parecer, el problema radica en que no puede ser estudiado a través de métodos convencionales, ni tampoco puede ser interpretado con los mismos fundamentos que se utilizan en otros animales, ya que su inteligencia (el procesamiento de sus pensamientos) se lleva a cabo de una forma totalmente distinta a la nuestra, pues además de tener una historia evolutiva de más de 500 millones de años, posee el cerebro más grande de todos los invertebrados (y de algunos peces y anfibios), y dos terceras partes de su sistema nervioso se encuentran situadas en sus tentáculos.

Aristóteles, el padre de la biología calificó a éste cefalópodo como “una criatura estúpida”, cosa que no me sorprende considerando el escaso conocimiento que se tenía en aquel entonces sobre la inteligencia de los seres vivos, hace unos 2,360 años. Ahora en cambio, se sabe que la organización de su sistema nervioso es más sofisticada que en otros animales, ya que en el pulpo se realiza el procesamiento de la información de forma paralela entre su cerebro y sus tentáculos, lo que significa que sus tentáculos pueden hacer ciertas tareas mientras su cerebro se concentra en otras. Actualmente se ha concluido que los pulpos pueden ser zurdos o diestros, prefiriendo utilizar alguno de sus dos ojos para centrar su atención, siendo capaces de utilizar herramientas, tal como lo hace un reducido número de vertebrados, y tienen la asombrosa capacidad de recordar y aprender, aplicando sus experiencias anteriores para resolver nuevas tareas.

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¿Era acaso, el pulpo que conocí, capaz de reconocerme? Ahora se sabe que sí, que son capaces de identificarnos como individuos, y aquellos pulpos que conviven regularmente con seres humanos se comportan de forma distinta entre aquellos en quienes confían y los desconocidos. ¡Hay tanto que aprender de ellos! Nosotros somos los más inteligentes en el mundo de los vertebrados, y sin duda los pulpos son nuestro equivalente en el mundo de los invertebrados. Probablemente no exista otro animal tan distinto a nosotros y a la vez tan parecido, y es una lastima que éstos increíbles animales sean vistos sólo como una fuente de alimento.

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Finalmente, vale la pena reflexionar sobre el futuro de los pulpos, que desafortunadamente no es muy prometedor. En primer lugar, y como ocurre con las pesquerías en general, sus poblaciones están sobreexplotadas en todo el mundo. En segundo lugar, porque tienen sangre azul, que es otra de sus rarezas. A diferencia de la sangre humana rica en hierro, la de los pulpos está hecha a base de cobre, que es más eficiente en el transporte de oxígeno cuando la temperatura del agua es muy baja y no hay mucho oxígeno alrededor. Desafortunadamente, ésta curiosidad los hace extremadamente sensibles a los cambios en la acidez del agua, ya que en aguas más ácidas no son capaces de asimilar el oxígeno y mueren asfixiados. Una de las consecuencias del cambio climático es la acidificación oceánica que va en constante aumento, lo que pone su futuro en riesgo. A veces no basta la inteligencia para sobrevivir, y no me refiero a los pulpos. Tal como les puede ocurrir a ellos, tarde o temprano también nos ocurrirá a nosotros. Irónico, ¿no lo cree?