Las aves de la noche

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda

La fascinación que los seres humanos han tenido por las aves data desde nuestros mismos orígenes, debido principalmente a lo que han representado para nosotros: su libertad y esa gran diversidad de colores, formas y cantos que les caracteriza. Sin embargo, hay algunas aves que al mismo tiempo han despertado un temor y desconfianza tan profundos que han perdurado a través de los tiempos, cimentando leyendas, mitos e historias inverosímiles y falsas (leer “El misterioso chotacabras”).

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Se trata de aquellas aves que por sus hábitos, se mueven sigilosamente bajo el cobijo de la oscuridad. Les llaman búhos y lechuzas, aunque en México se les llama tecolotes. La palabra tecolote deriva del vocablo náhuatl tecolotl, que significa “pico doblado”; una observación muy acertada, ya que éstas aves tienen el pico curvado hacia adentro.

El Orden Strigiformes (que significa “con forma de búho”), es un Orden que abarca dos familias de aves (Strigidae y Tytonidae), que reúnen a unas 250 especies distintas, distribuidas por todo el mundo excepto algunas islas y la Antártida, de las que en México encontramos 34 especies. Pero el vocablo latino “strix”, que significa “búho o lechuza” tiene un pasado sorprendentemente interesante que nos puede ayudar a comprender el origen de esos mitos que perduran en la actualidad, ya que antiguamente era la palabra que se utilizaba para describir su misterioso llamado. Ya en el siglo I, la lechuza era “un ave de mal agüero, que vuela de noche, y en lugar de cantar rechina”, y mucho antes ya se le denominaba “ave vampírica”, relacionándola con brujas y seres demoníacos. En la Edad Media se creía además que gustaba de echarse encima de bebés lactantes para darles de mamar leche, y de ahí viene el nombre “lechuza”.

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Pero, ¿por qué provocan tanto temor? Las menciones míticas más antiguas datan de hace unos tres mil años, que desde entonces han sido aumentadas y renovadas por nuestra vasta y a veces retorcida imaginación humana. La razón por la que abundan tantas creencias no debería sorprendernos, pues en general, y desde que somos niños hasta que llegamos a la adultez, solemos temer a los seres que van libres rondando por ahí, protegidos por la noche que esconde cosas que no vemos ni podemos controlar.

Más allá de su preferencia por la ausencia de luz, hay que recalcar que sus características físicas han jugado un papel muy importante: Tanto búhos como lechuzas tienen grandes y brillantes ojos, y que éstos además, están orientados hacia el frente, tal como nosotros. Sus rostros además nos recuerdan a una cara humana por ser ovales y tener un pico que asemeja una nariz. Algunos búhos tienen además unas plumas modificadas en su cabeza que parecen orejas o cuernos, pero sobre todo, tienen un llamado similar a un lamento humano que de noche provocan mucho miedo. Para resumir: Tienen los ingredientes perfectos para crear ¡una historia de terror!

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Los mexicanos los consideran aves de mal agüero y mensajeros de la muerte. Son creencias heredadas de nuestros ancestros mesoamericanos tan arraigadas, que aún se escucha a los campesinos decir: “cuando el tecolote canta, el indio muere”.

Sin embargo, también se les han atribuido poderes y cualidades positivas, como que brindan a los humanos protección y ayuda en la oscuridad, y han sido asociados a la sabiduría, la medicina y la legalidad. En sentido místico, se ha considerado que representa a Cristo, al no temerle a la oscuridad y salvar a quienes pierden el camino, guiándolos hacia la luz.

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Tristemente, aún hay personas que por ignorancia les matan en la primera oportunidad. Está claro que por algo éstas aves prefieren evitar a los humanos, viviendo en la oscuridad y el anonimato. Deberíamos de aprender un poco de ellas, y aplicar en nuestras vidas un poquito de su filosofía: Ser discretos y prudentes. ¡Vivan las aves de la noche!

 

 

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Los graciosos nombres de la naturaleza

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

¿Sabía Usted que hay una polilla que se llama “Donald Trump”?

Estoy seguro que si ésa polilla comprendiera el significado de su nombre, haría todo lo posible por dejar de llamarse “Neopalpa donaldtrumpi”, nombrada así por sus descubridores debido a que tiene sobre su cabeza unas rubias escamas que se asemejan al cabello de éste controvertido e incómodo personaje. Como le ha ocurrido a ésa pequeña y desafortunada mariposa nocturna, seguramente usted conoce a alguien que desearía también cambiar su nombre, ya sea porque es feo, muy largo o simplemente porque es difícil de pronunciar o recordar. Afortunadamente, los seres humanos tenemos la ventaja de poseer, además de nuestro nombre de pila, un bonito nombre científico (Homo sapiens), mismo que confieso creer que algunos humanos no merecemos.

 

Un nombre científico es todo menos aburrido

 El nombre común que le damos a un mismo animal o planta puede variar enormemente entre regiones. Es así como en el idioma español, a las libélulas se les conoce con más de 35 nombres, incluyendo “caballito del diablo”, “fosforito”, “matapiojos” o el extraño nombre “chupajeringas”. Si tuviéramos en cuenta otros idiomas y dialectos, seguramente sumaríamos cientos de nombres distintos para éstos animales que se distribuyen por todo el mundo.

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Llamar “libélula” a las 6,000 especies que conforman ese grupo sería una tarea caótica e imposible para los científicos y taxónomos. Es por ello que el nombre científico es tan importante, pues es único como una huella digital y permite reconocer, por citar un ejemplo hipotético, a ese microscópico bicho que crece sobre un parásito que habita en el oído derecho del treparriscos europeo y que nadie hasta la fecha se ha preocupado por otorgarle un nombre común.

Así fue, más o menos, como el biólogo Linneo solucionó el problema en 1758, creando lo que se denomina “nomenclatura binomial”. Un buen ejemplo es la lombriz de tierra, a la que decidió llamar con dos palabras en latín: Lombricus terrestris, un nombre simple y descriptivo que define quién es y dónde vive.

La regla es, que no hay reglas

Se supone que las reglas sobre la nomenclatura científica exigen que un nombre científico tenga tres características: Que sea compacto, eufónico (que suene bien) y memorable. El resto depende de la imaginación de quien propone el nombre. Aún así, existen nombres tan complicados como el de la mosca Prolasioptera aeschynanthusperottetii, compuesto por 36 letras, o el nombre más largo que existe hasta la fecha otorgado también a una mosca: Parastratiosphecomyia stratiosphecomyioides. ¿Alguien me puede explicar dónde está lo “compacto, eufónico y memorable”? Cuando mucho, serían nombres ¡irrepetibles!

En general y tradicionalmente, un nombre científico está compuesto por una combinación de palabras de origen griego o latín, lo que significa que al ser traducidas pueden tener un significado totalmente distinto, que puede resultar por demás interesante, curioso, divertido y sugerente. Por poner un ejemplo, está la mosca azul de la carne. Ese enorme moscardón de un hermoso color azul metálico y que adora la carne putrefacta, lleva como nombre científico “Calliphora vomitoria”, que formado por vocablos griegos, se traduce como “el portador de belleza que produce náuseas”.

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La imaginación de los científicos no conoce ni épocas, ni fronteras, ni política o religión, y ni siquiera el mismo Linneo pudo evitar la tentación, aunque siempre conservó su estilo conservador: A un molusco bivalvo lo llamó “arca de Noé” (Arca noae) por su curiosa forma de barco. En Europa, Asia y África existe un ave extremadamente popular, con un copete característico y un canto distintivo que le ha hecho famosa y objeto de adoración por muchas culturas a través de los tiempos. A la “abubilla” (como se le conoce en España) se le nombraba en latín “upupa” y en griego “epops”, por lo que Linneo decidió nombrarla Upupa epops, como homenaje a los dos idiomas clásicos de la antigüedad, donde ambos hacen mención al distintivo sonido que produce ésta graciosa ave.

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Las palabras totalmente nuevas están a la orden del día, como para rendir honor a algún personaje histórico (p. ej. Una polilla llamada Leonardo davincii), o para reconocer a un patrocinador (p. ej. Roberthoffstetteria nationalgeographica), y por qué no, a un artista musical del pop (p. ej. Un fósil llamado Mesoparapylocheles michaeljacksoni). También suelen hacer referencia al origen geográfico de la especie, como ocurrió con una magnolia recientemente descubierta y que es endémica de las selvas vallartenses, llamada Magnolia vallartensis.

La tentación puede ser incontrolable cuando el taxónomo es un fanático de la saga “Star Wars” y de forma caprichosa decide nombrar a tres avispas como sus personajes favoritos Yoda, Chewbacca y Darth Vader: (Polemistus yoda, P. chewbacca y P. vaderi).

Para los taxónomos, el simple hecho de saber que tienen un poder casi ilimitado para crear nombres, les hace utilizar un sentido del humor cada vez más “rebuscado”. Así ocurrió con un género de polillas denominado “La”, por lo que tres especies fueron llamadas La cucaracha, La paloma y La cerveza. Esto no es broma, es real y éstos animales existen de verdad. ¿En qué estarían pensando sus descubridores?, ¿en canciones, tal vez?

Otras exitosas y taquilleras sagas que también tienen ya su presencia en la nomenclatura científica son “El Señor de los Anillos” (como el escarabajo Pericompsus bilbo, la ameba Arcella gandalfi y el insecto cavernícola Gollumjapyx smeagol). “Harry Potter” no se ha quedado atrás con una gran cantidad de especies que hacen referencia a sus personajes (como la avispa Ampulex dementor, o la araña Eriovixia gryffindori). No podemos dejar a un lado a personajes de películas ya clásicas como “Batman” (representado por el pez Otocinclus batmani) y “Terminator” (representado por el escarabajo Agra schwarzeneggeri y por la araña Hortipes terminator).

 

Los nombres comunes más extraños

Aunque algunos nombres pueden ser extremadamente sencillos e inocentes como “ave del paraíso”, un largo historial de mitos y falsas creencias nos han hecho bautizar a plantas o animales con extraños nombres como el ave “chotacabras” o las plantas “hinchahuevos” y “matamuchachos”. Tal es el caso de la planta urticantemala mujer” (Solanum rostratum), cuyo nombre hace referencia al intenso dolor que causa cuando apenas se le toca. ¿Sería machista aquel que pensó en ese nombre? Yo creo que esa planta no es tan mala, sino que sólo intenta protegerse, tal como lo haría cualquier mujer que se sintera en peligro.

Están también los nombres que se han dado a seres que tienen algún parecido a “algo más”, como el famoso “tiburón martillo”, la medusahuevo frito” o la plantalagaña de perro”. Como ejemplo puedo mencionar al famoso hongofalo hediondo” (Phallus impudicus), cuya similitud al órgano sexual masculino ha sido desde hace siglos, motivo de repulsión y controversia puritana, llamándosele actualmente “velo de novia”.

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Un nombre correcto puede salvar vidas

Sean nombres comunes o científicos, está comprobado que aquellos animales cuyos nombres son desagradables y negativos tienen menos posibilidades de ser respetados o protegidos, y esos “malos nombres” tienen un en muchas ocasiones un origen erróneo derivado de malos juicios. Tal es el caso de la “ballena asesina”. En las últimas décadas se ha hecho un gran esfuerzo por dejar de llamar así a las orcas, ya que no son ni ballenas, ni tampoco asesinas. Por culpa de ese nombre, durante décadas fueron vistas como temidos seres malvados y diabólicos.

Es probable que al escuchar hablar de la tortuga “mata-mata” pueda pensar que es una tortuga mortalmente agresiva, aunque en realidad sea totalmente inofensiva. Ahora piense en el “panda”, ese tierno oso bicolor al que todos quieren proteger. Si alguien le hubiese llamado “oso mata-bambú”, seguramente ése no sería un animal tan popular. El uso inteligente de los nombres es una herramienta que ahora los científicos intentan llevar a favor de los animales.

Recientemente, en Madagascar, un caracol fue descubierto en una montaña propiedad de una empresa cementera internacional. Al vivir únicamente ahí, y temiendo su extinción, sus descubridores le dieron el nombre de la empresa cementera Charopa lafargei con la esperanza de persuadir a la empresa LafargeHolcim a proteger a la especie. Si la especie llega a extinguirse, su nombre perdurará por siempre, acusando a la corporación que lo hizo desaparecer.

Como ocurrió con la polilla Donald Trump, espero que su nombre le sea útil para sobrevivir, como por ejemplo para causar lástima y se le de protección piadosa por llevar un tupé inocentemente “donaldtrumpesco”.

Creo que si yo descubriera algún misterioso, peligroso, torpe y desagradable parásito, pensaría en un nombre que además de hacer alusión clara a su personalidad, intentaría crear con ese nombre el mayor interés posible, para hacer que la ciencia investigue incansablemente sobre él, dónde vive, de dónde viene, qué come y cómo erradicarlo del planeta. Yo le llamaría Donaldtrump covfeferi. ¿Usted, qué nombre le pondría?

Los Grillos, compañeros de sueños

Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

¡Vaya bichos tan singulares! Nos brindan música de fondo mientras cenamos, charlamos, tomamos un paseo nocturno o mientras dormimos, sin importarles las condiciones climáticas o nuestra condición social. Acompañantes fieles desde los orígenes de nuestra sociedad, son parte importante del folklore popular en todo el planeta, protagonistas de innumerables historias, cuentos y leyendas.

El realidad, el nombre grillo se deriva del latín gryllo. Proviene de la palabra “gryllare” (grillar), que refiere a los sonidos que producen, definidos desde entonces como “Gry, gry”. Para los mexicanos contemporáneos, éste sonido se define mejor como un “cri, cri”, que dio lugar al nombre del grillo más famoso en los cuentos infantiles en México, creado por un genio de la creatividad, Don Francisco Gabilondo Soler.

En realidad, los grillos no tienen voz y los sonidos que producen son generados por el movimiento y fricción entre las salientes de sus patas posteriores y su primer par de alas (tienen 2 pares), mismo que se ha endurecido y modificado en sus bordes no sólo para producir sino también para amplificar y transmitir ese sonido tan peculiar e intenso, cuyo nombre correcto es “estridulación”. Según se cree, fue el primer sonido producido por animales terrestres para comunicarse desde su aparición en la tierra; un sonido que es compartido entre la mayoría de los ortópteros (grillos, saltamontes y afines).

Considerado por muchos como un sonido monótono, en realidad suele ser poco molesto y bien tolerado por los humanos, aunque no falta aquel grillo que decida cantar al pie de tu cama para no dejarte dormir, firmando en ocasiones y sin saberlo, su desafortunada condena a muerte. El canto de los grillos es un privilegio casi exclusivo para los machos, quienes emiten estos sonidos para atraer a las hembras. Fueron comúnmente utilizados en la antigua China como apreciadas mascotas, donde eran mantenidos en jaulas pequeñas diseñadas especialmente para ello en bambú y oro, para que ambientaran las habitaciones, y en algunos sitios se les sigue vendiendo como curiosidades tradicionales. Las hembras por su parte son totalmente silenciosas, generalmente más grandes que los machos y en ocasiones carecen de alas. Si bien los grillos no tienen voz como tal, tampoco tienen oídos, por lo que para escuchar han desarrollado unas delgadas membranas que hacen la función de un tímpano, generalmente ubicadas en el abdómen o en sus patas anteriores, que junto con una serie de vellos que la recubren, son capaces de percibir tanto a sus depredadores como distinguir los mejores y sincrónicos cantos, una herramienta muy útil para las hembras a la hora de elegir a su tenor o varítono.

Tal vez una de las mayores curiosidades de los grillos es que pueden ser utilizados como una eficaz forma de conocer la temperatura ambiental. Utilizando una relación matemática creada en 1889 por un físico suizo, a partir de observaciones con un grillo de los árboles Oecanthus fultoni, los científicos lograron comprobar que es posible determinar con exactitud la temperatura ambiental, ya que por ser animales que no son capaces de regular la temperatura de su cuerpo, su metabolismo varía de acuerdo a la temperatura ambiental, modificando la frecuencia de sus sonidos. Así, la temperatura a la que comienzan a cantar es 15°C, y comenzarán a cantar más rápido conforme aumenta la temperatura. Si es usted una persona curiosa, haga la prueba y utilice ésta fórmula:

 (Cpm/5)-9 = T

Cpm = cantos por minuto y T = temperatura en grados Celsius

Con alrededor de 22 mil especies distintas, los Ortópteros (Orden Orthoptera) son habitantes comunes de casi todos los hábitats templados y tropicales del planeta, aunque sólo un puñado de especies son comúnmente reconocidas al verlas. Con tal variedad, y considerando que éstos insectos son muy abundantes, no es de extrañar que formen parte importante de los ciclos ecológicos naturales y de la economía, pues algunas de estas especies son consideradas como verdaderas “plagas” que arrasan países enteros, como ocurre con las especies conocidas como langostas. Sin embargo, los grillos en particular (unas 4,200 especies) no representan un problema serio para nuestro hogar y mucho menos para la economía, alimentándose de materia orgánica muerta (animales y plantas), además de estar comprobado que no son transmisores de enfermedades infecciosas para los humanos, como puede ocurrir con las cucarachas. Tal vez por eso sean el alimento “vivo” más común en las tiendas de mascotas.

Resulta interesante saber que grillos y chapulines no son sólo utilizados como alimento para mascotas, sino que son un alimento popular en algunos lugares de México, como ocurre en Oaxaca y otros lugares en el interior del país. Más interesante resulta saber que el contenido proteínico es muy alto (casi 70% de proteínas), por lo que representan una fuente nutricional importante, sobre todo para los sectores de población de bajos recursos, quienes consumen estos alimentos de forma tradicional.

En los cuentos populares, los grillos son considerados como seres flojos, vagabundos y tramposos, que pasan su tiempo divirtiéndose y “viviendo al día”, aunque por el contrario, uno de los grillos más conocidos internacionalmente sea “Pepe Grillo”, quien hace la función de conciencia y sano consejero de Pinocho. Yo en particular, prefiero la leyenda que cuenta que cuando el grillo canta, le está cantando a la luna, pues alguna vez ambos estuvieron enamorados y fueron separados por una malvada bruja, quien los convirtió en lo que son ahora. Desde entonces el grillo canta cada noche, buscando encontrar de nuevo a su amada luna.

Sea cual sea su historia favorita, los grillos nos dejan una importante lección, que es la perseverancia, pues un grillo adulto cantará siempre, sin importarle si está en libertad o encerrado en una jaula, aunque (según la especie) le tome hasta dos año madurar sexualmente y pueda finalmente encontrar una pareja. El cantar de un grillo puede transportar nuestras mentes de la ciudad al campo con sólo cerrar los ojos, y resulta interesante que una importante cantidad de personas sordas que reciben un implante para poder escuchar, refieren el grillar nocturno como uno de los sonidos que más disfrutan. ¿Será acaso un sonido verdaderamente monótono y sin sentido? Tal vez sean en realidad un murmullo sereno que nos recuerda que estamos vivos; que nos permite tener presente lo bella que es la noche, a la luz de la luna y de las estrellas… Y mientras escribo este artículo, muy cerca de mí escucho a un grillo cantar. Me asomo por la ventana y disfruto además, de una brisa fresca que me hace pensar ¡Cuánto me gustan los grillos!

 

Los árboles, seres mágicos y espirituales

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Los árboles, esos seres verdes que nos regalan frescor, y cuyas sombras nos recuerdan su presencia, han sido desde la época prehispánica, muy importantes en las creencias religiosas y mitológicas ancestrales. El pensamiento mágico y religioso que existía en la antigüedad ha quedado casi en el olvido, reemplazado en muchos casos por costumbres más modernas.

En esta ocasión, no haré un recuento de los árboles más grandes o frondosos, ni hablaré de su importancia en el ecosistema ni cómo han cambiado el rumbo de la humanidad. Dedicaré este espacio a recordar cómo los mayas y los aztecas adoraban a estos seres llenos de vida, y cómo las culturas antiguas de todo el mundo han coincidido en considerar a los árboles como sabios centinelas del tiempo y silenciosos seres espirituales.

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Rindiendo culto al árbol
La vida humana se ha asociado históricamente con el culto al árbol en muchas formas místicas. Para los mayas, la Ceiba era el árbol santo, la madre de la vida. En la mitología maya, en cada uno de los rumbos cósmicos había una ceiba sagrada, del colorcorrespondiente a cada zona: rojo en el oriente, blanco en el norte, negro en el poniente y amarillo en el sur. Aún hoy en día, la Ceiba conserva su poder mítico en las creencias de mucha gente del campo. Para asegurar que sus hijos varones crezcan tan fuertes como éste majestuoso árbol, ocultan su cordón umbilical en alguna hendidura del árbol.

También en la concepción cosmológica de los antiguos mexicanos figuraba un árbol en cada uno de los cuatro rumbos del universo, y otro en el centro de los mismos. En el rumbo del oriente había un Sauce, en el del norte había un Nopal, en el del poniente una Palma y en el rumbo del sur un Mezquite. Finalmente en el centro de los rumbos estaba un árbol que simbolizaba la planta del maíz. En el centro del país, el árbol sagrado para los aztecas era el imponente Ahuehuete o Sabino, que significa “el gobernante” o “el amparo del pueblo”. Aún ahora, donde las costumbres indígenas siguen predominando, se siguen colgando en los árboles sagrados tanto cordones umbilicales como mechones de cabello o prendas de vestir, para establecer un lazo mágico entre las personas y la fuerza divina que se manifiesta en el mismo árbol.

Se cree que en la antigüedad, muchas especies de árboles fueron declaradas “sagradas” por motivos que no siempre giraban en torno a valores espirituales o místicos, pero que era necesario protegerlas debido a su escasez, su utilidad o su tamaño. Sin embargo, todas las culturas alrededor del mundo, con costumbres tan distintas como los lugares donde vivían, han coincidido a través de la historia en el valor sagrado y espiritual que tienen los árboles, resaltando cada cultura aspectos tan distintos como el amor, la inmortalidad o la justicia divina.

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Investigando un poco sobre las especies de árboles que han sido representados, venerados o inmortalizados en la historia humana, se cuentan alrededor de 55 especies de todos los tipos, aunque estoy seguro que en aquel entonces, sería una tarea digna de los dioses decidir y designar cuáles especies de árboles serían los elegidos. Para ser justos, creo que no necesitamos tener una de esas 55 especies para establecer un vínculo que vaya más allá de nuestro mundo corporal. Simplemente con sentarnos debajo de un árbol cualquiera, aunque no seamos conscientes de ello, inmediatamente sentimos paz, ya sea por la sensación de frescor que su sombra nos da o por haber establecido una conexión invisible con él.

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Creo también, que aunque algunas personas no crean en las energías o sean poco espirituales, es innegable que los árboles nos regalan algo más que su firme belleza. Lo invito entonces a dejarse llevar por un momento y que piense en lo mucho que los árboles nos regalan, desde un momento de paz hasta la inspiración y la energía necesaria para terminar nuestro día con alegría. Inténtelo y déjese llevar. Abrace a un árbol y llénese de vida.

La Madre Naturaleza: ¿Sobreviviendo a los humanos?

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Abrumados por tantas noticias y publicidad engañosa que hacen un equivocado uso del medio ambiente, la ecología y el cambio climático, me he topado con el problema de cómo hablar sobre la naturaleza y el hombre sin que el lector pierda interés. Y es que desafortunadamente, en general éste es un tema que llega a oídos sordos, y tal vez sea  porque no lo sabemos expresar correctamente.

Entendiendo el problema

Tal vez el problema está en que quienes hablamos de la problemática que existe entre los seres humanos y el medio ambiente, nos olvidamos totalmente que vivimos en un planeta tan dinámico, es decir, que -con o sin nosotros- el planeta sigue girando. Tal vez por ello sea tan sencillo ignorar las dificultades ambientales con las que nos encontramos diariamente y decidimos seguir con nuestras vidas como si nada sucediera, pues de cualquier forma, la naturaleza sigue su curso a pesar de lo que hagamos, para bien o para mal.

Ahí radica el problema, pues ese mundo al que estamos acostumbrados tiene características que han sido moldeadas a lo largo de miles de millones de años, a través de fenómenos naturales extremos como los sismos, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, la erosión causada por el viento y el agua, así como por la actividad de los mismos seres vivos. Considerando lo inteligentes que somos como especie, es difícil entender el por qué olvidamos tan fácilmente que los cambios climáticos y los fenómenos extremos son parte natural de la vida del planeta.

Hace poco tuve una interesante discusión con mi padre, hablando del sombrío futuro que nos espera, y justo ese fue su argumento que me hizo reflexionar: siempre han habido desastres naturales catastróficos, pero son tan poco frecuentes que los olvidamos fácilmente. En 1556 por ejemplo, hubo un gran terremoto que mató a más de 830 mil personas, y otro más mató a 600 mil en 1976, y nadie los recuerda. En 2004 murieron cerca de 230 mil personas a causa de un tsunami. La pregunta obligada es, ¿hemos cambiado en algo nuestra forma de vivir? Aún seguimos construyendo nuestras casas en las orillas de los ríos, de las playas y en zonas de alta sismicidad.

Es así como llego a la conclusión del porqué no hacemos nada para remediar los daños que le causamos al planeta, pues dada nuestra egoísta naturaleza humana, poco nos importa escuchar que “estamos consumiendo el planeta”, cuando en realidad estamos firmando nuestra sentencia de muerte al acabar con los recursos que nos mantienen vivos. Efectivamente, el planeta tierra seguirá aquí, y como toda acción tiene una reacción, el planeta sufrirá los cambios necesarios para alcanzar una nueva estabilidad, donde seguramente no figuraremos nosotros como especie. Gracias a la desaparición de los dinosaurios (debido a una catástrofe natural), los mamíferos pudimos evolucionar en lo que somos ahora. Cuando nuestra especie desaparezca finalmente de la faz de la tierra, tal vez los insectos evolucionen, y tras miles de años habrá otra nueva especie que pueble el planeta como lo hacemos ahora.

Sobreviviendo a la naturaleza

Vale la pena que recordemos lo indefensos que somos ante las fuerzas naturales, como puede ser un gran terremoto, una sequía o una epidemia a gran escala. Creo que debemos preocuparnos por salvarnos a nosotros mismos, y haciéndolo adecuadamente todo lo demás tomará su lugar. Si usted, estimado lector ha llegado hasta éste último párrafo, no me queda más que felicitarlo, pues ha superado uno de los grandes defectos que nos caracterizan: la indiferencia.

No es necesario ser un sabio para saber que algo malo está sucediendo. El mundo está sometido a fenómenos naturales extremos, cuyos efectos se van a anticipar gracias a nuestra forma de aprovecharnos de la naturaleza. Es una gran presión que se acumula y que tarde o temprano estallará. No hay nada de malo en reconocer que las dinámicas naturales del mundo NO están en nuestras manos. Al reconocerlo, estaremos un paso adelante para poder interpretar todas esas señales silenciosas que la naturaleza nos da constantemente y que nos dice: “ten cuidado”. Debemos entender que si no podemos ser la solución, igualmente no debemos ser parte del problema. Acciones sencillas que nos permitan aligerar el peso para que la naturaleza siga su curso. Planta un árbol y cuídalo el resto de tu vida, respeta la naturaleza y sobre todo, ¡sé feliz!

La magia de charcos y estanques

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

En esta ocasión, he decidido dedicar estos renglones a intentar cambiar de idea a todo aquel que considera que los charcos y estanques -ya sean estacionales o permanentes- son asquerosos nidos de enfermedades y criaderos de mosquitos. Pretendo resaltar con mis palabras esa belleza misteriosa y casi mágica que un estanque -aparentemente inútil- puede llegar a tener. Simplemente hay que mirar con detenimiento lo que vive en él.

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Hace poco, me topé con una descripción bastante original y poética de lo que significa un estanque, bajo el punto de vista de un admirable naturalista, investigador y educador ambiental que murió en 1974. Marston Bates escribió: “Los estanques poseen, ante todo, la fascinación de lo minúsculo. Constituyen un mundo claramente limitado por las orillas, el fondo y la superficie; un mundo aparte que, debido a sus pequeñas dimensiones, parece fácil de comprender, describir y analizar”. Luego concluye diciendo que el misterio del estanque es algo que escapa a su comprensión, y que la superficie del agua le señala una barrera que no puede franquear, excepto con la imaginación. Lo que me resulta más sorprendente de su maravillosa descripción, es que él precisamente, se especializó en el estudio de los mosquitos como transmisores de enfermedades.

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Me pregunto si realmente comprendemos algo de ese micro-universo, o si acaso estamos conscientes de la gran diversidad de seres vivos que pueden vivir ahí y que, “misteriosamente” han ido apareciendo con el paso de los días. Algunos llegan sin querer, otros por sus propios medios, y otros como polizones de aves e insectos que inocentemente se acercan para saciar su sed. Ciertamente, los primeros animales en aparecer son las larvas de los mosquitos, que siendo acuáticas se alimentan de las algas que crecen a gran velocidad. Luego llegan otros depredadores, como las larvas de libélulas que se alimentan de las primeras, o los divertidos insectos “patinadores”, que aprovechando la tensión superficial y su poco peso, caminan grácilmente por encima de la superficie del sin temor a mojarse y mucho menos a hundirse. Luego sin pensarlo, encontramos caracoles, renacuajos, y aves alimentándose de todos ellos.

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He tenido la fortuna de vivir en muchos sitios que en mayor o menor medida me han regalado experiencias naturales sumamente gratas, incluyendo el jardín de la casa donde me crié, en donde había varios estanques de distintos tamaños y en cada uno habitaban animales distintos. Mientras vivía en Puerto Vallarta (México), descubrí que es un sitio increíblemente afortunado por su clima y por la gran riqueza de flora y fauna que aún existe alrededor. Gran parte de la ciudad está cimentada sobre zonas inundables, por lo que en la temporada lluviosa se formaban innumerables charcos, estanques y lagos por doquier. Infinidad de animales como peces, anfibios y reptiles que habían vivido enterrados, escondidos o aletargados durante la época estival, hacían su majestuosa aparición apenas caían las primeras lluvias, dando vida a estos estanques y atraían a más animales que los visitaban a diario. Desafortunadamente, todos y cada uno de estos mágicos estanques han sido cubiertos por tierra, por calles y por casas, haciendo que año tras año, sea más difícil encontrar aquellos animales que antaño daban vida y alegraban las noches con sus incansables cantos y croares.

img_8376b-copyrightRecuerdo 2 casos que me han dejado admirado de la capacidad que tienen los estanques de albergar vida a pesar de nuestra presencia, y ambos ocurrieron en plena ciudad de Puerto Vallarta. Recuerdo que durante la temporada de lluvias, un día me tocó quedar atrapado en un caos vial en plena avenida de acceso a la ciudad. Aburrido, me puse a observar el agua estancada  en el camellón central, y para mi sorpresa descubrí que había pequeños camarones de agua dulce que se alimentaban de las algas que crecían sobre el mismo concreto, y que al mismo tiempo llegaban aves a comerlos. Ahí, ajeno al interminable ir y venir de vehículos, había un pequeño oasis con mucha, mucha vida.

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En otro caso, cerca de casa había una calle de tierra poco transitada donde durante toda la temporada de lluvias brotaba agua continuamente, llevándose toda la tierra que infructuosamente colocaban las autoridades para “rellenar” el lugar. Misteriosamente, con el paso de los días aparecían peces, probablemente como resultado de los huevecillos que sus progenitores dejarían enterrados en el fondo. Estos pececitos intentaban buscarse la vida en ese concurrido charco, esquivando continuamente el paso de los coches. Un día observé ahí mismo una tortuga, que ignorando los peligros que acechaban, intentaba buscar algo qué comer, misma que me vi obligado a rescatar por el obvio peligro que corría de ser atropellada. Actualmente éste mágico sitio ya no existe, habiendo en su lugar una calle cubierta de concreto, que ha dejado bajo tierra y rocas una asombrosa historia de vida de la que fui un afortunado testigo.

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Me pregunto por qué a pesar de que desde la antigüedad los estanques han sido objeto de culto y dedicado cuidado en castillos, palacios y mansiones alrededor del mundo, nosotros que los tenemos por doquier de forma natural, y a donde la naturaleza llega sola, no valoramos y nos esmeramos en hacer desaparecer. Mi mayor deseo es que abramos nuestros sentidos y protejamos éstos pequeños oasis de vida, que además de mantener nuestro clima más húmedo, le ofrecen un hogar y alimento a un incontable número de seres vivos. Tal vez llegue el día que veamos un anuncio inmobiliario que diga así: “Vendo casa: 3 habitaciones, 2 baños, con cochera, jardín y un precioso estanque natural que cada mañana despertará sus sentidos…” Que así sea.

Gaviotas: Incomprendidas y sorprendentes

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Para los ornitólogos y amantes de las aves en general, observar gaviotas puede ser una gratificante e intelectualmente estimulante oportunidad de admirarlas. Su variedad de especies, tamaños y variación en el plumaje de una misma especie con uno, dos, tres o cuatro años de edad ha hecho que éstas aves obtengan una envidiable posición entre las aves favoritas para observar alrededor del mundo. Sin embargo, existen historias muy distintas que se escriben día a día en torno a éstas controvertidas especies, rodeadas de prejuicios populares que en la actualidad las han convertido en “animales no gratos” y llamadas injustamente “las ratas del mar”.

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Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer”, dice Richard Bach, el autor del famoso libro titulado “Juan Salvador Gaviota”, y en parte tenía razón. Las gaviotas son omnívoros oportunistas que comen cualquier cosa que encuentren, siempre y cuando pueda satisfacer sus requerimientos nutricionales. Es así como las gaviotas pueden elegir entre internarse en el mar a buscar comida, seguir a un barco pesquero, o ir a tierra firme como a zonas de cultivo a comer insectos, o adentrarse en un vertedero de basura o visitar un parque público y robarle comida a paseantes distraídos.

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Desde los años 80´s, hemos observado cómo algunas especies de gaviotas (principalmente las europeas que son más grandes y por ende tienen menos temor hacia el ser humano), han ido adaptándose a los ambientes alterados por el hombre, y desde entonces han modificado en muchos aspectos sus hábitos de alimentación y de reproducción, llegando a anidar en los techos de los edificios y a darse un baño refrescante en las fuentes de la ciudad. Recuerdo cuando era estudiante de Biología, que uno de mis maestros me contaba cómo en una ocasión, mientras hacía un censo de nidos de gaviotas en una remota isla del Mar de Cortés, un polluelo asustado le vomitó en la cara un trozo de jamón York. Ese suceso le obligó a hacerse la pregunta sobre cómo llegó a éste polluelo, en un nido a decenas de kilómetros de la costa, un trozo de embutido. Esa asombrosa capacidad de sus padres para encontrar alimento, me lleva a mí a plantearme otra pregunta, sobre quién es el verdadero culpable de que las gaviotas se internen cada vez más en los continentes y lleguen incluso a anidar a cientos de kilómetros tierra adentro, muy lejos de lo que podría ser considerado su “hogar”.

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 “Tenemos que rechazar todo lo que nos limite… somos libres de ir donde queramos y de ser lo que somos”, dijo Juan Salvador Gaviota, esa gaviota que no se conformaba solamente con comer. Tal vez sea cierto, y sea por ello, que algunas gaviotas se han vuelto rebeldes, invadiendo campos y ciudades. Sin embargo, las respuestas a las preguntas de mi maestro y mías, están ligadas a la inteligencia y no a la rebeldía. Son aves con una gran capacidad de aprendizaje, y décadas de estudios científicos han demostrado que pueden aprender, recordar e incluso enseñar a otras ciertas habilidades, lo que explica cómo han descubierto la forma de aprovecharse de nuestros errores y descuidos, sacando ventaja de cosas que, mientras para nosotros son basura, para ellas son sustanciosos alimentos.

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Antes, las gaviotas eran consideradas nuestras compañeras de tragedias y alegrías, y eran sagradas para algunas culturas en la antigüedad. Predecían las tragedias que ocurrían en el mar y lloraban por los marineros muertos. Anunciaban con su presencia la cercanía de tierra firme, e incluso controlaban las plagas, para lo cual se les construyó un monumento para rememorarlas. Ahora nos molestan y las odiamos por ser ruidosas y mancharlo todo a su paso. Actualmente, y a pesar de una larga y compleja historia de relaciones cercanas con el hombre desde tiempos remotos, su inteligencia supone un desafío a nuestro entendimiento del por qué y del cómo han llegado a ser lo que son hoy en día. Tal vez ésta es una oportunidad para entenderlas, viendo cómo se adaptan a nosotros y con nosotros, con esas magníficas alas, con esos elegantes plumajes, con esas posturas que denotan orgullo de lo que son: Aves monógamas y familiares, atentas y participativas en el cuidado de sus crías, socialmente implicadas y sobre todo, muy comunicativas tanto vocal como gestualmente.

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Sólo me queda decir que en el libro, Juan Salvador Gaviota se despidió con éstas palabras: “No creas lo que tus ojos te dicen. Solo muestran limitaciones. Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes, y hallarás la manera de poder volar mejor”. Tal vez, si si siguiéramos su consejo, si miráramos la vida con nuestro entendimiento en lugar de prejuicios, encontraríamos la forma correcta de interpretar la naturaleza y coexistir con ella.

Chapulín: Un saltamontes muy mexicano

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Se le conoce de muchas formas en la lengua española: Normalmente se le llama saltamontes o langosta, pero también en otros países se le llega a llamar saltón, cigarrón, cara de niño o alacrán cebollero; aunque los mexicanos siempre nos referimos a éste gracioso animalito como “Chapulín”, conservando con éste nombre un interesante legado de nuestros ancestros Nahuas que poblaron Mesoamérica.

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En efecto, la palabra “Chapulín” tiene su origen en la lenga Náhuatl y proviene de la palabra “Chapoli”, que define en sí al insecto. Dado que una gran cantidad de palabras Nahuas están compuestas de más de un vocablo, existen dos traducciones de la palabra. Son igualmente curiosas, pues ambas revelan la personalidad de éstos insectos: La primera propuesta sugiere que es una palabra compuesta por el vocablo “poloa”, que significa “destructor o devorador”, mientras que la segunda propuesta (y la más aceptada) sugiere y que se compone de dos vocablos distintos: “chapa” (que significa rebotar) y “olli” (que significa hule), por lo que la traducción literal sería “insecto que salta (como una pelota de) hule”. Sea cual sea la traducción correcta, posterior a la conquista de México, y bajo la influencia del idioma español, “chapoli” fue pronunciándose poco a poco como “chapolin”, llegando en algún momento de la historia al actual nombre “Chapulín”.

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Aún así, hay que aclarar que éste nombre se utiliza para definir a cualquiera de las especies de saltamontes o langostas que habitan en México y que suman cerca de 1,000 especies. No son tantas si consideramos que en todo el planeta existen unas 22,000 especies, agrupadas en el Orden Orthoptera (que incluye también a los grillos).

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Como su nombre lo indica, si hay algo que caracteriza a los chapulines es su capacidad de saltar, de comer mucho y en particular por cantar. Saltar es algo que se les da muy bien, y según un cuento tradicional Yaqui (pueblo indígena ubicado en el Estado de Sonora), los chapulines pueden saltar una distancia equivalente a once días y medio de caminata. Para lograr ejecutar tan poderosos saltos, estiran unos ligamentos llamados “apodemas” dentro de sus enormes patas posteriores, para que en el momento necesario sean liberados y salgan despedidos a gran velocidad para escapar del peligro. Sus patas no sólo sirven para saltar. Están recubiertas de espinas que utilizarán para defenderse, y en caso de que el depredador los llegara a atrapar, son capaces de sacrificar su extremidad para salir huyendo con las patas que les quedan. Como son “hemimetábolos” (sufren de varias metamorfosis antes de llegar a adultos), repondrán la pata perdida en la siguiente muda de piel.

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Comer es algo que también hacen bien, y algunas especies pueden llegar a ser verdaderas plagas cuando se presentan condiciones ambientales muy particulares (como una sequía), reuniéndose en inmensas cantidades hasta llegar a su fase adulta, adquiriendo unas poderosas alas y dedicándose a volar grandes distancias en busca de comida, arrasando con todo lo que encuentran a su paso. Afortunadamente esto es un fenómeno que ocurre en raras ocasiones, y si no fuera por sus cantos podrían perectamente pasar desapercibidos ante nuestros ojos.

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En realidad, los cantos no debrían ser llamados así porque ni los chapulines ni los grillos tienen voz. Los sonidos que producen son generados por el movimiento y fricción de alguna parte de su cuerpo, generalmente sus patas posteriores, su primer par de alas, sus antenas o alguna combinación de éstas, por lo que la palabra correcta para defiir los sonidos que producen es “estridular”. La estridulación es distinta para cada especie, y puede ser utilizada para definir un territorio o como método de defensa, aunque lo más común es que sean llamadas de apareamiento. Resulta curioso que la forma de “escucharse” sea igual de extraña, pues sus orejas se ubican en su abdómen o en sus patas anteriores. Supongo tener las orejas en las patas es una ventaja, ya que nosotros en ocasiones tenemos que poner nuestra mano sobre la oreja para agudizar nuestro sentido del oído. Aún así, no podremos escuchar a muchas especies, ya que éstas estridulan a niveles ultrasónicos e inaudibles para nosotros.

 p9070003b-copyright.jpgLo que sí recordamos todos los mexicanos son las canciones y las aventuras de quien fuera el grillo más famoso y adorado por los niños: Cri-Cri, “Un Grillito convertido en Señor”. Del mismo modo, el Chapulín Colorado es sin duda el chapulín más famoso y divertido, convertido en el super-héroe de pequeños y grandes. Faltaría mucho espacio para hablar del folklore que rodea a los saltamontes de todo el mundo, tan apreciados y en ocasiones, tan temidos. De alguna u otra forma, las diversas leyendas, historias, mitos y cuentos que existen, nos permiten tener una idea de la gran variedad e importancia de éstos insectos, quienes han formado parte de la vida espirtual, alimenticia y lúdica de los humanos a través de la historia. La próxima vez que vea un chapulín, obsérvelo respetuosamente. Disfrute con detenimiento de ese cuerpo tan extraño y perfecto antes de que decida irse “saltando como una pelota de hule”.

Conquistando la Tierra: Cactus y Suculentas

img_1787a-copyrightTexto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Aunque “los Cactus” son los más famosos, son tan solo una de 9 familias de plantas denominadas “Suculentas” y, que aunque algunas no están emparentadas entre sí y provienen de un linaje distinto, todas presentan la misma característica: La capacidad de sobrevivir a condiciones extremas de temperatura y a la poca disponibilidad de agua, engrosándose por dentro para almacenar agua. Su resistencia y adaptabilidad les permite estar presentes en prácticamente todos los rincones del planeta, desde las zonas tropicales hasta las zonas boreales.

img_0861a-copyright Las hay de todos tamaños y formas, desde ser tan pequeñas que parecen una piedrecita oculta en el suelo, hasta verdaderos árboles que dan una envidiable sombra. Todas ellas han evolucionado separadamente en casi todos los rincones del planeta, a través de un fenómeno conocido como “evolución convergente”, donde las condiciones geográficas y climáticas les han obligado a adaptarse de la mejor forma posible a su ambiente, obteniendo formas o características muy similares. Es como comparar a peces con ballenas, o aves con murciélagos: Ambos pares comparten el mismo hábitat, pero cada uno es a su vez muy diferente tanto “por dentro” como “por fuera”.

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Las espinas, arma y cobijo de una frágil planta

Las suculentas guardan importantes reservas de agua y nutrientes dentro de sí, y han perdido sus hojas como una estrategia para evitar secarse. En algunas especies las hojas están tan modificadas que parecen ser las mismas ramas de la planta, mientras que en otros casos se han convertido en espinas como en el caso de las cactáceas. Son sin duda su mejor arma para defenderse, al propiciar dolorosas heridas a quienes intentan morderlas o cortarlas. Sin embargo, en muchas especies las espinas tienen otra función de vital importancia: Dar sombra a su cuerpo carnoso y evitar el sobrecalentamiento por el sol abrasador. Sin embargo su adaptación va mas allá, pues cuando hay disponibilidad de agua (como en la temporada de lluvias) algunas suculentas pueden producir verdaderas hojas temporales para acelerar su crecimiento, y su cuerpo además (por así llamar al tallo de la planta), es capaz de engrosar rápidamente al funcionar como una “esponja” y almacenar así la mayor cantidad de agua posible. Es por eso que tras un largo período de sequía su tamaño y volúmen es mucho menor que el que tenían durante la última temporada de lluvias, que pudo ocurrir meses, años o incluso décadas atrás.

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Cada vez son más los aficionados a este tipo de plantas, cultivándolas con fervor, y confieso que me incluyo en su “lista de fans”. En cierta época del año florecen de una forma exhuberante y colorida, como una “fiesta en grande” tras una larga época de austeridad que puede superar los 10 años. Es tal su entrega a la floración que, algunas especies como los agaves y magueyes, mueren después, al agotar sus reservas de energía. La mayoría de las flores y frutos están específicamente destinados a “llamar la atención” de sus propios polinizadores o de sus dispersores de semillas, ya sea con colores u olores llamativos, coordinándose en algunos casos con la migración de murciélagos, o la presencia temporal de mamíferos o aves. Eso sí, sólo entregarán lo que quieren dar, por lo que si algún animal quiere “pasarse de listo”, descubrirá que todo lo que no son flores o frutos, incluyendo sus enormes reservas de agua están protegidas por una sustancia lechosa de sabor desagradable, que además les permite “sellar” sus heridas con gran rapidez.

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Por sus características, éstas plantas han sido aprovechadas por los humanos desde nuestros orígenes como sociedad. En el caso de las cactáceas, originarias del Continente Americano, probablemente el mejor ejemplo sean los nopales y los agaves, de los cuales existen pruebas arqueológicas que dan fe de la importancia de éstas plantas desde los orígenes de nuestra cultura, ya sea como alimento (como el nopal o la tuna), como materia prima (para obtener fibras o madera), en la medicina (como el aloe), como herramienta (utilizando las espinas como anzuelos), como arma (utilizando las espinas o un conjunto de ellas), como muros (sembrando barreras espinosas impenetrables) o para alterar los sentidos (el peyote). Además de haber conquistado el planeta, tambien han conquistado nuestros sentidos al utilizarlas como plantas de ornato, y por qué no decirlo, también nuestros paladares, al ofrecernos manjares dignos de reyes, y su delicada esencia líquida en forma de un delicioso tequila.

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Estas plantas conquistaron nuestros corazones, y al decir corazones me refiero al más sincero y desinteresado aprecio que tenemos hacia éstas plantas. No es casualidad que las suculentas sean comunes pobladores de nuestros balcones y terrazas, pues hasta el que tiene poco tiempo para atenderlas puede sentirse todo un experto cuidador. A su vez existen otras que son sólo dignas de un especialista, representando un verdadero reto por la gran cantidad de cuidados que requieren. Creo que es la admiración que nos causa su modesta forma de vida y a la vez su sobervia apariencia, lo que hace que hasta el corazón más duro, y el corazón más frío detenga su palpitar al ver sus caprichosas formas, al olfatear su aroma y al tocarlas con suavidad. Tal vez sea que nos identificamos con ellas de alguna manera: Algunos somos discretos y conservadores, mientras que otros preferimos llamar la atención. Algunos tenemos espinas para defendernos, y otros entregamos nuestra vida misma para asegurarle la vida a nuestros descendientes. ¿Y Usted, con qué suculenta se identifica?

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Orugas: fascinantemente extrañas

img_8076b-copyrightTexto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Cuando el médico me dio su diagnóstico, por un momento me quedé pasmado: “Usted sufre de pápulas eritemato-edematosas muy pruriginosas de características evanescentes”. Dicho en palabras mundanas, tenía muchas ronchas en el brazo y me daban una comezón incontrolable, causadas por la picadura de una oruga que rocé accidentalmente mientras caminaba en la selva. Se trataba de una de aquellas orugas “peludas” de las que todos procuramos mantenernos alejados y que acertadamente son conocidas como “gusanos quemadores”. Mientras las mariposas figuran entre los seres más bellos y simpáticos de la naturaleza, sus formas inmaduras, conocidas comúnmente como orugas o gusanos, son todo menos apreciadas o admiradas. Con algunas excepciones, se les considera una plaga o al menos se les señala como seres indeseados debido a su voracidad al alimentarse de las plantas, sin ningún otro interés aparente. Cuando mi esposa se enteró que pretendía escribir sobre las orugas, insistió que no lo hiciera porque las considera “soberanamente aburridas y poco interesantes”, al grado de utilizar el término “orugante” para definir el aburrimiento máximo.

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Probablemente tenga razón, pero a mí me parecen fascinantes por esa gran variedad de formas, colores y hábitos tan variados, pero sobre todo por esa vida secreta que llevan por dentro y que llegada su hora les permitirá transformarse en unos hermosos seres de alas multicolores y tornasoladas que tanto admiramos. Por ello las mariposas y polillas, en su etapa de regordetes juveniles, merecen ser apreciadas desde un punto de vista diferente al tradicional. ¿Sabía, por ejemplo, que algunas orugas llegan a crecer hasta 20 veces su tamaño al nacer, consumiendo hasta 27 mil veces su propio peso, y que hay orugas cazadoras-carnívoras que devoran otros insectos?, ¿Sabía que su cuerpo tiene 3 secciones como cualquier insecto: cabeza, tórax y abdomen, aunque por su gordura aparentan tener sólo un un abdomen con cabeza? A diferencia de los 5 ojos y las 6 patas que tienen todos los insectos, las orugas tienen 12 ojos y 16 patas, de los cuales los 7 ojos y las 10 patas sobrantes desaparecerán al convertirse en adultos.

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Durante el tiempo que viven como orugas (alrededor de 4 semanas) sólo tienen que preocuparse por comer, y como crecen tan rápido deben “mudar” de piel cada semana, pudiendo cambiar radicalmente su forma y color en cada muda, debido en parte a su vulnerabilidad y a lo apetitosas que pueden llegar a ser para sus depredadores. Para protegerse han tenido que desarrollar técnicas de defensa y camuflaje extremadamente originales, que van desde aparentar ser un excremento de ave (que por cierto lo hacen muy bien), o construirse una “concha protectora” hecha a base de seda y trocitos de madera, hasta simular ser un palo seco. Algunas en cambio han desarrollado llamativos colores de advertencia o emiten un olor sumamente desagradable cuando se les molesta, y muchas otras se han cubierto con espinas tóxicas para volverse “intocables”. Y hablando de ésas orugas cubiertas de pelitos irritantes, la reacción física ocasionada por su picadura se define con el término médico de “erucismo”, que proviene del latín eruca (polilla), ya que la mayoría de las larvas de polilla los tienen, y mi consejo es mejor no tocarlas.

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En cuanto a la cuestión de si las orugas son interesantes o no para la ciencia, resultan ser de mayor utilidad de lo que podría esperarse, ya que tienen un interés sorprendente, principalmente médico y veterinario. Esto es en gran parte gracias a que absorben los componentes de las plantas de las que se alimentan, que los científicos pueden detectar mediante técnicas tan originales como estudiar a las orugas mismas o analizar sus “caquitas”. Por ejemplo, se están investigando las propiedades de una oruga que vive bajo tierra en el Tíbet y que se cree podría contribuir a la creación de nuevos medicamentos para el asma, la diabetes, la artritis reumatoide, las enfermedades cardiovasculares y hasta el cáncer, gracias a su aparente capacidad de mejorar el sistema inmunitario.

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Para terminar con éste pequeño tributo a las orugas mencionaré al gusano de seda (Bombyx mori), probablemente la oruga más famosa de la historia y creadora de magníficos ropajes que han vestido al ser humano desde hace más de 5,500 años. Antes de convertirse en polilla y para protegerse del clima y de sus depredadores, teje alrededor de sí mismo su capullo con un único hilo de hasta 900 metros de largo, que luego es hilado cuidadosamente por los artesanos. Estudiando al gusano de seda se descubrieron unas hormonas que regulan el desarrollo de los insectos, lo que ha permitido la creación de insecticidas de nueva generación, mucho menos agresivos y tóxicos para el medio ambiente y el ser humano, que actualmente se utilizan ampliamente en animales de granja y algunas mascotas para el control de numerosos parásitos externos como garrapatas, pulgas, etc.

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Orugas y gusanos los hay por doquier, tanto buenos como malos, y lo mismo ocurre con las personas. Como se que es muy probable que no cambie de parecer respecto a las orugas, cito al libro -El Principito-, que dice: “Tendré que soportar dos o tres orugas si quiero conocer a las mariposas”. Esto significa, en sentido figurado, que como ocurre con las personas desagradables, no nos queda más que aguantarlas, pues a final de cuentas, después de las orugas llegarán las mariposas.

¡Que vivan los Hongos!

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Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena, Fotografías por Ricardo Nieto y Oscar Aranda.

La mayor parte del tiempo resultan inadvertidos por la mayoría de nosotros, excepto cuando compramos sus frutos para cocinar, o cuando descubrimos en nuestro refrigerador una olvidada, desagradable y colorida masa esponjosa que en algún momento era un delicioso manjar. De todas formas están siempre por doquier, viviendo discretamente sobre las plantas, nuestra comida, muebles, ropa y hasta en nuestro cuerpo. De hecho, para que se haga una idea de su diversidad, se estima que existen alrededor de 1.5 millones de especies de hongos en el mundo, de las cuales el 95% de ellas permanecen sin describir, y por ende sin conocer sus posibles propiedades.

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Cuando las lluvias han sido lo suficientemente abundantes para permitir que la tierra se mantenga húmeda, es la mejor época para darnos cuenta que los hongos están en cualquier parte, siendo sus frutos los que permiten que éstos misteriosos organismos perduren y se reproduzcan. Como el Reino Fungi es bastante particular, realizaremos un corto recorrido por sus partes y cómo funcionan. Para empezar, no están emparentados con las plantas. Los hongos o setas son en realidad los frutos, en los que las esporas equivalen a sus semillas. Los organismos que producen éstos frutos son conocidos como micelios; masas de textura algodonosa cuyos cuerpos son formados por un complejo sistema de filamentos que se fijan a un sustrato a través de las hifas (que equivalen a las raíces de las plantas) y se extienden por el suelo o cualquier tipo de materia orgánica. Para alimentarse, las hifas liberan enzimas sobre el sustrato en el que se encuentran, descomponiéndolas o modificándolas para facilitar la absorción de sus nutrientes.

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Es así como los llamados hongos son parte esencial del planeta Tierra, participando directamente en los procesos de formación de los suelos y el flujo de nutrientes, pero sobre todo, los elementos que permiten que los bosques, y en particular los árboles, puedan absorber los nutrientes necesarios para sobrevivir, a través de las micorrizas, que no son otra cosas que una asociación de los hongos con las raíces de los árboles. Sin ellos además, no tendríamos la cerveza, ni el vino, ni el pan, ni los quesos… todo gracias a unos hongos microscópicos conocidos como levaduras, tampoco tendríamos antibióticos, y ni siquiera mencionaré su importancia cultural, que sin ellos éste mundo no sería el mismo.

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Pero haciendo a un lado sus maravillosas funciones, hablaremos de la increíble diversidad de hongos que podemos encontrar en nuestros jardines, árboles, selvas y bosques. Tal vez lo primero que viene a nuestra mente es aquel hongo con forma de sombrilla color rojo intenso, espolvoreado con motitas blancas en su parte superior, mismo al que ni siquiera nos atrevemos a tocar porque siempre se nos ha dicho que es venenoso y mortal con apenas tocarlo. Se trata de un hongo llamado Amanita muscaria común en los bosques de pino y, contrario a lo que se cree, si se le consume puede ocasionar trastornos intestinales y alteraciones nerviosas, pero nada más. De hecho, hay muchos invertebrados que lo comen como parte de su dieta natural. Su nombre científico se refiere al poder que tiene de atraer a las moscas, y al igual que muchos tipos de hongos con poderes alucinógenos, es muy utilizado en rituales chamánicos por pueblos indígenas de muchas partes del mundo.

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Otros hongos muy comunes en las ciudades son los que crecen en la madera de los árboles y palos, conocidos como “orejas de palo”. Tienen forma de repisa y algunas especies pueden alcanzar un considerable tamaño. Aunque no son comestibles y a pesar de su feo aspecto, son especies de gran utilidad para el medio ambiente, ayudando a degradar la madera muerta, facilitando a los insectos su colonización.

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Si bien estamos acostumbrados a consumir los famosos champiñones o las setas que se venden en el supermercado, existe una gran cantidad de hongos comestibles, pero como es difícil distinguir entre los comestibles, no comestibles y tóxicos, le recomiendo que se limite a comprar los que se le venden en el mercado y no colectar lo que se encuentre en el bosque. Los hay de gran variedad de sabores y aromas exóticos, así que le recomiendo que visite su mercado local y pruebe aquellas especies poco comerciales.

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Así como ocurre con las plantas, insectos y animales, también existen hongos que en algún momento pueden ser perjudiciales para la industria, para el medio ambiente o para nuestra salud, por lo que la higiene y vivir en lugares ventilados son nuestros mejores escudo para evitar que nos causen problemas. Me gusta pensar que aunque algunos los padecemos, también los disfrutamos, y mucho. No sólo gastronómicamente, sino visualmente y ambientalmente. No se olvide que aunque no los vemos, siempre están ahí, formando parte de nuestras vidas y de nuestro planeta. ¡Que vivan los hongos!

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¡Una mosca en mi sopa!

 

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Uno de los más comunes y desagradables insectos es también un compañero obligado de nuestra vida diaria. Por más que nos esforcemos en evitarlo, siempre habrá una mosca rondando nuestros alimentos, dispuesta a retar nuestra capacidad de eliminarla, anticipándose a nuestros movimientos… He aquí la verdad sobre las moscas caseras.

Moscas para todos los disgustos

Las hay negras, verdes o azules; pequeñas, medianas y grandes; y cada una de ellas tiene preferencias por alimentarse desde las sustancias más puras y dulces hasta las carnes más pútridas y las heces fecales. Lo cierto es que hay más tipos de moscas que de mamíferos en el mundo, ya que en sí, la palabra “mosca” incluye a todos los bichos de dos alas. Para nosotros, en la vida diaria, ésta palabra se utiliza para describir a poco más de 30 especies, con las que estamos obligados a convivir desde el momento de nuestro nacimiento, pues aunque algunos lo nieguen, hasta en la casa más limpia existen moscas.

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Moscas con buen “gusto”

Con un excelente sentido del olfato, no pasan unos minutos para que alguna mosca llegue a posarse por igual en un plato de comida recién cocinada como en un animal muerto, pues contrario a lo que se cree, las moscas se sienten igualmente atraídas por alimentos frescos, sean cocidos o crudos. Para nuestra desgracia, son los animales más rápidos en encontrar su comida, así que por hambre no sufrirán.

Una de las cualidades de las moscas es su desarrollado sentido del gusto, ya que perciben el sabor no solamente con la boca, sino también con la punta de las patas. Una mosca que está paseándose por nuestra mesa a la hora de la comida, se da cuenta inmediatamente si camina sobre una mancha de algo dulce simplemente con pisarla; lo que es muy conveniente para un bicho acostumbrado a recoger su alimento del suelo.

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Venciendo al matamoscas

¿Cuánta rabia no has sentido al intentar matar una mosca y observar cómo ésta escapa tranquilamente? Pareciera que éstas pueden “leer” nuestras mentes, anticipándose a nuestros movimientos, lo que no está muy lejos de la realidad. Una mosca tiene un sistema nervioso altamente sofisticado, que le permite reaccionar a nuestros movimientos, prácticamente en el mismo momento que los iniciamos.

Sus ojos se cuentan como unos de los más complejos del mundo de los insectos, compuestos por múltiples lentes individuales, con visión periférica. Además, sus cuerpos están cubiertos por pequeños pelos sensibles a la presión, los cuales les permiten saber exactamente de dónde viene la amenaza. La combinación de éstas cualidades les permiten ajustar la posición de sus patas y “establecer” una ruta de escape, todo en apenas 200 milisegundos, mucho antes que seamos concientes de su audaz huida.

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Tecnología del vuelo

Una de las razones por las que las moscas son tan buenas voladoras es el diseño de sus alas, que ha inspirado a los ingenieros de la aeronáutica y podríamos llamar perfectamente una tecnología de “vuelo de mosca”. Contando en realidad con 2 pares de alas, sólo un par es visible, ya que el otro par es muy pequeño y se ha modificado en órganos estabilizadores de vuelo, denominados balancines. Si imaginamos el movimiento de las alas (de arriba hacia abajo), éstas al moverse forzarían al resto de su cuerpo a moverse en sentido contrario, como ocurre con las mariposas al volar. Dichos balancines se mueven simultáneamente y de forma contraria, manteniendo el cuerpo de la mosca estable y fijo, lo que es comparable al movimiento de nuestros brazos al caminar (intenta caminar sin moverlos y verás lo que sucede).

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Amigas y villanas

Consideradas plagas indeseables por transmitir gran cantidad de enfermedades a los humanos y su asombrosa rapidez para multiplicarse (una mosca adulta puede depositar hasta 500 huevos en su vida -que dura un par de semanas-, y cada uno de sus huevos completar su ciclo vital en unos pocos días), la realidad es que el planeta no funcionaría sin estos indeseados bichos.

Encargadas del reciclaje de los desechos de origen animal y vegetal, su trabajo resulta ser un proceso esencial para la permanencia de la vida en la tierra, al eliminar los cadáveres y la materia en descomposición en cuestión de días, devolviéndolos en forma de nutrientes a la tierra. Son también necesarias como alimento de una incontable cantidad de aves, anfibios y reptiles, murciélagos, arañas e insectos, y en realidad tienen también una participación importante en el proceso de polinización de las flores.

¿Vivir con ellas, o sin ellas? He ahí el dilema… Sin las moscas, nuestro mundo estaría hundido en un mar de desechos pestilentes, enfermedades y plagas mucho peores que las mismas moscas.

¡Propongo un brindis por las moscas, y una plegaria para que no entren a nuestras casas y nos dejen en paz!

 

El Pulpo, único e inspirador

P8190016a copyright.jpgTexto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Yo era una persona que adoraba comer pulpo y su sabor me encantaba, hasta que tuve la oportunidad de encontrarme cara a cara con uno, en su hábitat libre, e interactuar con él. A partir de entonces no lo he vuelto a probar, y no sería capaz de volverme a comer a un ser tan inteligente e incomprendido como él.

Nuestro encuentro ocurrió hace ya mucho tiempo, mientras hacía un censo de fauna marina, a unos 15 metros bajo la superficie, en las Islas Marietas. Buscaba unos pequeños peces que viven en el interior de conchas vacías, cuando de pronto me topé de frente con un pulpo (Octopus sp.), escondido tímidamente en una cavidad. Como había muchas corrientes, me había sostenido de una roca y no lo habría visto si no fuera porque intentó robarme el lápiz con el que tomaba notas. Era tal su curiosidad que decidió dejar su guarida para salir a examinar mi tableta de PVC y el lápiz que tenía atado a ella. Quedé tan sorprendido de su capacidad para manipular el lápiz, y de su fuerza con la que tiraba que pasaron varios minutos que dediqué segundo a segundo, a disfrutar y jugar con él. Fue muy divertido, aunque debo reconocer que me costó recuperar mi lápiz, y por supuesto la concentración, ya que no podía olvidar su mirada inquisitiva, como de un ser consciente de sí mismo y de su alrededor. Desde entonces me quedó muy claro que los pulpos son más inteligentes de lo que creemos, y me di a la tarea de investigar más sobre ellos. Mientras más leía más descubría que así como yo, había muchas personas, incluyendo científicos que quedaban cautivados e igualmente intrigados por cómo un molusco podría ser capaz de realizar acciones tan complejas, equivalentes a las que realiza un chimpancé o un delfín.

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¿Cómo puede ser que un animal invertebrado pariente de caracoles y almejas pueda tener tal inteligencia? La repuesta no ha sido nada sencilla, y los científicos se han topado con un animal necio al que no le gusta cooperar. Sabotea las pruebas y escapa de su confinamiento, llevando al límite la paciencia de quienes intentan estudiarlo. Al parecer, el problema radica en que no puede ser estudiado a través de métodos convencionales, ni tampoco puede ser interpretado con los mismos fundamentos que se utilizan en otros animales, ya que su inteligencia (el procesamiento de sus pensamientos) se lleva a cabo de una forma totalmente distinta a la nuestra, pues además de tener una historia evolutiva de más de 500 millones de años, posee el cerebro más grande de todos los invertebrados (y de algunos peces y anfibios), y dos terceras partes de su sistema nervioso se encuentran situadas en sus tentáculos.

Aristóteles, el padre de la biología calificó a éste cefalópodo como “una criatura estúpida”, cosa que no me sorprende considerando el escaso conocimiento que se tenía en aquel entonces sobre la inteligencia de los seres vivos, hace unos 2,360 años. Ahora en cambio, se sabe que la organización de su sistema nervioso es más sofisticada que en otros animales, ya que en el pulpo se realiza el procesamiento de la información de forma paralela entre su cerebro y sus tentáculos, lo que significa que sus tentáculos pueden hacer ciertas tareas mientras su cerebro se concentra en otras. Actualmente se ha concluido que los pulpos pueden ser zurdos o diestros, prefiriendo utilizar alguno de sus dos ojos para centrar su atención, siendo capaces de utilizar herramientas, tal como lo hace un reducido número de vertebrados, y tienen la asombrosa capacidad de recordar y aprender, aplicando sus experiencias anteriores para resolver nuevas tareas.

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¿Era acaso, el pulpo que conocí, capaz de reconocerme? Ahora se sabe que sí, que son capaces de identificarnos como individuos, y aquellos pulpos que conviven regularmente con seres humanos se comportan de forma distinta entre aquellos en quienes confían y los desconocidos. ¡Hay tanto que aprender de ellos! Nosotros somos los más inteligentes en el mundo de los vertebrados, y sin duda los pulpos son nuestro equivalente en el mundo de los invertebrados. Probablemente no exista otro animal tan distinto a nosotros y a la vez tan parecido, y es una lastima que éstos increíbles animales sean vistos sólo como una fuente de alimento.

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Finalmente, vale la pena reflexionar sobre el futuro de los pulpos, que desafortunadamente no es muy prometedor. En primer lugar, y como ocurre con las pesquerías en general, sus poblaciones están sobreexplotadas en todo el mundo. En segundo lugar, porque tienen sangre azul, que es otra de sus rarezas. A diferencia de la sangre humana rica en hierro, la de los pulpos está hecha a base de cobre, que es más eficiente en el transporte de oxígeno cuando la temperatura del agua es muy baja y no hay mucho oxígeno alrededor. Desafortunadamente, ésta curiosidad los hace extremadamente sensibles a los cambios en la acidez del agua, ya que en aguas más ácidas no son capaces de asimilar el oxígeno y mueren asfixiados. Una de las consecuencias del cambio climático es la acidificación oceánica que va en constante aumento, lo que pone su futuro en riesgo. A veces no basta la inteligencia para sobrevivir, y no me refiero a los pulpos. Tal como les puede ocurrir a ellos, tarde o temprano también nos ocurrirá a nosotros. Irónico, ¿no lo cree?

Pensando en la inmortalidad del Cangrejo

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Nunca he comprendido cuál es el origen de la conocida frase “pensando en la inmortalidad del cangrejo”. No cabe duda que hace referencia a un estado mental de abstracción o contemplación, pero me resulta por demás interesante pensar en qué observación o reflexión dio origen a ésta frase, y me pongo a divagar sobre si su creador era un experto en cangrejos, o simplemente era alguien que quedaba sorprendido de ver al experto en cangrejos contemplarlos por largo tiempo.

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Sea como fuere, creo que yo mismo he caído en más de alguna ocasión en este estado mental, aunque al contemplarlos no pienso en su inmortalidad sino en sus hábitos y habilidades que los hacen únicos. Me refiero en particular al cangrejo playero, mejor conocido como Cangrejo Fantasma (Ocypode occidentalis). Su nombre científico significa “pies rápidos del occidente”, haciendo referencia a su habilidad de aparecer y desaparecer de nuestra vista instantáneamente, gracias a su pálido color arena y a su habilidad para correr a velocidades que pueden llegar a los 20 km/h, lo que lo coloca entre las especies de cangrejos más veloces del mundo. Si sus habilidades maratonistas no son suficientes para escapar de sus depredadores, los cangrejos pueden cambiar de rumbo abruptamente mientras corren. Todos corren “de lado” y pueden además detenerse en seco cuando son perseguidos, enterrándose también en la arena. Si ninguna de sus tácticas da resultado, huye al mar y se sumerge, para desaparecer definitivamente. Tienen un privilegiado sentido de la vista, ya que sus flexibles ojos se encuentran elevados en forma de periscopio, lo que les da una envidiable visión de 360° y les permite vigilar a sus depredadores. Sin embargo, como todos los seres vivos, también tienen su punto débil: Un punto ciego justo por encima suyo y entre ambos ojos, por lo que desde las alturas pueden ser fácilmente sorprendidos, quitándoles su “inmortalidad”.

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Aunque son cangrejos “terrestres”, éstos dependen del mar para sobrevivir, debido a que poseen branquias (al igual que los peces) y el oxígeno que respiran lo absorben directamente del agua que llevan acumulada en una zona especial dentro de su carapacho. Periódicamente deben sumergirse en el mar para “renovar” su ración de agua, que de otro modo se evaporaría y los haría morir de asfixia y deshidratación. A pesar de haber conquistado la tierra, también dependen del mar para perpetuar su especie, debiendo aparearse de una forma un tanto extraña. En el mundo de los cangrejos no existen las caricias, y las hembras cangrejo sufren de un violento encuentro sexual, donde el macho (que es en general más grande y fuerte) la atrapa e inmoviliza mientras deposita en ella su material genético, sujetándole sus pinzas para evitar que lo pellizque durante su abrazo sexual. Luego de un rápido y aparentemente poco placentero encuentro con el macho, la hembra es liberada y huye a su madriguera, madurando sus huevecillos y depositándolos al poco tiempo en el mar, donde sus larvas forman parte del plankton y una vez que crecen, regresarán a tierra en forma de minúsculos y deformes cangrejos y vivirán discretamente en la arena hasta formarse como minúsculos cangrejos que poco a poco convivirán y compartirán la playa con los cangrejos adultos.

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Descrito por primera vez en 1860, el cangrejo fantasma o de arena ha permanecido en nuestro planeta prácticamente sin cambios desde la era cuaternaria, luego de la desaparición de los dinosaurios, y a la par que los primeros humanos. Se le puede encontrar en el Océano Pacífico desde las costas del noroeste de México hasta Chile, y del lado del Atlántico existe una especie de similares características. En ambos casos, su presencia es considerada como un indicador de playas saludables, ya que es una especie particularmente sensible a los contaminantes químicos como los derivados del petróleo. La principal amenaza de los cangrejos fantasma es la presencia humana, que además de causar la destrucción y el pisoteo continuo de sus guaridas, provoca que no tengan suficiente tiempo para alimentarse, ya que deben permanecer ocultos o consumir demasiada energía huyendo de las personas, y está comprobado que la abundancia de cangrejos está ligada a la presencia de humanos. Mientras más personas hay en una playa, menos cangrejos habrá en ella. Además de contribuir a mantener las playas más limpias, al cavar túneles, los cangrejos fantasma permiten mantener las playas más saludables y oxigenadas, ayudando al reciclaje y recirculación de la arena para una mejor oxigenación.

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Ahora los humanos (y particularmente todos aquellos que caminamos por las playas) debemos reflexionar que “la inmortalidad del cangrejo” es sólo una frase coloquial y sin significado real, por lo que nuestros distraídos pasos pueden terminar con la vida de muchos de éstos maravillosos animalitos. Cuando vamos de vacaciones, es común que dejemos a nuestros hijos perseguirlos sin piedad y cavar en sus madrigueras para sacarlos. Ahora que conoce su importancia y lo sensibles que son a la presencia humana, lo invito a Ud., mi estimado lector a que respetemos sus madrigueras, dejemos de perseguirlos y sobre todo: ¡Tener cuidado donde pisamos!

Puede que te interese también leer éste relato: Los asombrosos Cangrejos Fantasma

¡¡¡Cucarachas!!!

Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

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Uno de los insectos más antiguos y sorprendentes del mundo animal, habita prácticamente en todos los rincones del mundo desde hace (más o menos) 350 millones de años. Las cucarachas son probablemente, la especie más exitosa del mundo natural, y aún hoy en día, siguen sorprendiendo a la comunidad científica por sus atributos que cualquier superhéroe desearía poseer.

A pesar de ser uno de los animales más despreciados, sólo 7 de las 3,500 especies conocidas en el mundo, son consideradas como plagas o “visitantes indeseados”. La Cucaracha americana (Periplaneta americana) y la Cucaracha alemana (Blatella germanica) son dos de las especies más comunes en las zonas urbanas de prácticamente todo el planeta. Se cree que las especies “urbanas” prosperaron cuando se asociaron a los humanos desde que éstos vivían en cuevas, ya que prefieren entornos húmedos, cálidos y protegidos. Desde entonces viven con nosotros, sin importarles nuestra clase social o nuestras costumbres. Son principalmente nocturnas, y gracias a sus cuerpos planos y flexibles, pueden vivir y esconderse en prácticamente cualquier hendidura. La gran mayoría son omnívoras, comiendo cualquier cosa disponible, sea animal o vegetal, aunque la mayoría de las especies silvestres se alimentan de materia orgánica, contribuyendo así al reciclaje natural de los componentes orgánicos de todos los ecosistemas.

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La clave del éxito: Adaptabilidad

Está comprobado que parte de la gran resistencia que tienen las cucarachas se debe al uso indiscriminado de productos químicos (insecticidas) para erradicarlas, pues las ha hecho más resistentes y en ocasiones inmunes. Se sabe que tras una experiencia desagradable, las cucarachas aprenden a evitar los lugares donde antes se ha colocado veneno o se les ha intentado matar. La razón por la que son tan difíciles de atrapar (o matar) es porque son extremadamente sensibles a las vibraciones de la superficie donde se encuentran, lo que les advierte de un posible peligro. Aunque sea difícil de entender, pueden sentir cambios o variaciones en una superficie de la millonésima parte de un milímetro. Ese desagradable olor que les caracteriza, hace que prácticamente ningún animal las incluya en su dieta, y por si fuera poco, poseen unos pelos sensibles en la punta del abdomen que les permiten detectar el movimiento del aire mucho antes que el atacante pueda acercarse a ellas. Es por eso que por más prisa que nos demos con nuestro zapato (o la escoba o lo que tengamos a la mano) muchas veces no podemos alcanzarlas, observando impotentes cómo corren y se esconden con rapidez, fuera del alcance de nuestra escoba.

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Larga vida al Rey de los Insectos

Teniendo en cuenta que son insectos emparentados con las mantis religiosas y las termitas, las cucarachas son bastante longevas. Se sabe que la Cucaracha americana puede vivir más de 4 años, tiempo durante el cual una hembra puede poner más de 1,000 huevos. La mayoría de las especies son ovíparas, pero sorprendentemente algunas especies dan a luz crías vivas (ovovivíparas), donde los huevos se desarrollan en una cámara de incubación dentro de su madre, recibiendo nutrientes directamente de ella.

Es verdad que las cucarachas urbanas son transmisoras de enfermedades, pues debido a sus hábitos poco higiénicos, contaminan los sitios donde caminan (especialmente los alimentos), transmitiendo gran cantidad de enfermedades infecciosas y provocando reacciones alérgicas y asma. Es también verdad que en la naturaleza, viven entre la hojarasca miles de otras especies totalmente inofensivas, benéficas, y en ocasiones, no tan feas. Debo reconocer que las cucarachas urbanas no me agradan, pero como biólogo naturalista, radical y en ocasiones necio, me rehúso a matarlas, optando por sacarlas de casa y permitiéndoles vivir, en compensación a todas aquellas que maté en mi niñez, cuando a solicitud de mi madre o de mis hermanas, las perseguía pacientemente por toda la casa hasta darles muerte; siempre a cambio de un momento de heroísmo y reconfortante gratitud por parte de mis asustadas hermanas.

Usted, mi estimad@ lector, tiene la total y absoluta libertad de decidir qué hacer con esos invasores de su hogar, pero nunca olvide que hay muchas más que no pretenden invadir su intimidad, limitándose a vivir en el bosque sin molestar a nadie, y que algunas de ellas ni siquiera pueden sobrevivir fuera del mundo natural. Cuando visite estos hermosos lugares, y si acaso encontrara alguna cucarachita al levantar un tronco o una roca, permítale seguir viviendo en este sitio donde no molesta a nadie, pues el heroísmo no sólo se limita a destruir lo que nos amenaza, sino a hacer lo correcto y distinguir entre quiénes son nuestros amigos y quiénes nuestros verdaderos enemigos.

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Cultivando la capacidad de asombro

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena.

Hace un tiempo, se me ocurrió hablar sobre la empatía como una herramienta que tenemos a nuestra disposición para hacer de nuestro mundo un mejor hogar.

La empatía es un sentimiento maravilloso que nos permite comprender las emociones de los otros y vivirlas como propias. Es una herencia evolutiva que compartimos con los mamíferos, aves -y estoy seguro que también con el resto de los animales-. Desafortunadamente, a lo largo de nuestra vida -una vida que a veces no es nada fácil de llevar-, nos vemos obligados a protegernos o a aislar nuestra mente de lo que vemos alrededor, en un acto de “autoprotección y supervivencia”, haciéndonos menos sensibles al dolor y las injusticias que hay a nuestro alrededor. Vivir en la ciudad nos hace “desconectarnos” de la naturaleza, olvidándonos de ese profundo enlace que existe entre nosotros y el planeta en que vivimos. El cierre de nuestros sentidos a las sensaciones provocadas por el mundo natural, ocasiona que fácilmente nos adaptemos -o nos acostumbremos- al deterioro ecológico, sin apenas percibirlo.

Es asombrosa la capacidad que la naturaleza tiene para revertir los daños que le causamos, y sin embargo, no nos asombramos: Hemos perdido nuestra capacidad de asombro porque hemos olvidado lo que realmente importa, lo que da sentido a nuestra existencia y nos permite trascender.

Los filósofos Platón y Aristóteles plantearon que la capacidad de asombro no es otra cosa que la admiración y la extrañeza que siente el hombre ante la realidad que lo rodea, extendiéndose además a la conciencia de nosotros mismos y de las circunstancias que nos afectan, lo que me hace aterrizar en el título de éste artículo: Para trascender, es indispensable que encontremos la forma de mantener nuestro espíritu conectado con los estados emocionales más inspiradores de la naturaleza, y para lograrlo debemos despertar nuestra capacidad de asombro abriendo nuestros sentidos para ver y escuchar el maravilloso mensaje que continuamente nos da la naturaleza.

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Siempre se ha dicho que la niñez es el mejor momento para educar a los futuros adultos, aquellos futuros ciudadanos que disfrutarán -o sufrirán- el mundo que nosotros estamos forjando. Cuando pequeños, nuestra capacidad de asombro se encuentra en su máximo nivel de sensibilidad, aún no suprimida por nuestro obligado esfuerzo por crecer y dejar de ser niños. Recuerdo cómo éramos fácilmente “engañados o sorprendidos” por nuestros padres o familiares con cosas que ahora ni siquiera nos causarían gracia: Simular que te robaban la nariz enseñándote la mano cerrada con un dedo asomándose, era suficiente para hacernos llorar; o ponerte un caracol sobre el brazo y dejar que éste se deslizara sobre tu piel sería una sensación tan intensa que nunca podrías olvidar. Actualmente, con el uso cotidiano y continuo de las tecnologías, las nuevas generaciones se ven cada vez menos sensibles a las sorpresas, por lo que los estímulos correctos y gratos son indispensables para cultivar nuestra capacidad de asombro, y para ello no hay mejor escuela del asombro que la misma naturaleza.

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Para recuperar la capacidad de asombro de los niños modernos, hace falta enseñarles a valorar las horas de vida familiar y a realizar cotidianamente actividades positivas al aire libre, utilizando y estimulando todos nuestros sentidos para observar y poner atención en cosas tan sencillas como el cielo y las nubes, los aromas del campo, ver el comportamiento de las aves, analizar las hojas de los árboles y observar a los insectos. Pensar en el por qué de las cosas y comprender que la vida no es fácil para nadie, incluyendo a las aves o los insectos que intentan encontrar alimento y sobrevivir, nos permite ser más sensibles a la realidad que nos rodea, causando sentimientos de solidaridad y empatía.

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Enseñar a nuestros hijos a acariciar a un perro de la calle, a darle de beber y de comer, es un buen ejemplo de cómo un acto de generosidad puede cambiar no sólo la forma en que nuestros hijos perciban las cosas, sino que contagiará a quienes tenemos alrededor, sensibilizándolos. Tenemos la gran ventaja de que nuestra capacidad de asombro, aunque esté reprimida, puede ser estimulada fácilmente a través del contagio, poniendo el ejemplo con nuestras propias acciones. Si llenamos el mundo de actos de generosidad, solidaridad y empatía, entonces tendremos un “asombroso” cambio de actitud y por ende, un mejor futuro para nuestros hijos. ¿Qué estamos esperando? Pongamos entonces manos a la obra y ¡asombremos al mundo!

Naturaleza inspiradora… ¡Y ejemplar!

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Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías: Manuel Angel Aranda Portal y Oscar Aranda.

Existe una realidad absoluta: Que el mundo no gira alrededor nuestro. Vivimos en un mundo que gira y cambia constantemente… Y no estamos solos. En cada rincón del planeta; en cada océano, en cada árbol o en cada pedazo de jardín, existen otras criaturas además de nosotros, con sus propias vidas qué vivir y problemas qué enfrentar. En el mundo natural no se vale deprimirse o meterse en la cama esperando que llegue un nuevo día. Se vive y se sigue adelante. Tal vez, si fuéramos un poco más observadores, pacientes y receptivos, encontraríamos que, en la naturaleza, sobran ejemplos de valentía, generosidad y perseverancia.

En este breve viaje al mundo donde siempre suceden cosas interesantes, deberá usted hacer a un lado sus prejuicios. Deberá dejarse llevar por las acciones y los hechos, sin importar quiénes son los autores de semejantes proezas inspiradoras, pues muchos de esos ejemplos pueden venir de quien menos imagina: una araña, un murciélago, un pulpo o una garza, por mencionar a unos pocos. No hablaré de ellos, sino de sus hazañas.

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Se dice que el altruismo no existe en la naturaleza, y que es un término humano que no puede ser extrapolado al mundo natural. Sin embargo, y le pese a quien le pese, la búsqueda del bien común y sacrificarse para lograrlo es real. Muchos animales se protegen unos a otros y establecen extrañas sociedades en busca de un bien común, haciendo a un lado el egoísmo y el individualismo, llegando a hacer un verdadero trabajo en equipo, aún sin hablar el mismo idioma. Algunos sacrificarán parte de sus alimentos para compartirlos con quienes tuvieron un mal día. Otros sacrificarán momentos importantes de ocio para velar por la seguridad de los demás, mientras que otros más encontrarán aliados para superar obstáculos o simplemente, para pasar una noche segura, cálida y confortable. La crianza y la educación son temas que muchos animales se toman de verdad en serio, sacrificando literalmente sus vidas y dedicándose a cuidar no sólo a su numerosa familia, sino a otros que han quedado huérfanos. A todo ellos se brinda la misma atención, defendiéndolos y enseñándoles las pautas de comportamiento necesarias para sobrevivir. Sin duda hay quienes necesitarían haber sido criados y educados de ésta forma.

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La paciencia y la prudencia son fundamentales para sobrevivir, y tal vez sean uno de los mayores ejemplos a seguir. Acechar con paciencia es la clave de una cacería exitosa, pero esperar pacientemente a que tu depredador se retire, te garantiza la supervivencia. Ahí cuenta la prudencia, donde hay que conocer los riesgos y los límites de lo que se hace, y eso es algo que los animales saben hacer muy bien. En nuestra vida humana, la mayoría de los accidentes podrían evitarse, simplemente atendiendo a ese instinto básico que hemos suprimido casi por completo.

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Otra acción que todos deberíamos de tener presente es muy sencilla aunque difícil de llevar a cabo: Saber disfrutar de cada momento, y vivirlo como si éste fuera a ser el último. Sin importar que se trate de un delfín o de un escarabajo, siempre hay un momento para todo. El descanso es primordial, y los horarios se cumplen, ya que de ello depende un buen desempeño al día siguiente. De la misma manera, las cosas que se hacen se hacen siempre con entrega y decisión. Si hay que comer se trabajará duro para obtener la comida, y si hay que descansar, se descansará de verdad.

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La comunicación en el mundo natural es imprescindible y perpetua. No sólo es útil para hacer alianzas, encontrar pareja o alimento, sino también para reafirmar jerarquías, socializar y sobrevivir. En el mundo natural no hay un “sí pero no” (el clásico -no quiero pero no me atrevo a decírtelo-). Sólo hay sinceros “no puedo” o “tengo otras prioridades”, sin provocar rencores ni resentimientos. Simplemente la vida sigue y se sigue viviendo. Y hablando de la comunicación, basta pensar en cómo los humanos modernos hemos perdido esa profunda conexión con la naturaleza. Hace miles de años, nuestros ancestros ya sabían interpretar los mensajes de la naturaleza, y les prestaban atención, actuando en consecuencia. Ahora, aunque estamos destruyendo el planeta, todos somos un poco ciegos y sordos.

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En nuestra vida diaria, y en el día a día, es indispensable que encontremos y mantengamos un equilibrio entre nuestras acciones y en nuestras actitudes. Aunque nos cueste reconocerlo, la naturaleza nos ayuda a conectar nuestro espíritu con los estados emocionales más inspiradores: Despierta nuestra capacidad de asombro y genera sentimientos de paz, amor y armonía. Sólo necesitamos abrir nuestros sentidos para ver y escuchar el maravilloso mensaje de la naturaleza. Así que no lo olvide, sólo necesita algo que es vital para lograr lo que nos proponemos: ¡La voluntad de hacerlo!

Seres Terroríficos… ¡pero inofensivos!

Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

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No cabe duda que el gusto se rompe en géneros, y mientras hay a quienes les gusta algo, a otros puede resultarles desagradable o repulsivo. Tal es el caso de algunos animales que, por su aspecto físico, provocan el instintivo reflejo de matarlos o salir corriendo en cuanto son descubiertos. Sin embargo, detrás de ese desgraciado cuerpo en el que les tocó vivir, existen seres que además de ser inofensivos, poseen atributos admirables. En México es muy común que en nuestras casas aparezca de pronto una enorme polilla negra, mejor conocida como mariposa de la muerte o bruja negra (Ascalapha odorata). Resulta que a través de los tiempos, se han arraigado profundas creencias que se han heredado por generaciones, haciendo que su mala reputación les merezca un certero escobazo que por arte de magia haga desaparecer cualquier maldición que pudiera caer sobre el hogar que éstas hayan osado profanar.

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Aunque sólo sean mitos, me resulta agradable saber que éstos no son una tradición heredada por nuestros conquistadores europeos como ocurre con muchas otras creencias, sino que son un legado real de nuestros ancestros mesoamericanos, quienes las relacionaban con la muerte y el mal agüero. En Náhuatl, éstas mariposas nocturnas tenían muchos nombres: Miquipapalotl, Micpapalotl, Mictlanpapalotl, Tepanpapalotl o Tetzahupapalotl.

Existe otro animal nocturno comúnmente encontrado en zonas cálidas y húmedas de México: El temido e incomprendido Tendarapo o Araña Látigo, también conocido como Cancle o Cankle en las costas del Pacífico mexicano. Lo componen 20 especies distintas del Orden Amblypygi y debo reconocer que estéticamente, éste es un bicho poco agraciado, y causa tanta repulsión que fue utilizado en una de las películas de Harry Potter y descrito como un ser “letal”, aunque nada más lejos de la realidad. Curiosamente, no existen mitos conocidos en México, aunque la creencia infundada sobre su peligrosidad está profundamente arraigada. A diferencia de otros artrópodos como arañas y alacranes, éstos no tienen glándulas de veneno, y aunque poseen 4 pares de patas, el primer par funciona como órganos sensoriales, habiéndose adelgazado y estirado tanto que parecen antenas o látigos. Gran parte de su terrorífico aspecto se lo dan sus espinosos pedipalpos, algo así como un par de patas que hacen la función de las tenazas de un cangrejo, y los utiliza para capturar presas y sujetarlas mientras las devora.

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Luego de describir 2 animalillos que bien pueden ser los protagonistas de nuestras peores pesadillas, llega el momento de hablar bien de ellos y tratar de reivindicarlos. Intentaré salvarlos no sólo de su mala reputación, sino de una inútil e injusta muerte debajo de un zapato o una escoba.

Las mariposas negras, por más feas que le parezcan, son las mariposas nocturnas más grandes del Continente Americano y se alimentan exclusivamente del néctar y fluidos de frutos y cortezas. En el mundo natural juegan un importante papel como alimento de muchas aves y mamíferos. Respecto a su presencia en los hogares, esto es muy sencillo de explicar. Debido a que son seres de hábitos nocturnos poseen, como prácticamente todos los insectos, una hipnótica atracción hacia las luces artificiales. Una vez ahí, y llegado el amanecer, buscarán un rincón obscuro para descansar, esperando la llegada de la noche para seguir su camino. Y no, todas esas creencias de que su presencia anuncia la muerte de un miembro de la familia no son ciertas… Puede Ud. descansar tranquilo.

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En cuanto a los Cancles o Tendarapos, son unos animales extremadamente tímidos y rara vez se dejan ver, a menos que usted salga por la noche a explorar los alrededores, ya que son típicos de zonas húmedas y cálidas donde aún exista abundante vegetación y escondites. Si vive en la ciudad no tiene mucho de qué preocuparse, pues difícilmente se encontrará alguno, y si vive en alguna zona rural o en el campo, tampoco pierda el sueño, pues éstos extraños animales le ayudarán a eliminar cuanto bicho se les ponga enfrente, incluyendo las arañas y los peligrosos alacranes. Por algo en algunos lugares del sureste mexicano les llaman “limpia-casas”. Así que ya lo sabe: la próxima vez que se encuentre alguno de estos dos seres terroríficos, piense que su presencia es temporal y pasajera. Perdóneles la vida y sobretodo, ¡Duerma tranquilo!

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La extinción de las especies: De lo natural a lo “No-natural”

Texto y fotografías Por Biol. Oscar S. Aranda Mena

El mundo siempre ha estado en constante cambio, y a lo largo de cientos de millones de años, los continentes se han separado, océanos se han formado y montañas se han elevado. Mientras esto sucede, algunas especies desaparecen, así como otras nuevas aparecen conforme el planeta cambia. Se estima que hoy en día, sólo sobrevive menos del 5% de las especies que han existido en la historia de la tierra. El 95% restante, se ha extinguido (en su gran mayoría) por razones que aún no logramos comprender del todo.

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Se calcula que la elevada tasa de extinciones enfrentamos hoy en día, es cerca de 10,000 veces mayor a la tasa natural de extinciones, y está reconocido por la comunidad científica que los seres humanos somos los culpables. Existen evidencias que sugieren que desde hace 100,000 años (tras la aparición del hombre), muchas especies se han extinguido directa o indirectamente por nuestra culpa, como ocurrió con los mamuts y los tigres dientes de sable. Tristemente, conforme nos acercamos a la actualidad, existen claros registros de la gran cantidad de especies que han desaparecido por nuestra culpa, principalmente en los últimos cientos de años.

Cada día somos más los humanos que habitamos el planeta, y cada vez son menos los espacios naturales donde los animales y plantas pueden vivir libremente y sin peligro. Día a día, los seres vivientes corren el riesgo de toparse de frente con algún ser humano o enfrentar las consecuencias de sus actividades diarias. En la mayoría de los casos, los animales pasan a ser un “problema”, por lo que son eliminados inmediatamente para proteger nuestros intereses. Aquellos que no son un problema, pasan a ser una “oportunidad”, por lo que de igual forma los eliminamos para sacar provecho de ellos. Algunos animales y plantas, que de alguna u otra forma han logrado pasar “desapercibidos” por nuestros ojos ambiciosos y egoístas, enfrentan ahora nuevas enfermedades, contaminación y pérdida del hábitat, para no mencionar la interminable lista de riesgos. El resultado final, desde cualquier punto de vista, es el mismo en ambos casos: La Extinción.

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No podemos pensar que las reservas naturales en el mundo son la solución para garantizar la sobrevivencia de las especies. Simplemente no hay suficientes ni son lo suficientemente grandes, y dado que todos los seres vivos están interconectados, sencillamente ésta no es una opción que garantice su supervivencia. Existe una cierta cantidad de animales y plantas silvestres que “toleramos” o “aceptamos” en nuestra vida cotidiana, sobre todo aquellos que no nos hacen sentirnos “incómodos”. Desafortunadamente para el resto de los seres vivientes, que son demasiado grandes, feos o peligrosos no tienen ninguna oportunidad de sobrevivir, eliminados en la primera oportunidad, sin importar lo importantes que sean para los ecosistemas.

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¿Por qué no podemos compartir este vasto mundo con aquellos seres que tienen tanto derecho a vivir como nosotros? Tal vez, la respuesta sea muy compleja, pues además de nuestros instintos naturales e innatos de sobrevivir, existen problemas culturales y sociales de difícil solución. Lo cierto es, que la educación y el conocimiento es la mejor herramienta de conservación. Dado el cada vez menor contacto que tenemos con el mundo natural al vivir en grandes sitios urbanos, las personas se pueden sentir amenazadas o intimidadas por la naturaleza, acostumbradas a un cada vez más cómodo “mundo artificial”. Sin embargo, en la medida que comprendemos el papel que cada uno de los animales, plantas y ecosistemas juegan en nuestro planeta, podemos ser más respetuosos y tolerantes con lo que nos rodea. Para asegurar nuestro futuro debemos entender, querer y proteger nuestro entorno y a los seres que ahí habitan. Necesitamos asumir una responsabilidad clara y personal sobre nuestro medio ambiente y tener siempre presente esta pregunta: ¿Qué futuro queremos para nuestros hijos?

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¿A dónde van nuestras bolsas de basura?

Texto y fotografías Por Biol. Oscar S. Aranda Mena

En esta ocasión, quisiera hacerle un poco de justicia a la creciente e importante cultura del reciclaje y de responsabilidad ambiental. Desafortunadamente no me resulta fácil cuando, a pesar de que somos muchos los que cada día nos sumamos al esfuerzo por no llenar nuestro planeta de basura, las mismas empresas son quienes nos engañan (y probablemente son engañadas también) respecto a la contaminación que generan los empaques de sus productos o las bolsas en las que nos los entregan al llevárnoslos a casa. Me refiero en particular a las bolsas que los supermercados y tiendas de conveniencia utilizan para que podamos llevarnos la compra a casa, mismas que distribuyen gratuitamente y sin ningún miramiento. Nos las dan en todas partes, hasta en la tienda de la esquina, aún cuando no las necesitamos. A veces, sin darnos cuenta, llegamos a casa con al menos una decena de bolsas que tarde o temprano y con un poco de suerte, irán a parar directamente a un depósito legal de basura donde serán recicladas o enterradas. Sin embargo, muchas de ellas, por no decir la gran mayoría, acabarán en las calles, en los campos,  y finalmente en nuestros ríos y mares.

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Posiblemente, preocupado por la “bio-degradabilidad” de las bolsas, haya usted leído alguna vez lo que está impreso en algunas de ellas: Aunque muchas no indican nada, otras señalan que las reutilices y que tengas cuidado en que no se conviertan en basura. Algunas señalan que son bolsas “100% degradables” y también encontrará bolsas “100% Oxo-Biodegradables”. Para quienes no tenemos el tiempo de investigar a fondo lo que éstas etiquetas significan, podrían dejarnos tranquilos al pensar que ya no estamos contaminando el planeta y que éstas bolsas volverán a formar parte del medio ambiente, tal como ocurre con una hoja de un árbol. Desafortunadamente no es así, pues la Tierra no puede ni podrá por sí sola, digerir el plástico.

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Bolsas que se vuelven “invisibles” para nosotros

Que no las veamos no significa que no estén ahí, o que no contaminen. Las nuevas tecnologías han integrado algunos compuestos químicos que hacen que en cuestión de un tiempo relativamente corto, y con la ayuda de los rayos UV del sol, las bolsas de plástico se fragmenten en trozos minúsculos e imposibles de detectar a simple vista (de ahí el uso de términos “Oxo“ o “degradable”). El hecho de poder convertir a una enorme bolsa plástica en millones de pequeñas e invisibles micro-bolsitas de plástico que “naturalmente” se integrarán al medio ambiente, hace que a éstas bolsas se les clasifique como “biodegradables”, aunque a éstas partículas les tomará hasta cientos de años degradarse por completo. Los análisis científicos indican que apenas el 30% del contenido de una bolsa de estas características logra ser efectivamente bio-degradada, es decir, que casi su totalidad sigue contaminando.

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Ha llegado la Micro-Basura!

Apenas la ciencia se ha comenzado a dar cuenta de la realidad: Se ha creado una nueva forma de contaminación que está fuera de control y que amenaza causar más y mayores problemas que los que se están intentando solucionar. Por una parte, la nueva producción de bolsas tiene una “caducidad programada”, lo que las hace inviables en un periodo de alrededor de un año, y eso genera una mayor producción de plásticos. Otro aspecto importante a considerar es que ahora, todas esas bolsas de “nueva generación”, ya no pueden reciclarse, por los aditivos que llevan… Es decir, que irremediablemente pasan a formar parte de esa basura que no se puede volver a aprovechar. Por otra parte, se ha descubierto lo que se ha denominado como “Micro-Basura”, y que es tan pequeña que se mezcla con el plancton, pasando a formar parte inevitable de TODA la cadena alimenticia en el mar y sus zonas de influencia. Se ha descubierto que además de componer el 65% de la basura que hay en el mar, la Micro-Basura funciona como una “esponja”, absorbiendo los contaminantes con los que está en contacto en el agua y convirtiéndose en una partícula de “plástico súper-tóxico”. Tras ser ingerida, ésta libera todos los contaminantes que ha absorbido, junto con los químicos tóxicos con los que fue originalmente fabricada. Es ampliamente conocido que las sustancias químicas que se utilizan en la producción del plástico pueden provocar daños fisiológicos, genéticos y reproductivos, lo que nos debe hacer reflexionar sobre lo que está sucediendo y las consecuencias que esto acarrea en la salud de los océanos y de todos los seres vivos.

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Finalizo con una reflexión sobre qué es lo que nosotros, como “usuarios” del supermercado y del autoservicio podemos hacer: En algunos países las bolsas de plástico “gratuitas” están prohibidas, lo que obliga a los consumidores a utilizar menos bolsas. Algunas cadenas de supermercados se han rehusado a utilizar las bolsas degradables, recurriendo a la producción de bolsas hechas con plásticos reciclados. Este es un gran paso, pero la mejor y más efectiva acción que todos podemos tomar es muy sencilla y simple de implementar: Debemos utilizar bolsas reutilizables, que son más grandes, duraderas y resisten mucho peso. De esa forma evitaremos generar más basura contaminante e innecesaria. En nuestras manos está que hagamos la diferencia. O elegimos cargar con el peso de los plásticos tóxicos y contaminantes sobre nuestras espaldas, o cargamos orgullosos nuestras bolsas reutilizables y 100% ecológicas.