¡En defensa de las AVISPAS!

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Éste artículo va especialmente dirigido a aquellas personas que odian y temen a las avispas, y haré mi mejor esfuerzo por mejorar su terrible imagen de “insectos malvados”. Si usted las detesta, no le culpo, pues desde niños se nos ha enseñado a temerles, alejarnos de ellas y matarlas o destruir sus nidos en la primera oportunidad.

Hace unos días, un vecino nos reprochaba que según él, “cientos de avispas” van a beber al pequeño recipiente con agua que le ponemos a los gatos de la calle en la puerta de casa, y que ya nadie se atrevía a pasar por ahí. Es verdad que esas pobres avispas (que no suman una decena), habían encontrado por fin un sitio dónde beber agua en éste caluroso y seco verano mediterráneo, y yo estaba orgulloso de que finalmente pudieran saciar su sed. Cada que salía de casa me detenía un momento a observarlas aterrizar en el agua con gran destreza, para tras un par de segundos echar de nuevo a volar y seguir su camino. Ante el riesgo de ser denunciados y que éste malentendido desencadenara una guerra vecinal sin sentido, no tuve otra opción que bajar los recipientes a la calle y colocar una pantalla de madera para evitar que los recipientes de agua y comida se vieran desde la acera cuando la gente pasa caminando, colocando otro recipiente con agua en nuestra terraza. Por ahora nadie se ha quejado y las avispas están utilizando el bebedero de nuestra terraza (cara de satisfacción).

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¿Es de verdad justificada esa paranoia “anti-avispas”?

En los últimos meses, cada vez han sido más frecuentes las alarmantes noticias sobre las picaduras y muertes que han ocurrido en el norte de España a causa de la invasora avispa asiática  (Vespa velutina nigritorax). Han sido muertes trágicas y desafortunadas, donde las víctimas han recibido gran cantidad de picaduras o han resultado ser alérgicas a su veneno.

Desafortunadamente, se ha creado (aún más) un rechazo indiscriminado a todas las especies de avispas, cuya reputación ya de por sí, era mala, a pesar de su importante papel en los ecosistemas como control de plagas.

Somos muchos quienes en alguna ocasión hemos sufrido alguna dolorosa picadura o hemos tenido que echar a correr tras rozar accidentalmente algún avispero, pero pocos somos los que nos hemos detenido a analizar el por qué nos han picado o nos han perseguido. No es tan sencillo que una avispa nos pique si no la provocamos. Algunas son picaduras accidentales cuando se ven atrapadas (como cuando están entre nuestra ropa o nos bebemos un vaso con bebida sin darnos cuenta que había dentro una avispa), pero la gran mayoría de picaduras podrían evitarse cambiando un poco nuestra actitud hacia ellas. Toda mi vida adulta he respetado los avisperos y nunca me he llevado algún piquete, a pesar de realizar podas o actividades muy cerca de ellas. Eso sí, advertencias y sustos los he tenido por montones.

Hay que estar siempre atentos a sus señales de advertencia, tal como haríamos con un perro que nos gruñe, aunque debo reconocer que en ocasiones sus mensajes son demasiado sutiles y no nos damos cuenta de lo que nos están advirtiendo. Por ejemplo, aquellas que están en su nido o avispero, suelen ponerse en alerta cuando uno se acerca demasiado, pero no atacarán si no hacemos ruidos o movimientos violentos que les indiquen que están en peligro. Antes de atacar, su segunda advertencia será volar directamente hacia nosotros y esquivarnos en el último momento, tal como hacen muchas aves para defender a sus nidos y polluelos. Si no hacemos caso, la tercera vez no serán tan generosas.

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Dignas de respeto y admiración

A pesar de mis argumentos, muchas personas prefieren no correr riesgos y deciden eliminarlas de todas formas. Y mientras la gente me pregunta ¿por qué hay que respetarlas?, yo prefiero agregar: ¿Por qué debemos admirarlas?

Desde los primeros tiempos, el ser humano se ha sentido fascinado por las abejas y las hormigas (sus parientes cercanos), estudiando sus complejas sociedades y sus hábitos, pero aún hoy en día sabemos muy poco acerca de las avispas a pesar de su importancia para nosotros. En el mundo de los insectos y su relación con los humanos, las avispas, junto con las abejas, son probablemente los insectos que más nos ayudan, aunque a diferencia de las abejas, sus benéficos hábitos son menos visibles y pasan prácticamente desapercibidos para nosotros. Es más, la gran mayoría de las especies de avispas que existen son inofensivas para nosotros y muchas de ellas ¡ni siquiera pican!

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Muchas avispas son cazadoras, y dedican su vida a capturar y comer larvas y orugas de insectos que dañan nuestras cosechas, e incluso alimentándose de las molestas cucarachas, como ocurre con las avispas ampulícidas (Ampulicidae). Muchas de ellas son polinizadoras durante su edad adulta, y al igual que las abejas, hacen posible que tengamos siempre disponibles semillas, frutas, verduras e incluso una deliciosa miel de avispa. Algunas especies se han especializado tanto en la polinización, que hay árboles que las necesitan obligadamente para producir frutos, como es el caso de los árboles conocidos como higueras (Ficus sp.) y las avispas de los higos, que han desarrollado una vida de beneficios mutuos (mutualismo). De esta y muchas maneras inimaginables, las avispas son nuestros aliados.

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Tal vez, una de sus habilidades más sobresalientes es su admirable capacidad ingenieril, ya que son especialistas en construcción ligera y aislamiento térmico cuyo trabajo ha sido estudiado y replicado por los humanos. Sus avisperos circulares -y aparentemente feos y sin atractivo-, son en realidad un laberinto de ecuaciones matemáticas, diseñados a la perfección para mantener el centro del nido (donde están sus huevos y larvas), perfectamente ventilado y protegido del calor y del frío, elaborados además con fibras de madera mezclada con saliva, lo que además los hace sorprendentemente ligeros y resistentes. Hay otros avisperos menos elaborados en cuyo interior pueden observarse celdas donde depositan un huevo, mismo que entre todas cuidan más allá de su nacimiento, alimentando a la larva hasta que ésta se convierte en un adulto capaz de asumir su rol en el avispero. En los días más calurosos, las avispas se colocan encima de sus huevos y larvas y baten sus alas frenéticamente para refrescar a la colonia. ¡Eso es solidaridad!

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Aguijones que no pican

Hay avispas solitarias y avispas sociales, aguijones extremadamente pequeños y otros tan grandes que pueden triplicar el tamaño del animal. Las avispas sociales, que en su mayoría son expertas cazadoras de insectos y tienen un pequeño aguijón, mismo que utilizan para paralizar a sus presas, suelen mantenerse agrupadas en sus avisperos, donde siempre hay alguna (o algunas) que están vigilantes y atentas a cualquier peligro que pueda acechar por ahí.

Las avispas solitarias por su parte, tienen unos hábitos bastante discretos y en ocasiones extraños aunque sumamente interesantes, ya que además de pasar su vida en soledad, cavan sus nidos en la tierra o la madera. Más de la mitad de especies de avispas del mundo están catalogadas como “parásitas”, aunque el término correcto para definirlas es “parasitoide”. La diferencia entre parásito y parasitoide radica en que sólo sus larvas suelen ser parásitas, pero las formas adultas no lo son, alimentándose de néctar por ejemplo.

Entre las avispas solitarias encontramos también a las avispas alfareras, que construyen sus bellos nidos con barro que recolectan de charcas cercanas, haciendo pequeñas hileras de “cantaritos” que pegan en lugares discretos, donde suelen meter dentro alguna oruga o gusano “paralizado”, que servirá de alimento para sus futuros bebés. Y ¿cómo paralizan a sus presas?, ¡con su aguijón!

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Sin embargo hay otras avispas cuyo aguijón no sirve para picar. Se han especializado tanto, que seleccionan exclusivamente una planta o un animal para depositar sus huevos, y muchas veces tienen que llegar a ellos a lo profundo de un tronco. Para lograrlo, han modificado su aguijón, que en realidad es un órgano “ovopositor”, que en ocasiones puede ser tan largo que por sí solo puede medir la misma longitud de su cuerpo. Si observa una avispa cuyo “aguijón” es extremadamente largo, no se alarme, es totalmente inofensiva y además, no construye nidos.

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Diseñadas para triunfar

Las avispas son también famosas por su estrecha cintura, y de ahí la frase “cintura de avispa”, aunque ésta no es una regla pues también hay avispas “gorditas”. Al respecto existe una explicación morfológica: Aunque las avispas aparecieron hace casi 250 millones de años (en el periodo triásico), su angosta cintura (que apareció unos 50 millones de años después), fue un salto evolutivo excepcional que les permitió modificar sus estilos de vida. La minúscula separación entre su cuerpo y su abdomen significa una flexibilidad sin precedente, lo que les permite girar y maniobrar en espacios muy reducidos, además de poder “apuntar” su aguijón o su órgano ovopositor en posiciones casi imposibles de imaginar, capaces además de horadar agujeros en la madera para llegar hasta las presas más inaccesibles.

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Si yo pudiera comparar a las avispas con algún oficio humano, me resultaría imposible seleccionar sólo uno. Probablemente las seleccionaría como un grupo élite altamente especializado, dedicado a ejecutar las misiones más arriesgadas con la mayor precisión, cosa que en cierta forma hacen, y que cada vez son más quienes las utilizana gran escala como un eficaz control natural de plagas. Considero que si algún insecto podría salvar al mundo, definitivamente serían las avispas.

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¿Qué podemos hacer por ellas?

Si Usted, ha llegado hasta éste punto, tengo la esperanza de que su percepción sobre las avispas haya cambiado un poco, así que le daré algunas ideas para ayudarlas en su día a día, sin recibir un picotazo a cambio. Como lo mencionaba al inicio, las avispas también tienen que beber, y dedican una considerable energía (y tiempo) en busca de agua para beber. Es por ello que muchas (muchísimas) mueren ahogadas en piscinas y albercas en su mortal esfuerzo por saciar su sed. Colocar un recipiente con agua es un gesto de generosidad que no sólo ayudará a las avispas en los días más calurosos, sino que será extensivo para una infinidad de especies de insectos y aves. Pero tenga mucho cuidado en no convertir ese recipiente en una trampa mortal, y asegúrese de colocar en el centro del recipiente una piedra que sobresalga para que puedan sostenerse.

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Aquellas que se acercan a nuestro vaso de bebida y caen dentro accidentalmente, pueden ser rescatadas tranquilamente metiendo un trozo de servilleta para que se sujeten, o inclusive podemos hacerlo con nuestro propio dedo ya que no nos picarán. Las dejamos descansar sobre la misma servilleta o en la mesa, y tras limpiarse un poco alas y antenas, echarán a volar, seguramente agradecidas por nuestro amable gesto.

Como ocurre con todos los animales y humanos, la tolerancia tiene un límite y algunos somos mucho más sensibles (o irascibles) que otros. Lo mismo ocurre con las avispas, por lo que nunca hay que menospreciar su capacidad de hacernos daño, pues a diferencia de las abejas, éstas puede picar más de una vez, así que la cantidad de veneno inyectado se puede incrementar considerablemente.

Así que nunca olvide que la prudencia es la mejor de nuestras herramientas para prevenir y evitar accidentes. Ante cualquier duda, simplemente siga ésta sencilla regla: ¡No se meta con las avispas!

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Practicando el arte de “no ser detectado”

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

El mimetismo y el camuflaje han existido desde que los primeros animales evolucionaron, y han formado parte de la naturaleza por siempre como una herramienta de supervivencia. Sin embargo, fue hace apenas 223 años que la ciencia comenzó a interesarse en su significado, cuando Erasmus Darwin comentaba en su libro Zoonomia (1794) que “el color de muchos animales parecía ser una adaptación para ocultarse a si mismos, ya sea para evitar el peligro o para sorprender a su presa”. 65 años después, su famoso nieto publicaría su teoría de la evolución, donde habla precisamente de las sorprendentes adaptaciones de los seres vivos.

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Parece que desde entonces, con esa descripción tan clara y sencilla no hay mucho qué agregar, hasta que nos damos cuenta realmente de que las técnicas tan complejas y avanzadas que los animales utilizan para ocultarse, superan nuestra capacidad de entendimiento, y que sorprendentemente, la capacidad de algunos animales para adaptarse al mundo actual son más rápidas y efectivas de lo que podría esperarse.

Por ello deben diferenciarse las distintas estrategias entre sí, como la cripsis o camuflaje (imitar las características de un ambiente o un objeto), el aposematismo (llamar poderosamente la atención como una forma de advertencia) y el mimetismo (copiar la apariencia de otros seres vivos). En realidad es muy sencillo de entender, pero aún así pondré tres ejemplos típicos:

Pensemos primero en las Santateresas o Campamochas (Mantis religiosa). Son insectos a los que todos podemos fácilmente asociar en nuestra mente sin necesidad de una fotografía: su estrategia para ocultarse es muy sencilla, pues se adaptan al ambiente vegetal en el que viven. Algunas son verdes, otras marrones, pasando desapercibidas entre las hojas verdes o las ramas secas, mientras se mueven en un vaivén que recuerda a una hoja movida por el viento. A eso se le llama camuflaje.

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Ahora pensemos en las mariposas Monarca (Danaus plexippus), que como es bien sabido sus larvas se alimenta de una planta que contiene toxinas, almacenándolas en sus cuerpos para que otros animales no se las coman. Desde que son orugas, y luego como adultas, poseen un patrón de colores que les permiten ser identificadas como “de sabor desagradable”, por lo que un depredador evitará comerlas simplemente con verlas. A eso se le llama coloración aposemática o aposematismo.

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Mariposa Monarca (vista ventral y dorsal)

Hay animales que sacan ventaja de aquellos que son aposemáticos, ya que al imitarlos y parecerse a ellos logran evitar que se los coman al confundirlos con los verdaderos. Eso es exactamente lo que ocurre con dos especies de mariposa que imitan a las monarcas, y que son sorprendentemente similares: la mariposa Virrey y la mariposa Reina (Limenitis archippus y Danaus gillippus). A eso, mi estimado lector, se le llama mimetismo.

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Mariposa Reina (vista ventral y dorsal)

Hay tantas formas de ocultarse como especies en el planeta, cuyos límites están en el ingenio. Mientras algunas orugas se asemejan al excremento de un ave, algunos escarabajos y polillas imitan a las respetadas abejas y avispas, tanto en color como en su forma, o se asemejan a la corteza del árbol donde se esconden.

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Oruga de Papilio cresphontes

Los reflejos plateados de los peces y su color más claro en su vientre y oscuro en su parte dorsal son excelentes ejemplos de camuflaje, así como las manchas negras sobre un color claro en el pelaje de un jaguar. Algunos animales buscan ocultar únicamente alguna parte de su cuerpo, normalmente los ojos y las extremidades. ¿Se ha dado cuenta que lo primero que miramos instintivamente los seres humanos es a los ojos? Como dicen por ahí, una mirada dice más que mil palabras, pues ésta puede revelar nuestros propósitos. Es por ello es que muchas personas ocultan sus ojos con lentes oscuros, y los animales los ocultan con rayas o patrones de distinto color, tal como hacen los mapaches (Procyon lotor). Una mirada puede ser tan poderosa, que muchos insectos han desarrollado en alguna parte de su cuerpo “falsos ojos” con aspecto intimidante, lo que puede sorprender a su depredador. Esos instantes de desconcierto, pueden hacer la diferencia entre morir o ponerse a salvo.

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Hay otros animales que dedican mucho tiempo en ocultarse construyéndose su propio refugio, al que me gusta describir como un “escudo visual”. Eso es lo que hacen las inofensivas larvas de algunas polillas pequeñas y poco conocidas a las que se les llama comúnmente “cargapalitos” u “orugas de saquito”. Con la ayuda de la seda, se construyen un pequeño saco con una o dos salidas, adhiriendo pequeñísimos trozos de corteza o materia vegetal. Siempre adentro del saco, únicamente sacan su cabeza y sus patas anteriores para moverse de un lugar a otro y comer, y en ocasiones suelen entrar en nuestros hogares, donde les vemos colgando de las paredes, sin tener la menor idea de lo que son esas extrañas basuritas que se mueven de lugar.

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“Oruga de saquito” Familia Psychidae

Los seres humanos practicamos éste arte desde tiempos inmemoriales, aunque la ciencia del camuflaje como tal se ha aplicado principalmente con propósitos bélicos. Nosotros, en innumerables momentos del día utilizamos el camuflaje de forma instintiva e inconsciente: vestimos de una forma u otra para transmitir seguridad o éxito y aparentamos ser lo que a veces no somos.

Algunos preferimos mimetizarnos y pasar desapercibidos entre la muchedumbre como “uno más”, mientras que otros buscamos resaltar y volvernos aposemáticos; algunos para dominar, y otros para protegernos de quienes pretenden dominarnos. Al final de la historia, querido lector, no somos tan distintos al resto de los animales, pues en ésta lucha psicológica, los humanos perseguimos el mismo objetivo que ellos: la supervivencia.

Esos desesperantes insectos llamados moscas

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Voy a hacerle una pregunta: ¿Quiénes son los seres más molestos, desesperantes y repulsivos del mundo? Probablemente, y tras una brevísima reflexión, llegue a la misma conclusión a la que yo llegué. ¡Las moscas! (y algunos seres humanos a quienes, ciertamente, desearíamos poder hacer desaparecer de un certero periodicazo).

Ya decía el poeta español Pere Quart (Joan Oliver i Sallarès, 1899-1986) que la naturaleza nos procura “una bestia para cada molestia”, lo que ciertamente es verdad. De noche, son los también desagradables mosquitos y de día… nuestras “amigas” las moscas. En este caso en particular, su pequeño tamaño no las hace menos bestias, además de ser tan antiguas, que ya molestaban a los mismísimos dinosaurios. También versa el dicho popular, que “cuando el diablo se aburre, mata moscas con la cola”, y es que no sólo en el submundo abundan las moscas, sino que aquí, en nuestro paraíso terrenal, suele haber tantas que a veces nos hacen sentir que vivimos nuestro propio infierno.

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Las hay por todas partes, de todo tamaños, formas y colores. Las hay bonitas y feas, aunque en la gran mayoría de los casos, su belleza la llevan tan adentro que sólo un apasionado coleccionista de moscas podría apreciarla. A pesar de su asombrosa diversidad, en la que se cuentan más de 85 mil especies, en éste artículo me refiero exclusivamente a aquellas especies que nos acompañan desde el nacimiento hasta la muerte, tanto en casa como en la escuela o el trabajo. Entre ellas están la mosca doméstica, la mosca de la carne y la no menos célebre mosca metálica o también llamada “panteonera”, dado que en la antigüedad eran abundantes en los panteones.

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Todas las moscas comparten una asombrosa capacidad: volver loco hasta al ser más pacífico y equilibrado del mundo, sin importar especie o clase social a la que pertenezca. Podrían escribirse tratados enteros sobre las reacciones psicológicas que las moscas zumbonas provocan a los humanos, actuando desafiantes y audaces, como si no le debieran nada a nadie. Tal vez es así, y su misión en éste planeta, además alimentarse de lo que nadie más quiere, es recordarnos una y otra vez lo incapaces que somos de tener el control de las cosas, por mucho que lo intentemos.

A continuación expondré lo que a mi parecer son los cuatro grandes pasatiempos de las moscas:

1) Posarse sobre nuestras narices incontables veces,

2) Pasar en vuelo rasante y zumbante junto a nuestros oídos,

3) Alimentarse, defecar y reproducirse continuamente, y

4) Cuando no están haciendo ninguna de las anteriores, se lavan frenéticamente las manos, como si en un momento de lucidez sintieran asco de sí mismas y de lo repugnantes que pueden llegar a ser, aunque son tan irreverentes que tal vez se las están frotando, como aquel que con malicia, está planeando su próxima travesura maestra.

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No pretendo culparlas por lo que son, pues entiendo que esa es su naturaleza, y por más despreciables que puedan parecer, las acepto como son, y reconozco que mi relación con ellas podría ser considerada como de “amor-odio”, pues aunque me siguen volviendo loco, no puedo evitar abrir la ventana para dejarlas escapar, en lugar de matarlas.

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Sin embargo, e independientemente de la opinión que podamos tener de ellas, siempre hay algo importante que podemos aprender de ellas, aunque para lograrlo, hay que ver las cosas desde la perspectiva de las moscas mismas: Su éxito radica en que son animales extremadamente sanos, a pesar de que son portadoras de un centenar de enfermedades debido a su anti-higiénico estilo de vida. La razón está escondida en su ADN, pues tienen genes especializados que les dan una inmunidad asombrosa, y el hombre intenta crear nuevas vacunas inspiradas en esas desagradables moscas.

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Es verdad… Tenemos mucho qué aprender de ellas. Es cierto que son un incordio para la humanidad, pero también lo fueron para los dinosaurios y todos los animales ya extintos. Aunque nos pese reconocerlo, si han estado en éste planeta por unos 300 millones de años, algo bueno estarán haciendo. ¿Usted qué opina?

 

¿Son los Zoológicos Necesarios?

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Cada vez somos más los que vivimos en ciudades y perdemos todo contacto real con la naturaleza. Los parques zoológicos y los acuarios son a menudo el primer y único contacto que la gente tiene con la vida silvestre, ayudando a crear en ellos un mayor conocimiento y conciencia acerca de la biodiversidad en nuestro planeta. De no ser así, ésta gente se limitaría a vivir esa experiencia a través de los libros y la televisión. Con una creciente afluencia que supera los 600 millones de visitantes anuales en todo el mundo, las críticas hacia éstas instalaciones también crecen cada día, debido al dilema ético y moral que representa mantener animales confinados en jaulas o en recintos cerrados y bajo el cuidado de los humanos, ya que a pesar de que muchos de ellos (la mayoría probablemente) mantienen a sus animales en excelentes condiciones y amplias instalaciones, algunos otros no brindan si quiera las mínimas condiciones para ofrecerles una vida saludable y estimulante. Dada la complejidad del tema, he decidido resumir lo bueno y lo malo que tienen los zoológicos y acuarios; y lo dejaré a Usted mi estimado lector, que utilice su ojo crítico y su criterio para calificar los zoológicos y acuarios que conozca, pero sobre todo, que sea Usted quien dictamine si éstos son o no son necesarios para el mundo en el que vivimos:

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Los zoológicos y acuarios son un lugar excelente para informar a la sociedad de todo lo referente al mundo natural y la necesidad de su conservación, pero son necesarias campañas de concienciación para que éstos no sean una simple exposición de animales sino que sean verdaderos centros de aprendizaje. El problema radica en que la mayoría de los visitantes (alrededor del 90%) están motivados por la simple intención de pasar un buen día “fuera de casa”. El reto está en hacer que a la gente que le preocupa la diversión, se preocupe también por la conservación. Además de la educación y la concienciación del público, la misión de los zoológicos y acuarios debe ser contribuir a la investigación, la conservación y reintroducción de las especies silvestres, trabajando en estrecha colaboración con gobiernos y organizaciones civiles para proporcionar alojamiento y asistencia a animales que lo requieran, como son aquellos confiscados del comercio ilegal, animales que entran directamente en conflicto con el humano y animales víctimas de desastres naturales o incendios. Esto es particularmente importante en lugares como México, donde prácticamente no existen centros de recuperación de fauna silvestre.

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Uno de los temas que a mí en lo personal me han inquietado más, es la práctica de trasladar e intercambiar animales entre zoológicos, que en la mayoría de los casos es inevitable y necesaria. Por una parte los zoológicos y acuarios se ven en la necesidad de mantener sus colecciones frescas y atractivas para el público, pero también para asegurarse de mantener una sana variación genética en los animales que ahí reproducen. La cuestión es, que muchos individuos son separados de sus núcleos familiares o sociales, causándoles un estrés tremendo, dolor y tristeza, ya que en muchas ocasiones éstos individuos no logran adaptarse o no son aceptados por sus nuevos compañeros.

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En cuanto al bienestar a los animales, siempre habrá conflictos éticos y morales, tanto por parte de los zoológicos y acuarios, como por parte de los visitantes, quienes en muchos casos son quienes molestan y estresan a los animales. Uno de los mayores problemas que enfrentan los zoológicos y acuarios es hacer “milagros” con los presupuestos que obtienen de la venta de las entradas, buscando siempre un equilibrio entre dignificar los recintos de los animales haciéndolos lo más parecido a su medio natural, brindarles una dieta adecuada (que es muy costosa), realizar chequeos médicos y mantenerlos saludables, además de proveerles positivos estímulos psicológicos diarios (conocidos como “enriquecimiento”) para evitar que sufran los efectos del confinamiento. Para ello, el personal que ahí trabaja realiza verdaderos esfuerzos por hacer que los animales vivan tranquilos y sin estrés, aunque no siempre es posible dadas las limitaciones económicas que hacen necesario jerarquizar prioridades.

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La imagen de los zoológicos y los acuarios ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, donde un sitio de exhibición de animales ha pasado a ser como un santuario de vida silvestre. De tener a los animales confinados en jaulas, se han creado ahora paisajes complejos donde aparentemente no existen muros, manteniendo en espacios muy amplios y bien acondicionados a muchas especies de animales que pueden convivir entre sí, realizando grandes esfuerzos para educar a la sociedad y cambiar la percepción que la gente tiene de los animales y sus hábitats. Sería imposible devolver a la mayoría de los animales a sus hábitats originales simplemente porque ya no existen o porque existen serias amenazas para su supervivencia, y es ahí donde los zoológicos están jugando un papel clave en la conservación. Desafortunadamente, siempre habrá excepciones en las que se busca lucrar a través de los animales, exhibiéndolos como animales de circo. En esos casos, somos nosotros quienes debemos levantar la voz y rechazarlos, haciendo que ésos sitios en particular hagan las cosas como debe ser: Que el dinero que se paga por entrar sea verdaderamente utilizado para el bienestar de los animales, la investigación y la conservación de sus hábitats.

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Una explosión de vida

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar Aranda Mena

Con la llegada de las lluvias no sólo reverdece el paisaje, sino que miles de especies de animales, insectos y plantas se sincronizan para aprovechar la abundancia de agua y alimento. Aún antes que caiga la primera lluvia, la naturaleza se prepara para recibirla. Los árboles reverdecen y ofrecen sus primeras flores, mientras los animales se inquietan buscando pareja. Mientras combinan su tiempo ocultándose del calor y preparando sus nidos, bajo tierra las hormigas y termitas se multiplican rápidamente esperando el momento para aparecer de forma abrumadora.

Insectos por millones

En un ritual guiado por señales ambientales que los humanos ni siquera percibimos, los hormigueros y termiteros producen una millonaria camada de hormigas aladas, quienes tienen como única misión formar nuevas colonias. Estos pequeños animalitos recibieron una dotación de alas que les permiten volar lejos y encontrar pareja. Tras haberse apareado unas horas después de haber salido de sus nidos, no tienen más la necesidad de volar, por lo que se deshacen de sus alas para nunca más alzar el vuelo. Los machos mueren luego de unas horas, al gastar toda su energía por buscar una pareja, mientras que las hembras que hayan logrado reproducirse, formarán por sí solas una nueva colonia, siempre y cuando encuentren un lugar adecuado para cavar su nido.

En estos días no es una buena idea tener las ventanas abiertas y las luces encendidas, pues en un instante aparecerá una multitud de bichos revoloteando por doquier. Una gran variedad de insectos que se alimentan de las flores y frutos que producen los reverdecidos árboles, se ven mortalmente atraídos por las luces de nuestras casas, permitiendo a sus depredadores naturales como arañas, alacranes, aves, reptiles y anfibios darse un gran festín. Entre estos animales, sobresalen  las llamadas “besuconas” (cuizas o geckos) que son comunes en zonas tropicales. Con tanto alimento y humedad se ven motivadas a reproducirse también, para poner huevecillos de donde nacerán minúsculas y simpáticas réplicas especializadas en eliminar esos insectos que tantas molestias nos causan en el hogar.

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Aunque la naturaleza es más compleja de lo que pudiéramos pensar, basta con poner el ejemplo de las golondrinas para comprender la importancia de las lluvias y de ésta explosión de vida, pues apenas regresan a nuestras tierras de su viaje invernal al sur, comienzan a construir sus elaborados nidos con bolitas de lodo, saliva y paja, poniendo varios huevecillos que nacerán luego de las primeras lluvias y, sin esos millones de insectos que nos molestan tanto, las golondrinas no tendrían con qué alimentar a sus polluelos. Estas aves generan un enorme beneficio al ser humano al alimentarse de una gran cantidad de insectos nocivos para las actividades humanas. Se estima que una sola golondrina puede consumir alrededor de 1Kg de insectos cada temporada, lo que es muy considerable si tomamos en cuenta que cada golondrina pesa apenas 20 gramos.

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Habiendo comenzado las lluvias, con tanta agua y comida por doquier, aquellos animalitos que vivieron ocultos por tantos meses aparecen de pronto, por lo que las noches resultan ser un magnífico auditorio de sonidos vocales y conciertos de infinidad de artistas: Tras años de vivir bajo tierra, las cigarras emergen silenciosamente de la tierra para zumbar estridentemente sin parar sobre los árboles; mientras grillos, ranas y sapos rompen el silencio de la noche con sus impacientes llamados al amor.

Un mundo humano

¿Será que los humanos nos hemos cegado y ensordecido tanto que ignoramos totalmente lo que ocurre alrededor? Esa explosiva celebración a la vida es para darle la bienvenida a las lluvias (que tanto nos benefician a todos, y nos permiten seguir viviendo), pero los humanos nos permitimos encontrar razones para quejarnos, sin disfrutar lo que nos regala la naturaleza. Si no llueve, “malo”; y si llueve, “malo también”… Nos quejamos tanto que a la época de lluvias la hemos llamado “mal tiempo” en los pronósticos del clima, sin reflexionar por un segundo su gran valor.

En esta temporada lluviosa, los invito a disfrutar de la lluvia, de escuchar su sonido y de probar su sabor. Disfrutemos de mojarnos como chiquillos bajo la lluvia; pues no somos ni de sal, ni de azúcar. ¡Bienvenida la lluvia, Bienvenida la vida!

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La monogamia en el mundo de las aves: ¿Existe la fidelidad?

Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

El comportamiento reproductivo es uno de los fenómenos más importantes y complejos en la vida de las aves, y ha atraído enormemente la atención de los científicos en las últimas 2 décadas, al descubrirse uno de los secretos mejor guardados por estos alados animales.

Monogamia infiel

Antes de inicios de los años 1990´s, se creía que la monogamia (una relación exclusiva entre un macho y una hembra en particular durante un ciclo reproductivo) era un estilo de vida común y simple para las aves, hasta que se descubrió que muchas aves aparentemente monógamas, participan en apareamientos o cópulas con otros individuos, lo que se traduce simplemente en “engañar a sus parejas”. Este descubrimiento significa que la crianza de sus polluelos no implica necesariamente la fidelidad sexual. Ahora, los ornitólogos reconocen que más del 90% de las aves son “monógamas sociales”, es decir, que cooperan en la crianza de los pequeños, sin importar que sean o no de ambos progenitores. Ciertamente, también se da el caso de la monogamia estricta, donde ambos padres son los verdaderos padres, y esto ocurre normalmente en las especies donde se requiere la presencia de ambos padres para la crianza de sus hijos.

Los científicos han observado que la cópula con otros individuos también es frecuente entre aves que mantienen relaciones “estables” y que permanecen juntas por largo tiempo o incluso de por vida. No se sabe aún cuántas especies realizan esta práctica, pero todo parece indicar que la monogamia estricta, es decir la fidelidad, puede ser la excepción a la regla.

Develando el secreto

Si bien ésta historia suena un poco a las noticias escandalosas o a las revistas del amor, los científicos descubrieron esta escandalosa información al realizar estudios genéticos, intentando conocer las relaciones familiares entre ciertos grupos de aves. Analizando el ADN de las plumas de los padres y de los polluelos, toda una novela de amor y engaño salió a la luz, repitiéndose el resultado con muchas otras especies.

Asumiendo que las aves son socialmente monógamas, surge una pregunta: ¿Qué es lo que motiva a la hembra a aceptar o incluso solicitar cópulas con otros individuos? La reproducción forzada no es un comportamiento común en las aves, y las observaciones que han realizado los ornitólogos parecen indicar la voluntad de la hembra por participar, quien es a menudo quien lo busca. Se cree que puede ser una forma de la hembra por disminuir el riesgo de que su pareja sea infértil y sus huevos sean infértiles, o podría ser una estrategia para incrementar la diversidad genética de sus crías. Igualmente se cree que es posible que la hembra tome ventaja al encontrar algún macho con mejores genes que su pareja actual.

En el caso de los machos, ciertos rasgos se han relacionado con la probabilidad de éxito para copular fuera de la pareja, como puede ser un plumaje más brillante y colorido, canciones más complejas, etc. Si los machos no participan activamente en el cuidado y alimentación de los polluelos, entonces éstos buscarán activamente “exhibirse”, con la finalidad de mejorar su propio éxito reproductivo. Es importante mencionar que aún cuando existe el “engaño” por parte de la hembra, su pareja macho, conoce de alguna forma el riesgo que existe de que alguna de sus crías no sean propias, por lo que en un intento por reducir estos riesgos, algunas especies de machos han desarrollado estrategias para prevenir la pérdida de paternidad. Estas incluyen el aparearse frecuentemente, y se sabe de copulaciones forzadas cuando el macho sospecha que la hembra ha copulado con otro macho.

Más secretos por resolver

Si bien ya se conoce que tan sólo el 10% de las aves son monógamas reales, existe un trasfondo que debe ser analizado, más allá del por qué ocurre éste fenómeno, comparándolo con otros miembros del reino animal, incluyendo el ser humano. Existen pistas que indican que las hormonas pueden ser las causantes de todo este embrollo, donde ciertas hormonas inhiben o estimulan la promiscuidad (tal como se define en el mundo humano), y que tal vez, los animales no son del todo conscientes de sus actos que realizan por voluntad propia. En el ser humano se sabe de la influencia que las hormonas pueden ejercer sobre la agresividad y la promiscuidad de los hombres, y en las mujeres sobre su promiscuidad e infidelidad, por lo que no me sorprende lo que se está descubriendo sobre las hormonas en los animales.

No puedo evitar reflexionar que a pesar de la evolución y nuestra inteligencia, los humanos somos dominados, en algún momento del día y en algunas circunstancias, por nuestra herencia animal que aún conservamos en nuestro interior. Lo que nos hace diferentes, además del aspecto fisiológico, es nuestra capacidad intelectual, que debe sobreponerse a nuestros “instintos” más bajos o a nuestros momentos de debilidad. Es nuestro cerebro, y nuestra capacidad de reflexionar lo que realmente nos hace distintos y únicos.