Los Grillos, compañeros de sueños

Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

¡Vaya bichos tan singulares! Nos brindan música de fondo mientras cenamos, charlamos, tomamos un paseo nocturno o mientras dormimos, sin importarles las condiciones climáticas o nuestra condición social. Acompañantes fieles desde los orígenes de nuestra sociedad, son parte importante del folklore popular en todo el planeta, protagonistas de innumerables historias, cuentos y leyendas.

El realidad, el nombre grillo se deriva del latín gryllo. Proviene de la palabra “gryllare” (grillar), que refiere a los sonidos que producen, definidos desde entonces como “Gry, gry”. Para los mexicanos contemporáneos, éste sonido se define mejor como un “cri, cri”, que dio lugar al nombre del grillo más famoso en los cuentos infantiles en México, creado por un genio de la creatividad, Don Francisco Gabilondo Soler.

En realidad, los grillos no tienen voz y los sonidos que producen son generados por el movimiento y fricción entre las salientes de sus patas posteriores y su primer par de alas (tienen 2 pares), mismo que se ha endurecido y modificado en sus bordes no sólo para producir sino también para amplificar y transmitir ese sonido tan peculiar e intenso, cuyo nombre correcto es “estridulación”. Según se cree, fue el primer sonido producido por animales terrestres para comunicarse desde su aparición en la tierra; un sonido que es compartido entre la mayoría de los ortópteros (grillos, saltamontes y afines).

Considerado por muchos como un sonido monótono, en realidad suele ser poco molesto y bien tolerado por los humanos, aunque no falta aquel grillo que decida cantar al pie de tu cama para no dejarte dormir, firmando en ocasiones y sin saberlo, su desafortunada condena a muerte. El canto de los grillos es un privilegio casi exclusivo para los machos, quienes emiten estos sonidos para atraer a las hembras. Fueron comúnmente utilizados en la antigua China como apreciadas mascotas, donde eran mantenidos en jaulas pequeñas diseñadas especialmente para ello en bambú y oro, para que ambientaran las habitaciones, y en algunos sitios se les sigue vendiendo como curiosidades tradicionales. Las hembras por su parte son totalmente silenciosas, generalmente más grandes que los machos y en ocasiones carecen de alas. Si bien los grillos no tienen voz como tal, tampoco tienen oídos, por lo que para escuchar han desarrollado unas delgadas membranas que hacen la función de un tímpano, generalmente ubicadas en el abdómen o en sus patas anteriores, que junto con una serie de vellos que la recubren, son capaces de percibir tanto a sus depredadores como distinguir los mejores y sincrónicos cantos, una herramienta muy útil para las hembras a la hora de elegir a su tenor o varítono.

Tal vez una de las mayores curiosidades de los grillos es que pueden ser utilizados como una eficaz forma de conocer la temperatura ambiental. Utilizando una relación matemática creada en 1889 por un físico suizo, a partir de observaciones con un grillo de los árboles Oecanthus fultoni, los científicos lograron comprobar que es posible determinar con exactitud la temperatura ambiental, ya que por ser animales que no son capaces de regular la temperatura de su cuerpo, su metabolismo varía de acuerdo a la temperatura ambiental, modificando la frecuencia de sus sonidos. Así, la temperatura a la que comienzan a cantar es 15°C, y comenzarán a cantar más rápido conforme aumenta la temperatura. Si es usted una persona curiosa, haga la prueba y utilice ésta fórmula:

 (Cpm/5)-9 = T

Cpm = cantos por minuto y T = temperatura en grados Celsius

Con alrededor de 22 mil especies distintas, los Ortópteros (Orden Orthoptera) son habitantes comunes de casi todos los hábitats templados y tropicales del planeta, aunque sólo un puñado de especies son comúnmente reconocidas al verlas. Con tal variedad, y considerando que éstos insectos son muy abundantes, no es de extrañar que formen parte importante de los ciclos ecológicos naturales y de la economía, pues algunas de estas especies son consideradas como verdaderas “plagas” que arrasan países enteros, como ocurre con las especies conocidas como langostas. Sin embargo, los grillos en particular (unas 4,200 especies) no representan un problema serio para nuestro hogar y mucho menos para la economía, alimentándose de materia orgánica muerta (animales y plantas), además de estar comprobado que no son transmisores de enfermedades infecciosas para los humanos, como puede ocurrir con las cucarachas. Tal vez por eso sean el alimento “vivo” más común en las tiendas de mascotas.

Resulta interesante saber que grillos y chapulines no son sólo utilizados como alimento para mascotas, sino que son un alimento popular en algunos lugares de México, como ocurre en Oaxaca y otros lugares en el interior del país. Más interesante resulta saber que el contenido proteínico es muy alto (casi 70% de proteínas), por lo que representan una fuente nutricional importante, sobre todo para los sectores de población de bajos recursos, quienes consumen estos alimentos de forma tradicional.

En los cuentos populares, los grillos son considerados como seres flojos, vagabundos y tramposos, que pasan su tiempo divirtiéndose y “viviendo al día”, aunque por el contrario, uno de los grillos más conocidos internacionalmente sea “Pepe Grillo”, quien hace la función de conciencia y sano consejero de Pinocho. Yo en particular, prefiero la leyenda que cuenta que cuando el grillo canta, le está cantando a la luna, pues alguna vez ambos estuvieron enamorados y fueron separados por una malvada bruja, quien los convirtió en lo que son ahora. Desde entonces el grillo canta cada noche, buscando encontrar de nuevo a su amada luna.

Sea cual sea su historia favorita, los grillos nos dejan una importante lección, que es la perseverancia, pues un grillo adulto cantará siempre, sin importarle si está en libertad o encerrado en una jaula, aunque (según la especie) le tome hasta dos año madurar sexualmente y pueda finalmente encontrar una pareja. El cantar de un grillo puede transportar nuestras mentes de la ciudad al campo con sólo cerrar los ojos, y resulta interesante que una importante cantidad de personas sordas que reciben un implante para poder escuchar, refieren el grillar nocturno como uno de los sonidos que más disfrutan. ¿Será acaso un sonido verdaderamente monótono y sin sentido? Tal vez sean en realidad un murmullo sereno que nos recuerda que estamos vivos; que nos permite tener presente lo bella que es la noche, a la luz de la luna y de las estrellas… Y mientras escribo este artículo, muy cerca de mí escucho a un grillo cantar. Me asomo por la ventana y disfruto además, de una brisa fresca que me hace pensar ¡Cuánto me gustan los grillos!

 

Los árboles, seres mágicos y espirituales

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Los árboles, esos seres verdes que nos regalan frescor, y cuyas sombras nos recuerdan su presencia, han sido desde la época prehispánica, muy importantes en las creencias religiosas y mitológicas ancestrales. El pensamiento mágico y religioso que existía en la antigüedad ha quedado casi en el olvido, reemplazado en muchos casos por costumbres más modernas.

En esta ocasión, no haré un recuento de los árboles más grandes o frondosos, ni hablaré de su importancia en el ecosistema ni cómo han cambiado el rumbo de la humanidad. Dedicaré este espacio a recordar cómo los mayas y los aztecas adoraban a estos seres llenos de vida, y cómo las culturas antiguas de todo el mundo han coincidido en considerar a los árboles como sabios centinelas del tiempo y silenciosos seres espirituales.

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Rindiendo culto al árbol
La vida humana se ha asociado históricamente con el culto al árbol en muchas formas místicas. Para los mayas, la Ceiba era el árbol santo, la madre de la vida. En la mitología maya, en cada uno de los rumbos cósmicos había una ceiba sagrada, del colorcorrespondiente a cada zona: rojo en el oriente, blanco en el norte, negro en el poniente y amarillo en el sur. Aún hoy en día, la Ceiba conserva su poder mítico en las creencias de mucha gente del campo. Para asegurar que sus hijos varones crezcan tan fuertes como éste majestuoso árbol, ocultan su cordón umbilical en alguna hendidura del árbol.

También en la concepción cosmológica de los antiguos mexicanos figuraba un árbol en cada uno de los cuatro rumbos del universo, y otro en el centro de los mismos. En el rumbo del oriente había un Sauce, en el del norte había un Nopal, en el del poniente una Palma y en el rumbo del sur un Mezquite. Finalmente en el centro de los rumbos estaba un árbol que simbolizaba la planta del maíz. En el centro del país, el árbol sagrado para los aztecas era el imponente Ahuehuete o Sabino, que significa “el gobernante” o “el amparo del pueblo”. Aún ahora, donde las costumbres indígenas siguen predominando, se siguen colgando en los árboles sagrados tanto cordones umbilicales como mechones de cabello o prendas de vestir, para establecer un lazo mágico entre las personas y la fuerza divina que se manifiesta en el mismo árbol.

Se cree que en la antigüedad, muchas especies de árboles fueron declaradas “sagradas” por motivos que no siempre giraban en torno a valores espirituales o místicos, pero que era necesario protegerlas debido a su escasez, su utilidad o su tamaño. Sin embargo, todas las culturas alrededor del mundo, con costumbres tan distintas como los lugares donde vivían, han coincidido a través de la historia en el valor sagrado y espiritual que tienen los árboles, resaltando cada cultura aspectos tan distintos como el amor, la inmortalidad o la justicia divina.

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Investigando un poco sobre las especies de árboles que han sido representados, venerados o inmortalizados en la historia humana, se cuentan alrededor de 55 especies de todos los tipos, aunque estoy seguro que en aquel entonces, sería una tarea digna de los dioses decidir y designar cuáles especies de árboles serían los elegidos. Para ser justos, creo que no necesitamos tener una de esas 55 especies para establecer un vínculo que vaya más allá de nuestro mundo corporal. Simplemente con sentarnos debajo de un árbol cualquiera, aunque no seamos conscientes de ello, inmediatamente sentimos paz, ya sea por la sensación de frescor que su sombra nos da o por haber establecido una conexión invisible con él.

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Creo también, que aunque algunas personas no crean en las energías o sean poco espirituales, es innegable que los árboles nos regalan algo más que su firme belleza. Lo invito entonces a dejarse llevar por un momento y que piense en lo mucho que los árboles nos regalan, desde un momento de paz hasta la inspiración y la energía necesaria para terminar nuestro día con alegría. Inténtelo y déjese llevar. Abrace a un árbol y llénese de vida.

La Madre Naturaleza: ¿Sobreviviendo a los humanos?

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Abrumados por tantas noticias y publicidad engañosa que hacen un equivocado uso del medio ambiente, la ecología y el cambio climático, me he topado con el problema de cómo hablar sobre la naturaleza y el hombre sin que el lector pierda interés. Y es que desafortunadamente, en general éste es un tema que llega a oídos sordos, y tal vez sea  porque no lo sabemos expresar correctamente.

Entendiendo el problema

Tal vez el problema está en que quienes hablamos de la problemática que existe entre los seres humanos y el medio ambiente, nos olvidamos totalmente que vivimos en un planeta tan dinámico, es decir, que -con o sin nosotros- el planeta sigue girando. Tal vez por ello sea tan sencillo ignorar las dificultades ambientales con las que nos encontramos diariamente y decidimos seguir con nuestras vidas como si nada sucediera, pues de cualquier forma, la naturaleza sigue su curso a pesar de lo que hagamos, para bien o para mal.

Ahí radica el problema, pues ese mundo al que estamos acostumbrados tiene características que han sido moldeadas a lo largo de miles de millones de años, a través de fenómenos naturales extremos como los sismos, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, la erosión causada por el viento y el agua, así como por la actividad de los mismos seres vivos. Considerando lo inteligentes que somos como especie, es difícil entender el por qué olvidamos tan fácilmente que los cambios climáticos y los fenómenos extremos son parte natural de la vida del planeta.

Hace poco tuve una interesante discusión con mi padre, hablando del sombrío futuro que nos espera, y justo ese fue su argumento que me hizo reflexionar: siempre han habido desastres naturales catastróficos, pero son tan poco frecuentes que los olvidamos fácilmente. En 1556 por ejemplo, hubo un gran terremoto que mató a más de 830 mil personas, y otro más mató a 600 mil en 1976, y nadie los recuerda. En 2004 murieron cerca de 230 mil personas a causa de un tsunami. La pregunta obligada es, ¿hemos cambiado en algo nuestra forma de vivir? Aún seguimos construyendo nuestras casas en las orillas de los ríos, de las playas y en zonas de alta sismicidad.

Es así como llego a la conclusión del porqué no hacemos nada para remediar los daños que le causamos al planeta, pues dada nuestra egoísta naturaleza humana, poco nos importa escuchar que “estamos consumiendo el planeta”, cuando en realidad estamos firmando nuestra sentencia de muerte al acabar con los recursos que nos mantienen vivos. Efectivamente, el planeta tierra seguirá aquí, y como toda acción tiene una reacción, el planeta sufrirá los cambios necesarios para alcanzar una nueva estabilidad, donde seguramente no figuraremos nosotros como especie. Gracias a la desaparición de los dinosaurios (debido a una catástrofe natural), los mamíferos pudimos evolucionar en lo que somos ahora. Cuando nuestra especie desaparezca finalmente de la faz de la tierra, tal vez los insectos evolucionen, y tras miles de años habrá otra nueva especie que pueble el planeta como lo hacemos ahora.

Sobreviviendo a la naturaleza

Vale la pena que recordemos lo indefensos que somos ante las fuerzas naturales, como puede ser un gran terremoto, una sequía o una epidemia a gran escala. Creo que debemos preocuparnos por salvarnos a nosotros mismos, y haciéndolo adecuadamente todo lo demás tomará su lugar. Si usted, estimado lector ha llegado hasta éste último párrafo, no me queda más que felicitarlo, pues ha superado uno de los grandes defectos que nos caracterizan: la indiferencia.

No es necesario ser un sabio para saber que algo malo está sucediendo. El mundo está sometido a fenómenos naturales extremos, cuyos efectos se van a anticipar gracias a nuestra forma de aprovecharnos de la naturaleza. Es una gran presión que se acumula y que tarde o temprano estallará. No hay nada de malo en reconocer que las dinámicas naturales del mundo NO están en nuestras manos. Al reconocerlo, estaremos un paso adelante para poder interpretar todas esas señales silenciosas que la naturaleza nos da constantemente y que nos dice: “ten cuidado”. Debemos entender que si no podemos ser la solución, igualmente no debemos ser parte del problema. Acciones sencillas que nos permitan aligerar el peso para que la naturaleza siga su curso. Planta un árbol y cuídalo el resto de tu vida, respeta la naturaleza y sobre todo, ¡sé feliz!

La magia de charcos y estanques

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

En esta ocasión, he decidido dedicar estos renglones a intentar cambiar de idea a todo aquel que considera que los charcos y estanques -ya sean estacionales o permanentes- son asquerosos nidos de enfermedades y criaderos de mosquitos. Pretendo resaltar con mis palabras esa belleza misteriosa y casi mágica que un estanque -aparentemente inútil- puede llegar a tener. Simplemente hay que mirar con detenimiento lo que vive en él.

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Hace poco, me topé con una descripción bastante original y poética de lo que significa un estanque, bajo el punto de vista de un admirable naturalista, investigador y educador ambiental que murió en 1974. Marston Bates escribió: “Los estanques poseen, ante todo, la fascinación de lo minúsculo. Constituyen un mundo claramente limitado por las orillas, el fondo y la superficie; un mundo aparte que, debido a sus pequeñas dimensiones, parece fácil de comprender, describir y analizar”. Luego concluye diciendo que el misterio del estanque es algo que escapa a su comprensión, y que la superficie del agua le señala una barrera que no puede franquear, excepto con la imaginación. Lo que me resulta más sorprendente de su maravillosa descripción, es que él precisamente, se especializó en el estudio de los mosquitos como transmisores de enfermedades.

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Me pregunto si realmente comprendemos algo de ese micro-universo, o si acaso estamos conscientes de la gran diversidad de seres vivos que pueden vivir ahí y que, “misteriosamente” han ido apareciendo con el paso de los días. Algunos llegan sin querer, otros por sus propios medios, y otros como polizones de aves e insectos que inocentemente se acercan para saciar su sed. Ciertamente, los primeros animales en aparecer son las larvas de los mosquitos, que siendo acuáticas se alimentan de las algas que crecen a gran velocidad. Luego llegan otros depredadores, como las larvas de libélulas que se alimentan de las primeras, o los divertidos insectos “patinadores”, que aprovechando la tensión superficial y su poco peso, caminan grácilmente por encima de la superficie del sin temor a mojarse y mucho menos a hundirse. Luego sin pensarlo, encontramos caracoles, renacuajos, y aves alimentándose de todos ellos.

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He tenido la fortuna de vivir en muchos sitios que en mayor o menor medida me han regalado experiencias naturales sumamente gratas, incluyendo el jardín de la casa donde me crié, en donde había varios estanques de distintos tamaños y en cada uno habitaban animales distintos. Mientras vivía en Puerto Vallarta (México), descubrí que es un sitio increíblemente afortunado por su clima y por la gran riqueza de flora y fauna que aún existe alrededor. Gran parte de la ciudad está cimentada sobre zonas inundables, por lo que en la temporada lluviosa se formaban innumerables charcos, estanques y lagos por doquier. Infinidad de animales como peces, anfibios y reptiles que habían vivido enterrados, escondidos o aletargados durante la época estival, hacían su majestuosa aparición apenas caían las primeras lluvias, dando vida a estos estanques y atraían a más animales que los visitaban a diario. Desafortunadamente, todos y cada uno de estos mágicos estanques han sido cubiertos por tierra, por calles y por casas, haciendo que año tras año, sea más difícil encontrar aquellos animales que antaño daban vida y alegraban las noches con sus incansables cantos y croares.

img_8376b-copyrightRecuerdo 2 casos que me han dejado admirado de la capacidad que tienen los estanques de albergar vida a pesar de nuestra presencia, y ambos ocurrieron en plena ciudad de Puerto Vallarta. Recuerdo que durante la temporada de lluvias, un día me tocó quedar atrapado en un caos vial en plena avenida de acceso a la ciudad. Aburrido, me puse a observar el agua estancada  en el camellón central, y para mi sorpresa descubrí que había pequeños camarones de agua dulce que se alimentaban de las algas que crecían sobre el mismo concreto, y que al mismo tiempo llegaban aves a comerlos. Ahí, ajeno al interminable ir y venir de vehículos, había un pequeño oasis con mucha, mucha vida.

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En otro caso, cerca de casa había una calle de tierra poco transitada donde durante toda la temporada de lluvias brotaba agua continuamente, llevándose toda la tierra que infructuosamente colocaban las autoridades para “rellenar” el lugar. Misteriosamente, con el paso de los días aparecían peces, probablemente como resultado de los huevecillos que sus progenitores dejarían enterrados en el fondo. Estos pececitos intentaban buscarse la vida en ese concurrido charco, esquivando continuamente el paso de los coches. Un día observé ahí mismo una tortuga, que ignorando los peligros que acechaban, intentaba buscar algo qué comer, misma que me vi obligado a rescatar por el obvio peligro que corría de ser atropellada. Actualmente éste mágico sitio ya no existe, habiendo en su lugar una calle cubierta de concreto, que ha dejado bajo tierra y rocas una asombrosa historia de vida de la que fui un afortunado testigo.

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Me pregunto por qué a pesar de que desde la antigüedad los estanques han sido objeto de culto y dedicado cuidado en castillos, palacios y mansiones alrededor del mundo, nosotros que los tenemos por doquier de forma natural, y a donde la naturaleza llega sola, no valoramos y nos esmeramos en hacer desaparecer. Mi mayor deseo es que abramos nuestros sentidos y protejamos éstos pequeños oasis de vida, que además de mantener nuestro clima más húmedo, le ofrecen un hogar y alimento a un incontable número de seres vivos. Tal vez llegue el día que veamos un anuncio inmobiliario que diga así: “Vendo casa: 3 habitaciones, 2 baños, con cochera, jardín y un precioso estanque natural que cada mañana despertará sus sentidos…” Que así sea.

Gaviotas: Incomprendidas y sorprendentes

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Para los ornitólogos y amantes de las aves en general, observar gaviotas puede ser una gratificante e intelectualmente estimulante oportunidad de admirarlas. Su variedad de especies, tamaños y variación en el plumaje de una misma especie con uno, dos, tres o cuatro años de edad ha hecho que éstas aves obtengan una envidiable posición entre las aves favoritas para observar alrededor del mundo. Sin embargo, existen historias muy distintas que se escriben día a día en torno a éstas controvertidas especies, rodeadas de prejuicios populares que en la actualidad las han convertido en “animales no gratos” y llamadas injustamente “las ratas del mar”.

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Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer”, dice Richard Bach, el autor del famoso libro titulado “Juan Salvador Gaviota”, y en parte tenía razón. Las gaviotas son omnívoros oportunistas que comen cualquier cosa que encuentren, siempre y cuando pueda satisfacer sus requerimientos nutricionales. Es así como las gaviotas pueden elegir entre internarse en el mar a buscar comida, seguir a un barco pesquero, o ir a tierra firme como a zonas de cultivo a comer insectos, o adentrarse en un vertedero de basura o visitar un parque público y robarle comida a paseantes distraídos.

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Desde los años 80´s, hemos observado cómo algunas especies de gaviotas (principalmente las europeas que son más grandes y por ende tienen menos temor hacia el ser humano), han ido adaptándose a los ambientes alterados por el hombre, y desde entonces han modificado en muchos aspectos sus hábitos de alimentación y de reproducción, llegando a anidar en los techos de los edificios y a darse un baño refrescante en las fuentes de la ciudad. Recuerdo cuando era estudiante de Biología, que uno de mis maestros me contaba cómo en una ocasión, mientras hacía un censo de nidos de gaviotas en una remota isla del Mar de Cortés, un polluelo asustado le vomitó en la cara un trozo de jamón York. Ese suceso le obligó a hacerse la pregunta sobre cómo llegó a éste polluelo, en un nido a decenas de kilómetros de la costa, un trozo de embutido. Esa asombrosa capacidad de sus padres para encontrar alimento, me lleva a mí a plantearme otra pregunta, sobre quién es el verdadero culpable de que las gaviotas se internen cada vez más en los continentes y lleguen incluso a anidar a cientos de kilómetros tierra adentro, muy lejos de lo que podría ser considerado su “hogar”.

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 “Tenemos que rechazar todo lo que nos limite… somos libres de ir donde queramos y de ser lo que somos”, dijo Juan Salvador Gaviota, esa gaviota que no se conformaba solamente con comer. Tal vez sea cierto, y sea por ello, que algunas gaviotas se han vuelto rebeldes, invadiendo campos y ciudades. Sin embargo, las respuestas a las preguntas de mi maestro y mías, están ligadas a la inteligencia y no a la rebeldía. Son aves con una gran capacidad de aprendizaje, y décadas de estudios científicos han demostrado que pueden aprender, recordar e incluso enseñar a otras ciertas habilidades, lo que explica cómo han descubierto la forma de aprovecharse de nuestros errores y descuidos, sacando ventaja de cosas que, mientras para nosotros son basura, para ellas son sustanciosos alimentos.

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Antes, las gaviotas eran consideradas nuestras compañeras de tragedias y alegrías, y eran sagradas para algunas culturas en la antigüedad. Predecían las tragedias que ocurrían en el mar y lloraban por los marineros muertos. Anunciaban con su presencia la cercanía de tierra firme, e incluso controlaban las plagas, para lo cual se les construyó un monumento para rememorarlas. Ahora nos molestan y las odiamos por ser ruidosas y mancharlo todo a su paso. Actualmente, y a pesar de una larga y compleja historia de relaciones cercanas con el hombre desde tiempos remotos, su inteligencia supone un desafío a nuestro entendimiento del por qué y del cómo han llegado a ser lo que son hoy en día. Tal vez ésta es una oportunidad para entenderlas, viendo cómo se adaptan a nosotros y con nosotros, con esas magníficas alas, con esos elegantes plumajes, con esas posturas que denotan orgullo de lo que son: Aves monógamas y familiares, atentas y participativas en el cuidado de sus crías, socialmente implicadas y sobre todo, muy comunicativas tanto vocal como gestualmente.

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Sólo me queda decir que en el libro, Juan Salvador Gaviota se despidió con éstas palabras: “No creas lo que tus ojos te dicen. Solo muestran limitaciones. Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes, y hallarás la manera de poder volar mejor”. Tal vez, si si siguiéramos su consejo, si miráramos la vida con nuestro entendimiento en lugar de prejuicios, encontraríamos la forma correcta de interpretar la naturaleza y coexistir con ella.

Chapulín: Un saltamontes muy mexicano

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Se le conoce de muchas formas en la lengua española: Normalmente se le llama saltamontes o langosta, pero también en otros países se le llega a llamar saltón, cigarrón, cara de niño o alacrán cebollero; aunque los mexicanos siempre nos referimos a éste gracioso animalito como “Chapulín”, conservando con éste nombre un interesante legado de nuestros ancestros Nahuas que poblaron Mesoamérica.

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En efecto, la palabra “Chapulín” tiene su origen en la lenga Náhuatl y proviene de la palabra “Chapoli”, que define en sí al insecto. Dado que una gran cantidad de palabras Nahuas están compuestas de más de un vocablo, existen dos traducciones de la palabra. Son igualmente curiosas, pues ambas revelan la personalidad de éstos insectos: La primera propuesta sugiere que es una palabra compuesta por el vocablo “poloa”, que significa “destructor o devorador”, mientras que la segunda propuesta (y la más aceptada) sugiere y que se compone de dos vocablos distintos: “chapa” (que significa rebotar) y “olli” (que significa hule), por lo que la traducción literal sería “insecto que salta (como una pelota de) hule”. Sea cual sea la traducción correcta, posterior a la conquista de México, y bajo la influencia del idioma español, “chapoli” fue pronunciándose poco a poco como “chapolin”, llegando en algún momento de la historia al actual nombre “Chapulín”.

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Aún así, hay que aclarar que éste nombre se utiliza para definir a cualquiera de las especies de saltamontes o langostas que habitan en México y que suman cerca de 1,000 especies. No son tantas si consideramos que en todo el planeta existen unas 22,000 especies, agrupadas en el Orden Orthoptera (que incluye también a los grillos).

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Como su nombre lo indica, si hay algo que caracteriza a los chapulines es su capacidad de saltar, de comer mucho y en particular por cantar. Saltar es algo que se les da muy bien, y según un cuento tradicional Yaqui (pueblo indígena ubicado en el Estado de Sonora), los chapulines pueden saltar una distancia equivalente a once días y medio de caminata. Para lograr ejecutar tan poderosos saltos, estiran unos ligamentos llamados “apodemas” dentro de sus enormes patas posteriores, para que en el momento necesario sean liberados y salgan despedidos a gran velocidad para escapar del peligro. Sus patas no sólo sirven para saltar. Están recubiertas de espinas que utilizarán para defenderse, y en caso de que el depredador los llegara a atrapar, son capaces de sacrificar su extremidad para salir huyendo con las patas que les quedan. Como son “hemimetábolos” (sufren de varias metamorfosis antes de llegar a adultos), repondrán la pata perdida en la siguiente muda de piel.

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Comer es algo que también hacen bien, y algunas especies pueden llegar a ser verdaderas plagas cuando se presentan condiciones ambientales muy particulares (como una sequía), reuniéndose en inmensas cantidades hasta llegar a su fase adulta, adquiriendo unas poderosas alas y dedicándose a volar grandes distancias en busca de comida, arrasando con todo lo que encuentran a su paso. Afortunadamente esto es un fenómeno que ocurre en raras ocasiones, y si no fuera por sus cantos podrían perectamente pasar desapercibidos ante nuestros ojos.

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En realidad, los cantos no debrían ser llamados así porque ni los chapulines ni los grillos tienen voz. Los sonidos que producen son generados por el movimiento y fricción de alguna parte de su cuerpo, generalmente sus patas posteriores, su primer par de alas, sus antenas o alguna combinación de éstas, por lo que la palabra correcta para defiir los sonidos que producen es “estridular”. La estridulación es distinta para cada especie, y puede ser utilizada para definir un territorio o como método de defensa, aunque lo más común es que sean llamadas de apareamiento. Resulta curioso que la forma de “escucharse” sea igual de extraña, pues sus orejas se ubican en su abdómen o en sus patas anteriores. Supongo tener las orejas en las patas es una ventaja, ya que nosotros en ocasiones tenemos que poner nuestra mano sobre la oreja para agudizar nuestro sentido del oído. Aún así, no podremos escuchar a muchas especies, ya que éstas estridulan a niveles ultrasónicos e inaudibles para nosotros.

 p9070003b-copyright.jpgLo que sí recordamos todos los mexicanos son las canciones y las aventuras de quien fuera el grillo más famoso y adorado por los niños: Cri-Cri, “Un Grillito convertido en Señor”. Del mismo modo, el Chapulín Colorado es sin duda el chapulín más famoso y divertido, convertido en el super-héroe de pequeños y grandes. Faltaría mucho espacio para hablar del folklore que rodea a los saltamontes de todo el mundo, tan apreciados y en ocasiones, tan temidos. De alguna u otra forma, las diversas leyendas, historias, mitos y cuentos que existen, nos permiten tener una idea de la gran variedad e importancia de éstos insectos, quienes han formado parte de la vida espirtual, alimenticia y lúdica de los humanos a través de la historia. La próxima vez que vea un chapulín, obsérvelo respetuosamente. Disfrute con detenimiento de ese cuerpo tan extraño y perfecto antes de que decida irse “saltando como una pelota de hule”.

Conquistando la Tierra: Cactus y Suculentas

img_1787a-copyrightTexto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Aunque “los Cactus” son los más famosos, son tan solo una de 9 familias de plantas denominadas “Suculentas” y, que aunque algunas no están emparentadas entre sí y provienen de un linaje distinto, todas presentan la misma característica: La capacidad de sobrevivir a condiciones extremas de temperatura y a la poca disponibilidad de agua, engrosándose por dentro para almacenar agua. Su resistencia y adaptabilidad les permite estar presentes en prácticamente todos los rincones del planeta, desde las zonas tropicales hasta las zonas boreales.

img_0861a-copyright Las hay de todos tamaños y formas, desde ser tan pequeñas que parecen una piedrecita oculta en el suelo, hasta verdaderos árboles que dan una envidiable sombra. Todas ellas han evolucionado separadamente en casi todos los rincones del planeta, a través de un fenómeno conocido como “evolución convergente”, donde las condiciones geográficas y climáticas les han obligado a adaptarse de la mejor forma posible a su ambiente, obteniendo formas o características muy similares. Es como comparar a peces con ballenas, o aves con murciélagos: Ambos pares comparten el mismo hábitat, pero cada uno es a su vez muy diferente tanto “por dentro” como “por fuera”.

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Las espinas, arma y cobijo de una frágil planta

Las suculentas guardan importantes reservas de agua y nutrientes dentro de sí, y han perdido sus hojas como una estrategia para evitar secarse. En algunas especies las hojas están tan modificadas que parecen ser las mismas ramas de la planta, mientras que en otros casos se han convertido en espinas como en el caso de las cactáceas. Son sin duda su mejor arma para defenderse, al propiciar dolorosas heridas a quienes intentan morderlas o cortarlas. Sin embargo, en muchas especies las espinas tienen otra función de vital importancia: Dar sombra a su cuerpo carnoso y evitar el sobrecalentamiento por el sol abrasador. Sin embargo su adaptación va mas allá, pues cuando hay disponibilidad de agua (como en la temporada de lluvias) algunas suculentas pueden producir verdaderas hojas temporales para acelerar su crecimiento, y su cuerpo además (por así llamar al tallo de la planta), es capaz de engrosar rápidamente al funcionar como una “esponja” y almacenar así la mayor cantidad de agua posible. Es por eso que tras un largo período de sequía su tamaño y volúmen es mucho menor que el que tenían durante la última temporada de lluvias, que pudo ocurrir meses, años o incluso décadas atrás.

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Cada vez son más los aficionados a este tipo de plantas, cultivándolas con fervor, y confieso que me incluyo en su “lista de fans”. En cierta época del año florecen de una forma exhuberante y colorida, como una “fiesta en grande” tras una larga época de austeridad que puede superar los 10 años. Es tal su entrega a la floración que, algunas especies como los agaves y magueyes, mueren después, al agotar sus reservas de energía. La mayoría de las flores y frutos están específicamente destinados a “llamar la atención” de sus propios polinizadores o de sus dispersores de semillas, ya sea con colores u olores llamativos, coordinándose en algunos casos con la migración de murciélagos, o la presencia temporal de mamíferos o aves. Eso sí, sólo entregarán lo que quieren dar, por lo que si algún animal quiere “pasarse de listo”, descubrirá que todo lo que no son flores o frutos, incluyendo sus enormes reservas de agua están protegidas por una sustancia lechosa de sabor desagradable, que además les permite “sellar” sus heridas con gran rapidez.

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Por sus características, éstas plantas han sido aprovechadas por los humanos desde nuestros orígenes como sociedad. En el caso de las cactáceas, originarias del Continente Americano, probablemente el mejor ejemplo sean los nopales y los agaves, de los cuales existen pruebas arqueológicas que dan fe de la importancia de éstas plantas desde los orígenes de nuestra cultura, ya sea como alimento (como el nopal o la tuna), como materia prima (para obtener fibras o madera), en la medicina (como el aloe), como herramienta (utilizando las espinas como anzuelos), como arma (utilizando las espinas o un conjunto de ellas), como muros (sembrando barreras espinosas impenetrables) o para alterar los sentidos (el peyote). Además de haber conquistado el planeta, tambien han conquistado nuestros sentidos al utilizarlas como plantas de ornato, y por qué no decirlo, también nuestros paladares, al ofrecernos manjares dignos de reyes, y su delicada esencia líquida en forma de un delicioso tequila.

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Estas plantas conquistaron nuestros corazones, y al decir corazones me refiero al más sincero y desinteresado aprecio que tenemos hacia éstas plantas. No es casualidad que las suculentas sean comunes pobladores de nuestros balcones y terrazas, pues hasta el que tiene poco tiempo para atenderlas puede sentirse todo un experto cuidador. A su vez existen otras que son sólo dignas de un especialista, representando un verdadero reto por la gran cantidad de cuidados que requieren. Creo que es la admiración que nos causa su modesta forma de vida y a la vez su sobervia apariencia, lo que hace que hasta el corazón más duro, y el corazón más frío detenga su palpitar al ver sus caprichosas formas, al olfatear su aroma y al tocarlas con suavidad. Tal vez sea que nos identificamos con ellas de alguna manera: Algunos somos discretos y conservadores, mientras que otros preferimos llamar la atención. Algunos tenemos espinas para defendernos, y otros entregamos nuestra vida misma para asegurarle la vida a nuestros descendientes. ¿Y Usted, con qué suculenta se identifica?

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