Los Reyes de la Primavera

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Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías por Manuel A. Aranda Portal, F. Mc Cann y O. Aranda

Si bien la primavera significa “cuando todo reverdece”, los días cada vez más largos dan lugar a una explosión de vida y actividad en la naturaleza, aunque también para los seres humanos significa algo más que la estación favorita del año, ya que tradicionalmente está representada por aspectos meramente positivos, donde se respira un aire de entusiasmo, alegría y esperanza, para celebrar la llegada de mejores tiempos. Pero, ¿cómo celebrarla sin designar a algún embajador o embajadora de la primavera?

Me di entonces a la tarea de buscar algún animal o vegetal presente en México para representar la primavera y lo que ésta representa para los seres humanos, pero dos semanas después me encontré con una lista interminable de candidatos con igualdad de atributos positivos. En mi lista aparecen algunos árboles majestuosos y siempre-verdes como el Mata-Palo, la Higuera Blanca (Ficus sp.), la reverenciada Ceiba o Pochote (Ceiba pentandra) o la imponente Parota o Huanacaxtle (Enterolobium cyclocarpum), que además de ser muy representativos de la vegetación mexicana, proveen una sombra excepcional, además de dar cobijo y alimento a incontables especies de animales de todo tipo. Sin embargo, aunque los árboles son sinónimo de vida y representan ampliamente a la naturaleza, necesitaba algo que transmitiera más “entusiasmo”.

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Llegué pues a considerar algunos mamíferos: Desde el divertido y curioso Coatí (nasua narica), quien suele aventurarse en las zonas habitadas reclamando lo que antes fuera su territorio, hasta los esquivos y misteriosos felinos salvajes como el Jaguarundi o Leoncillo (Herpailurus jagouaroundi), o el rey de reyes, el Jaguar (Panthera onca); un legendario fantasma de las selvas y bosques mexicanos. Pensé en los delfines, pues provocan una simpatía natural y son un sinónimo de la alegría, entusiasmo y celebración, pero pronto me di cuenta que a la lista se sumaban muchas otras especies como ballenas, mantas saltarinas y multitud de especies de peces que gustan de saludar a bañistas y buceadores…

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Pasé a considerar a las aves, que han encabezado mi numerosa lista de especies: Pensé en los Bobos Patas Azules (Sula nebouxii), dignos representantes del amor, la fidelidad y la persistencia, por su paciente forma de buscar alimento y resistir el constante acoso de las Fragatas para robarles su alimento. Con sus patas azul profundo y su poco grácil forma de caminar, transmiten también una gran simpatía. Llegué a la misma conclusión con los pelícanos (Pelecanus occidentalis), mismos que podrían encajar perfectamente en el perfil, con su propio estilo de vuelo y pesca de alto riesgo, altamente perfeccionados. Terminé mi sección de aves marinas con las hermosas golondrinas marinas, dignas también de ser consideradas por su belleza y los hábitos migratorios de algunas de ellas.

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Aparecieron después en mi lista, pidiendo a gritos ser elegidas, algunas aves terrestres como las admirables Guacamayas (Ara militaris), inequívocos representantes de la esperanza, al existir aún suficientes ejemplares silvestres que intentan perpetuar su especie continuamente amenazada por la captura y su comercio ilegal. Les siguieron las simpáticas Cotorritas o Pericos Frentinaranja (Aratinga canicularis), aún comunes en las ciudades costeras y sus alrededores, volando en ruidosas bandadas verdes, llevando la primavera como uniforme. Decidí terminar mi lista abruptamente con un pequeño pero muy característico candidato: El colibrí, del cual me negué a elegir alguna especie en particular, pues todos los colibrís son por sí mismos sinónimos de la alegría, el amor y la felicidad, cuya belleza y habilidad conmueve a cualquiera.

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Pero, ¿A quién elegir de esta larga lista? ¿Cómo puedo depurar una lista donde la perfección en su forma y sus hábitos es, simplemente, incuestionable? Imposible. No he podido elegir a nadie, pues no he sido capaz de descartar a ninguno. Así pues, me vi en la necesidad de cambiar el título de éste artículo de un singular a un plural, dejándolo a usted, mi estimado lector, ser quien elija a su favorito, de acuerdo a sus propios criterios y gustos particulares.

Mi conclusión es muy sencilla: No me siento derrotado por no haber podido elegir al rey o a la reina de la primavera, pues este largo paseo analizando los atributos de mis candidatos más emblemáticos de la flora y fauna mexicana, me ha hecho recordar lo maravilloso y variado que es el mundo natural, y que está ahí para acompañarnos siempre, sin importar la época del año. Así que me limito a desearle una feliz y próspera primavera, y pedirle que nunca se olvide valorar, disfrutar y proteger lo que tenemos a nuestro alrededor, que nos permite llevar la primavera en nuestros corazones.

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Las Islas Marietas, las pequeñas “Galápagos” de México.

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Sin duda un ícono natural de la Bahía de Banderas, las Islas Marietas son uno de los sitios de anidación de aves marinas más importantes de México y del Pacífico oriental tropical, albergando además un sinfín de especies marinas. Este refugio de vida silvestre es un área natural protegida que por sus características lo hace un lugar único, digno de ser visitado y respetado.

 Islas volcánicas protegidas

Las Islas Marietas fueron originadas por actividad volcánica durante la era cretácica, obteniendo caprichosas formas que las han convertido en un sitio ideal para albergar vida, y aunque su nombre sea diferente, las dos islas que conforman este archipiélago (Isla Redonda e Isla Larga) tienen prácticamente la misma forma, donde dominan sobre y bajo la superficie gran variedad de cuevas y acantilados.

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La historia no olvidó a las islas, pues se cree que fueron visitadas por piratas y utilizadas como campamento ballenero, pero su uso principal giró en torno al aprovechamiento del excremento de las aves depositado a través de los años, mejor conocido como “guano”. Éste se explotó comercialmente por su altísimo valor como fertilizante, cuyo olor característico lo detectará al acercarse lo suficiente en una embarcación. Hace algunas décadas, estas islas fueron utilizadas por la Marina mexicana como zona de práctica para realizar ejercicios militares.

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Luego de años de investigación científica y de un intenso esfuerzo por brindarle protección legal a este archipiélago, fue finalmente decretado como “Parque Nacional Islas Marietas” en 2005, con casi 1,400 hectáreas de territorio; asegurando así que éste bello sitio sea un legado para las futuras generaciones.

Refugio de aves de importancia mundial

Las Marietas constituyen una importante zona de anidación, refugio, reproducción y tránsito de al menos 92 especies de aves acuáticas y subacuáticas, residentes y migratorias. Este bello lugar alberga las mayores colonias de reproducción en México de la golondrina marina gorriblanca (Anöus stolidus) y la golondrina marina collareja (Sterna anaethetus), así como la población más grande en el Océano Pacífico de la curiosa gaviota reidora (Larus atricilla).

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Se estima que en éstas islas se ubica la población más grande a nivel mundial del emblemático pájaro bobo café (Sula leucogaster), cuyo último censo estimó más de 35,000 individuos, y junto con ellos podrá usted apreciar al hermoso pájaro bobo de patas azules, el cual anida también en las Islas Galápagos. Es por ello que no está permitido “pisar” las islas, y sus recorridos deberán limitarse a disfrutar del paisaje y las actividades acuáticas como el buceo.

Buceo con música de fondo

Sin duda el sitio de mayor interés para los amantes del buceo autónomo y “snorkeling” son las Marietas, por su gran variedad de fauna marina donde dominan corales y hermosos peces de arrecife, siendo en general un ambiente denominado “arrecife rocoso”.

Por sus características propias, cada isla (y cada lado) tiene su ambiente único, por lo que vale la pena contratar una empresa especializada que le ofrezca diferentes opciones de acuerdo a sus intereses. Aún así debe saber que de acuerdo al último estudio científico que se realizó en las islas, se encontró que éstas poseen la mayor abundancia y riqueza de especies de peces de arrecife, sumando 103 de las 159 especies registradas en la Bahía, además de poseer una gran diversidad de corales.

Si esto no fuera suficiente, aquellos que practican el buceo autónomo o submarinismo durante el invierno, pueden escuchar extraños sonidos que a menudo califican “como de vacas”, que no son otra cosa sino los asombrosos cantos de las ballenas, quienes utilizan la zona como un refugio natural contra sus depredadores y las corrientes oceánicas. Es muy común observar a las madres con sus crías descansando en las zonas menos profundas y protegidas.

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No pierda la oportunidad de conocer éste ambiente único. Tómese una mañana para ir al “Anclote” como se le conoce a la comunidad pesquera del Nuevo Corral del Risco, mejor conocido como Punta Mita. Ahí encontrará una sociedad cooperativa muy bien organizada que le ofrece recorridos a las islas, donde puede conocer sitios curiosos como la bufa, el elefante, los morros cuates y la mundialmente famosa “playa del amor”.

Por ser un Parque Nacional, no está permitido caminar por las islas, por lo que hay que limitarse a permanecer en las pequeñas playas arenosas o en la misma embarcación. Ayúdenos a cuidar de este refugio natural de características únicas, siguiendo siempre las recomendaciones de seguridad, para su propio bien y el de la fauna que habita las islas.

El Jaguar: Rey sin corona

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Textos por Biol. Oscar S. Aranda Mena, Fotografías por Manuel A. Aranda Portal y Armando Rubio Delgado

No existe ningún otro animal que evoque tantos sentimientos de temor, admiración y respeto como el Jaguar, el felino más grande del Continente Americano, quien hasta antes de la llegada de los conquistadores españoles era el supremo rey de selvas y bosques. Antes venerado por los nativos, vive ahora en el exilio, escondiéndose de los humanos en los pocos rincones naturales que quedan en el territorio mexicano.

El jaguar en tiempos prehispánicos

El jaguar fue uno de los animales más importantes dentro de la cosmovisión prehispánica, y los aztecas, mayas, olmecas y otras culturas. El simbolismo étnico del jaguar está basado en la oscuridad: El guardián de la oscuridad, representando también los misterios de la selva y la fuerza para sobrevivir en ella. Este carnívoro, por su fuerza y belleza, era para los Aztecas el sinónimo de la fuerza bruta, la violencia y la destrucción. En Tenochtitlán, los líderes militares de mayor rango y los guerreros más importantes eran llamados los “Caballeros Jaguar” vistiendo capas de piel de jaguar. Los emperadores aztecas no solamente se adornaban con capas, sandalias, y utilizaban insignias hechas de jaguares; tenían también el privilegio exclusivo de utilizar en los tronos, tapetes y cojines hechos de piel de jaguar, todo como símbolo de autoridad. Poco a poco, tras varios siglos de dominio español, la mayoría de tradiciones y conceptos culturales indígenas se perdieron, y con ellos se fue el respeto a la naturaleza. A pesar de ese profundo impacto que el jaguar tuvo en la cultura de los pueblos del antiguo México, actualmente se ha convertido en un trofeo, una obsesión machista de dominio hacia máximo depredador de la naturaleza, presa de egoístas cazadores que sólo buscan ufanarse de haber matado a un poderoso “tigre”.

La naturaleza del “Tigre”

Conocido así por la gente del campo, el jaguar (Panthera onca) está relacionado con los grandes felinos del Viejo Mundo, como el tigre, león y el leopardo. Pueden llegar a medir hasta 2.40 mts, aunque actualmente es muy raro encontrar animales de este tamaño. Históricamente se distribuía por ambas costas de México (ambientes tropicales y subtropicales), hasta el sur de Estados Unidos y el norte de Argentina, pero actualmente se encuentra extinto en varios países de Centroamérica, mientras que en México su población actual se encuentra seriamente disminuida, fragmentada y aislada; y se cree que ha desaparecido de varias regiones costeras del país.

A pesar de la importancia de la especie, la mayor parte del conocimiento del jaguar en México es anecdótico y esporádico, y se desconoce su situación real y el tamaño de su población. Esto se debe a sus hábitos de vida y a su tipo de hábitat, sin omitir mencionar lo peligroso que es “incursionar” en la selva donde no se aplica ninguna ley humana que proteja a los científicos.

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Su mayor amenaza, la destrucción de su hábitat y la cacería

La explosión demográfica ha provocado que la deforestación se incremente de forma continua, y se estima que más de un millón de hectáreas de selvas y bosques se pierden anualmente en México. Se sabe que en el caso del jaguar en México, la deforestación masiva ha reducido, aislado y extirpado a muchas de sus poblaciones, por lo que de continuar esta tendencia, se extinguirá de su hábitat silvestre mexicano en unos pocos años. El aumento de las actividades humanas, la creación de senderos y caminos, multiplica los encuentros entre la gente y los jaguares (encuentros mortales para los jaguares), además de facilitar la internación de cazadores furtivos, quienes matan a sus presas naturales, obligándolos a capturar ganado y animales domésticos para saciar su hambre. A pesar de que la cacería del jaguar está prohibida desde 1988, y que éste es un animal protegido por las leyes mexicanas, aún existen regiones donde se les caza por tradición o como una fuente de ingreso, donde cazadores adinerados y sin escrúpulos, pagan a campesinos o indígenas para que los lleven a los territorios donde ellos saben que hay jaguares. En México esto ocurre desafortunadamente, en las selvas costeras de Nayarit y Jalisco, así como el sureste del País.

Sin embargo no todo son malas noticias, y en la región occidental de México (y en otras regiones) existen esfuerzos serios e intensos por proteger al jaguar, y sorprendentemente se sospecha que aún tenemos una “sana” población de jaguares en la región, dadas las condiciones agrestes y poco accesibles de nuestra Sierra Madre, gracias a técnicas no agresivas como el “fototrampeo” con cámaras especiales ocultas en la selva. Sin duda es un esfuerzo importante, el que organizaciones civiles y universidades están realizando, pero es necesario que los gobiernos se involucren más, realizando campañas educativas más intensas para dar información a los campesinos y la gente que vive en las zonas donde habitan los jaguares, con la finalidad de evitar que les maten por miedo o desconocimiento, o porque éste ha matado algún animal doméstico o ganado. Si éste fuera el caso, debe haber recursos económicos disponibles para compensar de forma sencilla al afectado, y convencerlo de que no mate al animal, que en muchas ocasiones, resulta no ser el mismo animal, sacrificando así a un animal inocente o a una madre, dejando indefensos a sus cachorros.

Con respeto y educación, aprenderemos nuevamente el gran valor de este majestuoso animal: No me refiero a su valor divino, sino a su incalculable valor como especie y su importante papel que juega en los ecosistemas naturales de México.

Pepenadores en la Naturaleza: Las aves de los basureros


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Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías de: F. Mc Cann y O. S. Aranda M.

La basura y la suciedad son un tema poco agradable del que pocos quisieran hablar. Sin embargo hay aves que tienen una especial preferencia por buscar su alimento en áreas con estas características, y que se sienten particularmente atraídas por comida en descomposición, animales muertos, etc. Pero, ¿porqué se sienten atraídas y cuál es la razón que las orilla a buscar su alimento en estos lugares más que en la naturaleza? Ciertamente la comodidad de encontrar alimento fácil es un hecho que influye en algunas especies que se alimentan de insectos, ya que éstos abundan en esos lugares. Hay sin embargo, otros animales con algunas preferencias más particulares.

Hablando de buitres y zopilotes

Invariablemente tendremos que comenzar hablando de aquellas aves que por su simple aspecto nos pueden resultar repugnantes y feas: las Auras (de cabeza roja) y Zopilotes (de cabeza negra). Las películas siempre nos han mostrado a estas aves como mensajeros de la muerte, y un zopilote descansando en un árbol cerca de algún animal (o de una persona) significaría que su muerte está cerca. Lo que sí es cierto es la especialización que estas aves han adquirido a través de la evolución, y que tienen una especial predilección por la carne putrefacta y sanguinolenta. Estas aves juegan un papel sumamente importante en el planeta, reciclando los desechos de la naturaleza y alimentándose de lo que los otros no quieren. Imagínese una carretera llena de cadáveres de animales de todos tamaños que a diario son atropellados en todo el planeta. Bueno, pues en gran medida esto no sucede gracias a estos feos animalillos, que realizan un importante servicio ambiental, ayudando a prevenir epidemias, por su capacidad de eliminar bacterias y virus que contiene la carne en descomposición.

Lo que a simple vista caracteriza a estas aves de carroña es su cabeza y cuello desprovistos de plumas, lo que les da un aspecto poco atractivo. La razón de carecer de plumas se basa en que sería poco higiénico tener plumas impregnadas de desechos luego de darse un rico banquete, lo que les provocaría enfermedades e infecciones. De ese modo pueden cómodamente introducir toda su cabeza en el interior de la desafortunada víctima del destino, sin preocuparse por sufrir infecciones dérmicas causadas por sus “sucios” hábitos. Por ello se sienten como en casa cuando están deambulando en los tiraderos a cielo abierto y basureros de todo tipo.

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No cabe duda que lo que hace más admirables a estas aves es su altamente desarrollado sentido del olfato, con la capacidad de percibir el aroma a la muerte a varios kilómetros de distancia. Pero no es que perciban la muerte como tal, sino que son particularmente sensibles a los olores fétidos y al gas metano, generado naturalmente por los cadáveres en descomposición. Por supuesto que no sólo los cadáveres generan este gas, así que suelen congregarse en las cercanías de pozos petroleros y en sitios naturales donde el suelo tiene una muy pobre oxigenación (como los manglares), donde los suelos poco oxigenados producen este gas, y en consecuencia atraen auras y zopilotes. En el estado americano de Texas, durante mucho tiempo era un misterio el porqué éstas aves se congregaban alrededor de una zona en particular donde aparentemente no había nada para comer, hasta que descubrieron un yacimiento petrolero y con él el amor de estas aves por el olor que ahí se generaba, por lo que  posteriormente las utilizaron como guías naturales para localizar zonas yacimientos de petróleo y comenzar a realizar exploraciones subterráneas. 

Aves sagradas (y con hábitos mundanos)

El Ibis blanco (Eudocimus albus) es un ave común en las zonas costeras del Pacífico mexicano, y está emparentado con el Ibis del Nilo, un ave considerada por los egipcios como sagrada. Contrario a su imagen limpia y estilizada, algunas de estas aves tienen el sucio hábito de alimentarse en los vertederos de basura. Así, en cualquier basurero, podemos observar a zopilotes, auras, ibis y gaviotas comiendo por igual. Comprensible será ver a las gaviotas, que son asiduas amantes de la comida fácil pero, ¿y el Ibis?

Con ese curvo y delgado pico, el Ibis blanco se ha especializado en alimentarse en bancos lodosos y depósitos de agua poco profundos, buscando pequeños crustáceos y gusanos con su largo pico. Esa adaptabilidad le ofreció la posibilidad de alimentarse en un sitio donde puede encontrar fácilmente un delicioso “bufete” de bichos, moscas y gusanos sin igual, y lo que es mejor, sin competencia alguna. Con una vista muy aguda y buscando por entre la basura, es capaz de localizar deliciosas larvas de mosca, que gracias a los ibis no lograrán crecer más ni merodear en nuestros hogares.

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Un peligro mortal

Junto con estas aves, un sinnúmero de especies de insectos, reptiles y mamíferos habitan los basureros de todo el mundo, creándose un hábitat complejo donde existe toda una cadena alimenticia.Desafortunadamente, aunque aparentemente parezca que son felices alimentándose entre la basura, existe un serio y mortal problema que los afecta al ingerir basura cotidianamente, confundiéndola con comida. El instinto natural de los animales, si bien les ha permitido adaptarse a muchos de los cambios que han ocurrido en la naturaleza debido a las actividades humanas, no les da la capacidad de reconocer entre un apetitoso y jugoso trozo de carne y una bolsa plástica impregnada de su olor.

La ingestión de basura es un problema mundial grave que mata a miles de animales en la naturaleza, desde ballenas hasta minúsculos invertebrados… Debemos pues, ser concientes que ingerir comida en tiraderos de basura es una actividad “no natural” de los animales, consecuencia de la búsqueda de alimento y de que muchas veces ya no lo encuentran fácilmente en su hábitat, debido a la sobreexplotación de los recursos, contaminación y destrucción de los ecosistemas de donde proceden.

Si bien resulta imposible en la actualidad que no generemos basura, sí es posible limitar su generación al realizar un consumo más inteligente y utilizando en la mayor medida posible, artículos y envoltorios no-desechables. Es importante también descartarla adecuadamente para evitar que ésta sea alcanzada por los animales. Hay que separar la basura orgánica de la inorgánica y contribuir al reciclaje, que puede convertir gran parte de la basura en productos que pueden ser incorporados nuevamente en el sistema, evitando además de la contaminación, la generación de más basura.
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Una explosión de vida

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar Aranda Mena

Con la llegada de las lluvias no sólo reverdece el paisaje, sino que miles de especies de animales, insectos y plantas se sincronizan para aprovechar la abundancia de agua y alimento. Aún antes que caiga la primera lluvia, la naturaleza se prepara para recibirla. Los árboles reverdecen y ofrecen sus primeras flores, mientras los animales se inquietan buscando pareja. Mientras combinan su tiempo ocultándose del calor y preparando sus nidos, bajo tierra las hormigas y termitas se multiplican rápidamente esperando el momento para aparecer de forma abrumadora.

Insectos por millones

En un ritual guiado por señales ambientales que los humanos ni siquera percibimos, los hormigueros y termiteros producen una millonaria camada de hormigas aladas, quienes tienen como única misión formar nuevas colonias. Estos pequeños animalitos recibieron una dotación de alas que les permiten volar lejos y encontrar pareja. Tras haberse apareado unas horas después de haber salido de sus nidos, no tienen más la necesidad de volar, por lo que se deshacen de sus alas para nunca más alzar el vuelo. Los machos mueren luego de unas horas, al gastar toda su energía por buscar una pareja, mientras que las hembras que hayan logrado reproducirse, formarán por sí solas una nueva colonia, siempre y cuando encuentren un lugar adecuado para cavar su nido.

En estos días no es una buena idea tener las ventanas abiertas y las luces encendidas, pues en un instante aparecerá una multitud de bichos revoloteando por doquier. Una gran variedad de insectos que se alimentan de las flores y frutos que producen los reverdecidos árboles, se ven mortalmente atraídos por las luces de nuestras casas, permitiendo a sus depredadores naturales como arañas, alacranes, aves, reptiles y anfibios darse un gran festín. Entre estos animales, sobresalen  las llamadas “besuconas” (cuizas o geckos) que son comunes en zonas tropicales. Con tanto alimento y humedad se ven motivadas a reproducirse también, para poner huevecillos de donde nacerán minúsculas y simpáticas réplicas especializadas en eliminar esos insectos que tantas molestias nos causan en el hogar.

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Aunque la naturaleza es más compleja de lo que pudiéramos pensar, basta con poner el ejemplo de las golondrinas para comprender la importancia de las lluvias y de ésta explosión de vida, pues apenas regresan a nuestras tierras de su viaje invernal al sur, comienzan a construir sus elaborados nidos con bolitas de lodo, saliva y paja, poniendo varios huevecillos que nacerán luego de las primeras lluvias y, sin esos millones de insectos que nos molestan tanto, las golondrinas no tendrían con qué alimentar a sus polluelos. Estas aves generan un enorme beneficio al ser humano al alimentarse de una gran cantidad de insectos nocivos para las actividades humanas. Se estima que una sola golondrina puede consumir alrededor de 1Kg de insectos cada temporada, lo que es muy considerable si tomamos en cuenta que cada golondrina pesa apenas 20 gramos.

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Habiendo comenzado las lluvias, con tanta agua y comida por doquier, aquellos animalitos que vivieron ocultos por tantos meses aparecen de pronto, por lo que las noches resultan ser un magnífico auditorio de sonidos vocales y conciertos de infinidad de artistas: Tras años de vivir bajo tierra, las cigarras emergen silenciosamente de la tierra para zumbar estridentemente sin parar sobre los árboles; mientras grillos, ranas y sapos rompen el silencio de la noche con sus impacientes llamados al amor.

Un mundo humano

¿Será que los humanos nos hemos cegado y ensordecido tanto que ignoramos totalmente lo que ocurre alrededor? Esa explosiva celebración a la vida es para darle la bienvenida a las lluvias (que tanto nos benefician a todos, y nos permiten seguir viviendo), pero los humanos nos permitimos encontrar razones para quejarnos, sin disfrutar lo que nos regala la naturaleza. Si no llueve, “malo”; y si llueve, “malo también”… Nos quejamos tanto que a la época de lluvias la hemos llamado “mal tiempo” en los pronósticos del clima, sin reflexionar por un segundo su gran valor.

En esta temporada lluviosa, los invito a disfrutar de la lluvia, de escuchar su sonido y de probar su sabor. Disfrutemos de mojarnos como chiquillos bajo la lluvia; pues no somos ni de sal, ni de azúcar. ¡Bienvenida la lluvia, Bienvenida la vida!

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Nuestra mejor arma para salvar al mundo

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Con motivo del inicio de un año más, y pensando en las cosas tanto positivas como negativas que hemos vivido como habitantes del planeta Tierra, estuve buscando algún atributo del que todas las personas gozamos, y que de una forma u otra aprovechamos o desaprovechamos para hacer de éste un mundo mejor. A lo largo de los últimos meses hemos observado noticias tristes y alarmantes sobre cómo los humanos podemos causar tanto daño, pero a su vez, hemos sido testigos de cómo ésas malas acciones nos motivan a realizar actos admirables y desinteresados de valentía y entrega por los demás. Es asi como surge en mi mente una hermosa palabra que, puesta en práctica, nos otorga un poder inimaginable: La Empatía.

El contagio emocional

Probablemente todos nos hemos visto implicados en algún momento de nuestras vidas, en alguna situación de emergencia o estrés que requiere nuestra atención o nuestra ayuda. Cuando ocurre un accidente, las personas alrededor tienden a ofrecer su ayuda, y aquellos que lo viven de cerca, experimentan sensaciones de angustia y preocupación, por el simple hecho de observarlo. Esto significa que nos sentimos implicados y “contagiados” por las sensaciones que dominan el momento. Dicho en otras palabras, significa que sentimos empatía, definida como la capacidad para percibir y comprender los sentimientos y emociones de otros seres vivos, o la capacidad de ponerse en el lugar del otro para entender su punto de vista.

Todos los seres humanos poseemos este atributo, una herencia evolutiva que compartimos con el resto de los mamíferos, aves y seguramente muchos otros animales, desde hace millones de años. Sin embargo, debido a que tenemos una mayor capacidad para pensar, podemos manejar nuestras emociones de forma diferente, que van desde ser crueles e indiferentes a componer música, escribir poesía o… ¡salvar al mundo!

La empatía por la naturaleza

Hace más de un siglo, el filósofo y escritor español Don Miguel de Unamuno, plasmaba una reflexión admirablemente cierta sobre la naturaleza y nuestra vida actual: “Pocos sentimientos hay que procuren al hombre mayor consuelo en sus penas, más descanso en sus trabajos, más calma en medio de las luchas por la vida y más serenidad para el ánimo que el sentimiento de la Naturaleza. Cuando se posee éste con alguna viveza, la contemplación del campo es el más grande sedativo para las enfermedades del espíritu. Aspirando paisaje se goza de uno de los mayores placeres de la vida”. Sin duda, ese denominado “sentimiento de la naturaleza” sería nuestra mejor arma para protegerla de quienes no sienten empatía por ella.

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Es así como aterrizo de nuevo en la vida cotidiana y ese “déficit de naturaleza” que sufrimos en la actualidad, donde la sociedad moderna se ha concentrado en fríos y estériles centros urbanos, distanciándose cada vez más de lo que antes fuera nuestra inseparable compañera de evolución, que aunque la hemos olvidado, todavía constituye la base de nuestra subsistencia: La Naturaleza. Hemos olvidado nuestro pasado histórico bendiciendo las bondades de la ciudad, ignorando el deterioro que nuestra forma de vida está causando, y si no tenemos cuidado, cada vez serán más los niños, jóvenes y adultos que no tendrán empatía por la naturaleza.

Poner manos a la obra

Para lograr el propósito de “salvar al mundo”, debemos ser empáticos cada minuto y cada día, sin que esto signifique que debamos rasgarnos las vestiduras y sabotear a las grandes compañías “destructoras del planeta”. Basta con implicarnos un poco “localmente” y ofrecer nuestro tiempo en labores altruistas, o ser atentos a los problemas que la naturaleza está enfrentando por causa de nuestras actividades diarias.

Cuidar lo que comemos es importante, pues la mayoría de los productos del mar que se venden en el mercado (inclusive los de acuacultura), están siendo altamente perjudiciales para otros seres que habitan el océano, como las ballenas y delfines. Otro paso más es reconocer que estamos desperdiciando mucha agua o por qué no intentar algo mejor: Reencontrarse con la naturaleza. Sienta cómo en cualquier momento del día, la luz del sol le infunde vigor y alegría de vivir, sin olvidar el regocijo que nos causa poder refugiarnos debajo de la refrescante sombra de un árbol. Propóngase a no pisar a diestra y siniestra a cuanto bicho se encuentre, y tómese un instante para reflexionar y caer en cuenta de que ese bichito no tiene la culpa de estar ahí.

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Propóngase a generar menos basura, evite utilizar productos desechables, propóngase a separar y reciclar, a ahorrar agua y a consumir exclusivamente la energía indispensable y necesaria. Propóngase a caminar, o a utilizar el servicio público, o al menos conducir de una forma “menos agresiva”, con lo que consume menos combustible.

Mi deseo para este año que inicia es que nunca olvidemos abrir nuestros corazones y nuestra mente ante los demás, pero sobretodo ante esos seres de la naturaleza que pasan desapercibidos en nuestro día a día. Sentir compasión y comprender, ponernos en el lugar de los demás, nos hace ser mejores personas, pero sobretodo nos hace ser mejores habitantes del planeta Tierra.

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De México para el mundo: La flor de Nochebuena

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

No cabe duda que la nochebuena se ha convertido en uno de los símbolos más poderosos de la navidad. Y los mexicanos debemos sentirnos orgullosos que ésta sea una planta originaria de nuestro país. Aún cuando ha sido utilizada en México desde la época prehispánica, la planta que usamos actualmente para adornar nuestras casas dista mucho de ser la verdadera nochebuena mexicana.

La verdadera Nochebuena

La “cuetlaxóchitl” (nombre original en lengua náhuatl) fue descrita y clasificada científicamente en 1834, a la cual se le dio el nombre latín de Euphorbia pulcherrima, que significa en latín “la más bella”. Ya era muy apreciada por los aztecas, pues su color simbolizaba la sangre de los sacrificios que los indígenas ofrendaban al sol para renovar sus fuerzas. Ellos extraían el látex (jugo lechoso y blanco de sus ramas) y lo utilizaban para elaborar una medicina contra la fiebre, mientras que el color rojo escarlata de sus hojas era utilizado para teñir artículos de cuero, tela y cosméticos.

Traducido literalmente de su nombre náhuatl como “flor que se marchita”, se cree que la traducción real significa “flor de pétalos resistentes como el cuero”. Esta planta es en realidad un arbusto que puede alcanzar hasta 4 metros de altura. Su variedad nativa puede actualmente ser encontrada en estado silvestre en bosques tropicales y subtropicales de México y Centroamérica; principalmente en cañadas y zonas sombreadas, discretamente distribuida en las zonas montañosas, pudiendo apreciarse a la distancia por sus llamativas hojas rojas.

Una flor que no es flor

Aunque lo que ha hecho famosa a a “Flor de Nochebuena” son sus enormes pétalos rojos,  éstos en realidad no son pétalos sino hojas modificadas llamadas “brácteas”, que rodean a unas minúsculas flores amarillas con verde que pasan casi desapercibidas. A pesar de ello, estas brácteas hacen la función de pétalos, pues acompañan la floración, haciéndola más visible para sus polinizadores. La floración de esta planta arbustiva está estrechamente relacionada con el ciclo solar anual, por lo que cuando los días se acortan y hay menos disponibilidad de luz, ésta tiende a florecer, lo que coincide con la temporada invernal-navideña.

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Su uso en las fiestas navideñas

Contrario a lo que se cree, las tradiciones prehispánicas relacionaban esta planta con la guerra y el derramamiento de sangre. Luego de la colonización española, la Poinsettia (como se le conoce en muchos países) se comenzó a utilizar como adorno navideño en México durante el siglo XVI, luego de que sacerdotes franciscanos las utilizar para adornar altares navideños, pues la tradición indicaba el uso de colores carmesí, y se les podía encontrar en las laderas montañosas.

Nochebuenas “extranjeras”

Si Ud. se pregunta por qué las plantas de noche buena “son tan caras” he aquí la respuesta: Esta bella planta saltó a la fama a principios del siglo XIX, cuando el primer embajador estadounidense en México (Joel R. Poinsett) la llevó a su país luego de quedar encantado con su belleza, dedicando parte de su vida a cultivarla exitosamente y distribuirla por toda la unión americana, por lo que decidió patentarla. Desde entonces las plantas de nochebuena que se cultivan en México, pagan derechos a los actuales poseedores de ésta y otras patentes, dependiendo de la variedad.

A raíz de los desarrollos tecnológicos, actualmente los Estados Unidos y algunos países europeos han desarrollado y patentado nuevas variedades de nochebuenas a través de la modificación genética y la hibridación, encontrando gran variedad de colores.  Sin embargo, dadas las favorables condiciones climáticas para su desarrollo, estas plantas son cultivadas en México y nuevamente exportadas.

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El futuro de la Nochebuena en México

Cada vez es más difícil encontrar ejemplares grandes de nochebuenas nativas. Algunos las recordamos en el jardín de casa de los abuelos, o en algún parque de la ciudad, con esas hojas alargadas que son tan diferentes a las variedades actuales de hojas redondas. Pocas personas conocemos la realidad detrás de estas hermosas plantas, pero ya se han logrado registrar dos distintas variedades nativas mexicanas, que nos permite ostentarlas nuevamente como una planta “verdaderamente mexicana”, aunque sus raíces ya lo sean por derecho propio.

Es sorprendente cómo los mexicanos nos sentimos en ocasiones “indignados” por que otros países hayan sacado provecho de algún producto de nuestro país, pero no nos esforzamos en proteger y aprovechar racionalmente lo que tenemos a nuestro alrededor, muchas veces en gran abundancia. Poco a poco vamos perdiendo nuestra riqueza natural, y son (para nuestra tristeza) los extranjeros quienes valoran y se preocupan por cuidar y proteger nuestros recursos naturales. Un cambio de actitud de los mexicanos será el primer paso para ser un mejor país. Espero que poco a poco las variedades actuales que encontramos a la venta sean sustituidas por esas nochebuenas patentadas mexicanas, que representan muchos años de esfuerzo por parte de instituciones de investigación y de gobiernos, que buscan proteger y defender las plantas nativas mexicanas.

La raíz que le dió la vuelta al mundo: El Camote

Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Si nos pusiéramos a pensar en el origen y la historia de cada fruto o verdura que consumimos cotidianamente nos sorprenderíamos. Éste es probablemente uno de los mejores y más sanos ejemplos de la “globalización”. Ahora consumimos productos que hace unos siglos o décadas ni siquiera se conocían, y a su vez conservamos en nuestras dietas elementos que son tradicionalmente “nuestros”, descubiertos y utilizados desde la época prehispánica.

Faltaría espacio para mencionar cómo el coco, la piña, o la mismas cebolla y zanahoria son parte fundamental de nuestra dieta, aunque éstas provienen originalmente de otras partes del mundo, traídas y naturalizadas tras el descubrimiento de América. A su llegada, los españoles descubrieron a su vez que los nativos americanos utilizaban en su cocina alimentos muy sabrosos, llevándolos consigo a Europa y al resto del mundo. Tal es es caso del maíz o la papa, que han revolucionado la preparación de alimentos en el mundo entero. Hay sin embargo algunos alimentos que su historia ha pasado inadvertida por la mayoría de las personas, que aunque disfrutan de su gran sabor, ignoran su origen. He aquí un gran ejemplo; que cualquier mexicano conoce y saborea con la familia: El Camote.

El Camote (Ipomoea batatas) es nativo del sur de México y centroamérica, conocido en Europa como Boniato, por su nombre caribeño y en inglés como “patata dulce”. En otros países se le conoce como batata, y su nombre mexicano deriva de la palabra náhuatl “camohtli”, que significa “raíz comestible”. Existen 8 especies distintas, cada una tiene sus raíces con un color, sabor y forma característicos. Es uno de los cultivos tradicionales más antiguos y valiosos, y hay expertos que aseguran que el camote está entre las primeras plantas domesticadas por el hombre. Fue Cristóbal Colón quien lo llevó a España, y de ahí se extendió al resto del mundo, aunque hay evidencias que indican que fue llevado a Oceanía por los polinesios antes del descubrimiento de América.

Misterioso viaje a Nueva Zelanda

El origen de la planta del camote fue controversial por largo tiempo, y estuvo dividido en dos teorías, una que asegura que es de origen mesoamericano y otra de origen polinesio, pero no existían pruebas concluyentes. Gracias a estudios modernos, se ha datado que la planta más antigua procede de las costas peruanas, con 8-10 mil años de antigüedad. Sin embargo, está comprobado por hallazgos arqueológicos que ésta planta llegó a la Polinesia alrededor del año 700 de nuestra era; lo que significa que de alguna forma el camote cruzó el Océano Pacífico al menos 700 años antes del descubrimiento de América. Imagínese la controversia que se ha generado en el mundo científico, pues quedaría comprobado que existió contacto directo precolombino entre los polinesios y las poblaciones nativas americanas. En el Perú, el vocablo indígena para designar al camote es la palabra “kumar”, mientras que los maoríes (indígenas nativos de Nueva Zelanda) lo llamaban “kūmara”, lo que apoya esta aseveración. De alguna forma el misterio continúa, pero lo mas probable es que hayan sido los polinesios quienes verdaderamente descubrieron América.

“El alimento de los pobres”

El camote está entre los principales cultivos tuberosos (tubérculos o raíces engrosadas) a nivel mundial y se siembra en todo el mundo. En el consumo humano sólo se aprovecha la raíz (donde almacena la mayoría de su energía), aunque la planta entera se puede utilizar como follaje ganadero altamente nutritivo. El valor nutricional del camote es mayor que el de la papa: Es alto en carbohidratos, fibra, antioxidantes y rico en vitaminas y minerales. Se le considera un alimento básico en el periodo infantil y como refuerzo en los casos de desnutrición. En África se le llama “Protector de los niños”, y se utiliza en campañas contra la desnutrición infantil, como un cultivo barato y sencillo de mantener. De ahí que en países desarrollados el camote es considerado erróneamente como un alimento del tercer mundo.

La raíz de los mexicanos

Curiosamente, y a pesar de que el camote es una especie de gran importancia cultural en México, nuestro país no figura siquiera entre los principales productores. Para mi sorpresa, China es el mayor productor del mundo, aprovechándolo principalmente en la industria para obtener almidón, harina y como alimento para ganado. A pesar de ello, el camote representa para los mexicanos un legado histórico y cultural, sin olvidar mencionar que es un cultivo poco agresivo para el medio ambiente.

¡Qué maravillosas tradiciones tenemos en México! Me vienen a la mente gratos recuerdos cuando pienso en el “camotero” pasando frente a la casa de mis padres con su versátil carrito-horno, haciendo sonar periódicamente ese típico y estridente silbido por el vapor, llamando a todos a salir a la calle a su encuentro. Montones de niños y sus padres salen corriendo para que les sirvan un rico camote horneado, calientito y bañado en leche condensada. La próxima vez que vea al camotero, colabore manteniendo viva esta tradición y cómprele alguno. Sin duda este fruto de la tierra que ha traspasado fronteras físicas y culturales, merece ser reconocido y atesorado como ¡Un verdadero regalo de la naturaleza!

La monogamia en el mundo de las aves: ¿Existe la fidelidad?

Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

El comportamiento reproductivo es uno de los fenómenos más importantes y complejos en la vida de las aves, y ha atraído enormemente la atención de los científicos en las últimas 2 décadas, al descubrirse uno de los secretos mejor guardados por estos alados animales.

Monogamia infiel

Antes de inicios de los años 1990´s, se creía que la monogamia (una relación exclusiva entre un macho y una hembra en particular durante un ciclo reproductivo) era un estilo de vida común y simple para las aves, hasta que se descubrió que muchas aves aparentemente monógamas, participan en apareamientos o cópulas con otros individuos, lo que se traduce simplemente en “engañar a sus parejas”. Este descubrimiento significa que la crianza de sus polluelos no implica necesariamente la fidelidad sexual. Ahora, los ornitólogos reconocen que más del 90% de las aves son “monógamas sociales”, es decir, que cooperan en la crianza de los pequeños, sin importar que sean o no de ambos progenitores. Ciertamente, también se da el caso de la monogamia estricta, donde ambos padres son los verdaderos padres, y esto ocurre normalmente en las especies donde se requiere la presencia de ambos padres para la crianza de sus hijos.

Los científicos han observado que la cópula con otros individuos también es frecuente entre aves que mantienen relaciones “estables” y que permanecen juntas por largo tiempo o incluso de por vida. No se sabe aún cuántas especies realizan esta práctica, pero todo parece indicar que la monogamia estricta, es decir la fidelidad, puede ser la excepción a la regla.

Develando el secreto

Si bien ésta historia suena un poco a las noticias escandalosas o a las revistas del amor, los científicos descubrieron esta escandalosa información al realizar estudios genéticos, intentando conocer las relaciones familiares entre ciertos grupos de aves. Analizando el ADN de las plumas de los padres y de los polluelos, toda una novela de amor y engaño salió a la luz, repitiéndose el resultado con muchas otras especies.

Asumiendo que las aves son socialmente monógamas, surge una pregunta: ¿Qué es lo que motiva a la hembra a aceptar o incluso solicitar cópulas con otros individuos? La reproducción forzada no es un comportamiento común en las aves, y las observaciones que han realizado los ornitólogos parecen indicar la voluntad de la hembra por participar, quien es a menudo quien lo busca. Se cree que puede ser una forma de la hembra por disminuir el riesgo de que su pareja sea infértil y sus huevos sean infértiles, o podría ser una estrategia para incrementar la diversidad genética de sus crías. Igualmente se cree que es posible que la hembra tome ventaja al encontrar algún macho con mejores genes que su pareja actual.

En el caso de los machos, ciertos rasgos se han relacionado con la probabilidad de éxito para copular fuera de la pareja, como puede ser un plumaje más brillante y colorido, canciones más complejas, etc. Si los machos no participan activamente en el cuidado y alimentación de los polluelos, entonces éstos buscarán activamente “exhibirse”, con la finalidad de mejorar su propio éxito reproductivo. Es importante mencionar que aún cuando existe el “engaño” por parte de la hembra, su pareja macho, conoce de alguna forma el riesgo que existe de que alguna de sus crías no sean propias, por lo que en un intento por reducir estos riesgos, algunas especies de machos han desarrollado estrategias para prevenir la pérdida de paternidad. Estas incluyen el aparearse frecuentemente, y se sabe de copulaciones forzadas cuando el macho sospecha que la hembra ha copulado con otro macho.

Más secretos por resolver

Si bien ya se conoce que tan sólo el 10% de las aves son monógamas reales, existe un trasfondo que debe ser analizado, más allá del por qué ocurre éste fenómeno, comparándolo con otros miembros del reino animal, incluyendo el ser humano. Existen pistas que indican que las hormonas pueden ser las causantes de todo este embrollo, donde ciertas hormonas inhiben o estimulan la promiscuidad (tal como se define en el mundo humano), y que tal vez, los animales no son del todo conscientes de sus actos que realizan por voluntad propia. En el ser humano se sabe de la influencia que las hormonas pueden ejercer sobre la agresividad y la promiscuidad de los hombres, y en las mujeres sobre su promiscuidad e infidelidad, por lo que no me sorprende lo que se está descubriendo sobre las hormonas en los animales.

No puedo evitar reflexionar que a pesar de la evolución y nuestra inteligencia, los humanos somos dominados, en algún momento del día y en algunas circunstancias, por nuestra herencia animal que aún conservamos en nuestro interior. Lo que nos hace diferentes, además del aspecto fisiológico, es nuestra capacidad intelectual, que debe sobreponerse a nuestros “instintos” más bajos o a nuestros momentos de debilidad. Es nuestro cerebro, y nuestra capacidad de reflexionar lo que realmente nos hace distintos y únicos.

Los grandes (aunque pequeños) cazadores del mundo animal

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Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Aunque casi todos relacionamos inconscientemente a los cazadores del mundo animal con escenas de leones y guepardos en Africa, pocos nos detenemos a pensar siquiera en aquellos otros animales que, aunque son inclusive más eficientes en sus técinas de caza, pasan desapercibidos para nuestros ojos, ya sea por su pequeño tamaño o porque nos parecen aparentemente inofensivos.

Pequeños depredadores

El tamaño no importa cuando se trata de conseguir alimento. Muchos insectos y arañas se han especializado tanto que son unos eficientes animales con una dieta 100% carnívora. Tal vez las arañas sean los únicos bichos que todos relacionamos con el término “cazador”, aunque en el mundo de los insectos, la depredación es un hábito tan común como la de aquellos que consumen néctar de las flores o se alimentan de hojas.

La gran sabana, en miniatura

Imagínese usted un escenario como el de la grandes planicies africanas y trasládelo a unos matorrales con hierbas y flores. Los rebaños de abejas, mariposas, chinches y una infinidad de especies recorren cada flor y cada hoja de las plantas en busca de su alimento. Aunque se mantienen alertas, deben concentrarse en buscar comida. Cerca, colgando de una hoja, hay un bichito que parece inofensivo, muy parecido a una mosca. En un instante se lanza sobre la abeja y la abraza con 4 de sus patas, cayendo al vacío hasta sostenerse de una pequeña rama con las 2 patas restantes. En un abrir y cerrar de ojos ha mordido a la abeja y le ha inyectado un veneno que la paraliza, permitiéndole “succionar” su nutriente contenido sin peligro alguno. Esta es la peligrosa mosa cazadora, también conocida como mosca ladrona. Es capaz de atrapar animales de mayor tamaño como saltamontes o avispones. Otro ejemplo de especies similares son las avispas, que una gran parte de ellas son carnívoras.

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Hormigas voraces

En las selvas tropicales (incluyendo las selvas de Puerto Vallarta), existe una especie de hormigas cazadoras a las cuales todos prefieren evitar. Se trata de las hormigas legionarias o “marabuntas”, quienes van de aquí para allá recorriendo la selva y alimentándose de cualquier tipo de presa que puedan encontrar, llámense insectos, reptiles o inclusive aves y mamíferos. Son tan eficientes que algunas comunidades indígenas les dan la bienvenida “permitiéndoles” el libre paso por su casa, para terminar con cualquier plaga que en ella viva. Se mueven rápidamente y cada “obrera” lleva consigo un pequeño trozo de algún animal que han descuartizado en algún lugar de donde vienen. Forman un delgado sendero que va serpenteando a través de la selva, con hormigas más grandes o “soldados” que vigilan la ruta y colaboran cuando se trata de presas muy grandes.

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Mimetismo mortal

Otro depredador experto en acechar a su presa es la Mantis, quien al ser experta en camuflaje, pasa desapercibida hasta que es demasiado tarde para su víctima. Para lograrlo, permanece inmóvil hasta que su presa pase junto a ella, atacando con sus patas delanteras tan rápido que es capaz de atrapar insectos en pleno vuelo. Su abrazo es tan eficiente, que puede darse el lujo de comerse a su presa viva, sin miedo a que ésta pueda defenderse.

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Las libélulas, cazadoras aéreas

Si hay un cazador por excelencia, sin duda las libélulas se llevan el galardón, pues son voraces depredadores desde que son larvas y viven bajo el agua. Su dieta es tan amplia, que incluye además de insectos y arañas, a renacuajos y peces, sin importarle en absoluto alimentarse de otras libélulas. Tienen visión telescópica y son capaces de medir distancias, por lo que pueden atrapar al vuelo a insectos tan pequeños como un mosquito. Tienen tan buena vista que pueden atrapar a sus presas durante el crepúsculo, en ausencia casi total de luz. Suelen mantenerse inmóviles en algún punto elevado desde donde pueden vigilar su territorio. Simplemente se lanzarán al vuelo para atrapar algún insecto que pase por ahí, y regresar inmediatamente a devorarlo tranquilamente.

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Las arañas, maestros en tácticas de caza

El principal órgano ofensivo (y defensivo) de las arañas son sus quelíceros, o dicho vulgarmente, sus colmillos. Estos además de ayudarles a “masticar” la comida, les permiten inyectar su veneno a sus presas, como las serpientes. Las arañas son expertas en la emboscada, y aquellas que no tejen telas como las saltadoras, utilizan su vista para detectar a sus presas a grandes distancias. Aquellas que tejen redes son muy pacientes, y utilizan su resistente tela para inmovilizar a sus víctimas sin necesidad de inyectarles veneno. Algunas arañas elaboran complejas trampas, que tejen con la ayuda de la seda que producen. Esta seda puede ser utilizada en forma líquida por algunas especies que “pescan” a sus presas lanzándoles una punta pegajosa.

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Las arañas, así como los alacranes y otros despreciados bichos, representan un papel muy importante en el equilibrio de la naturaleza al ayudar a controlar la cantidad de insectos. Lo mismo ocurre con infinidad de animales “tolerados” por su belleza o simpatía, y todos juntos conforman nuestro ecosistema. Un pequeño jardín o una simple terraza son suficientes para albergar a infinidad de especies, muchas de las cuales serán cazadoras. Gracias a ellas nuestras casas, jardines, bosques y ciudades no están invadidas por hordas de insectos que ningún pesticida lograría controlar. Estos animalitos insignificantes, ignorados e incomprendidos son nuestros mejores aliados cuando se trata de eliminar a los moscos zumbones, incansables y molestas moscas, cucarachas, etc. Un avispero o una araña pueden terminar con un problema de bichos que se comen nuestras plantas de ornato, y todo tan sólo con ser tolerantes hacia estos incomprendidos animales.

La inmensa mayoría de arañas son inofensivas para los humanos, y aquellas que representan algún peligro real, pueden ser identificadas fácilmente. Un panal de avispas pasa desapercibido por meses en nuestro jardín hasta que cortamos alguna rama y lo descubrimos. Entonces se vuelve una amenaza y no podemos dejar de pensar en él hasta haberlo eliminado, cuando antes de saber que existía no había sucedido nada. Puedo ser muy radical, pero debo intentarlo: Estoy convencido que si fuéramos más tolerantes con la naturaleza, nuestras vidas serían mejores. Todo empieza por nosotros mismos; por conocer a los animales que nos rodean, entenderlos y protegerlos. Nuestra mejor arma no son los insecticidas sino el conocimiento. ¡Que vivan esos pequeños cazadores!

El mundo secreto de los moluscos

Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Tal vez para algunos los caracoles son el primer animal que surge en nuestra mente cuando pensamos en moluscos. Otros a su vez se sorprenden al enterarse que los caracoles pertenecen al mismo grupo. Aunque todo el mundo conoce a los caracoles y babosas tanto de hábitats terrestres como marinos, seguro conocen, o han comido ostiones, ostras, mejillones, abulones, pulpos, calamares o jibias. Todos ellos son moluscos, cada uno con hàbitos de vida sorprendentes.

Definiendo a los moluscos

Típicamente un molusco se define como un animal de cuerpo blando, encerrado en una concha, aunque en muchos casos la concha ha desaparecido, ya sea que esté atrofiada o se ha modificado lo suficiente como para no ser visible. Se encuentran en todo el mundo, tanto en el mar como en agua dulce y sobre la tierra, muchas veces en ambientes tan inhóspitos como los mismos desiertos. La mayor parte son vegetarianos, aunque algunas especies son carnívoras, como ocurre con los cefalópodos (pulpos, calamares, etc.) y algunos caracoles que se alimentan de otros caracoles o de carroña. Su nombre deriva del latín Mollis (blando), que los define perfectamente. Su anatomía externa es muy básica, consistiendo de una cabeza (a veces poco evidente), una masa de vísceras (que funcionan como el sistema digestivo), un pie muscular (que podría definirse como el cuerpo) y el manto (la parte que secreta la concha). Todos los moluscos excepto los bivalvos (almejas, mejillones, etc.) tienen en su boca dientes pequeños, montados en hileras sobre una cinta llamada “rádula”. Ésta no sólo les permite triturar el alimento, sino que también lo introduce a su sistema digestivo.

De conchas, variedad infinita

Si bien la concha es una forma fácil para distinguir a los moluscos, hay conchas cuyas formas son tan simples como caprichosas. Las conchas típicas son en espiral (como la de los caracoles) aunque hay formas simples que sólo cubren el cuerpo con una forma que asemeja un gorro o sombrero (como las lapas). En algunas especies la concha ha desaparecido, como ocurre con las babosas o los nudibranquios. En ellos sólo se puede observar una especie de “capa”, que es lo único que les queda debido a la evolución. La concha no sólo los defiende de sus enemigos, sino que les protege de la desecación y del calor intenso, siendo capaces de “aislarse” del exterior en condiciones adversas. Todos los moluscos terrestres y de agua dulce respiran a través de una cavidad pulmonar, contrario a los marinos que respiran a través de branquias, como los peces.

La caprichosa forma de pulpos y calamares

Es difícil creer que el calamar, la jibia y el pulpo sean parientes de las almejas y las ostras. Su cuerpo se ha modificado tanto que aparentemente no tienen relación, aunque encerrado en su cuerpo conservan parte de lo que fue la concha, como el conocido “hueso” de las jibias que se utiliza como suplemento de calcio para las aves de jaula. Sus 8 a 10 tentáculos corresponden anatómicamente al equivalente de lo que es el pie del caracol. Como característica particular, poseen la capacidad poco común de cambiar de color. La piel aloja un gran número de pequeños músulos que mediante contracciones o expansiones rápidas pueden tener cambios instantáneos de color, que van desde el blanco y negro, hasta colores púrpura, azul, rojo y amarilo, para adaptarse a los colores del fondo. Esto no sería posible sin un excelente sentido de la vista, mismo que comparten con muchos caracoles y algunas almejas. Dentro de los moluscos más grandes, están los pulpos y calamares gigantes. En el mayor de los pulpos conocidos, sus brazos extendidos alanzan una envergadura de hasta 8.5 metros. El calamar más grande puede medir más de 20 metros de largo, que lo hace un impresionante rival para su principal depredador, el gigantesco cachalote, a quien deja profundas heridas durante su lucha por sobrevivir.

Mucho qué aprender de los moluscos

Si nos adentráramos en el día a día de los moluscos, descubriríamos cosas tan asombrosas como la gran inteligencia de los pulpos que aún nos asombra, o que los mismos caracoles (a quienes se tacha de poco inteligentes), son capaces de reconocer su territorio y regresar a dormir al mismo sitio, sin mencionar el complejo sistema de reproducción sexual que han desarrollado. La utilidad de los moluscos en nuestro planeta va más allá de su valor alimenticio, pues cumplen importantes y variadas funciones ecológicas al estar tanto en la parte más baja de la cadena alimenticia, como en la más alta, compitiendo en estrategia y efectividad con grandes depredadores como son los tiburones o los grandes felinos. Algunos son importantes filtradores del agua, descontaminándola y haciéndola adecuada para la vida de otros muchos organismos. Resulta sorprendente saber que de los mismos mejillones se puede extraer “hilo” de excelente calidad, y mucho más resistente que algunos materiales sintéticos modernos. Cuando al caminar por el campo o en su mismo jardín observe a un caracol, deténgase un momento a pensar en cómo éstos animales se han adaptado a vivir en una forma aparentemente tan simple. Mírele directamente a los ojos, pues seguramente éste lo está mirando a usted, pidiéndole que no lo pise.

El Guajolote, olvidado símbolo mexicano

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Texto: Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotos de Manuel A. Aranda Portal y Oscar S. Aranda

Considerado por los Mayas como un animal sagrado, el Guajolote (Melagris gallopavo), mejor conocido en tiempos modernos como Pavo, es el único animal doméstico originario del norte del Continente Americano, y fue domesticado por los nativos mexicanos desde épocas prehispánicas.

Su nombre mexicano “Guajolote”, proviene del Náhuatl “huexólotl”, que se traduce como “viejo monstruo” o “gran monstruo”, haciendo alusión al gran tamaño del macho y sus exuberantes plumas ornamentales, adornado por una roja y desnuda cabeza, y un trozo de piel que cuelga de su frente, conocido como “moco”. Los mexicas (nativos mexicanos) le relacionaban con el Dios Tezcatlipoca y las deidades del sol y de la vida. Por su parte, en el norte de América, las culturas Apache y Hopi, lo asociaban a prácticas curativas y agrícolas, como un “dador de vida” y partícipe de la creación de la Tierra.

Las especies silvestres del Pavo se distribuyen desde el norte de los Estados Unidos hasta el centro de México, aunque en México quedan muy pocos animales silvestres. Diezmadas por la cacería están limitados a las zonas boscosas e inaccesibles del norte, distribuyéndose hacia la parte sur y central de los Estados Unidos, donde su población se encuentra estable. Las especies silvestres del Pavo (Melagris gallopavo) han sido diezmadas por la cacería y quedan muy pocos animales silvestres en México, limitados a las zonas boscosas del norte, distribuyéndose hacia la parte sur y central de los Estados Unidos, donde su población se encuentra estable.

Poco conocido en la naturaleza, pero ampliamente conocido como alimento

La historia del pavo es bastante curiosa e interesante, pues es un animal que fue “exportado” por los españoles a Europa, y luego “importado” de nuevo como ave de corral por los ingleses en su proceso de colonización de Norteamérica. Todo comenzó con la llegada de los españoles, quienes narraban la abundancia de “gallinas enormes” (como les llamaban entonces) en los distintos asentamientos humanos que visitaban, mencionando su crianza y uso como fuente de alimento. Los españoles decidieron llamarle pavo por su similitud al “pavón”, otra ave nativa de gran tamaño. Poco a poco esta ave fue introducida en España como plato principal de la nobleza, difundiéndose a otros reinos de toda Europa. El nombre del pavo en inglés (Turkey), se le dio porque se creía erróneamente que era un ave procedente de Turquía.

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La triste vida de un pavo

Hasta el siglo XVIII, las aves seguían criándose de forma doméstica y por medios naturales, pero la creciente demanda obligó el desarrollo de nuevos procesos de crianza masiva e industrializada, dando lugar a las técnicas actuales e inhumanas, donde se les cría como un “producto”, hacinados por miles en espacios reducidos, sometidos a alimentos creados a base de fórmulas químicas, hormonas, antibióticos y aditivos artificiales, con la finalidad de mantenerlos sanos y de aumentar su tamaño o para obtener “pechugas” más grandes. Lo que el consumidor final ignora (y el criador y el proveedor omiten) es que al comer carne de pavo criado de forma industrializada, está ingiriendo (sin notarlo) sustancias nocivas para su salud. El premio Nobel de literatura en 2003 (John Maxwell Coetzee) y otros autores han considerado que las técnicas de hacinamiento y sacrificio industrializado que se aplican en los pavos, inspiraron las técnicas utilizadas para los grandes genocidios del siglo XX, como el Holocausto Nazi; una reflexión que vale la pena considerar.

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Crianza tradicional Vs. crianza intensiva

En algunos pueblos pequeños de México, con una mayoría indígena o con poco desarrollo urbano, aún se pueden observar tantos guajolotes como gallinas caminando por los caminos y los campos, alimentados con granos y mantenidos en una cómoda libertad, pues son (como las gallinas) animales hogareños y fieles a sus propietarios. Estos animales son vendidos en el mercado a precios verdaderamente bajos, y aún así resulta rentable a las familias que los crían. Curiosamente, en todo el mundo, existe la creciente tendencia a volver a lo tradicional y de pequeña escala, renunciando a la industrialización. Aquellos quienes no renuncian al consumo de carne pero que buscan hacer su parte al consumir “alimentos orgánicos”, están protegiendo no sólo su salud, sino que los animales criados en estas condiciones son tratados acordes a la ética humana y el respeto a los animales, obteniendo así una mejor calidad de vida y resultando ser alimentos de mejor calidad y sabor.

México tiene un largo camino por recorrer en cuanto a la comida orgánica, pero cada vez es más común y sencillo encontrar estas opciones. Si bien habrá que pagar unos pocos pesos adicionales, piense en cuánto está usted contribuyendo al fomento de la crianza “hogareña” y no industrializada, además de que ayuda a los productores de bajos recursos y no se olvide de cuántos beneficios obtendrá para su salud. Sería ilógico consumir un producto “dador de vida” que esté lleno de químicos ocultos que pueden poner su vida en riesgo.

Mi primer día con los primates

Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena.
Conociendo a mis parientes
Como biólogo conservacionista, he tenido la fortuna de experimentar y vivir de cerca con admirables y majestuosos animales, desde los más pequeños insectos y anfibios, hasta las enormes ballenas jorobadas. Sin embargo, nunca tuve la oportunidad de trabajar directamente con primates, esos animales tan parecidos a nosotros, y tan diferentes a la vez. Hace poco tuve la suerte de ser aceptado como voluntario en una fundación europea para el rescate de primates, en su sede española. Es un lugar muy grande y moderno, enclavado en una zona natural privilegiada. Su objetivo principal es darle hogar permanente a primates rescatados de condiciones deplorables de diferentes partes de Europa, sean zoológicos en descuido o ilegales, casas particulares, circos o laboratorios de investigación. Aquí reciben a individuos que por razones particulares no pueden ser acogidos en ningún otro lugar, por lo que se les brinda un sitio agradable y amplio donde podrán pasar el resto de sus vidas bajo excelentes condiciones de vida, teniendo tanto una zona interior como una amplia zona exterior llena de vegetación autóctona.
En este lugar se encuentran 4 diferentes especies: Macacos cola de cerdo (Macaca nemestrina), Babuinos hamadryas o Papiones sagrados (Papio hamadryas), Chimpancés (Pan troglodyte) y dos simpáticos grupos de hembras de Macacos cangrejeros (Macaca fascicularis) que fueron rescatadas hace muy poco. Algunos animales son viejos, otros jóvenes, y hay un chimpancé que tiene más de 40 años de edad, probablemente capturado por el método tradicional y traumático de matar a la madre en el medio silvestre para luego vender a la cría en el mercado negro. Todos tienen historias tristes y conmovedoras, por lo que cada día sus cuidadores intentan darles la mejor vida posible en compensación a todo lo que se les ha hecho. Previamente, y con mucho esfuerzo y paciencia, todos estos animales fueron sociabilizados en Holanda y actualmente cada individuo de su misma especie forma parte de uno o más grupos que podríamos identificar como “manadas”, donde el régimen social (las jerarquías) se establece por ellos mismos, reconociéndose así a un líder natural para cada grupo.
Frente a frente con los chimpancés
Mi primer día fue verdaderamente impresionante pues me causó unas sensaciones difíciles de describir, aunque ciertamente profundas que me dejaron mucho para reflexionar. Podría decir que fue una experiencia que sacudió hasta la última neurona de mi cerebro, llevándome en unos instantes a sentirme tan intimidado por su poder como asombrado por su obvia inteligencia y la mirada tan profunda que tienen, que te transmite sensaciones de compasión, tristeza y por qué no decirlo, de miedo y profundo respeto.
Ese día comenzó para ellos como cualquier otro día de rutina. Dado que las instalaciones son muy grandes y hay tanto qué hacer, el día se te va volando, por lo que hay que trabajar a contrarreloj. Debemos limpiar las instalaciones de cada grupo de animales y sus correspondientes áreas abiertas donde pasan el día, además de prepararles los 3 alimentos basándonos en rigurosas dietas específicas compuestas de vegetales y frutas, así como de preparados especiales que se denominan “enriquecimiento”. Todas las comidas se preparan por separado y con mucha higiene, siguiendo las instrucciones especiales para cada hora del día, para cada grupo y en algunos casos para cada individuo en particular…
Me tocó iniciarme en la sección que comprende a los los chimpancés y los babuinos, divididos en sus propias áreas. Existen muchas medidas de seguridad y se sigue un estricto protocolo de cosas que puedes hacer y que no debes hacer, pues en un instante de descuido de nuestra parte puede ocurrir una tragedia, dado que son animales extremadamente poderosos. Desde que nos acercamos se escuchaban gritos ensordecedores y golpes continuos en las puertas del interior. En los documentales sobre chimpancés que pasan por la televisión escuchas los gritos, pero este es sólo un pequeño rango de las ondas sonoras que no se acercan en lo absoluto a lo que escuchas en vivo. Ese instante es verdaderamente intimidante, y sientes cómo tu cuerpo vibra con los profundos sonidos que penetran hasta tus huesos. Al entrar al encierro de los chimpancés (la zona interior donde duermen), el ruido de los gritos era tan fuerte que a pesar de no estar aún frente a ellos, y a tan sólo unos centímetros de mi guía no podía escucharle nada de lo que me decía casi a gritos. Sentí miedo de siquiera acercarme, aún sabiendo que existe una gruesa reja metálica entre ellos y nosotros.
De alguna forma ellos sabían que alguien nuevo había llegado, y podría asegurar que eran capaces de olfatear la inseguridad que emanaba de cada célula de mi cuerpo. En ese momento yo aún no podía ver a los chimpancés, pues hay un pasillo muy pequeño, donde una delgada cortina me ocultaba de sus miradas que atentamente buscaban alguna señal de debilidad de mi parte.
Entre gritos y golpes en las rejas y puertas se me advirtió mantenerme alejado de los barrotes, no hacer movimientos bruscos ni mirarlos fijamente a los ojos. Mi guía me dijo (sin tomarle importancia) que algunos chimpancés acostumbran escupir a los extraños, y que por ningún motivo debía reaccionar a su agresión, pues sería un estímulo para que continuaran haciéndolo. Apenas terminó sus palabras y ya estábamos de frente a los 8 chimpancés que estaban ansiosos por conocerme. En cuanto me acerqué a “distancia de tiro” recibí un enorme escupitajo, jugoso y de penetrante olor que me dio atinadamente en un costado de la cara. Un segundo escupitajo a unos segundos del anterior me volvió a salpicar la cara, el cuello y mi chamarra. Valiente y obedientemente resistí la sensación de cómo poco a poco éstos escurrían por mi cuello, hasta que tras unos largos segundos se me permitió tomar una toallita de papel para secarme. El resto del día no pude quitarme el olor, como un recordatorio de quiénes mandan en estas instalaciones. Tras unos segundos de una desagradable experiencia, Los chimpancés se tranquilizaron y me observaron hasta el último detalle sin agresión alguna, dejando de hacer ese ensordecedor bullicio. Fue como si ésta hubiera sido mi bienvenida, para no llamarle una “novatada”. Habiendo aceptado humildemente su bienvenida, reconozco que el día estuvo plagado de agradables sensaciones y buenas experiencias. Respetando la regla de no mirar directamente a los animales, los babuinos se portaron bastante bien conmigo y me sentí más relajado.
Por otra parte los macacos, en la sección de enfrente son más “amigables”, pues al contrario de los chimpancés y babuinos, éstos buscan tu mirada y gesticulan continuamente cuando te ven, buscando les contestes con algún gesto que ellos reconocen como una señal de aprecio y confianza. Te levantan las cejas, mueven la cara hacia arriba y gesticulan graciosamente, pero resulta aún mas divertido cuando les contestas haciendo lo mismo y se entabla una extraña conversación diciendo “no se qué  dices, pero estoy felíz”. Cuando están libres en la zona exterior te miran desde lejos, caminan hacia ti y se detienen esperando respuesta, para luego continuar y sentarse en la orilla de su amplio espacio al aire libre, y me resulta muy curioso que el líder de los macacos está obsesionado con los zapatos de la gente, observando con dedicada admiración cómo son, qué suelas tienen y de qué color son.
En este sitio existe una rigurosa política de interactuar con ellos lo menos posible, así que no se les toca ni se les permite que te toquen para no establecer vínculos afectivos. Todas las macacas cangrejeras están siempre vigilantes de lo que sucede en el exterior, paradas a la orilla de una ventana de policarbonato. Tenían poco tiempo de haber llegado, y debían adaptarse paulatinamente a las rutinas antes de permitírseles salir al exterior. Todos estaban nerviosos de cómo reaccionarían ante la libertad de estar en un espacio abierto, luego de nunca ver el sol ni de tocar la tierra. ¡Ni siquiera sabían lo que eran las piedras o sentir el viento! Sin embargo, y para sorpresa de todos, el primer día que se les permitió salir, se adaptaron muy rápido a sus nuevas instalaciones y se sintieron confiadas de explorar su recinto exterior. Dados los traumas y malas experiencias a los que fueron sometidos, muchos animales necesitan meses e incluso años para atreverse a salir al exterior. Fue conmovedor y muy significativo para mí el haber presenciado “su primera vez”, y ver en sus ojos la expresión de sorpresa y curiosidad ante esa nueva y agradable experiencia, viéndolas cómo recolectaban pequeñas rocas y conchas de caracoles, como preciosos tesoros de inmensurable valor.
En cuanto a los alimentos, tanto el desayuno como la comida se les da por fuera, pues están en las zonas abiertas, así que se les lanza la comida desde una plataforma y se les observa cómo se comportan. El equipo está siempre cuidando que todos coman y vigilan que no haya señales de enfermedad o de agresividad entre ellos, tomando nota de cada detalle de su comportamiento. La cena es la parte más interesante, pues con ello se les obliga a entrar de nuevo a sus encierros, limpios y con comida escondida por todas partes, lo que les emociona mucho. Están instalados algunos “dispositivos” donde se puede esconder la comida y obligar a los animales a buscar su comida, debiendo usar herramientas para sacarla, ya sean sus manos y largos dedos, o unas varitas con las que empujan la fruta para sacarla. Hay otros muchos dispositivos y técnicas especialmente diseñados para estimular sus mentes.
Las labores de limpieza no son muy agradables, pues hay que recoger sus abundantes y coloridos excrementos, que por cierto también utilizan en ocasiones para pintar las paredes. Técnicamente a este comportamiento se le conoce como “painting”, y aunque éste es considerado como un comportamiento “anormal”, yo sinceramente creo que son verdaderas obras de arte, realizadas con improvisadas técnicas y con el material que tienen a la mano, como una respuesta inherente a la cautividad. Durante toda mi estancia me dediqué a fotografiar sus creaciones, mismas que me resultan verdaderamente asombrosas. Se puede apreciar en todas ellas que no es sólo “embarrar”, pues aplican distinta presión, giros que echan a volar la imaginación. Normalmente éstas pinturas son realizadas exclusivamente con la boca, aunque pueden usar los dedos para el toque final.
Poco a poco, y día tras día, pude ir conociendo a cada individuo en particular, y en cuestión de días ya podía reconocer a cada miembro de las manadas. Cada uno tiene su muy particular personalidad, y resulta imposible no crear vínculos emocionales con ellos. Hace unos días tuve la oportunidad de visitarlos y me alegró mucho la calurosa y amable bienvenida que me dieron, como cuando te reencuentras con un viejo amigo. No hubo agresión, sólo una conversación de miradas y silenciosas caminatas.
No sólo compartimos el 99% de nuestros genes, sino que llevamos una herencia igualmente compartida de actitudes y acciones instintivas que me resultan tan asombrosas como familiares. Aprendí una lección de humildad, reconociendo en ellos ese espíritu que los humanos tenemos y que nos hace ser tan agresivos y conspiradores como amables y tiernos, curiosos, inquisidores e inventivos.
Veo en ellos a unos seres increíblemente inteligentes que por nuestra ingenuidad e ignorancia, los hemos obligado a vivir como animales de circo, creándoles traumas irreparables y forzándolos a vivir de una forma que ningún animal o humano merece. El trabajo que en esta fundación se realiza es admirable por donde lo vea, pero es doblemente loable al luchar por brindarle a éstos animales una vida digna y llena de tranquilidad, a la vez de luchar incansablemente por promover la creación de mejores leyes y sobre todo por educar a la sociedad y evitar que más animales sean esclavizados en circos y zoológicos, o torturados en laboratorios.
A todos aquellos que niegan nuestra relación evolutiva con los primates, les digo que deberían de interactuar de cerca con ellos. Eso les ayudará a ser mejores personas; no sólo porque verán en ellos a seres inteligentes, sino porque en ellos se refleja tanto lo peor como lo mejor de los seres humanos. Una cura de humildad no le viene mal a nadie.

La pesca, una de las actividades más destructivas del planeta

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Los pescados y mariscos son un elemento de gran importancia para la dieta humana, y la esperanza de la humanidad está puesta en el océano como un proveedor interminable de alimentos para la humanidad. Hay varias cosas de las que todos y cada uno de nosotros deberíamos de ser más conscientes al consumir productos del mar, pues la mayoría de ellos llegan a su mesa cargados de desoladoras historias de destrucción y desperdicio.

El camarón y las redes de arrastre

La pesquería del camarón es la industria más destructiva del planeta. Las técnicas de “arrastre” de sus redes están alterando los fondos marinos y volviéndolos inhabitables. A su paso, arrasan con todo lo que está frente a ellas, atrapando a una infinidad de animales que luego serán “desechados”  al mar muertos o moribundos. Por cada tonelada de camarón que se captura, hasta 10 toneladas de peces, invertebrados, tortugas marinas y hasta mamíferos marinos se han capturado y desperdiciado, sin olvidar la destrucción que han causado detrás, al destruir los animales que viven en el fondo (como corales o esponjas) y que son el equivalente en tierra a árboles, plantas y arbustos que permiten que en esos ecosistemas vivan más animales. Es como si taláramos las selvas de Puerto Vallarta para poder obtener los mariscos que consume la ciudad. El resultado final son desiertos bajo el agua. ¿Cómo es posible que los gobiernos permitan una industria tan destructiva? La respuesta es la demanda de estos productos en el mercado.

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Un barco camaronero preparado para iniciar el arrastre de sus
redes. Al hacerlo destruyen y matan todo a su paso.

La captura accidental

No existe ningún método infalible y todas las técnicas de pesca comercial tienen daños colaterales. Si bien es increíble la cantidad de daños que la pesca de camarón produce, la pesca del atún debe ser mencionada también. Los métodos para capturar los grandes cardúmenes de atún implican el despliegue de gigantescas redes que “rodean” al cardúmen, y que poco a poco son remolcados al jalar las redes a los barcos. En ese proceso, y a pesar de los esfuerzos por evitarlo, gran cantidad de delfines, tortugas marinas, tiburones, etc., mueren antes de poder ser liberados de la red. Lo mismo sucede en cada una de las pesquerías existentes, donde ni siquiera las aves se libran del peligro.

La sobrepesca

La demanda de productos del mar crece año a año, por lo que los gobiernos incentivan el crecimiento de las pesquerías. Según la SEMARNAT (agencia mexicana del medio ambiente), en los últimos 25 años el esfuerzo pesquero se ha incrementado un 600%, mientras que éste esfuerzo apenas logró incrementar las capturas en un 30%, a pesar de que ahora existen sistemas modernos para localizar vía satélite y con sofisticados radares a los bancos de peces, lo que ha hecho que la población de peces en el mar sea capturada en una velocidad mayor a la que éstos necesitan para crecer y llegar a la talla mínima para reproducirse. Es decir, que se están sacando más peces de los que se reproducen en el mar, mismos que son necesarios para alimentar a otros animales oceánicos como ballenas o delfines.

 La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) estima que actualmente el 80% de las poblaciones de peces comerciales están explotadas a su máxima capacidad, sobreexplotadas o agotadas, incluyendo al atún, el tiburón y el bacalao, además que el 70% de éstos apenas llegan a tallas juveniles. Las sardinas, boquerones y anchovetas son también capturados en cantidades cada vez mayores para ser utilizados en gran medida para producir harinas que se utilizan en la elaboración de alimentos para mascotas, ganado, peces de acuicultura, etc.

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La falta de depredadores ha permitido a peces pequeños como sardinas, anchovetas 
y boquerones incrementar su población, pero la industria humana las está 
capturando en tales cantidades que ahora los barcos pesqueros compiten 
directamente con las ballenas, privándolas de su preciado alimento.

Las piscifactorías y el cultivo intensivo

Si bien la acuicultura está creciendo exponencialmente para sustituir el consumo de animales capturados en el mar, ésta se ha enfocado en animales de fácil cultivo como ostiones, mejillones, camarones y peces de agua dulce, y aún no ha sido posible hacerlo de la misma forma con los peces marinos. Aunque se cree comúnmente que la acuicultura es una alternativa “verde” que evitará el colapso de las pesquerías en los océanos, la realidad es que recientemente se ha hecho público que los alimentos que se utilizan en su cultivo, están compuestos en su mayoría por derivados de peces capturados en el mar. Esto hace que la acuicultura no sea ni ecológica ni sustentable, pues contribuye a agravar la penosa situación de la sobreexplotación de nuestros mares.

Resulta increíble que pagemos tan poco dinero por una lata de atún o por un filete de cazón (tiburón), sabiendo el costo tan alto que está pagando la naturaleza por nuestro “gusto” por la comida del mar. Los bajos precios de pescados y mariscos no nos ayudan a sensibilizarnos de la problemática tan grave que existe, y mucho menos de cómo nuestras decisiones de consumo están contribuyendo al problema. Es muy importante que al momento de elegir, estemos conscientes de la técnica con la que éstos productos se obtienen.

En lo personal me encanta el sabor de algunos productos del mar, pero desde hace algunos años lo he omitido totalmente en mi dieta. Fue una decisión difícil, criticada e incomprendida por quienes me rodean, quienes se deleitan comiendo éstos productos sin sentir remordimiento alguno. No los culpo, pues son platillos deliciosos, pero prefiero sentirme bien conmigo mismo, pues el placer de saber que hago algo bien, aunque sea insignificante para el mundo entero, es más duradero que el placer que dan estos platillos en mi paladar. ¡Quiero un mar lleno de peces y delfines, de ballenas gordas y tiburones felices!

Un caleidoscopio de colores: Las Mariposas

Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Pocos animales pueden considerarse verdaderos rivales de mariposas y polillas. Las aves deben su color a las plumas, mientras que estos hermosos bichitos se lo deben a las escamas. Bienvenido a un mundo de diversidad de colores y formas, bienvenido al mundo de las mariposas.

Definiendo a las mariposas

Conocidas también como lepidópteros, cuyo nombre deriva de las palabras griegas “lepis” (escama) y “pteron” (ala), este nombre se refiere justamente a las millones de minúsculas escamas que cubren no sólo sus alas sino su cuerpo entero. Este orden de clasificación biológica comprende además de las mariposas diurnas, a las polillas o mariposas nocturnas y las mariposas “saltadoras”, sumando en total alrededor de 200,000 especies. Se sabe que surgieron hace unos 100 millones de años, aunque muchos científicos creen que pueden ser más antigüas, y su evolución ha ido siempre de la mano de las plantas con flores. Se las encuentra en todos los hábitats posibles, en infinitas variedades, colores y tamaños que superan nuestra imaginación. La combinación de colores y formas está diseñada para 2 propósitos: Por un lado, para llamar la atención de los miembros de su propia especie, ya sea para impresionar a su pareja o para desafiar a algún rival. Por otro lado, existe una exorbitante cantidad de animales que se alimentan de ellos, por lo que utilizan las variaciones y combinaciones de color para advertir su desagradable sabor o toxicidad, o para camuflarse en el medio en donde viven. Curiosamente, las escamas de las mariposas incorporan colores que escapan a nuestra capacidad visual, por lo que algunos colores resultan invisibles para la mayoría de los vertebrados pero increíblemente llamativos para sus congéneres.

La variedad en formas y colores es muy amplia, pero todas
están cubiertas de escamas en su cuerpo. Algunas están
modificadas, dando la apariencia de ser pelos.

La guerra entre plantas y mariposas

Al haber evolucionado junto con las plantas, ambas se han enfrentado en una batalla por la supervivencia: Las plantas intentan evitar que se las coman, mientras que las mariposas buscan formas de superar los obstáculos para lograr alimentarse de ellas y sobrevivir. Todas las plantas ha desarrollado algún compuesto tóxico que afecta de algún modo a los herbívoros. Cada especie de lepidóptero posee los medios necesarios para enfrentarse a éstas toxinas, ya sea asimilándolas o almacenándolas para luego usarlas como su propio método de defensa, lo que les ha dado una singular ventaja contra depredadores como las aves u otros insectos, y hasta son capaces de poner huevos tóxicos o venenosos.

Las orugas absorben algunos compuestos tóxicos a los que son inmumes,
almacenándolos como futuras armas químicas para defenderse de
sus depredadores. Muchas cuentan con mecanismos adicionales de
defensa, como irritantes espinas que rodean su cuerpo.

Machos considerados y atentos

Todo aquel que gusta de observar a las mariposas, sabe que un excelente lugar para encontrarlas es en las orillas de charcas o lodazales, paradas sobre el suelo en días soleados. Comúnmente se cree que se detienen para beber agua, pero hace algunos años se descubrió que sólo los machos tienen éste hábito, y que en realidad no tiene nada que ver con el agua, sino con el sodio, indispensable para el funcionamiento de sus músculos y nervios. Cuando se convierten en adultos, todas las mariposas poseen en sus cuerpos el sodio necesario para funcionar adecuadamente, pero las hembras necesitan “proveer” la necesaria ración de sales de sodio a cada uno de los huevos que producen, lo que significaría una peligrosa deficiencia de sodio en sus cuerpos. Para asegurar el futuro de las hembras y en consecuencia de su descendencia, los machos durante el apareamiento le dan desinteresadamente a la hembra un “paquete” de sodio junto con su esperma, por lo que igualmente se ven en la posterior necesidad de reponer las sales de sodio, que encuentran en lugares donde la evaporación del agua concentra este elemento. Si no hay agua o lodazales, algunos machos son capaces de utilizar sus probóscides (la llamada “lengua”) para “embarrar” su saliva en rocas secas o incluso lamiendo la piel de algún sudoroso humano que pase por el lugar.

La búsqueda de sales de sodio puede hacer que una mariposa se
vuelva "temeraria" y busque éstos minerales en el sudor humano.

 El milagro de la metamorfosis

Si bien la metamorfosis es un proceso que se presenta en muchos tipos de insectos, crustáceos, moluscos y hasta en anfibios, es comúnmente identificada con las mariposas, pues el cambio que se produce de huevo a oruga, de oruga a pupa y de pupa a mariposa es de las transformaciones más extraordinarias, sorprendentes y repentinas del mundo animal. La oruga es en sí una máquina devoradora de materia vegetal que muda de piel mientras crece, convirtiéndose finalmente en una pupa inmóvil, donde se transforma mágicamente en una hermosa mariposa que nace con las alas “desinfladas”, y que cuenta con un órgano bucal especializado para beber el néctar de las flores. Tan sólo unos minutos después de haber emergido, el adulto es ya una máquina voladora que derrota cualquier esfuerzo humano por igualar su eficiencia con costosa tecnología. Qué mejor ejemplo que el de las mariposas Monarca (Danaus plexippus), que en su épico viaje migratorio pueden cruzar el océano Atlántico, volando sin descanso hasta 1,900 Kilómetros. Resulta difícil de creer que un animal con un peso de no más de medio gramo (0,018 onzas), pueda heredar genéticamente el conocimiento de una ruta migratoria tan compleja como la que recorren anualmente de Canadá y Estados Unidos a México.

 La Mariposa Monarca es una de las especies mejor estudiada, y aunque
es famosa por sus migraciones en Norteamérica, puede haber poblaciones
no migrantes y otras que se desvían de sus rutas tradicionales,
fundando nuevas colonias, como ha ocurrido en Europa.

Tal como ocurre en el mundo de las mariposas, la metamorfosis es un cambio tan profundo que modifica en su totalidad la forma y hasta la dieta de las mariposas. Ojalá algún día, nuestras mentes sufran esta metamorfosis, un cambio radical en nuestra forma de pensar, que nos permita ver más allá de la belleza exterior de los animales, y nos haga valorar a todos y cada uno de los seres vivientes del planeta, respetarlos y cuidarlos. ¿Evolucionaremos algún día? Yo confío en que sí.

El Rey de los humedales: El Cocodrilo

 

Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena, Fotografías  por Francisco McCann y Biol. Oscar S. Aranda Mena

      Tras la llegada de la temporada de lluvias a la Bahía de Banderas, se comenta y se escuchan más comentarios acerca de cocodrilos: “vi un cocodrilo cruzando la carretera”, “salió un cocodrilo en la playa”, o alguien comenta que observó algún cocodrilo en donde antes no lo había.

 Cocodrilos en la ciudad

Los turistas que visitan el turístico destino de playa Puerto Vallarta, México, se asombran al ver señalamientos advirtiendo la presencia de cocodrilos en zonas como la Marina Vallarta. Preguntan a camareros o a cualquier transeúnte si esto es verdad, quienes sin duda contestarán que sí, y otros contestarán que recientemente han visto alguno que otro, lo que es motivo tanto de asombro para algunos, como de alarma para otros. Puerto Vallarta es una ciudad increíblemente afortunada de tener tanta vida silvestre. Para muchos esto resulta desagradable y hasta peligroso, pero hace sin duda que éste sea un destino pintoresco y único. El caso de los “caimanes” (erróneamente llamados así por la gente local) es particularmente complicado, pues viven actualmente una compleja y triste situación que los ha obligado a volverse cada vez más públicos, visibles y vulnerables.

 Los cocodrilos están ahí porque el Puerto Vallarta que conocemos se cimentó sobre su hábitat natural; una zona de humedales (zonas bajas inundables, con presencia de agua en todo o parte del año) que originalmente se extendían por toda la zona costera del centro de la Bahía de Banderas, y que hasta hoy en día se sigue rellenando y construyendo en todo lo que ahora conforma el norte de la ciudad y su zona costera. Estas acciones llevadas a cabo durante los últimos 40 años, han eliminado el 90% de los espacios que antes le pertenecieron a los cocodrilos y a una incontable cantidad de animales y plantas.

 La controversia

La falta de información y el miedo son el mayor enemigo de los Cocodrilos. Los ataques a humanos causados por cocodrilos en Puerto Vallarta son contados con las manos y todos han ocurrido apenas en los últimos años. Estos ataques ocurren cuando alguna persona no respeta o decide ignorar las señales de peligro. Una mala política ambiental y la no-aplicación de las leyes federales que protegen a estos magníficos animales, ha contribuido a que sistemáticamente y en silencio, uno a uno de los cocodrilos vaya desapareciendo misteriosamente, la mayoría muertos a manos de los pobladores que los consideran molestos o simplemente les resultan demasiado amenazantes. El pueblo exige que los cocodrilos sean retirados de una zona que históricamente les perteneció a ellos, y las autoridades se enfrentan con el problema de que “ya no hay lugar” para reubicarlos, dado el crecimiento de la ciudad. Existen personas altamente capacitadas se encargan de atraparlos y devolverlos a su hábitat sanos y salvos pero, ¿cómo devolverlos a un hábitat que ya no existe?

Existe personal altamente calificado que se dedica a
atrapar, transportar y reubicar a aquellos cocodrilos
que representan peligro inminente o que corren el
riesgo que la misma población los mate por cuenta propia.

Los cocodrilos (principalmente los machos) son altamente territoriales, por lo que los más jóvenes y débiles son obligados a buscar nuevos territorios, llegando a los límites urbanos, llenos de peligros para ellos. El problema se incrementa durante las lluvias, pues al vivir en lugares poco protegidos y erosionados, la corriente de los ríos es tan fuerte que los arrastra hacia el mar, donde se ven obligados a salir de nuevo para descansar y buscar un sitio dónde vivir, por lo que cada vez es más frecuente verlos nadando en la playa, caminando por las calles y hasta en las albercas de los hoteles.

 Durante la época de reproducción, los cocodrilos se vuelven muy territoriales.

Su futuro

Es importante recalcar que los animales silvestres, incluyendo a los cocodrilos, evitarán en todo momento toparse con los humanos, a quienes temen con justificada razón. Cuando se les respeta y se les tiene un poquito de consideración, es posible que éstos convivan tranquilamente con las personas, tal como ocurre en el campo de golf de Marina Vallarta, donde existe una tregua no escrita entre cautos golfistas y temerosos cocodrilos.

La tolerancia y el respeto a los cocodrilos permite que éstos
vivan libremente y sin causar problemas, como ocurre en
el campo de golf "Marina Vallarta".

Considerando que es una especie en peligro de extinción, es necesario que las políticas ambientales y sociales los tengan en cuenta, y que éstos sean incluidos en la planeación urbana, sin olvidar que se les debe respetar además, como un legado natural que además de su valor ecológico, definitivamente tiene un alto valor económico como un atractivo turístico.

 Afortunadamente, en Puerto Vallarta existe una reserva natural de singular belleza y gran importancia ecológica, en pleno corazón del municipio. Es el Estero El Salado, área natural protegida donde habita una sana población de cocodrilo de río (Crocodylus acutus) y que además juega un papel clave para la reproducción y supervivencia de esta incomprendida especie. Este santuario es el único sitio en la Bahía de Banderas y el sur de Nayarit, donde el cocodrilo puede habitar tranquilamente, alimentarse, reproducirse, anidar y cuidar a sus crías, tal como lo ha hecho desde la aparición de sus primeros ancestros, hace más de 200 millones de años, y que es hasta el último siglo que se ve seriamente amenazado.

Esta cría de cocodrilo nació libremente en el Área Natural protegida
"Estero El Salado", en el corazón de Puerto Vallarta. De nosotros
dependerá su futura supervivencia.

Si es usted una de esas personas que les temen o los considera repulsivos, le invito a realizar una de las visitas guiadas que el Estero del Salado promueve (www.esterodelsalado.org), y me atrevo a asegurarle que además de salir de maravillad@ de lo que ahí encontrará, saldrá con un punto de vista más equilibrado, y aunque le siga pareciendo un animal poco atractivo, sentirá el deseo de protegerle y contribuir en la conservación de su hábitat. ¡Que viva el rey de los humedales!

La crueldad hacia los animales en nuestra sociedad: una costumbre brutal

 

Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Todos y cada uno de los seres humanos hemos sido actores, partícipes o testigos de algún acto de crueldad animal. El verdadero problema es que la crueldad animal no termina en el sufrimiento que causamos intencional o accidentalmente a algún ser vivo, sino que es el comienzo de un conflicto social complejo, capaz de destruir familias y sociedades enteras.

Definiendo la crueldad

La crueldad se define en sí como el acto en el que alguien se deleita en hacer sufrir o se complace en los padecimientos de cualquier ser vivo. Sin embargo, existen muchos tipos de crueldad y maltrato que no son comúnmente considerados como tales y que voluntaria o involuntariamente aplicamos en la vida diaria a nuestras mascotas, a los animales silvestres o de granja. Un animal que es molestado constantemente, un perro encadenado y con collar apretado, o que no tiene agua ni comida es una forma de abuso, y su dueño está siendo cruel. Otro ejemplo es la forma de transportar, hacinar y sacrificar el ganado y las aves que nos alimentan suele ser muy cruel, aunque no lo veamos.

El hecho de no ver que se comenten maltratos o actos de crueldad no nos libera totalmente de nuestra culpa, pues en muchas ocasiones somos testigos “sordos” de actos deliberados que se cometen en el vecindario. La indiferencia es cómplice del delito y muchas veces hay algo que podemos hacer para evitarlo o prevenirlo.

La crueldad como arte y deporte

Desafortunadamente, existen actos de crueldad que son ampliamente aceptados por la sociedad y quienes lo comenten son celebrados y festejados, como ocurre con las tradicionales corridas de toros, peleas de gallos y actos similares, defendidos a capa y espada por sus malinterpretados “orígenes culturales y/o tradicionales”.

Tal vez alguno de mis lectores se sentirá ofendido o en desacuerdo por mis aseveraciones. Afortunadamente existe el libre pensamiento, y éstas reflexiones son simplemente un reflejo muy particular de mi forma de ver la vida y de mis valores personales:

Aunque muchos aseguren que la tauromaquia es un arte, éste es y seguirá siendo uno de los actos más cobardes de abuso y extrema crueldad hacia un animal que, sin otra opción, no hace más que seguir su instinto de supervivencia hasta el último aliento, en un acto bárbaro donde nunca es enfrentado en igualdad de condiciones y mucho menos tiene la opción de elegir su destino. Por si fuera poco,  los amantes de este deporte dan justificaciones fisiológicas absurdas y falsas sobre las razones por las cuales éstos animales son heridos y mutilados, argumentando por ejemplo, que ésta es la razón de existir para los toros, y que los objetos que se clavan en su cuerpo sólo tienen la función de “ayudarle” a liberar la tensión. Para no entrar en más debate, omitiré mencionar la variedad de torturas secretas a las que son sometidos desde antes de entrar al ruedo, con el único fin de hacerlos menos peligrosos, predecibles y fáciles de dominar.

Sorprendentemente, aunque la tauromaquia es una de las más famosas y terribles “tradiciones humanas”, existen muchas otras en las que los toros (y otros animales) se ven llevados a una lenta y sanguinaria muerte. En España, aún hoy en día existen distintas celebraciones populares donde a los toros (por citar un ejemplo), se les prende fuego a sus cuernos (“Bou embolat” o toro embolado), se les ahoga (“Bous a la mar” o toros al mar) o se les mata a picotazos con filosas lanzas (“Toro de la Vega” o lanceros de Tordesillas).

Sin entrar en más dolorosos detalles de lo que a éstos y a muchos otros animales se les hace diariamente en todo el planeta, debo hacer hincapié que lo más preocupante es el ver cómo la gente disfruta de este tipo de actividades sádicas, haciendo caso omiso a lo que muy dentro de su corazón (si es que lo tienen), saben que está mal. ¿Cómo se puede disfrutar al observar el sufrimiento visible y atroz de un ser vivo?

Afortunadamente, somos cada vez más quienes nos oponemos abierta y categóricamente a estos actos de barbarie, que son ampliamente rechazadas por las mayorías sociales del mundo entero, y que cada vez ejercen más presión social para prohibirlas definitivamente.

 Afortunadamente, las voces de quienes repudiamos estas atrocidades,
son cada vez mayores y más fuertes.

La psicología humana y la crueldad: más de lo que se ve

Resulta sumamente interesante que los más reconocidos psicólogos del mundo coincidan en que la crueldad hacia los animales y la violencia humana van de la mano, y que un elevado porcentaje de delincuentes violentos fueron en su niñez crueles maltratadores de animales. Casi todos los niños atraviesan una etapa de “crueldad inocente”, donde lastiman y matan insectos u otros animales pequeños en el proceso de explorar el mundo y descubrir sus habilidades. Sin embargo, la mayoría de ellos se tornarán (con el paso del tiempo y con la guía de sus padres) sensibles al hecho de que los animales pueden sentir dolor y sufrir igual que nosotros, por lo que evitarán lastimarlos. Yo mismo recuerdo haber atravesado esa etapa, tras la que afortunadamente me enlisté en lado de quienes nos preocupamos por el respeto a la naturaleza.

Los criminólogos señalan a la crueldad contra los animales como una característica típica para identificar a aquellos jóvenes con el “potencial” de convertirse en futuros criminales, y la crueldad intencional contra los animales es una señal de serios y profundos problemas psicológicos que deben ser atendidos profesionalmente. El término médico de este problema se denomina “psicopatía”, y se ha comprobado que la crueldad animal es comúnmente cometida por personas inseguras, con una autoestima baja, y que buscan sentirse poderosas o dominantes hacia el más débil. Los estudios demuestran que en general, son personas que han sufrido (o están sufriendo) algún abuso por parte de algún familiar, y que suelen ser adolescentes o adultos jóvenes masculinos con pocas amistades y con malas notas académicas.

Desafortunadamente, los toros son uno de los animales que sufren
más maltratos en el mundo entero.

Doble responsabilidad

La mayor parte de las personas que justifican el maltrato y la crueldad hacia otros seres vivos, aseguran que es un derecho “divino” que los humanos tienen sobre las demás especies del planeta por su inteligencia “superior”, cuando es ésta inteligencia y raciocinio la que debe distinguirnos del resto de los animales. Tristemente, esa inteligencia que privilegia a los seres humanos no ha sido debidamente aprovechada para hacernos conscientes del importante papel que jugamos en nuestro planeta, y sobre todo de la doble responsabilidad que tenemos por ser precisamente “seres racionales”.

No debemos callar ante el abuso diario que presenciamos hacia los animales, sin importar que sean domésticos o silvestres, grandes o pequeños. Seamos la voz de aquellos que no pueden hablar, pues si respetamos la naturaleza nos respetaremos a nosotros mismos. No debemos olvidar en ningún momento que la compasión y la empatía, son dones que nos hace ser mejores personas.

Cosechando para vivir: las hormigas arrieras

Una hormiga arriera o "cortadora de hojas" Atta cephalotes
sosteniendo un trozo de hoja que llevará de regreso al nido.

 

Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Algunos de nosotros nos hemos encontrado con la sorpresa de que, al salir de casa por la mañana, nuestras plantas o árboles están desprovistos de gran parte de sus hojas. Pareciera que un rebaño pasó por ahí, y en realidad ocurre algo muy similar, pero en miniatura. Una de las especies de hormigas más conocidas y estudiadas del mundo, es famosa por su capacidad de destruir grandes áreas de vegetación, y es considerada como una de las plagas más importantes en la agricultura, por los daños que provocan. Sin embargo, detrás de esta mala fama, vale la pena mencionar algunos aspectos sobre su maravillosa organización social y capacidad de adaptación.

Hormigas de América

Existen alrededor de 12 mil especies de hormigas en el mundo, y unas 38 especies se han especializado en ser recolectoras de materia vegetal. Estas están presentes únicamente en el continente americano, pero son dominantes en aquellos lugares que han elegido como su hogar, extendiendo sus hormigueros en áreas tan grandes que superan nuestra imaginación. A través de galerías subterráneas, un solo hormiguero puede tener cientos de metros cuadrados, con decenas de salidas que en apariencia podrían creerse hormigueros independientes.

Estas especies del género Atta son consideradas como uno de los animales más eficientes y con la más compleja estructura social de la naturaleza, por la estricta organización que permite su funcionamiento como un superorganismo. Una colonia madura, con varios años de funcionamiento, puede tener más de 8 millones de individuos, todos llevando a cabo labores específicas.

Obedeciendo a los aromas

Si bien estas hormigas tienen todos sus sentidos bien desarrollados, gran parte de su labor la realizan gracias al sentido del olfato, enviando señales químicas específicas para cada situación y tarea presente. Todo comienza con las hormigas “exploradoras”, quienes buscan el mejor lugar para realizar la cosecha del día. Estas regresan, dejando un rastro de aroma (feromonas) en su camino, para luego dar “la señal” en el hormiguero. Millones de hormigas obreras y soldados seguirán rutas únicas en doble sentido, cortando tantas hojas como puedan durante la noche. Los imponentes soldados, quienes se encargan de la seguridad de las obreras, pueden participar en la cosecha, ayudando a las obreras a manejar semillas o trozos de hojas demasiado pesadas grandes para las obreras. Dentro del hormiguero, otras hormigas desarrollan tareas que van desde el cuidado de los bebés, hasta la limpieza del vasto hormiguero.

Las mandíbulas de esta hormiga están diseñadas para realizar
cortes precisos en hojas y tallos tiernos de plantas y árboles,
haciendo un semicírculo para facilitar su transporte.

Hojas que no se comen

Una colonia de hormigas puede recolectar por noche el equivalente a lo que una vaca adulta come en un día (varias decenas de kilogramos), lo que representa un problema serio para los agricultores. Lo interesante es que las hormigas no se alimentan de todas esas hojas que recolectan, y esta es la razón por la que son comparadas con la sociedad humana: Llevan las hojas cosechadas a cámaras especiales donde cultivan una especie particular de hongo (Leucocoprinus gonglylophorus), del que única y exclusivamente se alimentan. La materia orgánica que llevan al nido es macerada con sus mandíbulas y fertilizada con su propia orina, permitiendo al hongo crecer y desarrollarse.

Hormigas y humanos

Dentro de su gran adaptabilidad, estas hormigas con su súper desarrollado olfato, pueden detectar harinas o sustancias útiles en productos elaborados por el hombre, desde cereales hasta croquetas para mascota, pudiendo vaciar el plato del perro en esa misma noche. Esto les ha permitido adaptarse perfectamente a la vida urbana, y por la complejidad de sus hormigueros, es prácticamente imposible erradicarlas, pues su sistema de túneles y cámaras pueden llegar varios metros de profundidad, y hasta cientos de metros a la redonda.

Cualquier brote tierno es bueno para cultivar su alimento. 
Las hormigas obreras reciben la ayuda de los soldados en el
transporte de las piezas que han cortado.

Es así como llego a la reflexión final, donde intento hacer notar la importancia y el valor ecológico de la especie, para aceptarlas dentro de nuestra vida diaria. En este caso, son pocas las ventajas aparentes de tenerlas de vecinas, pues si bien ayudan a oxigenar el suelo y estimulan el desarrollo de las plantas y árboles al “podarlos”, también pueden matar a las plantas más débiles o enfermas o que no tienen la suficiente energía para recuperarse de semejante daño. Sin embargo, pensando en ello, caigo en cuenta que existe una analogía entre la sociedad de hormigas y la nuestra:

Nuestra sociedad las considera una plaga, que arrasa con nuestros jardines y cultivos. Nosotros invadimos el planeta entero, talamos sus bosques y selvas, con el fin de satisfacer nuestras insaciables necesidades. Al final de cuentas, las hormigas solo buscan sobrevivir, tomando sólo lo que necesitan, mientras que nosotros actuamos como un “insaciable súper-organismo”. Esto me recuerda un famoso y cierto proverbio castellano: “Arrieros somos, y en el camino nos encontraremos”.

Las hormigas, una sociedad modelo

 

Hormigas en acción: Estas hormigas "arrieras" transportan trozos
de hojas, tallos y brotes a su hormiguero donde cultivan
un hongo que les sirve de alimento. La agricultura 
no es exclusiva de los seres humanos.

 

Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

       Al igual que la raza humana, las hormigas son uno de los pocos animales que viven en sociedad, compartiendo un lugar donde coexisten de forma organizada. La diferencia entre hormigas y humanos es, que aunque no sean inteligentes, ellas sí han logrado formar una sociedad perfecta y armoniosa, cuyo objetivo es el bien común.

 Celebrando su aniversario 80 millones

Aunque los primeros ancestros de las hormigas aparecieron hace más de 100 millones de años, se cree que su éxito comenzó 20 millones de años después, aún antes que los primeros dinosaurios aparecieran en la tierra. Hacce ya tanto tiempo, que éstas cifras pueden sonar como números sin sentido, pero podemos entenderlo mejor si consideramos que nuestros ancestros humanos surgieron apenas 1.5 millones de años atrás. Es decir, que estas insignificantes hormiguitas nos llevan 78.5 millones de años de ventaja evolutiva. ¿Será que para ese entonces los humanos podremos ser tan perfectos como ellas? Aún si sobreviviéramos a nosotros mismos, lo dudo.

Hormiguitas por doquier

Si en el planeta existe algo, son hormigas. Más que cualquier otra criatura, las hormigas por sí solas suman el 10% de la masa corporal de todos los animales terrestres del mundo. Con más de 10 mil especies, no es de sorprenderse que a cualquier lugar al que vayamos encontremos hormigas: en cualquier rincón de nuestras casas, en los árboles, banquetas y jardines de la ciudad, en los bosques y desiertos.

Y es que existen tantas variedades que las hay carroñeras, cazadoras, exploradoras y agricultoras; todas con una estructura jerárquica muy variada, donde cada una ocupa puestos tan complejos como las de exploradores, soldados, niñeras, obreras, enfermeras, reinas y hasta sepultureras, dando su vida por defender su trabajo.

Estas hormigas negras europeas (soldado y obreras), colaboran desinteresadamente
en la recolección y transporte de su alimento al hormiguero.

Donde las hembras mandan

El machismo de la sociedad humana nos ha hecho ver equivocadamente que los grandes rangos deben ser ocupados por los hombres. Sin embargo en la naturaleza, salvo algunas excepciones, es más común que las hembras sean quienes tomen las decisiones importantes, y hasta los leones son doblegados por las hembras si ellas así lo deciden.  En la sociedad de las hormigas existe un matriarcado, donde todas las hormigas de una colonia son hijas o hijos de una sola madre, quien controla el hormiguero. El macho por su parte, sólo sirve para aparearse una sola vez con la reina, y luego morir. La totalidad de las obreras son hembras, y son ellas quienes se hacen cargo del total funcionamiento de hormiguero, permitiéndole a la reina dedicarse exclusivamente a la producción de huevos.

Lo que hacen por nosotros

No hay casa que no sea invadida por hormigas constantemente. En una casa podemos tener más de 6 tipos diferentes de hormigas, cada una dedicada a una actividad en particular. Si bien las consideramos sumamente molestas al meterse a nuestros alimentos y las llamamos “plagas”, las hormigas tienen el mérito de contribuir en parte a la limpieza del hogar. Esas pequeñas hormiguitas negras que andan siempre caminando por doquier son carroñeras, y una mosca, araña o mosquito que matemos será rápidamente removido y eliminado. Una gotita de miel o algo dulce será absorbido en poco tiempo por un millar de pequeñas bocas de hormiguitas casi invisibles, al igual que migajas de pan y cualquier cosa que pudiera ser comestible. Es así como día a día, eliminan partículas orgánicas que dejamos atrás sin darnos cuenta.

Las hormigas negras, muy comunes en los hogares, hacen
una importante labor de recolección de restos de
comida y de animales muertos, eliminándolos y
contribuyendo a la limpieza del hogar.

Utilizando el olfato

No hay peor tragedia para una hormiga que perderse en el camino. Son las hormigas exploradoras las encargadas de trazar un camino o “ruta” olfativa, pues al caminar dejan un rastro aromático que forma senderos invisibles que todas las hormigas obreras seguirá durante el transporte de los alimentos al hormiguero.  ¿Alguna vez se ha fijado qué sucede cuando se limpia el piso, o simplemente cruzamos su sendero con nuestro dedo? La respuesta es: caos. Ninguna hormiga se atreverá a cruzar ese extraña barrera química, debiendo esperar a que una hormiga exploradora trace de nuevo el camino de regreso al hormiguero, y es así como cientos o miles de hormiguitas pueden morir al no encontrar su camino de regreso a casa. Las exploradoras, son las únicas capaces de orientarse por la vista, a través de la ubicación de elementos fijos como árboles o rocas, y por la ubicación del sol.

¿La sociedad perfecta?

La forma en que las hormigas se comportan socialmente, les ha dado el acertado título de “superorganismos”. Para nosotros, tal vez las hormigas no representen a la sociedad perfecta, y hasta encontremos en ellas una gran cantidad de defectos, incluyendo lo que algunos denominaría como una dictadura. Sin embargo en el futuro, la diferencia entre humanos y hormigas se determinará por una sola palabra: “éxito evolutivo”. Creo firmemente que si no cambiamos nuestros hábitos de vida tan egoístas e individualistas, nuestra imperfecta sociedad se verá extinta al no buscar un bien común y superior. Nuestra envidiable inteligencia no nos ha ayudado en mucho, considerando que vivimos aprovechando indiscriminadamente lo que encontramos en a naturaleza, en un comportamiento poco o nada sustentable.

Sin duda alguna, las hormigas seguirán adaptándose y sacando ventaja de nuestros errores, y tal vez algún día ocupen nuestro lugar. Tal vez nuestra sabiduría nos ha cegado, imposibilitándonos a observar cómo esos inofensivos bichitos han logrado vivir tanto gracias a que todas persiguen el bien de la comunidad. Como dijo el Rey Salomón: “Mira a la hormiga, mira sus caminos y sé sabio…”.

¿Por qué el chile es picante?

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

      La comida mexicana es famosa, entre muchas cosas, por su picante sabor. El gusto por esta sensación le ha convertido en un elemento indispensable para cualquier cocina alrededor del mundo, gracias a una sustancia “casi” milagrosa. Este es un pequeño homenaje al mejor amigo de los mexicanos: El chile.

Definiendo al chile

Tiene tantos nombres como su variedad en sabor, color y forma. Su nombre original proviene del vocablo Náhuatl Chilli. En el mundo se le conoce también como ají, pimiento o guindilla, aunque sólo los dos primeros nombres tienen un origen prehispánico. La planta del chile tiene como nombre científico Capsicum sp., y existen al menos 27 especies distintas, aunque su diferenciación como especies ha sido todo un reto, debido a la intensa manipulación e hibridación que ha sufrido durante los últimos siglos en manos de los humanos. Es el fruto de una planta arbustiva, orgullosamente nativa de México y Centroamérica.

Conquistando el mundo

Faltaría espacio para narrar la interesante y compleja historia de cómo el chile ha conquistado el mundo entero a partir de unos pocos ejemplares llevados a España, y hago hincapié que todas las variedades picantes que son “típicas” y tradicionales de países alrededor del mundo, tienen su origen aquí, en el Continente Americano. Bastará con resumir que en 1493 Don Cristóbal Colón, a su regreso del primer viaje a la “Nueva España”, llevó consigo los primeros chiles, mismos que 100 años después ya se cultivaban por toda la Península Ibérica. La misma España, desembarcando desde México se encargó de introducirlo en toda Asia, mientras que Portugal lo distribuiría al resto de Europa y África. Con el paso de los años, el chile se arraigó fuertemente en las tradiciones culinarias de todos los rincones del planeta, olvidándose casi por completo del origen, rico en historia y tradiciones ancestrales de más de 6 mil años de antigüedad, que hoy día están presentes en la cotidianeidad de los mexicanos, ya sea en temas culinarios, sociales o sexuales.

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El uso del chile en Mesoamérica se remonta a al menos 5,000 
años atrás. Los antiguos mexicanos tenían sus propias 
palabras para definir qué tan picante era el chile: 
cococ, cocopetzic y cocopalatic
(picante, muy picante y extremadamente picante).

El chile, el vodka, la pintura y las medicinas…

Todo se relaciona gracias a la sustancia que le da al chile ese tan peculiar sabor, llamada “capsaicina”. Es una molécula alcaloide (de naturaleza similar a sustancias como la morfina, nicotina, cafeína, etc.) que afecta el sistema nervioso, que activa temporalmente los receptores del dolor y provoca que nuestro cuerpo libere endorfinas, un compuesto que nos hace sentir sensaciones de placer. Cuando la capsaicina es extraída y purificada, ésta puede ser aplicada y utilizada en una inimaginable cantidad de productos de uso diario. Imagínese Ud. que se utiliza para resaltar o modificar un sabor particular; llámense salsas picantes, bebidas alcohólicas (ron, vino, vodka), embutidos (carnes frías), mayonesas, refrescos, etc. Esta sustancia se agrega a la pintura para barcos (lo que evita que los invertebrados marinos se adhieran a ella), y los famosos gases lacrimógenos, conocidos como “gas pimienta” están compuestos por esta sustancia, que aplicada en tal concentración es extremadamente irritante.

Sin duda, la aportación más importante del chile, han sido sus propiedades médicas. Se está utilizando como ingrediente activo de infinidad de productos; desde aquellos prescritos para dejar de fumar, estimular el apetito o combatir malestares digestivos y respiratorios, hasta los de última generación que se utilizan para aliviar el dolor y combatir el cáncer. Sería necesario un tratado especializado para explicar cómo y en qué se utiliza esta sustancia en nuestro beneficio.

El picante es, una ironía evolutiva

He aquí la respuesta, donde el resultado final no era el esperado: Las plantas del chile, bajo una gran presión depredadora por parte de mamíferos herbívoros como venados, pecaríes, conejos, etc., desarrollaron un mecanismo de defensa para hacer que sus hojas y sus frutos resultaran de sabor desagradable para sus depredadores, sin afectar a las aves, dispersoras naturales de sus semillas. Se ha documentado que los primates somos los únicos mamíferos que “disfrutamos” de comer sustancias desagradables, al encontrar “sabrosa” esa sensación de escozor. Los chimpancés comen hormigas que liberan ácido fórmico, mientras que otros monos se alimentan de hojas con sustancias alcaloides muy parecidas a la capsaicina. La planta no contaba con que los humanos disfrutaríamos al comerlo, aunque para su suerte nuestro gusto por sus frutos no les ha afectado, sino que las ha diversificado, otorgándoles un éxito evolutivo excepcional, ya que se ha convertido en una relación simbiótica, donde la planta necesita tanto de nosotros, como nosotros de ella.

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La capsaicina se concentra en la placenta del fruto, 
es decir en su centro, de donde surgen las semillas.

Dicen que un mexicano que come sin picante, no es mexicano. Yo digo que un mundo sin chile, no sería el mismo, pues ningún mexicano que viva o haya vivido en el extranjero por mucho tiempo, podrá negar que lo que más se extraña (en ocasiones más que a la misma familia), es ese sabor picante que caracteriza nuestra comida, y que nos hace decir lo que hace miles de años nuestros ancestros decían en Náhuatl: ¡Cococ, Cococ! (¡¡¡Pica, Pica!!!). Por ello, hoy que vivo en el extranjero y añoro tanto ese sabor picante, he sembrado mi primera semilla de chile, misma que cuidaré con esmero, adoraré y dedicaré mis plegarias nocturnas. ¡Arriba el chile!

-(en el buen sentido de la palabra)-