¡Ballena a la Vista!

Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena.

Los antigüos balleneros, vigilando desde lo alto del mástil del barco gritaban: “¡Ahí sopla la ballena!” (There she blows!), e inmediatamente toda la tripulación se preparaba para la épica cacería que aseguraría alimento y aceite para alumbrar el hogar de muchas familias. Ser ballenero era un oficio diferente a los demás: heróico, lleno de misterio y aventura en letras mayúsculas. Luego llegó la industrialización y las técnicas tradicionales evolucionaron para convertirse en verdaderas masacres que llevaron al borde de la extinción a prácticamente todas las especies de ballenas de gran tamaño y haciéndolas desaparecer de regiones enteras. Hoy en día, ya no es necesario cazarlas gracias a que se han creado sustitutos más baratos y mejores que los productos que originalmente se obtenían de las ballenas. A pesar de ello, aún sigue realizándose la cacería legal e ilegal de ballenas en al menos 10 países, bajo una engañosa bandera de investigación, subsistencia o “tradición cultural”. Sin embargo, la percepción que la gente tiene de las ballenas y la forma en la que se les trata ha cambiado enormemente. Mucha gente ve a las ballenas como una estupenda oportunidad para estudiar sus adaptaciones al mundo marino, y otros ven a las ballenas como una fuente de entretenimiento y de negocio. Mientras algunas sociedades las siguen persiguiendo, otras consideran que las ballenas son criaturas cuyo valor es inmesurable.

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Luego de más de 2 siglos de cacería indiscriminada, la población mundial de ballenas jorobadas quedó reducida en un 90%. Es decir, que para la década de 1980 sólo existía alrededor del 10% de la población original. A partir de 1966, las ballenas jorobadas entre otras especies comenzaron poco a poco a recibir protección internacional, lo que ha permitido que su número se vaya incrementando año con año. La Bahía de Banderas en México ha sido un destino favorito de las Jorobadas desde antes de la llegada de sus primeros colonizadores humanos. Según cuentan las antiguas bitácoras de a bordo, los primeros exploradores que llegaron en barco llamaron este sitio la “Bahía de las Jorobadas”, un honroso nombre que ha sido por desgracia olvidado desde hace más de un centenar de años. Sin embargo, son las mismas Jorobadas quienes nos recuerdan que ésta Bahía sigue siendo su territorio, apareciendo puntualmente para su viaje migratorio invernal.


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Hoy en día hemos cambiado los arpones por las cámaras, cazándolas en safaris llamados “tours” o “whale-watching”, cuyo único objetivo es disfrutarlas y lograr obtener un preciado trofeo fotográfico, y, aunque los motivos de su búsqueda son muy distintos, todavía los barcos  que ofrecen este servicio salen con un vigía, quien apoyado del experimentado capitán llevan y guían a los turistas en la búsqueda del “soplo de la ballena”, representado en los cuentos como el clásico chorro de agua saliendo de sus cabezas. Tras el esperado grito de “Ahí hay una ballena”, los turistas sacarán sus cámaras y apuntarán hacia la ballena. El resto de la historia, a diferencia de las de los antigüos marineros, será que se vuelve a puerto con un barco colmado de turistas sonrientes y recuerdos de un avistamiento increíble y espectacular. Sin embargo, no debemos olvidar que el turismo de observación de ballenas se ha vuelto tan popular que en ocasiones puede causar efectos negativos para las ballenas, como el típico acoso de decenas de embarcaciones a una sola ballena con su cría. Es por ello que en México ha sido necesario “regular” esta actividad a través de leyes que autorizan sólo a un número limitado de embarcaciones para observarlas, mismas que deben cumplir con algunas normas de “civilidad” y respeto para no molestar a las ballenas ni interrumpir sus actividades.

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Tome nota: La temporada oficial para la Bahía de Banderas, abarca del 8 de diciembre al 23 de marzo, y fuera de éstas fechas no está permitido realizar actividades comerciales con el avistamiento de ballenas. Así que si planea salir a ver ballenas, tenga en cuenta el tipo de “tour” que está contratando, pues somos nosotros los responsables de evitar que nuestras actividades lleguen a afectarlas. Tenga muy presente que la razón de su migración es la reproducción y crianza de las nuevas generaciones, por lo que son mucho más sensibles a las perturbaciones como el ruido que las embarcaciones producen al acercarse. Asegúrese entonces de contratar una embarcación autorizada, que podrá reconocer por una bandera especial otorgada por la autoridad federal que debe estar izada en la embarcación. Tal vez no sea el recorrido más barato que encuentre, pero pagar esa diferencia en el precio se traducirá en un servicio más profesional y más respetuoso hacia las ballenas. ¡Definitivamente vale la pena!

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¿Dónde anidarán las tortugas marinas?

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

En todos los destinos turísticos y ciudades a la orilla del mar del mundo, las playas distan mucho de ser lo que originalmente fueron. A lo largo de los años la costa ha sido modificada para ganarle espacio al mar o para proteger las construcciones que se han edificado prácticamente en las mismas playas, olvidando que las playas son dinámicas y están sujetas a la acción de corrientes marinas en constante cambio. Como consecuencia, han proliferado las estructuras artificiales conocidas como espigones, escolleras y rompe-olas, que en muchos de los casos han provocado que las playas se hagan más pequeñas y se vuelvan prácticamente inaccesibles y hasta peligrosas para las tortugas marinas y muchos otros animales costeros, donde en su búsqueda de un buen sitio para anidar, suelen caer entre las grandes rocas.

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Puerto Vallarta es un vivo ejemplo, y donde antes había una playa larga y magnífica, ahora hay una serie de pequeñas y erosionadas playas rodeadas de espigones, con tan poca arena que las olas golpean los muros de los edificios durante la marea alta. Hace no mucho, estas playas eran excelentes zonas de anidación de las tortugas marinas, siendo ahora sitios que aunque son aún visitados por algunas tortugas, éstas suelen regresar al mar sin anidar, por no haber encontrado el sitio adecuado.

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Recuerdo que hace sólo 15 años, en las playas del centro de la ciudad había más tortugas anidando que ahora, y aquellas playas que aún cuentan con las condiciones adecuadas para las tortugas marinas, como las del norte de la ciudad y de Nuevo Vallarta, han visto un considerable incremento en la visita de tortugas marinas durante la temporada de anidación. Esto no es fortuito y es totalmente nuestra culpa, o mejor dicho, es culpa de quienes han autorizado la construcción de edificios y espigones a lo largo de las últimas décadas.

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La invasión de la playa es otro factor importante, debido a que las tortugas se “topan” constantemente con muros, escalones, sillas, camastros y sombrillas que les impiden el paso y no pueden anidar. Ver tortugas dando largos recorridos entre muros y sillas son una escena común, intentando inclusive ingresar a las propiedades, como si estuvieran buscando la playa que ahora sólo existe en su memoria.

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A todos estos problemas sumémosle el problema de la luz artificial, que hoteles, condominios y restaurantes colocan a diestra y siniestra como una herramienta de seguridad. Basta con observar los miles de insectos que mueren cada noche presa de las luminarias y reflectores, debido a su instinto por seguir la luz, para darnos cuenta del peligro que las luces representan para los animales. En las tortugas marinas adultas el problema no es tan serio, pues hay evidencias de que en Puerto Vallarta las tortugas se han “acostumbrado” a anidar en áreas iluminadas, cuando éstas por instinto buscan el cobijo de la oscuridad.

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Las luces son una mortal amenaza para las crías que recién salen de sus nidos, ya que están “programadas” para seguir el punto más brillante del horizonte, que debería ser el mar. En la naturaleza el mar es siempre más brillante que la misma tierra, ya que el mar refleja la luz de la luna y de las estrellas. Las luces artificiales desorientan tanto a las crías, que las obligan a “volver” a tierra, convirtiéndose en una presa fácil para sus depredadores. Aquellas tortugas desorientadas, difícilmente serán capaces de llegar al mar sin ayuda.

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México está comenzando a abrir los ojos y se estan implementando políticas y normas para proteger las playas de anidación de tortugas marinas y controlar su iluminación, tal como ocurre en muchos otros países donde existe una legislación muy estricta. Desafortunadamente, aún estamos muy lejos de llegar a aplicar estas normas, y no será hasta que cada uno de nosotros sea consciente del daño que estamos provocando a la naturaleza con estas acciones. Sólo cuando el gobierno se de cuenta que hay que enseñarle a la gente el “por qué” de las leyes, antes de aplicarlas, comenzaremos a ver un cambio real en nuestras actividades diarias.

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Las tortugas marinas han logrado sobrevivir a infinidad de cataclismos y cambios climáticos desde antes que existieran los dinosaurios, y ahora están en un peligro real de extinción por culpa exclusivamente nuestra. Deberíamos de admirarlas como el mejor ejemplo de tenacidad, y contagiarnos de su férrea voluntad de vivir. La próxima vez que visite un restaurante o un hotel en la playa, pregúnteles qué están haciendo para contribuir a la protección de las tortugas marinas. Recoger el mobiliario por las noches y cambiar el tipo de luces sería un buen comienzo, y no requiere más que la simple voluntad de hacerlo. Si se encuentra una tortuga marina en la playa, ayúdela de esta forma: No le estorbe y evite que otros la molesten. Son seres muy inteligentes que no necesitan de nuestra ayuda, y sólo piden un poco de espacio y privacidad para anidar. Si estamos en sus playas, esto es lo menos que podemos hacer por ellas, volviéndonos una parte importante de ese milagro que sucede cada noche en las playas de Puerto Vallarta: ¡La anidación de las tortugas marinas!

La importancia de las Tortugas Marinas

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Es durante los meses de agosto y septiembre cuando llega el momento cúspide para la temporada de anidación de tortugas marinas en las playas del Pacífico mexicano, aunque se les ve anidando prácticamente todo el año. En todas la costas, miles de tortugas Golfinas aprovechan el clima cálido y las lluvias para salir a la playa para depositar sus huevos, y miles y millones de sus pequeñas “réplicas” nacen para entrar al mar y comenzar la aventura de su vida.

Acostumbrados a verlas en las playas de las ciudades costeras durante su visita anual, nos olvidamos de las penurias y los grandes problemas a los que se enfrentan cada noche, limitándonos a disfrutar como “turistas” de la liberación de crías al mar o de observar a una tortuga cavar un nido y depositar sus huevos mientras es observada por decenas de personas. Visto desde una perspectiva global, el hecho que la gente “invada” la privacidad de una tortuga mientras deposita sus huevos en un hoyo que con mucho trabajo cavó ella misma, resulta ser un problema menor comparado con la abrumadora realidad a la que se enfrentan todas las especies de tortugas marinas del mundo. La pesca comercial, en cualquiera de sus múltiples y dañinas modalidades, es sin duda el mayor enemigo de las tortugas, así como la pérdida de su hábitat, la destrucción de playas y el uso ilegal de su carne y sus huevos. Las tortugas marinas han sido prácticamente eliminadas de muchas zonas del planeta, y nuestros océanos están enfermos, por lo que surge la pregunta:

¿Son importantes las tortugas marinas?

Aunque son consideradas “importantes” por su valor económico, por la milenaria relación cultural que tenemos con ellas o simplemente, por ser animales carismáticos, las tortugas forman parte de un ecosistema que apenas comenzamos a comprender, pues éstas alteran su hábitat naturalmente, y por millones de años han sido parte de la creación, mantenimiento y evolución de los ambientes que los seres humanos aprovechamos. La lista de ambientes beneficiados por las tortugas se inician con las mismas playas, donde nacen y anidan. Cada año al anidar, las tortugas remueven miles de toneladas de arena, lo que permite que la playa sea más saludable. Asimismo, la gran cantidad de huevos que depositan, significa un enorme aporte energético en la cadena alimenticia donde infinidad de animales intervienen, desde insectos y cangrejos, hasta aves y mamíferos. En pocas palabras, las tortugas marinas son el eslabón que une al mar con la tierra.

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En el mar, la variada alimentación de las tortugas marinas contribuye enormemente al ciclo de carbono en los océanos, trasladando grandes cantidades de energía a zonas profundas, mediante el consumo de organismos abundantes en aguas superficiales y el depósito de sus heces como nutrientes que llegan al fondo del mar. Algunas especies tienen dietas exclusivas, alimentándose de pastos marinos o de animales que, de no comerlos, invadirían como plaga los arrecifes y paulatinamente los matarían. Las medusas son un gran ejemplo en la actualidad, ya que cada año se multiplican descontroladamente por la ausencia de sus depredadores naturales como la tortuga Boba (conocida en México como caguama) o la tortuga Laúd, la cual se alimenta exclusivamente de ellas y es la especie de tortuga marina que se encuentra en mayor peligro de extinción. Una Laúd adulta puede comer más de una tonelada de medusas al día, pero quedan tan pocas, que ahora no hay quién pueda controlar a estos gelatinosos organismos. Finalmente, viene a mi mente la imagen de un ave marina descansando plácidamente sobre el caparazón de una tortuga que flota sobre la superficie del vasto océano, convirtiéndose -por un buen rato- en una “isla privada” que le ofrece un cómodo refugio y le permite recuperar energías. En el mar abierto, las tortugas marinas son como un oasis para una gran variedad de peces y de aves marinas, funcionando como refugio “anti-depredadores”, como un sitio para encontrar un poco de comida fácil o simplemente, para que un ave pueda descansar y evitar morir ahogada por agotamiento.

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En nuestro afán por “ponerle precio” a todo lo que nos rodea, nos olvidamos a veces que las tortugas marinas valen más vivas que muertas, no solo por los beneficios que obtenemos directamente de ellas a través del turismo, sino por todos esos servicios “invisibles” que le prestan al planeta. Ese mismo “precio” que se les pone por su piel y por su carne es lo que las ha llevado a estar al borde de la extinción. Lo que hace falta es que la gente común -como usted o como yo-, aquellos quienes en ocasiones nos topamos de frente con una tortuga en la playa, sepamos valorar, apreciar y cuidar lo que tenemos frente a nosotros.

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¿Qué tan importantes son las tortugas marinas para quienes habitan las ciudades costeras y los destinos turísticos donde anidan? Esta es una pregunta que todos quienes vivimos y visitamos estos lugares deberíamos preguntarnos, ya que lo que hacemos y lo que NO hacemos les afecta profundamente, y el papel que juegan los hoteles costeros es fundamental para su supervivencia. No apagar las luces por las noches o utilizar luces incandescentes dirigidas hacia  la playa, así como dejar el mobiliario (camastros, tumbonas, sillas y mesas) puede provocar serios problemas de desorientación, accidentes y hasta la muerte a las tortugas y a sus crías cuando nacen, y está en nuestras manos hacer que los municipios, así como los mismos hoteles y restaurantes playeros adopten medidas para protegerlas.

Yo no imagino un destino turístico sin tortugas marinas, y espero que éstos asombrosos animales sean adoptados de corazón por todos y cada uno de nosotros, para que podamos seguir disfrutando de una simbólica y conmovedora liberación de crías al mar, y podamos decir: ¡Buena suerte, tortuguita!

Las Nutrias, un tesoro para México

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Mejor conocidas por los documentales sobre naturaleza en la TV, las Nutrias son poco conocidas en México, dado lo raras y difíciles de observar. Milagrosamente, aún existen algunas en los márgenes de remotos ríos donde la presencia humana es escasa.

El “perro de agua”

Así es como se le conoce localmente a estos simpáticos animalitos. Pertenecen a la misma familia de los hurones, comadrejas y zorrillos, entre otros. Su nombre es Nutria de río neotropical (Lontra longicaudis annectens) y se distribuyen desde el noroeste de México hasta el sur de Argentina. En México se distribuyen a lo largo de la Sierra Madre y el Golfo de México, desde el nivel del mar hasta unos 1,700 msnm. Se cree que a la llegada de los exploradores españoles, estaban presentes también en la mesa central mexicana, incluyendo el Valle de México, aunque ahora su distribución está restringida a zonas más inaccesibles por la cacería excesiva y la contaminación. Si bien son raros de observar, la gente del campo puede identificar correctamente a estos huidizos animales, y existen amplias referencias y nombres autóctonos, otorgados por tribus indígenas, que aparecen en los documentos escritos por los colonizadores españoles.

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La nutria en la mitología prehispánica

El Ahuizotl, como lo llaman en Náhuatl, era una nutria descrita como un monstruo temible, cuyo ataque al encuentro con los humanos resultaba mortal. Si embargo, al analizar la mitología, éste no era un monstruo cruel, pues ejecutaba esos  crímenes a solicitud de los dioses de la lluvia, cuando estos deseaban un alma humana para tenerla a su lado en los cielos. Curiosamente, el nombre local de la nutria es muy similar (sin importar la especie) entre pueblos de todo el continente americano (desde Norteamérica hasta Sudamérica), denominándoles “perro de agua”, “gato de agua”, “zorro de agua” o “lobito de agua”. La relación entre los nombres se debe a que su cuerpo se asemeja al de un pequeño perro, una cara redondeada como de gato, con patas cortas y una larga y robusta cola. Lo cierto es, que mucha gente le temía dado que su pelo mojado se aglomera, formando densas líneas que asemejan filosas púas, aunque nada más lejos que la realidad, y su piel, trágicamente, es codiciada por su gran calidad.

El perro de agua es un animal inofensivo, pero capaz de defenderse en caso de sentirse amenazado. Son animalitos que acostumbran vivir en grupos familiares conformado por madres y crías, cerca del agua, principalmente ríos y arroyos; adaptados a comer y jugar en ellos. Los juegos es son parte importante de la conducta social de los grupos familiares de nutrias, ya que como ocurre con delfines y otros mamíferos, mantienen la paz y la unidad dentro de los grupos familiares. Los machos tienden a ser más solitarios, acercándose a otras hembras durante la época de celo.

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Un adaptable animal, pero en peligro de desaparecer

En México las nutrias están poco estudiadas, aunque es conocida su capacidad de adaptación a los cambios en el ambiente. Desafortunadamente, son muy sensibles a la contaminación, debido a que su dieta se basa principalmente en crustáceos (camarones y cangrejos acuáticos) y peces. Estos a su vez, mueren fácilmente cuando hay contaminantes en el agua, por lo que el alimento para las nutrias es su mayor problema, aunque no el menos importante. Adicionalmente, la presencia del hombre les afecta enormemente, pues además de que éstos capturan su alimento, las nutrias no pueden encontrar madrigueras seguras o lugares para descansar, por lo que tienen que buscar sitios menos perturbados. 

Gracias a lo inaccesible de las montañas de la Sierra Madre Occidental, en los estados mexicanos de Nayarit y Jalisco aún existen nutrias silvestres, pero se desconoce la situación en la que se encuentran, así como el número de individuos. Curiosamente, en la turística ciudad costera de Puerto Vallarta aún puedan observarse a las nutrias en los márgenes del Rio Cuale. No conozco otro destino turístico en México donde se encuentre tanta riqueza natural en estado silvestre como aquí, y se debe en gran medida a que la gente les protege al verlas como un atractivo turístico, al igual que las iguanas verdes e infinidad de aves.

La conservación de la vida silvestre no es tarea exclusiva de los habitantes y comerciantes de una zona, pues debemos exigirle a los visitantes y turistas que respeten la vida silvestre que ahí habita. Las nutrias son muy escasas y en los últimos años se han documentado muertes intencionadas y tráfico ilegal de crías de estos increíbles animalitos. No me extraña que sean animales tan esquivos y precavidos, pues sus vidas están en juego. Tal vez en el futuro cercano, podamos observar a una familia completa de nutrias retozando a las orillas del Río Cuale, o en otros tantos maravillosos y mágicos sitios de México. Los turistas asombrados tomarán fotos que circularán alrededor del mundo, como muestra que la voluntad de la gente y su amor por la naturaleza, son nuestra mejor herramienta de conservación.

La mejor actividad del mundo: Observar Aves

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Texto y Fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Hay aves que nos resultan por naturaleza agradables y toleramos mucho su presencia, a pesar de que en ocasiones pueden dejarnos blancos recuerdos en nuestras cabezas o nuestra ropa. Viven alrededor nuestro y aunque algunas pasan desapercibidas para nuestros ojos, otras son lo suficientemente atractivas o ruidosas para no ser ignoradas. Aunque están presentes en nuestro vecindario, en la calle, o en el mismo centro comercial, no hay nada comparable a un sitio alejado de la ciudad y del ruido para disfrutar de los sonidos, colores y formas de un sinfín de especies de aves que no podemos apreciar en la ciudad. Algunas son intrigantemente difíciles de observar, lo que representa un verdadero reto de paciencia y persistencia, lo que las hace doblemente atractivas. Las aves son, sin duda, una excelente opción para alejarnos del estrés y la monotonía diaria y poder conectarnos con la naturaleza.

La importancia del Aviturismo

Si bien los humanos hemos disfrutado y convivido con las aves desde nuestros mismos orígenes, y en particular los mexicanos tenemos fuertes vínculos culturales con ellas, desde finales del siglo XIX nuestro amor por las aves ha evolucionado rápidamente. Se ha creado una nueva era de observadores de aves, quienes nos deleitamos con observarlas y escucharlas en todos los rincones del planeta. Hace unas 3 décadas surgió el “Aviturismo” como un pasatiempo que, además de dejar importantes ingresos para los sitios naturales y sus pobladores, ha resultado ser una herramienta de gran importancia para proteger no sólo a las aves sino a su hábitat, ya que despierta nuestro interés y conciencia por los asuntos ambientales. Con más de 10 mil especies de aves en todo el planeta, sin duda la observación de aves es una actividad que nunca dejará de regalarnos gratas sorpresas.

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Una celebración a la diversidad de aves en Puerto Vallarta

La primavera ya ha comenzado, y el clima perfecto hace que ésta sea la mejor época del año para observar aves en libertad, tanto migratorias como residentes; como la emblemática Guacamaya Verde o la Chara de San Blas. Si usted es un amante de las aves, pero siente que tiene poca o nula experiencia en su observación ésta es una excelente oportunidad para sumergirse en este nuevo y maravilloso mundo de formas, colores y sonidos, ya que existen empresas eco-turísticas y guías de turistas especializados que ofrecen recorridos por pintorescas zonas rurales y variados ecosistemas, donde siempre de la mano de expertos amantes de la naturaleza.

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¡Hay que disfrutar de las aves en libertad!

México es uno de esos países que aún permiten el comercio legal de aves silvestres, mismas que son capturadas en su hábitat para luego ser comercializadas en mercados o “puerta por puerta”, y muchas de estas aves son especies migratorias que durante sus largos viajes invernales caen atrapadas en las redes de algún “pajarero”. Imagínese por un momento que es usted quien vive esa experiencia: Sin duda todos los seres humanos nos consideramos seres de “espíritu libre”, pero multiplique esa frustración por el infinito, ya que un ave que no conce barreras físicas ni fronteras, termina “secuestrada” de por vida en un pequeño y frío habitáculo donde apenas puede extender sus alas.

Recuerdo que mi abuela tenía siempre aves canoras en jaulas colgadas sobre las paredes de su largo patio, y no paraban de saltar de un lado al otro desde el amanecer hasta que se perdía el último rayo de luz. Tenían una vida muy corta, y éste era un buen negocio para el pajarero quien ya venía con otro pájaro igual para reponer al que había muerto. En nuestra ignorancia, relacionamos el canto del ave con sensaciones de júbilo y alegría, como una celebración a la vida. Sus cantos, cuyos ecos rebotaban por todos los muros de la casa, eran sólo llamadas de antención que los machos realizan instintivamente, y que traduzco como un reclamo de libertad que traspasaba esos oxidados barrotes que los separaban de los árboles y nubes.

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Si bien la captura “legal” de aves en México está fundamentada en el respeto a las culturas tradicionales y el reconocimiento a las prácticas populares ancestrales, a mi juicio muy personal ésta es una práctica que debe desaparecer, sobre todo cuando sabemos que las aves en libertad valen más de 50 veces el valor de un ave enjaulada. Conforme vamos aprendiendo más sobre el medio ambiente y dado que cada vez son más y mayores las amenazas que las aves (y el resto de los animales) enfrentan, es momento de suspender todas las acciones que atentan contra la vida y la salud de los seres vivos, trátese de la captura de aves o por ejemplo, las crueles corridas de toros o peleas de gallos.

Creo sinceramente que los mexicanos debemos cambiar nuestra forma de relacionarnos con los animales: En lugar de disfrutar egoístamente al comprar un ave y privándola de su libertad, debemos salir al jardín, al parque o a cualquier ambiente natural a observarlas y fotografiarlas sin olvidar que sus alas tienen un solo propósito: ¡VOLAR!

El Jaguar: Rey sin corona

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Textos por Biol. Oscar S. Aranda Mena, Fotografías por Manuel A. Aranda Portal y Armando Rubio Delgado

No existe ningún otro animal que evoque tantos sentimientos de temor, admiración y respeto como el Jaguar, el felino más grande del Continente Americano, quien hasta antes de la llegada de los conquistadores españoles era el supremo rey de selvas y bosques. Antes venerado por los nativos, vive ahora en el exilio, escondiéndose de los humanos en los pocos rincones naturales que quedan en el territorio mexicano.

El jaguar en tiempos prehispánicos

El jaguar fue uno de los animales más importantes dentro de la cosmovisión prehispánica, y los aztecas, mayas, olmecas y otras culturas. El simbolismo étnico del jaguar está basado en la oscuridad: El guardián de la oscuridad, representando también los misterios de la selva y la fuerza para sobrevivir en ella. Este carnívoro, por su fuerza y belleza, era para los Aztecas el sinónimo de la fuerza bruta, la violencia y la destrucción. En Tenochtitlán, los líderes militares de mayor rango y los guerreros más importantes eran llamados los “Caballeros Jaguar” vistiendo capas de piel de jaguar. Los emperadores aztecas no solamente se adornaban con capas, sandalias, y utilizaban insignias hechas de jaguares; tenían también el privilegio exclusivo de utilizar en los tronos, tapetes y cojines hechos de piel de jaguar, todo como símbolo de autoridad. Poco a poco, tras varios siglos de dominio español, la mayoría de tradiciones y conceptos culturales indígenas se perdieron, y con ellos se fue el respeto a la naturaleza. A pesar de ese profundo impacto que el jaguar tuvo en la cultura de los pueblos del antiguo México, actualmente se ha convertido en un trofeo, una obsesión machista de dominio hacia máximo depredador de la naturaleza, presa de egoístas cazadores que sólo buscan ufanarse de haber matado a un poderoso “tigre”.

La naturaleza del “Tigre”

Conocido así por la gente del campo, el jaguar (Panthera onca) está relacionado con los grandes felinos del Viejo Mundo, como el tigre, león y el leopardo. Pueden llegar a medir hasta 2.40 mts, aunque actualmente es muy raro encontrar animales de este tamaño. Históricamente se distribuía por ambas costas de México (ambientes tropicales y subtropicales), hasta el sur de Estados Unidos y el norte de Argentina, pero actualmente se encuentra extinto en varios países de Centroamérica, mientras que en México su población actual se encuentra seriamente disminuida, fragmentada y aislada; y se cree que ha desaparecido de varias regiones costeras del país.

A pesar de la importancia de la especie, la mayor parte del conocimiento del jaguar en México es anecdótico y esporádico, y se desconoce su situación real y el tamaño de su población. Esto se debe a sus hábitos de vida y a su tipo de hábitat, sin omitir mencionar lo peligroso que es “incursionar” en la selva donde no se aplica ninguna ley humana que proteja a los científicos.

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Su mayor amenaza, la destrucción de su hábitat y la cacería

La explosión demográfica ha provocado que la deforestación se incremente de forma continua, y se estima que más de un millón de hectáreas de selvas y bosques se pierden anualmente en México. Se sabe que en el caso del jaguar en México, la deforestación masiva ha reducido, aislado y extirpado a muchas de sus poblaciones, por lo que de continuar esta tendencia, se extinguirá de su hábitat silvestre mexicano en unos pocos años. El aumento de las actividades humanas, la creación de senderos y caminos, multiplica los encuentros entre la gente y los jaguares (encuentros mortales para los jaguares), además de facilitar la internación de cazadores furtivos, quienes matan a sus presas naturales, obligándolos a capturar ganado y animales domésticos para saciar su hambre. A pesar de que la cacería del jaguar está prohibida desde 1988, y que éste es un animal protegido por las leyes mexicanas, aún existen regiones donde se les caza por tradición o como una fuente de ingreso, donde cazadores adinerados y sin escrúpulos, pagan a campesinos o indígenas para que los lleven a los territorios donde ellos saben que hay jaguares. En México esto ocurre desafortunadamente, en las selvas costeras de Nayarit y Jalisco, así como el sureste del País.

Sin embargo no todo son malas noticias, y en la región occidental de México (y en otras regiones) existen esfuerzos serios e intensos por proteger al jaguar, y sorprendentemente se sospecha que aún tenemos una “sana” población de jaguares en la región, dadas las condiciones agrestes y poco accesibles de nuestra Sierra Madre, gracias a técnicas no agresivas como el “fototrampeo” con cámaras especiales ocultas en la selva. Sin duda es un esfuerzo importante, el que organizaciones civiles y universidades están realizando, pero es necesario que los gobiernos se involucren más, realizando campañas educativas más intensas para dar información a los campesinos y la gente que vive en las zonas donde habitan los jaguares, con la finalidad de evitar que les maten por miedo o desconocimiento, o porque éste ha matado algún animal doméstico o ganado. Si éste fuera el caso, debe haber recursos económicos disponibles para compensar de forma sencilla al afectado, y convencerlo de que no mate al animal, que en muchas ocasiones, resulta no ser el mismo animal, sacrificando así a un animal inocente o a una madre, dejando indefensos a sus cachorros.

Con respeto y educación, aprenderemos nuevamente el gran valor de este majestuoso animal: No me refiero a su valor divino, sino a su incalculable valor como especie y su importante papel que juega en los ecosistemas naturales de México.

El Rey de los humedales: El Cocodrilo

 

Texto por Biol. Oscar S. Aranda Mena, Fotografías  por Francisco McCann y Biol. Oscar S. Aranda Mena

      Tras la llegada de la temporada de lluvias a la Bahía de Banderas, se comenta y se escuchan más comentarios acerca de cocodrilos: “vi un cocodrilo cruzando la carretera”, “salió un cocodrilo en la playa”, o alguien comenta que observó algún cocodrilo en donde antes no lo había.

 Cocodrilos en la ciudad

Los turistas que visitan el turístico destino de playa Puerto Vallarta, México, se asombran al ver señalamientos advirtiendo la presencia de cocodrilos en zonas como la Marina Vallarta. Preguntan a camareros o a cualquier transeúnte si esto es verdad, quienes sin duda contestarán que sí, y otros contestarán que recientemente han visto alguno que otro, lo que es motivo tanto de asombro para algunos, como de alarma para otros. Puerto Vallarta es una ciudad increíblemente afortunada de tener tanta vida silvestre. Para muchos esto resulta desagradable y hasta peligroso, pero hace sin duda que éste sea un destino pintoresco y único. El caso de los “caimanes” (erróneamente llamados así por la gente local) es particularmente complicado, pues viven actualmente una compleja y triste situación que los ha obligado a volverse cada vez más públicos, visibles y vulnerables.

 Los cocodrilos están ahí porque el Puerto Vallarta que conocemos se cimentó sobre su hábitat natural; una zona de humedales (zonas bajas inundables, con presencia de agua en todo o parte del año) que originalmente se extendían por toda la zona costera del centro de la Bahía de Banderas, y que hasta hoy en día se sigue rellenando y construyendo en todo lo que ahora conforma el norte de la ciudad y su zona costera. Estas acciones llevadas a cabo durante los últimos 40 años, han eliminado el 90% de los espacios que antes le pertenecieron a los cocodrilos y a una incontable cantidad de animales y plantas.

 La controversia

La falta de información y el miedo son el mayor enemigo de los Cocodrilos. Los ataques a humanos causados por cocodrilos en Puerto Vallarta son contados con las manos y todos han ocurrido apenas en los últimos años. Estos ataques ocurren cuando alguna persona no respeta o decide ignorar las señales de peligro. Una mala política ambiental y la no-aplicación de las leyes federales que protegen a estos magníficos animales, ha contribuido a que sistemáticamente y en silencio, uno a uno de los cocodrilos vaya desapareciendo misteriosamente, la mayoría muertos a manos de los pobladores que los consideran molestos o simplemente les resultan demasiado amenazantes. El pueblo exige que los cocodrilos sean retirados de una zona que históricamente les perteneció a ellos, y las autoridades se enfrentan con el problema de que “ya no hay lugar” para reubicarlos, dado el crecimiento de la ciudad. Existen personas altamente capacitadas se encargan de atraparlos y devolverlos a su hábitat sanos y salvos pero, ¿cómo devolverlos a un hábitat que ya no existe?

Existe personal altamente calificado que se dedica a
atrapar, transportar y reubicar a aquellos cocodrilos
que representan peligro inminente o que corren el
riesgo que la misma población los mate por cuenta propia.

Los cocodrilos (principalmente los machos) son altamente territoriales, por lo que los más jóvenes y débiles son obligados a buscar nuevos territorios, llegando a los límites urbanos, llenos de peligros para ellos. El problema se incrementa durante las lluvias, pues al vivir en lugares poco protegidos y erosionados, la corriente de los ríos es tan fuerte que los arrastra hacia el mar, donde se ven obligados a salir de nuevo para descansar y buscar un sitio dónde vivir, por lo que cada vez es más frecuente verlos nadando en la playa, caminando por las calles y hasta en las albercas de los hoteles.

 Durante la época de reproducción, los cocodrilos se vuelven muy territoriales.

Su futuro

Es importante recalcar que los animales silvestres, incluyendo a los cocodrilos, evitarán en todo momento toparse con los humanos, a quienes temen con justificada razón. Cuando se les respeta y se les tiene un poquito de consideración, es posible que éstos convivan tranquilamente con las personas, tal como ocurre en el campo de golf de Marina Vallarta, donde existe una tregua no escrita entre cautos golfistas y temerosos cocodrilos.

La tolerancia y el respeto a los cocodrilos permite que éstos
vivan libremente y sin causar problemas, como ocurre en
el campo de golf "Marina Vallarta".

Considerando que es una especie en peligro de extinción, es necesario que las políticas ambientales y sociales los tengan en cuenta, y que éstos sean incluidos en la planeación urbana, sin olvidar que se les debe respetar además, como un legado natural que además de su valor ecológico, definitivamente tiene un alto valor económico como un atractivo turístico.

 Afortunadamente, en Puerto Vallarta existe una reserva natural de singular belleza y gran importancia ecológica, en pleno corazón del municipio. Es el Estero El Salado, área natural protegida donde habita una sana población de cocodrilo de río (Crocodylus acutus) y que además juega un papel clave para la reproducción y supervivencia de esta incomprendida especie. Este santuario es el único sitio en la Bahía de Banderas y el sur de Nayarit, donde el cocodrilo puede habitar tranquilamente, alimentarse, reproducirse, anidar y cuidar a sus crías, tal como lo ha hecho desde la aparición de sus primeros ancestros, hace más de 200 millones de años, y que es hasta el último siglo que se ve seriamente amenazado.

Esta cría de cocodrilo nació libremente en el Área Natural protegida
"Estero El Salado", en el corazón de Puerto Vallarta. De nosotros
dependerá su futura supervivencia.

Si es usted una de esas personas que les temen o los considera repulsivos, le invito a realizar una de las visitas guiadas que el Estero del Salado promueve (www.esterodelsalado.org), y me atrevo a asegurarle que además de salir de maravillad@ de lo que ahí encontrará, saldrá con un punto de vista más equilibrado, y aunque le siga pareciendo un animal poco atractivo, sentirá el deseo de protegerle y contribuir en la conservación de su hábitat. ¡Que viva el rey de los humedales!