Héroes (animales) astronautas

Crédito de imagen: sapiens.cat

Por Biologo Oscar S. Aranda

¿Hace cuánto no mira al cielo? No importa si sea de noche o de día. Más allá de las caprichosas nubes y las estelas de los aviones que pasan sin cesar, hay historias sorprendentes que se están escribiendo más allá de nuestra vista. Ahora mismo, mientras usted lee estos párrafos, en el espacio exterior a unos 400 kilómetros por encima de nosotros orbitan ratones, peces cebra, moscas de la fruta, y muchos otros seres vivos, llevados ahí para ayudarnos a comprender y descubrir los secretos que aún guarda nuestro organismo animal al desarrollarse y vivir en la ausencia de la gravedad terrestre y también en presencia de una intensa y mortal radiación solar. Todo para que tal vez, en un futuro, el ser humano pueda adaptarse a la vida fuera del Planeta Tierra.

Si… Ya me imagino lo que está usted pensando: ¿No le basta al hombre con destruir el planeta en el que vive? ¿Ahora quiere invadir y destruir otros territorios en lugar de cuidar éste que es su hogar? Pues sí, esta es una realidad tan brutalmente cierta como egoísta en el que manda además a inocentes criaturas para que sean ellos quienes experimenten lo bueno y malo de vivir en el espacio. Es por ellos que hago este pequeño homenaje, un esfuerzo para recordar a esos seres vivos que con mayor o menor protagonismo han hecho y siguen haciendo historia. Son unos grandes y valientes héroes a los que nunca deberíamos de olvidar.

Han pasado más de 62 años (un 3 de noviembre de 1957), desde que la perrita Laika (“ladradora” en ruso), se convirtió en el tristemente célebre primer ser vivo en orbitar la tierra y morir ahí unas horas después de entrar al espacio, donde aún permanece. Aunque es el representante animal más famoso, hubo otros animales que fueron enviados antes que ella, como parte de una intensa carrera internacional por conquistar el espacio. Comenzó en 1947 con los Estados Unidos y la entonces Unión Soviética como líderes, para seguirles Francia y otros países más. El propósito era claro: descubrir si estos animales serían capaces de sobrevivir al vuelo y a los efectos de la exposición a la radiación solar, antes de enviar a un ser humano al espacio.

Fue al inicio de la carrera espacial cuando un puñado de moscas de la fruta y un trozo de musgo fueron colocados dentro de unos cohetes lanzados por los Estados Unidos, ganándose así el célebre título de “Primeros seres vivos que viajaron al espacio”. Sorprendentemente vivieron para contarlo tras ser recuperados. Luego siguieron animales de mayor tamaño: los Estados Unidos se aventuraron a lanzar macacos durante 1949 y por diferentes razones, todos murieron durante las breves incursiones al espacio. Mientras tanto, en la Unión Soviética optaron por lanzar perros, con los que al igual que con Laika realizaron grandes avances e incluso algunos de ellos lograron sobrevivir a las pruebas. Durante los años 1960´s se enviaron ratones, conejos y cobayas, además de la rata Héctor (1961) y la famosa gata Felicette (1963) que fueron enviadas por Francia y recuperadas también con vida. 

El primer primate en completar la órbita terrestre fue Yuri Gagarin (un ser humano ruso) en 1961 y 7 meses después le siguió el chimpancé Enos, enviado por los Estados Unidos. A partir de entonces se han estado enviando gran variedad de animales y plantas: caracoles, escarabajos, ranas, peces, bacterias, nemátodos, amebas, arañas, hongos, tortugas, hormigas, lechugas, cucarachas y los famosos frijoles saltarines, que no son otra cosa que larvas de polilla dentro de una semilla. Pero ¿para qué han sido llevados a bordo de la Estación Espacial Internacional y orbitar la tierra? Según la NASA, para descubrir los mecanismos de adaptación al espacio: comprender cómo sus organismos se ven afectados, los cambios en el sueño y en el comportamiento, pero también por muchos otros motivos.

Afortunadamente para los animales, las reglas del juego han cambiado profundamente, y a diferencia de las primeras décadas de lucha por dominar el espacio, ahora la ética tiene un gran peso en cuanto al manejo de seres vivos. Según la NASA las restricciones para investigar con animales es más estricta que cuando se hace con humanos, y ésta es una buena noticia tras tantos años de estudios crueles, inhumanos y negligentes que ahora por supuesto estarían totalmente prohibidos y repudiados por la sociedad. 

Al menos hemos avanzado un poco en cuanto al manejo ético y humano hacia los animales, aunque nos queda un largo, larguísimo camino por recorrer en este mundo de injusticias hacia los seres que nos rodean. Empecemos por no olvidar a esos héroes silenciados por el olvido del tiempo y aunque algunos tuvieron la suerte de volver a salvo y vivir muchos años en el retiro, ni los unos ni los otros pudieron elegir su destino. Ahora, quienes nos preocupamos por su bienestar, debemos siempre de hablar en su nombre, de darles voz y luchar por que se les vea como seres que sienten y que a su manera quieren vivir sus vidas sin molestar a nadie. 

Versa en una canción del grupo Mecano titulada “Laika”: “En la tierra hay una perra menos y en el cielo una estrella más”. Al menos me reconforta saber que no está sola, y que le acompañan un montón de otros animales con quienes puede jugar en el más allá. Allá donde estén, gozan de una libertad que sobrepasa las fronteras terrestres, sin cadenas, sin electrodos y sin gravedad. ¡Un hurra por los animales espaciales!

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