Una receta para la felicidad

Durante la navidad y hasta el primer día del año nuevo, por alguna razón que me cuesta entender, solemos ser más cariñosos y positivos, y nos cuesta menos transmitir nuestros buenos deseos hacia los demás. “En esta navidad, te deseo amor y felicidad”, se puede leer en las cada vez menos frecuentes postales navideñas.

Pero es más fácil desearlo a los demás que aplicarlo en nosotros mismos, ¿no lo cree? Sobre todo cuando nuestra mente está llena de estrés y preocupaciones cotidianas. Si ya de por sí es difícil llegar a sentir una felicidad plena, mucho más complicado puede ser detenernos a pensar en cuidar el planeta y cambiar nuestros hábitos negativos.

Es por eso que he decidido compartirle una fórmula que puede ayudarnos a sentirnos mejor con nosotros mismos, para entonces sí, llevar sin problemas una vida más equilibrada y amigable con la naturaleza. Esta es mi receta para la felicidad, compuesta de 10 ingredientes básicos:

1. La voluntad de querer cambiar Ser conscientes de la necesidad de mejorar nuestro estilo de vida y el medio ambiente. ¡Hay que creérselo! 

2. Un poquito de soledad Siempre viene bien estar solos. Nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos, a desconectar y a pensar con más claridad, pero debe ser en un ambiente favorable y por supuesto sin gente alrededor. ¡La naturaleza es el sitio perfecto!

3. Un baño de naturaleza, sus sonidos y un poco de sol Ya que está ahí, hay que aprovechar el momento para disfrutar del sol y de los sonidos (incluido el silencio) de la naturaleza. Está comprobadísimo que los ambientes naturales son terapéuticos, pues reducen el estrés y logran apaciguar nuestro espíritu como ninguna otra terapia. El silencio que ahí habita se hace notar y se rompe de pronto por los cantos de las aves y el viento pasando a través de las ramas de los árboles. Es igualmente sanador para nuestro cerebro, pues aunque no lo notemos, se daña al percibir continuamente todo ese ruido de fondo que hay en la ciudad. El ruido es un estímulo que no nos permite desconectar por las noches para lograr un sueño reparador. El silencio regenera nuestras células cerebrales, y gracias a los rayos del sol (rayos UV), nuestro cuerpo puede producir la vitamina D y la serotonina; un neurotransmisor que nos da las sensaciones de bienestar y nos ayuda a regular el sueño, entre muchas otras cosas.

4. Deje que su imaginación y la fantasía tomen el control de su mente Permítase ver figuras de animales en las nubes y en las rocas sin miedos ni tapujos. Imagine que vuela, que flota y que vive entre los árboles como un elemento más ¡Es una técnica divertida y depuradora!

5. Conecte con la naturaleza Ha cumplido con la mitad de la receta y este ingrediente surgirá solo. ¡Enhorabuena! La observación y el contacto con la naturaleza mejoran notablemente nuestras conexiones afectivas con los seres del planeta, pues generan empatía con los seres vivos. Sentir lo que siente la hormiga o sentirse árbol… Adquirir y ser conscientes de estas emociones nos llevará directamente al siguiente ingrediente.

6. Sea biocentrista No hace falta radicalizarse, pero es indispensable asumir como cierto que todos los seres vivos tenemos los mismos derechos. El derecho a vivir, el derecho a saciar nuestra sed, a comer y a tener un hábitat que nos permita ser felices.

7. Sea compasivo Comenzando por los seres más indefensos, como evitar matar esa abeja que se acerca a su vaso para beber un poco debebida azucarada, o piense en ese gato callejero que no eligió vivir ahí. Crea o no en el Karma y el Dharma, se sentirá orgulloso de sus actos y estará en paz con su alma.

8. Sea responsable Sea consciente de las consecuencias de nuestras actividades diarias y lo que consumimos. ¿Qué tan sucia es la huella que dejamos al consumir ciertos alimentos o utilizar productos de uso cotidiano?

9. Sea altruista Haga a un lado el egoísmo y el individualismo. ¡Ayudar por el simple placer de ayudar eleva nuestra autoestima hasta las nubes!

10. Sea agradecido La gratitud es uno de esos grandes regalos que nos ha dado la vida, y aunque es extremadamente sencillo mostrarla, a veces no lo decimos. No es suficiente con pensar en el buen trabajo que están haciendo los los voluntarios que limpian playas, protegen bosques o luchan contra las injusticias. Hay que decírselos, pues la gratitud es también alimento del alma. Piense en positivo y verá lo afortunados que somos por tener tanta naturaleza alrededor.

Éstos son los ingredientes que a mí me han funcionado, pero antes de cambiar el mundo debo darle un último consejo:

¡CUIDADO! La felicidad es altamente contagiosa.

¡Causemos entonces una epidemia de felicidad!

Contagiemos a nuestra familia, amigos y desconocidos de la dicha de vivir una vida plena y significativa.

¡Nuestro cuerpo y el planeta nos lo agradecerán!

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