¡Zumbando a toda velocidad! Los Colibríes


Colibrí copyrightTexto: Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías: Manuel A. Aranda Portal y Frank McCann.

 

Conocido también como chuparrosa o picaflor, el Colibrí es una de las aves favoritas para ser observadas y fotografiadas por su gran colorido, belleza y por supuesto por sus rápidos movimientos, que lo convierten en una presa difícil de capturar en una imagen nítida. Estos pajaritos están entre las aves más pequeñas del mundo, y nos regalan la oportunidad de observarlos a lo largo y ancho del Continente Americano, de donde son originarios. Algunas especies habitan los bosques tropicales, otras los bosques templados y algunas especies se han aventurado a vivir en los desiertos. Por sus características, la familia de los Colibríes (Trochilidae) es bastante distinta a cualquier otra familia de aves, además de estar entre las más numerosas y variadas (unas 320 especies en más de 100 géneros). Su mayor característica es, además del rápido batir de sus alas (unas 1,250 veces por minuto), capaz de moverse indistintamente en cualquier dirección, siendo capaz de volar “cabeza abajo” por cortas distancias. Dada la extrema velocidad con la que baten sus alas, en algunos lugares del continente americano se les ha llamado “pájaros mosca” o “tentenelaires”, ya que además de producir un zumbido característico (como el de una mosca), tienen la asombrosa capacidad de mantenerse estáticos en el aire. Esta actividad metabólica en alta velocidad implica que como cualquier máquina, requieren consumir una gran cantidad de energía a intervalos de tiempo cortos.

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Se alimentan principalmente del néctar de las flores, aunque ahora se sabe que los invertebrados forman parte importante de su dieta. Son excelentes cazadores de pequeños insectos, además de aceptar cómodamente el néctar de los alimentadores artificiales. Para obtener el néctar de las flores, hacen unso de su larga y retráctil lengua, moviéndola hacia arriba y abajo para bebérselo sin necesidad de succionar. Probablemente usted tenga en su jardín, patio o ventana un alimentador de colibríes, o al menos lo ha deseado. Si es así, no se quede con las ganas de colocar uno, pues además de no ser caros, usted mismo puede elaborar en “néctar” a base de agua y azúcar, y está prácticamente garantizado que con el paso de un breve período de tiempo, comenzará a ser visitado por más de algún colibrí. Y es que a pesar de su minúsculo tamaño, estos valentones pajarillos hacen valer cada miligramo de su peso en inteligencia, curiosidad, velocidad, agilidad y territorialidad, lo que tiene lógica si se piensa en la cantidad de peligros a los que se enfrentan día a día, y que de no ser por esas importantes cualidades, serían fácilmente presa de algún depredador, entre los que se pueden mencionar desde arañas hasta otras aves y mamíferos.

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En muchas partes de México, principalmente en las zonas más cálidas y costeras, tenemos la fortuna de que nuestros colibríes permanecen aquí todo el año gracias a un agradable clima, pero algunos colibríes (sobretodo en regiones más frías y norteñas como Norteamérica y Canadá) desaparecen por varios meses en busca de un mejor clima, y se sabe de una especie (Archilochus colubris) que a pesar de su pequeño tamaño viaja cada año de Alaska a México, cubriendo una distancia equivalente a 7,000 kilómetros en viaje redondo.

Una de las grandes ventajas que los colibríes tienen es su capacidad de memoria y aprendizaje, lo que sumado a la confianza en sus ágiles reflejos, resulta en la adopción de un bebedero artificial como una fuente permanente de alimento. Es así como se ha vuelto toda una tradición tener en cada jardín o inclusive un balcón, uno o varios bebederos con una interminable provisión de energía pura, lo que ha permitido que en algunos sitios los colibríes sean más comunes que antes. Existe una controversia en relación con los bebederos artificiales, ya que aunque por una parte han ayudado a incrementar las poblaciones en áreas urbanas y suburbanas, también están provocando una mayor mortalidad a causa de colisiones con ventanas y encuentros con los gatos que muchas veces viven en el mismo lugar donde se colocan los bebederos. Aunque está poco estudiado el efecto de los alimentadores de colibríes en las poblaciones silvestres se sabe que éstos no afectan en sus procesos migratorios. Si bien es probable que estemos modificando el comportamiento y los hábitos naturales de algunas especies de colibríes al proveerles alimento ilimitado (a veces de mala calidad), también es cierto que éste “favor” no se compara con el grave daño que le hemos hecho a los ecosistemas donde viven y se alimentan naturalmente, y que son la mayor amenaza para la conservación de las especies. Para los amantes de los animales nos puede resultar conveniente y éticamente correcto brindarles alimento, ya que de esa forma estamos compensando la pérdida de su hábitat y factores adicionales como la falta de alimento por sequía.  Otra de las tendencias modernas, principalmente ahora que se busca atraer a otras especies nectarívoras como mariposas y abejas, es acondicionar los jardines para hacerlos más atractivos para éstas especies, eligiendo plantas de mayor floración. De esa forma, además de embellecer su jardín, estará contribuyendo de una forma más natural y responsable a la supervivencia de colibríes y muchos otros animales. Eso sí, ¡¡tenga cuidado de no dejar a su gato sin vigilar!!

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