¡Un milagro bajo la arena!


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Texto y Fotografías: Biol. Oscar S. Aranda Mena

Esta es la historia de un milagro que inicia justo después que la mamá tortuga regresa al mar, tras depositar sus huevos en la playa. Es uno de esos milagros que ocurren cada noche, pasando inadvertido por la mayoría de nosotros y que es la suma de muchos pequeños pero sorprendentes sucesos que permitirán el nacimiento de decenas y cientos de pequeñas tortuguitas idénticas a sus padres, aunque unas 15 veces más pequeñas.

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Un agujero muy especial

Aún cuando es puro instinto, la forma del agujero que cava la tortuga en la arena es determinante para el éxito o fracaso del nacimiento de sus huevos. Tras 15 ó 20 largos minutos cavando con sus aletas traseras, creará un hoyo en la arena lo suficientemente grande para albergar hasta 120 huevos (del tamaño de una pelota de ping-pong), pero no tan profundo como para que puedan quedar sepultados bajo la arena. El secreto está en su forma, creada “a mano” y sólo con el sentido del tacto de sus aletas, dándole forma de jarrón y con el fondo mucho más ancho que la boca del nido. De esa manera, sus delicados huevos estarán protegidos no sólo de la presión de la arena, sino que el nido será capaz de resistir el peso de una persona sin colapsarse, gracias a las leyes de la física, y a un “tapón” de arena cuidadosamente compactado por la mamá, dejando a los huevos totalmente aisaldos del exterior durante toda la incubación.

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Como en el vientre materno

En cuestión de días, los huevos van haciéndose un poco más grandes y esféricos, incubados por el calor de la arena y la humedad, permitiéndoles nacer luego de tan sólo 6 semanas. A partir de la cuarta semana, el sexo de cada futura tortuguita quedará determinado por la temperatura a la que estén, formándose hembras cuando las temperaturas son más altas. Sin embargo y según su ubicación, cada huevo puede recibir menos o más calor, dependiendo de si está en el centro del nido, o más arriba o más abajo. Es así como los días lluviosos, soleados o la sombra de una palmera pueden influir en la proporción de hembras o machos de un nido en particular.

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Trabajo en equipo

Cuando el día llega, las primeras tortuguitas comenzarán a romper el cascarón, con la ayuda de una especie de “diente” que tienen todos los reptiles en la punta de su nariz, y que desaparecerá tras unos cuantos días. Generalmente las tortugas del centro del nido nacen primero, pero esperarán un poco antes de salir. Así, sus hermanas y hermanos de alrededor comienzan a romper sus cascarones y se desarrolla una especie de trabajo en equipo, donde se estimulan unas a otras para comenzar a subir, moviéndose poco a poco por entre la arena, como una sola masa formada por decenas de tortuguitas. Al moverse en conjunto, hacen que la arena se desplace hacia abajo y resulta más fácil subir, aunque suelen necesitar de un par de días para lograrlo. Curiosamente, pueden decidir cuál es el mejor momento para salir gracias a la temperatura de la arena. Si está muy caliente se mantendrán inmóviles, esperando a que refresque más. Es así como la mayoría de ellas suele salir de noche o muy temprano por la mañana, cuando la temperatura de la arena es inferior y no corren peligro de morir por insolación.

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¡El milagro no termina aquí!

Sorprendentemente, las pequeñas e “inexpertas” recién salidas del nido ya vienen preparadas para enfrentar un duro inicio de su vida: Llevan consigo una reserva de alimento que les permitirá escapar a mar abierto sin detenerse para comer, lo que es sin duda una gran ventaja. Además, y por si fuera poco, sufren de un “ataque de hiperactividad” desde que salen de la arena hasta el día siguiente; algo así como un subidón de energía que las domina, una obsesión creada a propósito para que escapen de la playa lo más pronto posible.

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La naturaleza es muy sabia, y muchos millones de años de evolución les han dado las herramientas para enfrentarse a multitud de peligros y sobrevivir a ellos. El único enemigo del que no estaban preparadas es el ser humano, que con sus actividades diarias las está haciendo perder la batalla y llevándolas a la extinción. En nosotros está que el milagro del nacimiento de las tortugas marinas siga ocurriendo, así que te invito a que la próxima vez que participes en una liberación de crías, te asegures de que éstas no son retenidas por muchas horas, puesto que de nada sirve liberar tortuguitas al mar cuando éstas están agotadas de tanto querer escapar. La ley establece que deben liberarse en cuanto nacen, y así debe de ser. No debemos olvidar que el goce y disfrute de nuestra parte nunca deberá estar por encima de las necesidades y los derechos de los animales.

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