La monogamia en el mundo de las aves: ¿Existe la fidelidad?

Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

El comportamiento reproductivo es uno de los fenómenos más importantes y complejos en la vida de las aves, y ha atraído enormemente la atención de los científicos en las últimas 2 décadas, al descubrirse uno de los secretos mejor guardados por estos alados animales.

Monogamia infiel

Antes de inicios de los años 1990´s, se creía que la monogamia (una relación exclusiva entre un macho y una hembra en particular durante un ciclo reproductivo) era un estilo de vida común y simple para las aves, hasta que se descubrió que muchas aves aparentemente monógamas, participan en apareamientos o cópulas con otros individuos, lo que se traduce simplemente en “engañar a sus parejas”. Este descubrimiento significa que la crianza de sus polluelos no implica necesariamente la fidelidad sexual. Ahora, los ornitólogos reconocen que más del 90% de las aves son “monógamas sociales”, es decir, que cooperan en la crianza de los pequeños, sin importar que sean o no de ambos progenitores. Ciertamente, también se da el caso de la monogamia estricta, donde ambos padres son los verdaderos padres, y esto ocurre normalmente en las especies donde se requiere la presencia de ambos padres para la crianza de sus hijos.

Los científicos han observado que la cópula con otros individuos también es frecuente entre aves que mantienen relaciones “estables” y que permanecen juntas por largo tiempo o incluso de por vida. No se sabe aún cuántas especies realizan esta práctica, pero todo parece indicar que la monogamia estricta, es decir la fidelidad, puede ser la excepción a la regla.

Develando el secreto

Si bien ésta historia suena un poco a las noticias escandalosas o a las revistas del amor, los científicos descubrieron esta escandalosa información al realizar estudios genéticos, intentando conocer las relaciones familiares entre ciertos grupos de aves. Analizando el ADN de las plumas de los padres y de los polluelos, toda una novela de amor y engaño salió a la luz, repitiéndose el resultado con muchas otras especies.

Asumiendo que las aves son socialmente monógamas, surge una pregunta: ¿Qué es lo que motiva a la hembra a aceptar o incluso solicitar cópulas con otros individuos? La reproducción forzada no es un comportamiento común en las aves, y las observaciones que han realizado los ornitólogos parecen indicar la voluntad de la hembra por participar, quien es a menudo quien lo busca. Se cree que puede ser una forma de la hembra por disminuir el riesgo de que su pareja sea infértil y sus huevos sean infértiles, o podría ser una estrategia para incrementar la diversidad genética de sus crías. Igualmente se cree que es posible que la hembra tome ventaja al encontrar algún macho con mejores genes que su pareja actual.

En el caso de los machos, ciertos rasgos se han relacionado con la probabilidad de éxito para copular fuera de la pareja, como puede ser un plumaje más brillante y colorido, canciones más complejas, etc. Si los machos no participan activamente en el cuidado y alimentación de los polluelos, entonces éstos buscarán activamente “exhibirse”, con la finalidad de mejorar su propio éxito reproductivo. Es importante mencionar que aún cuando existe el “engaño” por parte de la hembra, su pareja macho, conoce de alguna forma el riesgo que existe de que alguna de sus crías no sean propias, por lo que en un intento por reducir estos riesgos, algunas especies de machos han desarrollado estrategias para prevenir la pérdida de paternidad. Estas incluyen el aparearse frecuentemente, y se sabe de copulaciones forzadas cuando el macho sospecha que la hembra ha copulado con otro macho.

Más secretos por resolver

Si bien ya se conoce que tan sólo el 10% de las aves son monógamas reales, existe un trasfondo que debe ser analizado, más allá del por qué ocurre éste fenómeno, comparándolo con otros miembros del reino animal, incluyendo el ser humano. Existen pistas que indican que las hormonas pueden ser las causantes de todo este embrollo, donde ciertas hormonas inhiben o estimulan la promiscuidad (tal como se define en el mundo humano), y que tal vez, los animales no son del todo conscientes de sus actos que realizan por voluntad propia. En el ser humano se sabe de la influencia que las hormonas pueden ejercer sobre la agresividad y la promiscuidad de los hombres, y en las mujeres sobre su promiscuidad e infidelidad, por lo que no me sorprende lo que se está descubriendo sobre las hormonas en los animales.

No puedo evitar reflexionar que a pesar de la evolución y nuestra inteligencia, los humanos somos dominados, en algún momento del día y en algunas circunstancias, por nuestra herencia animal que aún conservamos en nuestro interior. Lo que nos hace diferentes, además del aspecto fisiológico, es nuestra capacidad intelectual, que debe sobreponerse a nuestros “instintos” más bajos o a nuestros momentos de debilidad. Es nuestro cerebro, y nuestra capacidad de reflexionar lo que realmente nos hace distintos y únicos.

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