El mundo secreto de los moluscos

Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Tal vez para algunos los caracoles son el primer animal que surge en nuestra mente cuando pensamos en moluscos. Otros a su vez se sorprenden al enterarse que los caracoles pertenecen al mismo grupo. Aunque todo el mundo conoce a los caracoles y babosas tanto de hábitats terrestres como marinos, seguro conocen, o han comido ostiones, ostras, mejillones, abulones, pulpos, calamares o jibias. Todos ellos son moluscos, cada uno con hàbitos de vida sorprendentes.

Definiendo a los moluscos

Típicamente un molusco se define como un animal de cuerpo blando, encerrado en una concha, aunque en muchos casos la concha ha desaparecido, ya sea que esté atrofiada o se ha modificado lo suficiente como para no ser visible. Se encuentran en todo el mundo, tanto en el mar como en agua dulce y sobre la tierra, muchas veces en ambientes tan inhóspitos como los mismos desiertos. La mayor parte son vegetarianos, aunque algunas especies son carnívoras, como ocurre con los cefalópodos (pulpos, calamares, etc.) y algunos caracoles que se alimentan de otros caracoles o de carroña. Su nombre deriva del latín Mollis (blando), que los define perfectamente. Su anatomía externa es muy básica, consistiendo de una cabeza (a veces poco evidente), una masa de vísceras (que funcionan como el sistema digestivo), un pie muscular (que podría definirse como el cuerpo) y el manto (la parte que secreta la concha). Todos los moluscos excepto los bivalvos (almejas, mejillones, etc.) tienen en su boca dientes pequeños, montados en hileras sobre una cinta llamada “rádula”. Ésta no sólo les permite triturar el alimento, sino que también lo introduce a su sistema digestivo.

De conchas, variedad infinita

Si bien la concha es una forma fácil para distinguir a los moluscos, hay conchas cuyas formas son tan simples como caprichosas. Las conchas típicas son en espiral (como la de los caracoles) aunque hay formas simples que sólo cubren el cuerpo con una forma que asemeja un gorro o sombrero (como las lapas). En algunas especies la concha ha desaparecido, como ocurre con las babosas o los nudibranquios. En ellos sólo se puede observar una especie de “capa”, que es lo único que les queda debido a la evolución. La concha no sólo los defiende de sus enemigos, sino que les protege de la desecación y del calor intenso, siendo capaces de “aislarse” del exterior en condiciones adversas. Todos los moluscos terrestres y de agua dulce respiran a través de una cavidad pulmonar, contrario a los marinos que respiran a través de branquias, como los peces.

La caprichosa forma de pulpos y calamares

Es difícil creer que el calamar, la jibia y el pulpo sean parientes de las almejas y las ostras. Su cuerpo se ha modificado tanto que aparentemente no tienen relación, aunque encerrado en su cuerpo conservan parte de lo que fue la concha, como el conocido “hueso” de las jibias que se utiliza como suplemento de calcio para las aves de jaula. Sus 8 a 10 tentáculos corresponden anatómicamente al equivalente de lo que es el pie del caracol. Como característica particular, poseen la capacidad poco común de cambiar de color. La piel aloja un gran número de pequeños músulos que mediante contracciones o expansiones rápidas pueden tener cambios instantáneos de color, que van desde el blanco y negro, hasta colores púrpura, azul, rojo y amarilo, para adaptarse a los colores del fondo. Esto no sería posible sin un excelente sentido de la vista, mismo que comparten con muchos caracoles y algunas almejas. Dentro de los moluscos más grandes, están los pulpos y calamares gigantes. En el mayor de los pulpos conocidos, sus brazos extendidos alanzan una envergadura de hasta 8.5 metros. El calamar más grande puede medir más de 20 metros de largo, que lo hace un impresionante rival para su principal depredador, el gigantesco cachalote, a quien deja profundas heridas durante su lucha por sobrevivir.

Mucho qué aprender de los moluscos

Si nos adentráramos en el día a día de los moluscos, descubriríamos cosas tan asombrosas como la gran inteligencia de los pulpos que aún nos asombra, o que los mismos caracoles (a quienes se tacha de poco inteligentes), son capaces de reconocer su territorio y regresar a dormir al mismo sitio, sin mencionar el complejo sistema de reproducción sexual que han desarrollado. La utilidad de los moluscos en nuestro planeta va más allá de su valor alimenticio, pues cumplen importantes y variadas funciones ecológicas al estar tanto en la parte más baja de la cadena alimenticia, como en la más alta, compitiendo en estrategia y efectividad con grandes depredadores como son los tiburones o los grandes felinos. Algunos son importantes filtradores del agua, descontaminándola y haciéndola adecuada para la vida de otros muchos organismos. Resulta sorprendente saber que de los mismos mejillones se puede extraer “hilo” de excelente calidad, y mucho más resistente que algunos materiales sintéticos modernos. Cuando al caminar por el campo o en su mismo jardín observe a un caracol, deténgase un momento a pensar en cómo éstos animales se han adaptado a vivir en una forma aparentemente tan simple. Mírele directamente a los ojos, pues seguramente éste lo está mirando a usted, pidiéndole que no lo pise.

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