Cosechando para vivir: las hormigas arrieras

Una hormiga arriera o "cortadora de hojas" Atta cephalotes
sosteniendo un trozo de hoja que llevará de regreso al nido.

 

Texto y fotografías por Biol. Oscar S. Aranda Mena

Algunos de nosotros nos hemos encontrado con la sorpresa de que, al salir de casa por la mañana, nuestras plantas o árboles están desprovistos de gran parte de sus hojas. Pareciera que un rebaño pasó por ahí, y en realidad ocurre algo muy similar, pero en miniatura. Una de las especies de hormigas más conocidas y estudiadas del mundo, es famosa por su capacidad de destruir grandes áreas de vegetación, y es considerada como una de las plagas más importantes en la agricultura, por los daños que provocan. Sin embargo, detrás de esta mala fama, vale la pena mencionar algunos aspectos sobre su maravillosa organización social y capacidad de adaptación.

Hormigas de América

Existen alrededor de 12 mil especies de hormigas en el mundo, y unas 38 especies se han especializado en ser recolectoras de materia vegetal. Estas están presentes únicamente en el continente americano, pero son dominantes en aquellos lugares que han elegido como su hogar, extendiendo sus hormigueros en áreas tan grandes que superan nuestra imaginación. A través de galerías subterráneas, un solo hormiguero puede tener cientos de metros cuadrados, con decenas de salidas que en apariencia podrían creerse hormigueros independientes.

Estas especies del género Atta son consideradas como uno de los animales más eficientes y con la más compleja estructura social de la naturaleza, por la estricta organización que permite su funcionamiento como un superorganismo. Una colonia madura, con varios años de funcionamiento, puede tener más de 8 millones de individuos, todos llevando a cabo labores específicas.

Obedeciendo a los aromas

Si bien estas hormigas tienen todos sus sentidos bien desarrollados, gran parte de su labor la realizan gracias al sentido del olfato, enviando señales químicas específicas para cada situación y tarea presente. Todo comienza con las hormigas “exploradoras”, quienes buscan el mejor lugar para realizar la cosecha del día. Estas regresan, dejando un rastro de aroma (feromonas) en su camino, para luego dar “la señal” en el hormiguero. Millones de hormigas obreras y soldados seguirán rutas únicas en doble sentido, cortando tantas hojas como puedan durante la noche. Los imponentes soldados, quienes se encargan de la seguridad de las obreras, pueden participar en la cosecha, ayudando a las obreras a manejar semillas o trozos de hojas demasiado pesadas grandes para las obreras. Dentro del hormiguero, otras hormigas desarrollan tareas que van desde el cuidado de los bebés, hasta la limpieza del vasto hormiguero.

Las mandíbulas de esta hormiga están diseñadas para realizar
cortes precisos en hojas y tallos tiernos de plantas y árboles,
haciendo un semicírculo para facilitar su transporte.

Hojas que no se comen

Una colonia de hormigas puede recolectar por noche el equivalente a lo que una vaca adulta come en un día (varias decenas de kilogramos), lo que representa un problema serio para los agricultores. Lo interesante es que las hormigas no se alimentan de todas esas hojas que recolectan, y esta es la razón por la que son comparadas con la sociedad humana: Llevan las hojas cosechadas a cámaras especiales donde cultivan una especie particular de hongo (Leucocoprinus gonglylophorus), del que única y exclusivamente se alimentan. La materia orgánica que llevan al nido es macerada con sus mandíbulas y fertilizada con su propia orina, permitiendo al hongo crecer y desarrollarse.

Hormigas y humanos

Dentro de su gran adaptabilidad, estas hormigas con su súper desarrollado olfato, pueden detectar harinas o sustancias útiles en productos elaborados por el hombre, desde cereales hasta croquetas para mascota, pudiendo vaciar el plato del perro en esa misma noche. Esto les ha permitido adaptarse perfectamente a la vida urbana, y por la complejidad de sus hormigueros, es prácticamente imposible erradicarlas, pues su sistema de túneles y cámaras pueden llegar varios metros de profundidad, y hasta cientos de metros a la redonda.

Cualquier brote tierno es bueno para cultivar su alimento. 
Las hormigas obreras reciben la ayuda de los soldados en el
transporte de las piezas que han cortado.

Es así como llego a la reflexión final, donde intento hacer notar la importancia y el valor ecológico de la especie, para aceptarlas dentro de nuestra vida diaria. En este caso, son pocas las ventajas aparentes de tenerlas de vecinas, pues si bien ayudan a oxigenar el suelo y estimulan el desarrollo de las plantas y árboles al “podarlos”, también pueden matar a las plantas más débiles o enfermas o que no tienen la suficiente energía para recuperarse de semejante daño. Sin embargo, pensando en ello, caigo en cuenta que existe una analogía entre la sociedad de hormigas y la nuestra:

Nuestra sociedad las considera una plaga, que arrasa con nuestros jardines y cultivos. Nosotros invadimos el planeta entero, talamos sus bosques y selvas, con el fin de satisfacer nuestras insaciables necesidades. Al final de cuentas, las hormigas solo buscan sobrevivir, tomando sólo lo que necesitan, mientras que nosotros actuamos como un “insaciable súper-organismo”. Esto me recuerda un famoso y cierto proverbio castellano: “Arrieros somos, y en el camino nos encontraremos”.

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3 thoughts on “Cosechando para vivir: las hormigas arrieras

    1. Bueno, te diré que yo era el loco de la cuadra, pues era el único que se negaba a fumigar, y ahí estaba el bunker de hormigas. Nunca me mataron ninguna planta, pero ciertamente me podaban muy bien árboles y plantas de vez en cuando… Ciertamente hacen daño, pero no tanto como nosotros le hacemos al planeta. Gracias por tus comentarios 😉

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