El misterioso Chotacabras

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Texto: Biol. Oscar S. Aranda Mena. Fotografías: Francisco Mc Cann y Oscar Aranda.

Aún cuando la gran mayoría de las aves terrestres son de hábitos diurnos, existen algunas aves que pasan desapercibidas por su gran sigilo, ya que vuelan silenciosamente ocultándose en la oscuridad. Sus llamados o gritos en la penumbra han generado historias y leyendas que en ocasiones las relacionan con el mal y el misterio, infundiendo un ilógico temor, por ejemplo, a búhos y lechuzas. Hay sin embargo, algunas otras aves pobremente conocidas, cuyos hábitos e importancia ecológica son dignos de ser mencionados.

Una nota sobre Búhos y Lechuzas

Son aves bien conocidas aunque muy poco abundantes, que rara vez pueden ser observadas. Con una dieta compuesta principalmente por roedores, prestan a las sociedades humanas un invaluable servicio, muy apreciado en las zonas rurales. Habiendo tantas especies y tamaños diferentes, algunos de ellos pueden ser observados (con un poco de mucha-suerte) ocultos en el follaje de frondosos árboles del bosque, aunque ocasionalmente se les puede encontrar en puntos muy específicos de centros urbanos.

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El misterioso Chotacabras

Sin duda una de las aves nocturnas más extrañas del mundo es conocida comúnmente como chotacabras, y aunque su nombre nos suene similar, no tiene ninguna relación con el mítico “chupacabras”, que existe únicamente en la imaginación de los pobladores del Centro y Norte del Continente Americano. Lo cierto es que estas aves suman unas 90 especies, y están presentes en todo el mundo. Son aves de color pardo, salpicado de contrastes en negros y blancos. Son aves relativamente pequeñas (no mas grande que una paloma), cuyas patas se han reducido tanto que ha perdido casi en su totalidad la capacidad de caminar, por haberse especializado en capturar a sus presas en vuelo.

Para atrapar al vuelo a pequeños insectos, mariposas y polillas, ha desarrollado unas largas plumas especializadas a los lados de su pico, que cualquiera que los ve juraría que son “bigotes”. A estas delgadas plumas se les denomina “cerdas rictales”, que como una red, dirigen la comida hacia su pequeña boca. Durante el día son prácticamente invisibles, y se les puede observar descansando inmóviles sobre ramas gruesas o en el mismo suelo, confiando que su excelente mimetismo les protegerá de cualquier peligro. Tienen unos enormes ojos, que por la noche utilizan para localizar con una exactitud sorprendente.

Otra de sus características sorprendentes, es la adaptación que tienen para “no hacer ruido” al volar, ya que sus presas los detectarían. Recuerdo un día haber observado a uno cazando hábilmente insectos en el lobby abierto de un hotel, en medio de una silenciosa noche. No podría ser detectado sino por las sombras que en su vuelo creaba al pasar frente a las lámparas del techo.

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Mitos populares y leyendas

En torno a esta misteriosa ave giran curiosos mitos y leyendas, por demás interesantes. Simplemente hay que analizar sus nombres alrededor del mundo:  “Tapacaminos”, “engañapastores”, “Gallinaciega” y “Tontico” son algunos ejemplos. Precisamente su nombre “Chotacabras”, deriva de un mito europeo, y que literalmente significa “mamar cabras”. Este se originó por un error de observación, pues los granjeros observaban a éstas aves volando siempre en granjas y zonas frecuentadas por el ganado (cabras, borregos y vacas), acercándose sin miedo a los animales. Mientras los chotacabras buscaban los insectos que se ven atraídos por el propio olor de los animales y sus excrementos, la gente imaginaba (y aún cree) que en realidad lo que buscan es mamar de su leche, asegurando con el pasar de los años que éstas aves tienen un particular gusto por chupar la leche de las cabras.

Sin embargo, hay una leyenda deliciosamente interesante, pues se derivó de su nombre “Tapacaminos”, que además fue otorgado orgullosamente por la gente del sureste de México. En los caminos rurales y poco poblados, el Tapacaminos tiene la costumbre de atravesarse constantemente al paso de los vehículos, posándose más adelante a la espera de su llegada y levantando el vuelo justo antes de ser atropellada, aprovechándose de los insectos que se ven atraídos por las luces de los vehículos.

Considerada un ave carente de belleza, es considerada por muchos como “el ave más fea”, y es ahí donde comienza la leyenda, que me limito a resumir brevemente:

Cuenta la leyenda maya que el Gran Señor decidió un día nombrar al “rey de las aves”, por lo que convocó a un concurso para que participaran las aves más bellas, talentosas e inteligentes. En ese entonces el tapacaminos era un ave noble y desinteresada, con un bello, colorido y enorme plumaje que ostentaba dignamente. Al no tener interés por participar en dicho concurso, un ave fea y de mala reputación le solicitó en préstamo su plumaje, con la promesa de devolverlo tras el concurso, perdiera o ganara. Siendo éste un ave ingenua y sin maldad aceptó prestarlo, confiando en su promesa de devolverlo. Llegado el día del concurso el impostor se presentó como un Quetzal, ostentando un hermoso plumaje que a todos impresionó, ganando el preciado título. Pero por su gran ambición decidió no devolver su traje de plumas, huyendo desde entonces del tapacaminos. La leyenda finaliza con la razón del por qué el tapacaminos se te cruza en tu camino, pues te está preguntando: “¿No has visto al Quetzal? ¡Ese impostor que me robó mi traje!”, a lo que debes contestar amablemente: “se fue por allá, entre los árboles aquellos”.

Esta es una leyenda representante del Folklore tradicional mexicano, que destaca la imaginación característica de nuestra gente, y que nos deja una moraleja muy clara: “no creas en las palabras de un hipócrita”, pero igualmente nos debe hacer reflexionar sobre la belleza o fealdad de los animales, pues sin importar su apariencia, todos tienen un importante papel qué desempeñar en la naturaleza y nuestros ecosistemas, teniendo el mismo derecho que nosotros por existir y seguir existiendo.

Si una noche se posa frente a tí un Tapacaminos, salúdalo amablemente y sigue tu camino, porque tal vez, y sólo tal vez, el Tapacaminos no sea quien dice ser. No vaya a ser el Nahual, cuya historia será merecedora de otro artículo.